aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Último Número 064 2020 La agresividad en la teoría y en la clínica

Ver en PDF

El psicoanálisis en el Tercer Reich

Psychoanalysis in the Third Reich

Autor: de Celis Sierra, Mónica

Para citar este artículo

De Celis Sierra, M. (2020). El psicoanálisis en el Tercer Reich. Aperturas Psicoanalíticas (64). http://aperturas.org/articulo.php?articulo=0001116

Para vincular a este artículo

http://aperturas.org/articulo.php?articulo=0001116


Reseña de Deutsche Psychoanalytische Vereinigung (DPV) (2006). “Hier geht das leben auf eine sehr Merkwürdige weise Weiter” Zur Geschichte der Psychoanalyse in Deutschland [“Por aquí la vida sigue de una manera de lo más peculiar”. La historia del psicoanálisis en Alemania][Película documental sobre la exposición del mismo nombre, DVD]. Bella Storia Film.

 

Por aquí la vida sigue de una  manera de lo más peculiar…” es una película documental realizada sobre una exposición del mismo nombre que se mostró por primera vez en el 34 Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional [International Psychoanalytic Association (IPA)] en Hamburgo en 1985 y, posteriormente, en Londres, Nueva York, Salzburgo y París. La Asociación Psicoanalítica Alemana [Deutsche Psychoanalytische Vereinigung (DPV)] fue la promotora y financió este proyecto.

En esta película, de una duración de prácticamente dos horas, se hace un recorrido sobre la exposición de 1985. Se documenta así en detalle la historia del psicoanálisis en Alemania en la primera mitad del siglo XX, mediante textos, fotografías y diversa documentación pública y privada,  con la intención de iluminar un periodo sobre el que, en el momento en que se realizó la exposición, abundaban los clichés, negaciones y distorsiones acerca de la victimización de los psicoanalistas alemanes.

Un cuarto de siglo después de los prometedores comienzos del psicoanálisis freudiano en Alemania, el proceso fue interrumpido con la llegada de los nacionalsocialistas al poder. Muchos analistas tuvieron que huir, otros fueron perseguidos, acabaron en campos de concentración, asesinados o murieron víctimas del hambre y las enfermedades. Unos cuantos analistas, que pronto serían denominados “analistas arios”, permanecieron en Alemania acercándose peligrosamente a las políticas nazis, o aprovechando las oportunidades laborales que la situación brindaba. No era raro que a los cursos del Instituto de Psicoanálisis de Berlín acudieran psicoterapeutas uniformados y pronto en el Auditorio se hizo presente un retrato de Adolf Hitler justo enfrente del de Sigmund Freud, el cual, por supuesto, acabó desapareciendo.

El título del documental está tomado del fragmento de una carta escrita por John Rittmeister, en la que se refiere a la negación masiva de la gran mayoría de la sociedad alemana en relación a las monstruosidades que tuvieron lugar bajo el régimen nacionalsocialista. Los creadores de la exposición pretendían documentar hechos que fueron durante mucho tiempo olvidados o excluidos de la memoria colectiva del psicoanálisis y así lo explican:

De la misma manera que el psicoanálisis tiene que ver con hallar las lagunas en una historia de vida, al hacer esta información accesible aquí se trataba también de encontrar secuencias traumáticas para traerlas y hablar de lo que se perdió. Aquí reside una posible precondición para el conocimiento que constituye la historia del psicoanálisis en Alemania. (DPV, 2009, DVD1, 02:01)

Primera parte. Nacimiento y constitución

La institucionalización del psicoanálisis

La primera parte del documental, con el título “Nacimiento y constitución”, empieza dando cuenta de los primeros años de la institucionalización del psicoanálisis. Los comienzos del psicoanálisis en Alemania están íntimamente ligados a Karl Abraham. Este médico de Bremen, uno de los colaboradores más estrechos de Freud, miembro de su Comité Secreto, fundó en 1908 la Sociedad Psicoanalítica de Berlín [Berliner Psychoanalytische Vereinigung (BPV)], en cuyos inicios participaron, entre otros, los sexólogos Magnus Hirschfeld e Iwan Bloch. En 1926, la Sociedad Psicoanalítica de Berlín sería renombrada como Sociedad Psicoanalítica Alemana [Deutsche Psychoanalytische Vereinigung (DPV)] (Montejo Alonso, 2009).

En marzo de 1910, los seguidores de Freud fundaron la Asociación Psicoanalítica Internacional en un congreso en Nuremberg. Abraham y sus colegas se establecieron como el Grupo de Berlín. Durante quince años, Abraham continuó siendo el presidente de la BPV y presentó allí la práctica totalidad de su trabajo científico, sobre sexualidad infantil, melancolía e investigación sobre el carácter. Luchó toda su vida por el reconocimiento del psicoanálisis, fue presidente y secretario de la IPA y formó a muchos de los analistas que después se convertirían en referentes: Melanie Klein, Edward y James Glover, Theodor Reik, Karen Horney, Sandor Rado, Ernst Simmel, Franz Alexander, Helen Deutsch… 

Cuando en 1925, a los 48 años, murió de una dolencia pulmonar, Freud escribió: “Con este hombre enterramos una de las más firmes esperanzas de esta joven ciencia nuestra, aún tan criticada. Quizás también una parte irrecuperable de su futuro” (DPV, 2009, DVD1, 09:46).

Para estos primeros analistas las cosas no fueron fáciles, no estaba bien visto que un doctor respetable se dedicara a investigar el inconsciente. A pesar de las dificultades, la labor de la asociación berlinesa fue dando sus frutos en términos clínicos y de formación. Pero la llegada de la Primera Guerra Mundial paralizó las actividades de la Asociación. Muchos analistas fueron llamados a filas o se movilizaron voluntariamente. Algunos de ellos se dedicaron al tratamiento de las neurosis de guerra de manera que, poco antes del fin de esta, el psicoanálisis había conseguido cierto reconocimiento público y científico debido a sus éxitos en el frente.  Sin embargo, una vez que acabó la Guerra el interés se desvaneció. Freud escribió a Ferenzci en noviembre de 1918: “Nuestro análisis ha tenido mala suerte, tan pronto como el mundo estaba tomando interés en nuestros pacientes con neurosis de guerra, esta está a punto de acabarse” (DPV, 2009, DVD1,17:48).

Max Eitingon, procedente de Rusia, fue el primer estudiante extranjero de Freud. Desde su establecimiento en Berlín en 1910 perteneció al grupo de Abraham, convirtiéndose en organizador, profesor y mecenas. Junto a Ernst Simmel, en 1920 fundó la Policlínica Psicoanalítica, donde se ofrecía tratamiento a pacientes sin recursos, y tres años  más tarde el Instituto Psicoanalítico de Berlín, donde trabajaron también Hanns Sachs, Franz Alexander, Sandor Rado, Karen Horney, Siegfried Bernfeld, Otto Fenichel, Theodor Reik, Wilhelm Reich y Melanie Klein. Eitingon pagaba el alquiler y el equipamiento del edificio con sus rentas familiares, siguiendo el estímulo de Freud acerca de las responsabilidades sociales del psicoanálisis.  Se concedían becas para estudiar en el Instituto, Paula Heinmann consiguió una de ellas.

En 1924, por iniciativa de Otto Fenichel, los miembros jóvenes de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín  y los candidatos se encontraban en lo que era conocido como Kinderseminar [Seminario de Niños],  discusiones sobre casos clínicos y política llevados a cabo en casas particulares. De este seminario se formó un pequeño grupo marxista, al que pertenecían Fenichel,  las hermanas Borstein, Anne y Wilheim Reich y Edith Jacobson, que intentaba crear un puente entre el psicoanálisis y el materialismo histórico. Fenichel y Reich llegaron a viajar juntos a la Unión Soviética, para acabar luego distanciándose. En 1933 Wilheim Reich fue expulsado  del Partido Comunista Alemán y un año después de la IPA.

En 1927, Ernst Simmel abrió la primera clínica psicoanalítica, el Sanatorium Schloss Tegel, financiada por prominentes hombres de negocios, donde se podían tratar hasta 30 pacientes y todo el personal tenía formación psicoanalítica. Trató de que hubiera una unidad para ingresar psicóticos graves. La clínica tuvo que cerrar a final de 1931 por razones financieras. Simmel acabaría teniendo que huir a Los Ángeles huyendo de la persecución nazi.

Hacia el final de los años 20, el psicoanálisis había conseguido grandes progresos. En las actividades de la DPG se reunían diversos intelectuales de la República de Weimar: escritores, científicos, poetas liberales. Se hizo una película llamada Secretos del Alma [Geheimnisse einer Seele], donde trabajaron algunos actores famosos del momento, y en la que Abraham y Sacks fueron consultores, a pesar de la oposición de Freud al proyecto. La influencia del psicoanálisis era evidente en la literatura y en el periodismo, apareciendo artículos de divulgación de la psicología profunda.

En 1929, Karl Landauer había fundado el Instituto Psicoanalítico de Frankfurt [Frankfurter Psychoanalytische Institut] junto al Instituto de Investigación Social [Institut für Sozialforschung], en cuyos edificios se alojaba y donde Max Horkheimer era director. Allí los psicoanalistas Landauer, Frida Fromm-Reichmann y Siegmund Fuchs trabajaban al lado de Herbert Marcuse, Theodor Adorno y  Erich Fromm. Durante una conferencia de inauguración del Instituto, Fromm afirmó que el psicoanálisis debía implicarse en la solución de los problemas sociales. El Instituto estaba vinculado indirectamente a la universidad y se llevaban allí diversas actividades. Se fundó ese mismo año una clínica terapéutica, pero dos años después hubo de cerrarse por falta de fondos.

El Instituto de Investigación Social fue liquidado en el año 33 debido a sus “actividades subversivas contra el estado” y este fue el fin del Instituto Psicoanalítico de Frankfurt, emigrando muchos de sus miembros ese mismo año. Landauer huyó a Holanda, donde fue arrestado en 1933 y deportado al campo de concentración de Belson en el que murió tres meses antes de la liberación.  

Fromm y Frida Fromm-Reichmann  emigraron a Estados Unidos y continuaron sus estudios allí. Siegmund Fuchs huyó a Londres, donde bajo el nombre de Foulkes fundó el group analysis.

La Editorial Psicoanalítica

En 1891 se creó la Editorial Psicoanalítica Internacional [Internationale Psychoanalytische Verlag] gracias a la recepción por parte de Freud de unos fondos destinados a proyectos culturales de ámbito internacional. El gerente era Otto Rank y la sede estaba en Leipzig. La tarea de la editorial era publicar las revistas  Imago y la  Internationale Zeitschrift für ärztliche Psychoanalyse [Revista Internacional de Psicoanálisis]. Además, publicaba muchos trabajos por propia iniciativa sin consideraciones de tipo económico.  El primer año editó los tres primeros  volúmenes de la Biblioteca Psicoanalítica Internacional. Pronto tuvo una división  inglesa y más tarde vinieron la italiana y la polaca. Con la llegada de la crisis económica  mundial,  Freud pidió a todos los interesados que aportaran fondos privados. La Asociación Psicoanalítica Internacional, las donaciones privadas y la publicación de varios libros del propio Freud salvaron a la editorial de la ruina financiera.

La llegada al poder de los nacionalsocialistas forzó a la mayoría de los analistas judíos a salir del país. Pronto, la editorial entró en la siguiente crisis seria y perdió su principal mercado de ventas, Alemania. En 1936, la editorial y su stock de libros fueron confiscados y se impuso en Alemania la prohibición de venta. A través de la intervención de Inglaterra, Austria, Francia y Estados Unidos, los libros más valiosos fueron salvados y llevados al extranjero. La editorial en sí misma se mudó a Viena,  pero en 1938 con la anexión de Austria, fue confiscada y liquidada por la Gestapo junto con la Asociación Psicoanalítica Vienesa, 

En el curso de su trayectoria, la editorial publicó mucha de la obra de Freud y cinco revistas. A partir del año 38 y hasta el 41, Imago y la Revista Internacional de Psicoanálisis fueron combinadas y se publicaron desde Londres. Ambas revistas fueron precursoras de las revistas en inglés que conocemos hoy.

Persecución y emigración

Desde 1933, con la llegada de Hitler al poder, los analistas judíos fueron perseguidos y expulsados. En 1935, los que no habían salido de Alemania a tiempo fueron invitados por su propio presidente a abandonar la Sociedad Psicoanalítica Alemana. Fromm, que ya estaba en Estados Unidos, protestó por la exclusión. Recibió la respuesta de que la renuncia de los judíos a su membresía de la Sociedad no era una exclusión sino que respondía más bien a la necesidad de salvar la institución. Muchos emigrantes huyeron a países que fueron posteriormente ocupados por la Alemania nazi por lo que tuvieron que escapar una segunda vez, desde Estocolmo, Oslo Copenhague, Países Bajos, Praga, París o Viena.

Los analistas que pudieron escapar fueron sobre todo al Reino Unido, Estados Unidos y Palestina. El presidente de la IPA, Ernst Jones,  recogía la información sobre las rutas de huida y los paraderos de cada inmigrante individual. Casi a diario recibía nuevos datos y trató de ayudar  aconsejando sobre rutas seguras y facilitando la búsqueda de trabajo. Esto fue muchas veces difícil, ya que había que enfrentar las resistencias de los analistas de los países de destino a acoger a los inmigrantes. La IPA tuvo que instituir una nueva membresía directa para los analistas expatriados a la que se podían acoger cuando los colegas del lugar de destino no les aceptaban en sus asociaciones.  El analista lego (no médico) Theodor Reik recuerda su situación como emigrante a su llegada a Estados Unidos:

Fue una de las experiencias más amargas de mi vida. Cuando llegué a Estados Unidos con mi mujer y mi hija de cinco años no teníamos ni un centavo. Estaba desesperado con la tarea de comenzar de nuevo en un país extranjero a los cincuenta años, pero a la vez convencido de que mis colegas, los analistas, me recibirían con los brazos abiertos. Después de todo, yo tenía 25 años de experiencia en psicoanálisis y ¿no había Freud expresado con frecuencia su admiración por mi desempeño en ese campo? Pronto descubrí que todo eso no contaba porque yo no estaba cualificado como médico: me ofrecieron un trabajo mísero a condición de que no estableciera mi propia consulta. (DPV, 2009, DVD1, 47:55)

Por otro lado, en los encuentros científicos del Instituto Psicoanalítico de Berlín brillaba por su ausencia la discusión de la problemática del nazismo y su amenaza. Apenas se conoce una intervención de Wilheim Reich en ese sentido. Tampoco en los congresos de la IPA, aunque la situación de los refugiados era una fuente de preocupación, pasaban las referencias al nazismo de ser discretas.

Tres historias personales de persecución y exilio

Max Eitingon

Procedente de Rusia, fue el primer estudiante extranjero de Freud, al que conoció en 1907, participando en el primer Congreso de Psicoanálisis en Salzburgo. En 1910 viajó a Berlín para trabajar con Karl Abraham donde montaron el nuevo instituto psicoanalítico. Se convirtió en secretario de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín, fundó y financió la primera policlínica, fue miembro de la Editorial Psicoanalítica Internacional, a la que apoyó financieramente una y otra vez. Llegó a ser presidente de la IPA. En 1933, presionado por sus colegas arios, renunció a la presidencia de la Sociedad Psicoanalítica Alemana. En septiembre, huyó a Jerusalén fundando la Asociación Psicoanalítica Palestina, que inmediatamente se convirtió en miembro de la IPA. Intentó por todos los medios crear una cátedra de psicoanálisis en la Universidad Hebrea en Jerusalén. Como muchos otros que tuvieron que huir de la Alemania nazi, nunca superó su emigración hasta el día de su muerte en 1943.

August Watermann

Este médico hizo su formación psicoanalítica en el Instituto de Berlín, convirtiéndose en 1927 en miembro de la Sociedad Psicoanalítica Alemana. En 1930, se estableció en Hamburgo, creando un grupo de estudio psicoanalítico. En el año 33 huyó a los Países Bajos donde se implicó en la fundación de la Asociación Psicoanalítica Holandesa. Casado un año después con una ciudadana holandesa, trató sin éxito de huir a los Estados Unidos con su familia. Tras la invasión alemana, la familia fue arrestada y trasladada al campo de Westerbork desde el que fueron deportados a Theresienstadt y luego a Austwitch donde posiblemente  fueron asesinados en octubre de 1944.

Clara Happel

Esta berlinesa, nacida en 1889, después de estudiar Medicina comenzó su formación como psicoanalista en el Instituto de Berlín. Se convirtió en miembro de la Asociación Psicoanalítica Alemana y abrió consulta en Hamburgo en 1931, fundando el grupo de estudio psicoanalítico junto con Watermann. Se casó con el director del hospital general de Hamburgo, para divorciarse en 1934. Primero volvió a Berlín con sus dos hijos y luego emigró a Estados Unidos.  Más tarde, uno de sus hijos contó lo difícil que había sido allí la vida para ella. Sufrió denuncias y en 1941, un día después de Pearl Harbour, ante la sospecha de espionaje, estuvo en prisión durante seis semanas. En 1944 se mudó a Nueva York, donde  murió en septiembre de 1945 tras una sobredosis de somníferos, posiblemente a consecuencia del efecto devastador que tuvo sobre su ánimo la catástrofe causada por los ataques con bomba atómica sobre Hiroshima y Nagaski.

El floreciente crecimiento del movimiento psicoanalítica en Europa y especialmente en Alemania fue interrumpido por la llegada del régimen nacionalsocialista. Muchos psicoanalistas tuvieron que huir, fueron perseguidos y asesinados. Las instituciones fueron disueltas. El centro de gravedad de la ciencia psicoanalítica se movió con el éxodo de los psicoanalistas judíos al mundo anglosajón. Solo unos pocos de los analistas no judíos, convencidos de que continuar con el  trabajo psicoanalítico en la Alemania nazi no era ya posible, siguieron a sus colegas judíos en su exilio. Sobre lo que ocurrió con los demás que permanecieron en Alemania se habla en la segunda parte del documental.

Parte segunda. Persecución, emigración, adaptación y reconstrucción

Dos clases de analistas: arios y judíos

La campaña difamatoria contra los judíos se presenta de manera pseudocientífica alimentando los prejuicios más profundos, que se difunden a través de la prensa. Se habla del psicoanálisis freudiano como un intento de “golpear a la raza del norte en su punto más vulnerable, su vida sexual” (DPV, 2009, DVD 2, 01:08). En una viñeta, el médico, estereotipo de judío, descubre la falta de satisfacción en el matrimonio de una joven alemana y ofrece curación a su propia manera: “Ahora lo tenemos, pensar en una daga muestra sus deseos sexuales, sus dolores de cabeza vienen del hecho de que no puede encontrar satisfacción en su matrimonio. A partir de ahí es autoevidente cómo puede ser curada” (DPV, 2009, DVD 2, 01:37).

El ánimo antisemita se encontró con los deseos de algunos de los que durante mucho tiempo acompañaron a Freud en su camino. Carl Gustav Jung escribió a Mathias Heinrich Göering, miembro del Partido Nacionalsocialista, primo de Hermann Göering y presidente de la Asociación Médica Alemana para la Psicoterapia [Allgemeine Ärztliche Gesellschaft für Psychotherapie]: “En las actuales circunstancias no se debería de ninguna manera publicar la foto de Freud en la revista principal” (DPV, 2009, DVD 2, 02:18). Los viejos resentimientos y la necesidad de elevar el propio perfil, llevaron a Jung a aprovechar la situación para hacer valer su comprensión sobre el modo correcto de hacer psicoterapia y psicoanálisis frente al freudismo y la psicología individual de Adler.

En agosto de 1933, Göering escribió al Secretario General de la referida Asociación, el neurólogo Walter Cimbal, de Hamburgo:  “Los asuntos del segundo punto de su carta del 21 de julio no me encajan. Por ejemplo, habiéndose quemado los libros de Freud, la palabra ‘psicoanálisis’ ha de abandonarse, así como el término ‘psicología individual’. Podrían quizás reemplazarse por ‘estudios aplicados del carácter’” (DPV, 2009, DVD 2, 02:44).

El frente contra los psicoanalistas judíos empezó a formarse. La mayoría de los psicoanalistas en Alemania eran de origen judío. En la Gaceta Legal del Reich [Reichsgefekblatt], el 7 de abril del 33 se publica la ley para el restablecimiento del servicio civil profesional, que excluye a los judíos de todos los puestos del servicio civil. Los médicos judíos pierden sus licencias para trabajar en los seguros de salud. Según las medidas se intensifican, los judíos son despojados de sus medios de subsistencia y sus derechos civiles, quedando expuestos a la persecución. Sus publicaciones también se prohiben y sus obras se incluyen en la lista de autores vetados, que se alarga más y más.

Apenas un mes y medio más tarde tendría lugar en Berlín la quema de las obras de Freud por parte de los estudiantes nazis y los miembros de las tropas de asalto (SA), acto de barbarie precedido por una declaración solemne: "Contra la sobrevaloración de la vida sexual, destructora del alma y en nombre de la nobleza del espíritu humano”. Freud declaró amargamente: “¡Cuánto hemos progresado! En la Edad Media me hubieran quemado a mí; ahora se conforman con quemar mis libros" (GPV, 2009, DVD2, 06:37).

La presión externa llevó a muchos psicoanalistas alemanes a tratar de adaptarse para salvar su identidad y el estatus de su profesión. Por ejemplo, en el artículo “Psicoanálisis y la filosofía de la vida”, en el periódico nazi Reichswart, Carl Müller-Braunschweig llama a abandonar el resentimiento y ofrece el psicoanálisis al nuevo estado.

En marzo de 1933, Freud aún tiene esperanzas de mantener el funcionamiento del Instituto Psicoanalítico de Berlín. Escribe a Max Eitingon, que como judío no tenía permitido ocupar ningún puesto directivo y que acabó renunciando en noviembre:

1. El psicoanálisis sería prohibido, el Instituto sería cerrado por las autoridades, usted habría entonces aguantado hasta el último momento, hasta que el barco se hundiese.
2. Nada le pasaría al Instituto pero, como extranjero, usted sería obligado a renunciar al liderazgo. De todos modos, permanecería en Berlín y podría continuar usando su influencia de manera no oficial. Usted fundó la Sociedad de Berlín, la ha mantenido funcionando por mucho tiempo, pero finalmente se la habrá entregado a los que ahora pertenece. Mientas tanto, puede ser llevada por alguien indiferente, como Boehm.
3. Tampoco le ocurre nada al Instituto, pero usted abandona Berlín por su propia voluntad o porque se le obliga. Este escenario lleva a las mismas consideraciones que el anterior salvo que perdemos totalmente su influencia y crece el peligro de que la oposición interna, como la de Schultz-Henke, use el Instituto para sus propios propósitos. No tenemos más remedio que la Junta de la IPA descalifique y excluya el Instituto en cierta medida […], naturalmente previo aviso.

Qué triste debate. (DPV, 2009, DVD 2, 08:08)

En noviembre, acatando las nuevas normas, Felix Boehm toma la dirección del Instituto, con Carl  Müller-Braunschweig  como adjunto. Mientras tanto, más y más médicos judíos eran arrestados bajo sospecha de conspiración, con la complicidad de algunos de sus colegas. Un año después, en un informe en que Boehm da cuenta de los ataques contra el Instituto, diferencia entre los miembros judíos y los alemanes del Reich, llamados también “miembros arios”. Se espera que los primeros renuncien voluntariamente. Sin mayor dilación, Wilheim Reich es expulsado, debido a que sus trabajos son considerados por el Régimen un “sucio escándalo marxista judío”.

No solo Reich, también Edith Jacobson era una carga política. Miembro de la Sociedad Psicoanalítica Alemana desde 1928, pertenecía al grupo socialdemócrata de resistencia Neubeginnen y fue detenida en 1935 por la Gestapo. Boehm temía que la Sociedad se viera involucrada en el caso y fuera disuelta, así que continuó con la política del Instituto de acatar las nuevas normas, lo que llevó a una crisis dentro de la IPA, ya que algunos analistas fuera de Alemania publicaron un llamamiento en defensa de Jacobson y acusando al grupo de Berlín de identificación con el nazismo. El presidente de la IPA, Ernst Jones, se implicó tratando de apoyar al Instituto de Berlín, parapetándolo con su autoridad frente a la crítica creciente de la comunidad internacional. Jacobson fue sentenciada a dos años de prisión, donde enfermó, consiguiendo libertad condicional, y acabó huyendo a Estados Unidos en 1938.

Mientras tanto, los colegas judíos en Berlín fueron llamados a abandonar la Sociedad voluntariamente. Eintingon había ya dejado el país. Boehm anotó en su informe acerca de la renuncia voluntaria de sus colegas judíos: “Los ánimos estaban muy agitados. Varios colegas arios, por ejemplo,  Müller-Braunschweig,  Schultz-Henke, Graber y Kemper apoyaron la necesidad de renuncia inmediata” (DPV, 2009, DVD 2, 13:45). Eva Rosenfeld, que acabó huyendo a Londres en el 36, habla así de esta exigencia: “Implicaba un nivel demasiado alto de masoquismo, como si uno tuviera que ejecutarse a sí mismo voluntariamente” (DPV, 2009, DVD 2, 14:07).

Erich Fromm, desde  Nueva York, expresó su disgusto contra la exclusión de los miembros judíos. No quería creerlo, pidió explicaciones y se negó a pagar las cuotas pendientes que, a pesar de todo, Carl Müller-Braunschweig, le exigía a él y a otros inmigrantes. 

Adaptación del psicoanálisis institucional al nacionalsocialismo

La Sociedad Psicoanalítica Alemana había forzado la salida de sus miembros judíos sin admitirlo públicamente, usando como si fuera algo natural el lenguaje de la discriminación entre arios y judíos. Pero todo esto no supuso diferencia alguna, el 26 de mayo de 1936 se fundó el Instituto Alemán para la Investigación Psicológica y la Psicoterapia [Deutsches Institut für psychologische Forschung und Psychotherapie] bajo la dirección de Mathias Heinrich Göering. Esto supuso el fin del Instituto Psicoanalítico de Berlín fundado por Eitingon y Abraham. A la vez,  la Sociedad Psicoanalítica Alemana renunció a su pertenencia a la IPA, retractándose en septiembre de 1936 para acabar disolviéndose en noviembre de 1938 y convertirse en el Grupo de Trabajo A dentro del Instituto Alemán de Göering.  El documento en cuestión, firmado por Müller-Braunschweig, finaliza con un “Heil, Hitler!”.

Seis meses después, en marzo de 1939, Müller-Braunschweig se dirigió por carta a Ernst Jones en los siguientes términos:

Querido doctor Jones: Escribe usted en su última carta sobre el profundo pesar con que recibió mis noticias. No puedo describirle mis sentimientos. Tengo que adaptarme a las circunstancias. Estoy trabajando en cuerpo y alma en nuestra ciencia e investigación y amo a mi patria. Espero que podamos pronto hablar personalmente de nuevo. (DPV, 2009, DVD 2, 16:22)

Con la anexión de Austria en 1938, el Instituto Psicoanalítico de Viena fue destruido. A petición de Freud, que quería salvar las publicaciones psicoanalíticas y con el acuerdo de Göering, Müller-Braunschweig viajó a Viena para conectar la asociación vienesa con el Instituto de Berlín. El intento resultó infructuoso porque no había suficientes analistas que no fueran judíos. Debido a una carta dirigida a Anna Freud,  Müller-Braunschweig fue interrogado por la Gestapo. Se cree que esta fue la causa de que se prohibiera la enseñanza en el Instituto de Berlín. Anna Freud fue interrogada dos veces por la Gestapo, y el piso de los Freud registrado por las Tropas de  Asalto nazis. Por fin Freud se convenció de que sus amigos tenían razón: había que dejar Viena y poner a su familia a salvo. Se vivieron momentos de mucha angustia hasta que pudieron salir de la ciudad en junio. Cuatro de las hermanas de Freud, que no consiguieron permiso para emigrar, fueron asesinadas en campos de concentración.

De 102 analistas que integraban el grupo vienés, solo quedaron dos, así que el Instituto fue disuelto. Tras el fracaso de la misión en Viena, la situación en la Sociedad Psicoanalítica Alemana se volvió también crítica hasta acabar en la asamblea general extraordinaria de 1938 en la que se dio por finalizada.

En  1936, el inicio del Instituto Alemán para la Investigación Psicológica y la Psicoterapia bajo la dirección de Mathias Heinrich Göering fue promovido por el Director Médico del Reich y por el Ministro de Interior. En 1938, en la presentación pública del Instituto, acudieron las instituciones más importantes del Régimen.  Göering telegrafió a Hitler haciéndole llegar “nuestra promesa de lealtad imperecedera” (DPV, 2009, DVD 2, 20:24).

El funcionario de mayor categoría del Instituto era el psiquiatra Herbert Linden, que en 1939 prestaba sus servicios en dos organizaciones implicadas en los programas de eutanasia del Tercer Reich. Linden representaba las dos caras del Heilung und Vernichten [curar y exterminar] en el nuevo sistema alemán de salud mental. Apoyaba el tratamiento psicoterapéutico y a la vez el exterminio de aquellos que resultaran ser intratables. Se fraguaba  el concepto de una nueva psicoterapia  llamada “nueva salud mental alemana” [Neue Deutsche Seelenheilkunde].

El trabajo se fue alineando cada vez más con las necesidades de la política nazi, que movilizaba recursos para prepararse para la guerra y más tarde dirigir el mundo. La ilustración de esto era que en el Instituto,  Göering, el director, y Johannes Heinrich Schultz, neurólogo y especialista en hipnosis y creador del entrenamiento autógeno, vestían de uniforme. Las fotos de Adolf Hitler y Hermann Göering se exponían en el Auditorium. El uniforme era un símbolo de que el Instituto era importante cara a la preparación para la guerra, ya que la llegada de fondos estatales al Instituto dependía de esta potencial contribución.

En 1944,  Mathias Heinrich Göering dio en el Instituto una conferencia con el título de “La contribución de la psicoterapia a la guerra total”. Boehm, como Johannes Heinrich Schultz, trabajaban en el tratamiento de los soldados homosexuales. Kempel se encargaba de desarrollar las guías para tratar la neurosis de guerra.  Shultz-Henke describió el trabajo del Instituto de esta manera: “Apoyamos a la Wehrmacht, a las fuerzas armadas y a la economía a través de la investigación en psicología profunda” (DPV, 2009, DVD 2, 24:21). Esto incluía la contribución del trabajo del Instituto a consolidar la visión del mundo de los nazis, como, por ejemplo, el proyecto de investigación sugerido por las SS “Bosques y árboles en los sueños en el espíritu y la historia cultural alemanes arios”. El partido y las organizaciones estatales eran apoyados psicoterapéuticamente con estudios, guías y orientación terapéutica. La cooperación con el Deutsche Arbeitsfront, sindicato nazi, era especialmente estrecha.

El Instituto habría de ser destruido como lo fue el Tercer Reich. Schultz-Henke informó en 1945 de que:

Göering afirmó en el Instituto hasta el último segundo que el ejército alemán del frente occidental vendría y expulsaría a los rusos. Según estos llegaron, un oficial ruso inspeccionó el Instituto donde ondeaba la bandera de la Cruz Roja. Fue disparado por la espalda por un oficial de las SS que estaba más arriba, tras lo cual todos los presentes en el edificio fueron enviados al sótano y se prendió fuego al edificio hasta que quedó reducido a cenizas.  (DPV, 2009, DVD 2,  25:34)

Además de aquellos que, como Göering, siguieron a los nazis hasta el final, también hubo otros que resistieron. Uno de ellos era John Rittmeister, un hamburgués estudiante de Jung que pronto se distanció del antisemitismo y cualquier simpatía por la ideología nacionalsocialista. Después de trabajar durante ocho años en distintas clínicas, fue forzado a abandonar Suiza por sus actividades políticas. Volvió a Alemania en 1937, buscando formación psicoanalítica en el Grupo de Trabajo A del Instituto Alemán y acabó ostentando la jefatura del Policlínico. Rittmeister tomó parte activa en la propaganda y educación en los grupos de resistencia antifascista formados alrededor de Schultze-Boysen y Harnack, conocidos como Die Rote Kapelle. Se le retiró un permiso que ya se le había concedido para viajar a  Suiza en mayo de 1942, y en septiembre del mismo año fue arrestado por la Gestapo. En mayo de 1943 fue guillotinado junto a otros camaradas en la prisión berlinesa de Plötzensee. En una carta final a su mujer, que también estaba arrestada, escribió: “Mantén tu actitud positiva hacia la vida, querida, no debemos retroceder hacia el desierto, o hacer del mundo un desierto, sino seguir nuestro camino hacia la autorrealización dando forma a nuestro ser más profundo” (DPV, 2009, DVD2, 29:01).

En los principios de los años 40, el grueso de las conferencias y clases del Instituto Alemán para la Investigación Psicológica y la Psicoterapia eran realizadas por los miembros de la extinta Sociedad Psicoanalítica Alemana:  Boehm,  Kemper, Müller-Braunschweig, Rittmaister, Schultz-Henke. Los demás eran cercanos a los seguidores de Jung o Adler y otros individuos que habían encontrado su propia manera ecléctica de psicoterapia. Von Hattingberg era el autor del concepto de “nueva salud mental alemana” [Neue Deutsche Seelenheilkunde]. Achilles era filósofo. De los analistas más implicados en el funcionamiento del Instituto, muchos de los que no eran nazis convencidos, como sí lo eran Achilles, Mathias Heinrich Göering o Johannes Heinrich Schultz, se podría decir que estaban alineados políticamente con el sistema en diferentes grados, con la excepción del ejecutado Rittmaister. Otros analistas prefirieron  permanecer  en los márgenes del Instituto y concentrarse en su propia práctica con el objetivo de sobrevivir.

Reconstrucción del psicoanálisis alemán en la postguerra

Ya en mayo de 1945, de manera sorprendentemente rápida, algunos clínicos estaban pensando en la creación de un nuevo instituto de psicoterapia.  Tan pronto como el 7 de mayo de 1945, un día antes de la rendición incondicional de la Fuerza Aérea alemana, Schultz-Henke insistía en la necesidad de perseverar con la psicoterapia a pesar de las dificultades. A la cuestión de bajo qué nombre se debería registrar el nuevo instituto, Kemper y Schultz-Henke propusieron posponer el restablecimiento del previo nombre de Sociedad Psicoanalítica para sugerir, de momento, el más neutral Instituto de Psicoterapia. En junio de 1945 ya había una planificación básica de conferencias y seminarios y parecía que todos iban en la misma dirección. Se formó el Instituto de Psicopatología y Psicoterapia dirigido por Schultz-Henke. Müller-Braunschweig fundó la Sociedad Psicoanalítica, que quería cooperar con el nuevo instituto. Pero en octubre el intento de continuar la cooperación existente en el pasado dentro del Instituto Alemán para la Investigación Psicológica y la Psicoterapia se mostró imposible.

Sigmund Freud había advertido en 1933 que Harold Schultz-Henke, como oponente al psicoanálisis freudiano, no debía dirigir el Instituto ya que su método entraba en contradicción con el psicoanálisis. El conflicto se había originado a partir de la crítica a las teorías sexuales de Freud. En 1943, en el documento marco “Salud Mental Alemana: diez ensayos sobre los cometidos de los médicos especialistas en salud mental en nuestros tiempos”, Schultz-Henke había publicado su trabajo “La competencia como un objetivo terapéutico”, en el que se distanciaba del psicoanálisis freudiano. Ahora seguía con su idea de unir en una sola amalgama todas las escuelas de psicoterapia, entendiendo su propio trabajo como un desarrollo más amplio del psicoanálisis. Proponía que las distintas escuelas debían de trabajar juntas en un nuevo instituto como se había hecho desde el 36, pero ahora alrededor del marco teórico de su neo-análisis, dentro del cual creía que se incluían los elementos más importantes de otros métodos psicoterapéuticos. Esto motivó la ruptura de Müller-Braunschweig.

En mayo de 1946, Müller-Braunschweig, en una carta a Bally en Zurich, se refirió al conflicto con Schultz-Henke como provocado por la opinión de este de que las teorías psicoanalíticas, especialmente la teoría de la libido, debían considerarse obsoletas.  Este conflicto sobre la autonomía del psicoanálisis fue escalando durante los siguientes años hasta convertirse en un tema importante en el primer congreso internacional celebrado tras la Segunda Guerra Mundial, en el año 1949 en Zurich.

En este congreso se programó una conferencia de Schultz-Henke. Sin previo aviso, Müller-Braunschweig presentó un trabajo suplementario sobre el contenido de la ponencia de Schultz-Henke en el que pedía un distanciamiento del concepto de psicoanálisis de este. Allí mismo la Sociedad Psicoanalítica Alemana fue readmitida de manera provisional en la IPA. Ernst Jones, como presidente de la Asociación Psicoanalítica International, propuso un periodo de prueba.

Tras el congreso de Zurich,  Müller-Braunschweig trató infructuosamente de que Schultz-Henke dimitiera de la Sociedad Psicoanalítica Alemana. Este último insistía en que no estaba en contra de Freud sino que quería ampliar el psicoanálisis freudiano. Al final se produjo una escisión. En junio de 1950, Müller-Braunschweig, junto con otros colegas, fundó la Asociación Alemana de Psicoanálisis, con sede en Berlín. La Asociación fue reconocida por la IPA en 1951 en el Congreso de Amsterdam. En representación de la Sociedad Alemana de Psicoanálisis, Werner Kemper trató de que se renovara la admisión provisional de esta otros dos años, pero la Asamblea General rechazó la solicitud con el voto expreso en contra de la renovación de Anna Freud. No fue hasta 2009, en su 46 Congreso, en Chicago, que la IPA aceptó como filial a la Sociedad Alemana de Psicoanálisis (Hermanns, 2018).

Esta disputa sobre la dirección del psicoanálisis en Alemania permitió que la cuestión de la implicación con el Régimen nazi permaneciera en la sombra. Pero los documentos no dejan lugar a muchas dudas. En una carta de febrero de 1946, en la que se describe la liberación de Alemania como “un colapso”, Kemper y Schultz-Henke se quejaban de que la psicoterapia fuera denunciada como una institución nazi, y enfatizaban que tenían “el derecho de impedir que su trabajo, hecho con gran sacrificio, fuera difamado bajo sospechas políticas infundadas” (DPV, 2009, DVD 2, 41:52).

El otro grupo, alrededor de Müller-Braunschweig, buscaba una salida de la situación precaria del psicoanálisis tras mayo de 1945 yendo a la ofensiva. Pero en junio de  1935,  Müller-Braunschweig había escrito, en “Psicoanálisis y cultura alemana”: 

Los psicoanalistas alemanes desean que el gobierno nacionalsocialista sea comprensivo con ellos, asegurando una fructífera continuación de su trabajo científico y terapéutico. Y desean eso más desde que con la llegada del régimen nacionalsocialista se han establecido las condiciones para que desde un ámbito totalmente diferente la Sociedad Psicoanalítica alemana pueda darse un rostro verdaderamente alemán. (DPV, 2009, DVD2, 42:52)

Este grupo también pensó que después de 1945 se podría retomar la tradición de la Sociedad Psicoanalítica  previa a 1933. Tuvieron la ventaja de contar con la relación amistosa con Anna Freud y Ernst Jones. Esto les ayudó a volver, les permitió reintegrarse en la tradición psicoanalítica y facilitó que recibieran el apoyo después de la guerra de algunos de los emigrantes. Por supuesto que resultó de gran ayuda que Freud hubiera criticado la evolución de Schultz-Henke.

En aquel momento no se consideró necesaria la reflexión sobre el comportamiento de los psicoanalistas alemanes durante el Tercer Reich. La mayoría de ellos se consideraban víctimas de las circunstancias y la situación política. Con la refundación de la psicoterapia y el psicoanálisis, parecía natural para todos que las viejas posiciones fueran restauradas. En mayo de 1946,  Anna Freud escribió a Müller-Braunschweig: “Jones y yo, que conocíamos la situación en Alemania, sabemos hasta dónde todos los que vivían allí eran víctimas de las circunstancias y que sería inútil dejar que esto creara dificultades para el trabajo que está en curso” (DPV, 2009, DVD 2, 45:33).

Tampoco desde la IPA existía deseo de reflexionar sobre las políticas de su presidente Ernst Jones, que había mantenido la relación con los psicoanalistas arios cuando empezaron a seguir la línea del Partido Nazi. Hasta el final de los años 50, la Asociación Psicoanalítica Alemana era prácticamente idéntica al Instituto Psicoanalítico de Berlín. Gracias a la personalidad y compromiso incansable de Alexander Mitscherlich, fue posible que se fundaran los primeros institutos fuera de Berlín, en Frankfurt, Heidelberg y Hamburgo. Con su biografía, Mitscherlich personificó de manera única la integridad en la Alemania de la postguerra. Oponente al régimen nazi antes de llegar al psicoanálisis, como observador de los juicios de Nuremberg describió los crímenes de los médicos alemanes durante el periodo nazi en un libro traducido al inglés con el título Doctors of Infamy. The story of the nazi medical crime. Contribuyó especialmente a que el psicoanálisis en Alemania reencontrara su conexión con el psicoanálisis internacional, invitando a psicoanalistas internacionalmente conocidos a impartir formación e investigar, primero en su clínica psicosomática en Heidelberg y más tarde en el Instituto Sigmund Freud en Frankfurt.

Muchos analistas judíos volvieron del exilio en respuesta a su invitación. Franz Alexander vino, por ejemplo, desde Chicago, Michael Balint de Londres, y de Zurich, Gustav Bally. También Billy Hofer, John Klauber, Pete Kuiper, Erick Erikson, Rene Spitz, Herbert Rosenfeld, Paula Heinmann, Jeanne Lampl-de Groot… Todos respondieron a la invitación de Alexander Mitscherlich para apoyar la reconstrucción de la Asociación Psicoanalítica Alemana con conferencias, cursos o análisis didácticos. Las primeras filiales de la Asociación Psicoanalítica Alemana en Berlín, Frankfurt-Heidelberg y Hamburgo pusieron los cimientos sobre los que se fueron construyendo más institutos en Giesen, Freiburg, Cologne-Dusseldorg, Bremen, Munich, Kasel…

En 1960 se fundó el Jahrbuch der Psychanalyse [Anuario de Psicoanálisis], como medio académico de publicación  y discusión de la Asociación Psicoanalítica Alemana, con el objetivo inmediato de “restablecer la conexión con el psicoanálisis internacional después de la destrucción nacionalsocialista” (Frommann-holzboog, s. f.).

Los cambios en la sociedad alemana de postguerra, el impacto de las revueltas de los años 60, el comienzo de la confrontación critica con el Holocausto y el Tercer Reich, la conciencia de los crímenes cometidos por la dictadura nazi y los proyectos de reforma de la República Federal de Alemania, supusieron un renacimiento del interés por el psicoanálisis. Las generaciones más jóvenes buscaban explicaciones y redescubrieron el psicoanálisis, lo que se manifestó en un importante aumento de los miembros de la Asociación Psicoanalítica Alemana durante los años 70 y 80 y en una cierta presencia, aunque limitada, del psicoanálisis en las universidades. La psicoterapia psicoanalítica fue reconocida como tratamiento por las aseguradoras médicas. 

Este rápido desarrollo creó problemas estructurales. Como consecuencia directa del periodo nazi, faltaba en Alemania una generación entera de psicoanalistas con experiencia y conocimientos teóricos y prácticos. El hecho de que en la Alemania de postguerra los representantes del psicoanálisis alemán hicieran un arreglo político con la IPA sin que se analizara lo sucedido en el periodo nazi es una sombra que no solo planea sobre el psicoanálisis alemán sino, también, sobre la institución psicoanalítica internacional.

Finalmente, el documental acaba recordándonos que Anna Freud siempre rechazó volver a Alemania. En julio de 1958 escribió al doctor Ulrich Ehebald:

Le agradezco su amistosa carta llena de comprensión. He leído el programa del congreso con gran interés y no tengo duda de que los encuentros serán útiles y gratificantes. En lo que respecta a mi invitación, tiene usted toda la razón. Hasta ahora no he sido capaz de volver a visitar Alemania y, sin duda, no podré hacerlo en el futuro próximo. Pero eso no cambia el hecho de que estaré muy contenta de ver el resurgimiento del psicoanálisis en Alemania. (DPV, 2009, DVD 2, 54:17)

Referencias

Deutsche PsychoanalytischeVereinigung (DPV) (2006). “Hiergeht das leven aufeinesehrMerkwürdigeweiseWeiter” ZurGeschichte der Psychoanalyse in Deutschland [Por aquí la vida sigue de una manera de los más peculiar”. La historia del psicoanálisis en Alemania][Película documental sobre la exposición del mismo nombre, DVD]. Bella Storia Film.

Frommann-holzboog. (s.f.). Jahrbuch der Psychoanalyse. BeiträgezurTheorie, Praxis und Geschichte. https://www.frommann-holzboog.de/periodika/941?lang=en-gb

Hermanns, L. (2018). The history of psychoanalysis in Germany up to 1950 and its relationship to the IPA. En P. Loewenberg y N. L. Thompson, 100 years of the IPA. The centenary history of the International Psychoanalytical Association 1910-2010 (pp. 47-61). Routledge.

Montejo Alonso, F. J. (2009). El psicoanálisis 1919-1933: Consolidación, expansión e institucionalización (Tesis doctoral). Universidad Complutense de Madrid, España.