aperturas psicoanalíticas

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revista internacional de psicoanálisis

Número 064 2020 La agresividad en la teoría y en la clínica

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La agresividad en la teoría y en la clínica

Aggressiveness in theory and in the clinic

Autor: Díaz-Benjumea, Lola J.

Para citar este artículo

Díaz Benjumea, L. J. Editorial. Aperturas Psicoanalíticas (64). 


Dedicamos este monográfico al tema de la agresividad. Podría decirse que históricamente nunca es un mal momento para este tema, pero además la época que estamos viviendo nos impele a abordarlo. Millones de personas necesitan emigrar de sus países de origen, huyendo de la masacre de las guerras y del destrozo ecológico que les ha dejado sin posibilidad de subsistir en sus países de origen, muchos mueren en el camino o se encuentran con fronteras cerradas. Tanto en Europa como en América partidos de ultraderecha con ideología xenófoba o bien gobiernan o tienen presencia en los gobiernos, suponiendo una amenaza para los sistemas democráticos. El mundo está padeciendo una pandemia mundial como nunca antes hemos vivido, la cual no es posible afrontar sino con la unión y la conciencia colectiva, sabemos que el deterioro de los ecosistemas ha tenido un papel causal en el origen de esta pandemia y que detrás de ella vendrán más consecuencias si no ponemos medidas, pero frente a esto domina un neoliberalismo voraz, una forma de producción basada en la explotación de las personas y del planeta. Sólo podremos salir de esto sustituyendo esa mentalidad de la explotación por otra forma de vida en la que impere una economía basada en la austeridad individual, en la distribución justa de los recursos y en los cuidados, cuidados a los mayores, a los niños que tendrán que heredar este planeta, en definitiva cuidados recíprocos y al único mundo que tenemos y necesitamos para sobrevivir. ¿Podremos hacerlo?

Este monográfico es también un homenaje al fundador de Aperturas Psicoanalíticas, Hugo Bleichmar. Hace un par de años él me dijo que quería escribir sobre el tema de cuidar y pensar en el otro, en el bien común. Sin embargo, tiempo después me comentó que había apartado esa idea porque no sentía que era un tema que interesara a la gente en ese momento. Este número va por ti Hugo, que fuiste padre de esta publicación y padre también simbólico de la mayoría de los que estamos implicados en ella. Recuerdo tu sonrisa y aprobación cuando te enteraste del proyecto de este tema para un monográfico.

Nos congratula especialmente poder publicar un artículo en el que participó Hugo Bleichmar, junto con los autores Javier Ramos, Ángeles Castro y Jesús Fernández Rozas. El trabajo es fruto de una experiencia clínica realizada en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, y muestra la aplicación del enfoque modular-transformacional al abordaje de un grupo de pacientes que fueron seleccionados para una psicoterapia grupal, partiendo todos ellos de un diagnóstico de depresión mayor y con una base previa de trastornos narcisistas de diversa índole. La propuesta de base es que la agresividad puede llevar a la depresión a través de procesos afectivos y cognitivos que influyen entre sí, dando lugar a transformaciones psíquicas hasta llegar a provocar el trastorno depresivo. Por ejemplo, la fragilidad narcisista puede llevar a frustraciones que activan agresividad para compensarlas y esta agresividad provocaría el empobrecimiento de la vida social, dando lugar finalmente a la depresión. Las secuencias descritas son diversas en cada paciente, pero la ventaja del enfoque es que da la oportunidad de mostrar la especificidad en cada sujeto, aun partiendo de una problemática con rasgo común como la agresividad y terminando en síntomas depresivos. Se puede ver por tanto en este trabajo las bases de una intervención terapéutica profunda dirigida a la toma de conciencia por los pacientes de los procesos psíquicos particulares que han conducido a cada sujeto a la depresión.

En su trabajo, Jorge L. Tizón analiza y revisa el concepto de pulsión de muerte freudiano, sosteniendo que hoy día no es aceptable teniendo en cuenta los desarrollos de la neurociencia, la antropología y la psicología. Pero el autor se detiene en lo controvertido del término pulsión, caracterizando la teoría pulsional como de bases mitológicas, cuestionable hoy día como fundamento para una teoría de la motivación. Su propuesta para representar mejor lo que Freud llamó pulsiones básicas es una serie de emociones primitivas o primigenias, que nos mueven desde el nacimiento y para toda la vida, moduladas desde la crianza. Sistemas emocionales que el autor organiza en un cuadro relacionándolos con su correspondiente función etológica. Para responder a la pregunta sobre el lugar que ocupa la agresividad, Tizón ofrece un caso clínico en el que la descompensación psicótica de un paciente durante la COVID-19 por angustia autoconservativa y de pérdida de seres queridos, que acaba en ira y teorías conspiratorias, es compensada psicoterapéuticamente reforzando la seguridad protectora que el vínculo terapéutico telemático le aportaba. Tizón critica la simbología de la guerra asumida por los medios para representar la pandemia, y la simbología de las guerras en sí mismas, su exaltación, su idealización, según él relacionadas con el instintivismo de la agresión-destructividad del ser humano en el mundo de la ciencia, la pulsión de muerte. La simbología bélica se relaciona también para el autor con el concepto de organizaciones perversas de la relación, modalidades disfuncionales de visión del self y del otro impregnadas de emociones negativas que son ampliamente descritas en el trabajo, características en las guerras y que han estado presentes en la manera bélica con que se ha simbolizado la pandemia de la COVID-19. Concluye el autor que desde el punto de vista científico la guerra no es inevitable, como no es inevitable el triunfo perenne de la ira.

Fernando Orduz plantea que cuando al ser humano se enfrenta al Otro, el diferente, siente amenaza y se genera la tendencia a destruirlo y a apropiarse de lo que lo constituye. Acudiendo a la mitología clásica y a la de la historia sagrada, ilustra cómo se representan sentimientos como la envidia y los celos. El semejante, sostiene, no es solo alguien que protege o un objeto sexual sino una tentación para agredirlo, usarlo y asesinarlo. Ante la pregunta de si nuestro destino está determinado por nuestras tendencias hostiles, busca las motivaciones que se activan en las guerras y encuentra heridas narcisistas, cuando la otredad reta las creencias y valores que constituyen la cultura propia y se quiere imponer lo que fundamenta la propia identidad. Orduz se detiene en la Primera Guerra Mundial para preguntarse qué motivó esa carnicería humana en lo que parecía ser un modelo civilizatorio en crecimiento. Su respuesta es un posible retorno de lo reprimido. Al igual que en la guerra mundial posterior, para el autor es el enaltecimiento del narcisismo lo que genera la destructividad del otro que representa la diferencia. La Gran Guerra destrozó los ideales civilizatorios y Freud, un hombre europeo de su época, conceptualizó la destructividad humana con la figura de Tánatos, como una fuerza biológica innata frente Eros, el instinto de vida, las dos pulsiones básicas del ser humano. Orduz describe la devastación que provoca la guerra a nivel físico, psicológico, social: pérdida de vidas, de posesiones, el destierro… sin embargo, sostiene que también contamos con Eros. Con un final literario, poético, el autor apela a la capacidad posible de Eros para vencer las fuerzas destructivas del ser humano.

El trabajo de Gustavo Lanza Castelli se enmarca en el psicoanálisis francés contemporáneo, especialmente en las obras de Green y de Uribarri. Parte de una diferenciación entre dos tipos de pacientes, los neuróticos, definidos como con capacidad de simbolización de sus procesos psíquicos, frente a los no neuróticos, que pasan al acto. Este último es el grupo que estudia en este trabajo, describiendo una serie de síntomas prototípicos entre los que está presente un tipo de agresividad que denomina destructividad silenciosa. Lanza acude a las consideraciones de Freud sobre la psicosis para describir lo que ocurre en la investidura del objeto primario de estos pacientes. Lo considera una desinvestidura, una forma de desligarse del otro mentalmente que elimina la representación del objeto y deja un vacío. Se originaría por una falta de investidura consistente por parte del objeto primario que deriva en una carencia en la representación del Yo del sujeto y en sus procesos representacionales. El déficit es también del deseo, como los niños estudiados por Spitz en los orfanatos, un deseo de no deseo según el autor. En el trabajo se describen las manifestaciones de esta organización del psiquismo en distintos momentos de la terapia, las defensas y los tipos de vínculos característicos, entre los que está la violencia hacia los demás, el control sádico o también posiciones masoquistas en las relaciones. De cara al tratamiento, se postula que la tarea no es encontrar algo reprimido sino constituir algo que no se ha desarrollado o se ha destruido, para lo cual propone modos particulares de reconocimiento y de vivencias compartidas con este tipo de pacientes.

Dentro del apartado de artículos ya publicados, hemos elegido un artículo de Adrianne Harris de 1998 por su interés y su actualidad en el análisis de la agresión. La autora plantea que la agresión tiene su lado positivo y saludable además de su potencial destructivo, y rescata a los clásicos, especialmente a Winnicott, pero también a Klein en la versión de los autores kleinianos contemporáneos, que ven la agresividad no tanto como pulsión innata sino fruto de experiencias relacionales negativas. Relaciona el concepto de identificación proyectiva de Klein con el de invariantes funcionales de Piaget, señalando el valor de la identificación proyectiva como proceso relacional. Harris responde así a la crítica que suele hacerse al concepto de identificación proyectiva por describirse como una comunicación mágica de una mente a otra. También responde a una segunda crítica, la de haber servido para justificar la agresión del analista, sosteniendo que el concepto no puede mantenerse tal como lo definió Klein una vez asumida la participación del analista. La autora se muestra partidaria de usar el concepto de agresión en términos amplios incluyendo el significado positivo, de actividad y afirmación, además de competitividad, envidia, ira y destructividad, y desarrolla en su trabajo cuatro ámbitos que pueden moldear la agresión influyendo en cómo serán sus manifestaciones: la relación objetal primaria, la biología, el género y el trauma. Es un placer la sabiduría con que trata cada uno de estos puntos.

El artículo de Mark Goldblatt, Benjamin Herbstman, Mark Schechter y Elsa Ronningstam es un homenaje al psicoanalista estadouniense John Terry Malstberber, fallecido en 2016, quien se dedicó durante toda su vida profesional al estudio del paciente suicida, conjugando datos empíricos con una visión psicológica profunda. Los autores del artículo fueron discípulos suyos durante años y nos resumen las aportaciones de Malstberber, señalando la búsqueda de la especificidad como un valor que siempre lo guió en su estudio de la mente del paciente suicida y de lo que ocurre en la pareja terapeuta-paciente que se enfrenta a la tendencia autolítica. Al marcar los que fueron sus puntos de mira a lo largo de su carrera, comentan su estudio del problema del odio del terapeuta al paciente, así como la relación ambivalente cargada de odio y de necesidad entre el paciente límite o psicótico y su terapeuta, que con frecuencia provoca el paso al suicidio cuando la relación terapéutica se rompe. También en este trabajo se reconoce la aportación de Winnicott en “Odio en la contratransferencia” como base para las ideas de Malstberber. Los autores refieren sus aportes sobre cómo se da el paso de odiar al propio self a odiar y atacar al cuerpo, sobre el vacío interior vivenciado como somático, sobre la particular experiencia con el propio cuerpo que puede tener un sujeto suicida, sobre la experiencia de soledad y sobre la relación del suicidio con la vivencia del trauma. Malstberber también trabajó en el diagnóstico dirigido a la evaluación del riesgo de suicidio analizando la subjetividad del paciente, y puso atención en el rango de emociones potencialmente desencadenantes del suicidio, entre las que están la ira y la rabia, así como motivaciones narcisistas de distintos tipos y estados de desintegración del self que pueden llevar a quitarse la vida.

En el apartado de reseñas, Beatriz Sevilla Valderas escribe sobre un libro recientemente publicado editado por Sheldon Itzkowitz y Elizabeth Howell dedicado a la psicopatía y la maldad humanas, que consta de 13 capítulos de distintos autores, dos de ellos escritos por los propios compiladores. Es todo un manual donde pueden encontrarse clasificaciones de la psicopatía: el psicópata socialmente adaptado frente al del comportamiento malvado perseguido por la ley, y grados en la psicopatía. Por otro lado se exponen distintas explicaciones teóricas: psicopatía y narcisismo; psicopatía relacionada con trauma temprano y apego desorganizado, y la disociación en la psicopatía. Hay trabajos que se dirigen a las emociones en la psicopatía, como la envidia, el miedo y posibles causas neurobiológicas. En otros se estudia la relación ente la psicopatía con el terrorismo y con el racismo. Finalmente, también los hay dedicados a la psicopatía en el genocidio judío y en los crímenes sexuales perpetrados en la Iglesia Católica.

Nuria Esteve reseña un artículo de Anne Álvarez en el que la autora analiza los distintos tipos de motivaciones potencialmente implicadas en la violencia en los niños. Describe en primer lugar la violencia que surge a consecuencia de perturbación o trastorno previo, como reacción de tipo paranoide tras experiencia de trauma; en segundo lugar un tipo de violencia con tintes psicopáticos, en la que ya hay una identificación con el agresor y una idealización de la propia agresividad; y en tercer lugar una violencia provocada por déficit al no haber podido vivir e introyectar objetos buenos y valiosos o bien objetos externos que hayan dado la oportunidad de desarrollar la agencia sobre ellos, llevando a desesperación y rabia.

Mónica de Celis reseña un documental que narra lo que ocurrió en el psicoanálisis alemán con el triunfo del nazismo, a nivel de instituciones y también de psicoanalistas concretos. Muestra nuestra dificultad para enfrentarnos a los horrores que salpican a instituciones que forman parte de nuestra identidad, lo cual lleva a la evitación y ocultamiento en los psicoanalistas, con actitudes no críticas e incluso cómplices con la maldad, en este caso representada en el nazismo. El documental aboga por un reconocimiento de esta parte oscura de la historia del psicoanálisis, necesario tanto para asumir las miserias propias como los sufrimientos y pérdidas de las víctimas. Con este film reseñado se da un paso adelante en ese reconocimiento.

Por último, en el apartado de reseñas “Los clásicos” Jorge Rodríguez revisa el trabajo de Winnicott “Odio en la transferencia”. Rodríguez señala la contundencia del mensaje de Winnicott al sostener que existe el odio tanto en la madre como en el analista, ilustrándolo con ejemplos de su vida personal. Lo llamó odio objetivo, porque no provenía de la fantasía sino del comportamiento del otro, un odio justificado en el presente. Sostiene Rodríguez que el odio fue visto por Winnicott a la vez como causa y fruto de la integración psíquica. Winnicott hace un paralelismo entre la función de la madre con el bebé y la del analista con el paciente, hay un estado de necesidad dependiente en el paciente que ha de ser reconocido por el otro, que asume un rol de abastecer esas necesidades, que conllevan la frustración de los propios deseos, de ahí el odio y su vinculación con la relación de dependencia. Se resalta el aporte de Winnicott en ese momento del pensamiento psicoanalítico en que predominaba la teoría kleiniana con su énfasis en la fantasía, en tanto supone una ruptura al visualizar el papel de lo ambiental.

Además, como es habitual, en este número tenemos una entrevista en video en la que Mariela De Filpo Beascoechea entrevista a Agustín Genovés, quien hace una revisión de su trayectoria en el psicoanálisis y los autores que más le han influenciado, especialmente Ferenczi.