aperturas psicoanalíticas

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revista internacional de psicoanálisis

Último Número 070 2022

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Literatura y psicoanálisis. Si digo agua ¿beberé? [López Mondéjar, 2021]

Literature and psychoanalysis. If I say water, will I drink? [López Mondéjar, 2021]

Autor: Palma Borrego, María José

Para citar este artículo

Palma Borrego, M. J. (2022). Literatura y psicoanálisis. Si digo agua ¿beberé? Revista Aperturas Psicoanalíticas (70), artículo e10, 


Literatura y Psicoanálisis. Si digo agua, ¿beberé? es el tercer trabajo de una investigación sobre los procesos creativos que la escritora y psicoanalista Lola López Mondéjar (Molina del Segura, 1958) emprendió hace veinte años, cuyos títulos anteriores fueron El factor Munchausen. Psicoanálisis y creatividad (2009) y Una espina en la carne. Psicoanálisis y creatividad (2015). Este último que analizamos aquí fue publicado en su primera edición en 2018. Todos ellos conforman el análisis de la creatividad como fenómeno fundamental del acto estético.

En el libro que reseñamos, nos encontramos con ocho capítulos en donde se explora un vasto campo de aspectos sobre la posición de la persona que escribe -la autoría- o, en un sentido más amplio, la relación del autor o autora con la escritura, siendo el psicoanálisis la teoría fundamental para el análisis de los textos que se presentan en los diferentes artículos del libro.

En el primer capítulo titulado “Cuando falla la Función Autor: vicisitudes de la creatividad”, encontramos una pregunta que nos parece fundamental ¿Por qué escribimos? A partir de ella, López Mondéjar nos traza las circunstancias y vicisitudes a las que los autores y autoras se confrontan: el suicidio, la desaparición de la vida pública, el ocultamiento de la propia obra y el narcisismo como resultado de la actividad creadora, entre otros elementos con los cuales la autora nos presenta una cartografía como respuesta a la pregunta que ella misma fórmula.

En “Escritura y subjetividad”, se afirma que la escritura es creadora de subjetividad. Así la creatividad es definida como poseedora de dos cualidades, recogidas en una posición que podríamos definir en terminología derridiana como la de farmakon, tanto en su sentido benéfico y de autorreparación, de un trauma infligido a raíz del cual se produce una escisión del yo, como en su sentido negativo de posibilidad de autodestrucción. Pero, en definitiva, la creatividad es definida aquí como la capacidad de auto-reparación del niño o la niña dañado mediante el auxilio de otra parte de sí mismo que lo cuida, identificada esta última como un adulto protector-, que, posteriormente, le retiró el reconocimiento.

Si bien esta característica de auto-reparación en la función autor/a existe, se dan casos donde se produce una correlación entre enfermedad mental y creatividad, como sucede en los autores o autoras suicidas, que podemos ligar al lugar negativo que conlleva la lectura del concepto de farmakon.

En efecto, la creación estética tiene una función de reconstrucción interna, de autocreación, de cierta “unión” a partir de un yo disociado; también la creatividad puede expresar la nostalgia de la fusión con el otro perdido precoz y traumáticamente, como se da en el caso de la experiencia mística. De esta experiencia traumática de separación surgen una serie de topos literarios como el paraíso perdido o el sentimiento oceánico que encontramos en muchos textos literarios, que se explicitan en el tercer artículo titulado “Sentimiento oceánico y desaparición de sí en la experiencia poética y en la experiencia mística”.

Por último, nos encontramos en este capítulo con la problemática del suicidio, con la idea negativa del farmakon hecho acto, es decir, con el fracaso de la función de autor y de la creatividad como fuente de muerte y cuyo ejemplo convincente es el de Alejandra Pizarnik, cuyo verso “¿Si digo agua beberé?”, aparece como subtítulo de Literatura y Psicoanálisis.

Con el sugerente capítulo “Correr sin bridas. Feminidad y locura”, se nos introduce directamente en el tema de la enfermedad mental, que nos sitúa en la temática de la existencia de un yo racional junto al desorden psicótico y la locura, como el ejemplo literario que nos ofrece de Virginia Woolf.

Partiendo de la frase de Marcela Lagarde, “ la feminidad como cautiverio” (2011, p. 36), la autora aborda el tema de la histeria como manifestación de la insatisfacción con el rol asignado que experimentan las mujeres intelectuales, y no solo ellas. Esto se manifiesta en un intento de desear ser libre y no conformarse exclusivamente con el matrimonio y todo lo que lleva consigo. La transgresión a la norma para estas mujeres, que aspiran a algo más en sus vidas, se ha penalizado socialmente con un retiro forzoso, que puede ser el psiquiátrico o el convento. El capítulo finaliza con el análisis de la consecuencia de esta situación: la transgresión a la norma en las mujeres tiene un coste altísimo en términos del malestar subjetivo.

En el capítulo “El sexo de los ángeles ¿Hay marcadores de género en los textos literarios?”, la autora analiza los diferentes puntos de vista sobre la existencia o no de una escritura específicamente femenina, considerando que la masculinización literaria de las mujeres se debe entender, en algunos casos, como una forma defensiva utilizada por estas para inscribirse en la tradición masculina del arte en el que se expresan, pero también como una forma de identificarse con la masculinidad. La cuestión para López Mondéjar se debe plantear en relación con el canon, además de intentar continuar el debate en términos de la necesaria incorporación de las mujeres a una genealogía que las invisibilizó, la posición de la autora es que cada hombre y cada mujer es una respuesta diferente al magma identitario que los constituye.

En “La “feminización de la literatura escrita por hombres”, López Mondéjar nos aporta otra visión del tema. Estamos viendo hoy, afirma la autora, una creación literaria de autores en cuyas producciones podemos observar que indagan en sus rasgos femeninos junto al sentir de experimentarse como hombres. En este sentido, estamos asistiendo a la representación del nacimiento de una nueva forma de sentirse varón.

En el capítulo siguiente “¿Cómo podré conmoveros? Figuras de la monstruosidad”, se plantea la cuestión del Bien y del Mal en relación con la norma y con lo que excluye la norma: lo monstruoso, lo raro, lo deforme, recorriendo distintos textos literarios junto a las interpretaciones sobre el tema que ha abordado el psicoanálisis. El Mal es aquí el fruto del desamor, de la ambición y del orgullo, afirmaba Mary Shelley adelantándose más de 100 años a las teorías sobre la maldad actuales, afirmación que compartimos. A través del estudio de obras literarias en donde el monstruo ocupa un lugar fundamental, López Mondéjar analiza una serie de figuras de lo monstruoso desde una perspectiva diacrónica que ejemplifican la visión histórica del Mal.

Por último, en “Las bellas durmientes. Amor y senectud en seis narradores del siglo XX”, se centra el concepto de vejez como sinónimo de fealdad y decrepitud frente a la juventud como sinónimo de belleza. Los seis autores analizados son hombres de entre 60 y 70 años que escriben novelas cuyos protagonistas tienen relaciones con jóvenes o niñas. En las novelas de Yusunari Kawabata o Gabriel García Márquez, estas relaciones se encuadran abiertamente en la pedofilia. En otros casos, como en las narraciones de André Brink, Coetzee, Roth o, finalmente José María Guelbenzu, encontramos un mejor tratamiento de la figura de la mujer, reconociéndola en su alteridad, frente a la relación desigual y de absoluta dominación con respecto a las figuras femeninas que aparece en los textos de los primeros. En las jóvenes de los primeros autores seniles se proyectan todas sus fantasías, sin interesarles nada su subjetividad.

¿Qué pensar de todo lo que López Mondéjar expone en este libro, de los temas que aborda? Después de varias lecturas y de las ideas que hemos hecho referencia anteriormente, lo primero que puedo señalar es que el trabajo de la autora se sitúa, me sitúa, en los desfiladeros perfilados de un pensamiento analítico acerca de la creatividad y del proceso de sublimación que conlleva esta. Un tema que, sin duda, López Mondéjar maneja con excelente sutileza, pues ella misma es escritora.

Si bien todo el libro es interesante, el abordaje sobre el tema de la feminidad y la locura abre caminos de reflexión nuevos, matizando las consideraciones generales sobre este saber. Otro de los temas en los que López Mondéjar se posiciona sin ninguna duda es acerca de la no existencia de una escritura femenina y otra masculina. De esto último disiento en algunos puntos, que intentaré explicar aquí de forma breve tal y como lo articula en su texto Le rire de la Méduse, Hélène Cixous (1975).

Esta afirma que no se trata de establecer una estructura binaria entre lo femenino y lo masculino con respecto a la escritura, como Mondéjar afirma en el artículo. En primer lugar, la categoría de escritura femenina cuestionaría la noción de sujeto masculino, como único sujeto que nos ofrece la metafísica. La propuesta a este sujeto masculino es la de promulgar un sujeto universal femenino, que no estaría sometido a una definición, lo que sería o debería de ser, sino que estaría más del lado de la mujer, en el sentido de la infinita riqueza de las singularidades de esta.

En este sentido, las manifestaciones singulares del sujeto femenino tienen que ver con la siguiente relación a tres términos: inconsciente-cuerpo-escritura siendo el elemento que une a los tres el Eros: deseo y pulsión. Por ello, la escritura femenina, que no literatura como se expresa en los textos que anota la autora, es la posibilidad inefable de inscribir un sujeto de deseo femenino en un sistema cultural que se caracteriza por haber excluido a las mujeres y a lo femenino. De esta manera, el sujeto universal mujer a través de la escritura femenina tiene que hacer llegar a las propias mujeres sus sentidos y sus historias.

Sería demasiado largo exponer todas las matizaciones que ofrece Cixous con respecto a la escritura, e insisto, escritura y no literatura, llevada a cabo por las mujeres a lo largo de la historia, Por ello, seguiremos el análisis de los monstruos, en los momentos de monstruosidad en que vivimos, que hace López Mondéjar y que me parece todo un acierto, y sirve para introducirnos en unos monstruos que no son en nada imaginarios, sino reales como los autores que ella recoge en su libro. Monstruos como los abyectos pederastas y abusadores, que todavía hoy se banalizan o son galardonados como el cineasta Román Polanski en el festival de Cannes de 2019, por ejemplo.

Finalmente, quiero insistir en la relevancia de Literatura y Psicoanálisis. Si digo agua ¿beberé?, pues en este libro la autora nos ofrece un caleidoscopio de escritores y de escritoras en donde la problemática de la creatividad y sus conflictos aparecen de forma cambiante y sugerente.

Referencias

Cixous, H. (1975). Le rire de la Méduse. L’Arc, 61, 39-54.

Lagarde y de los Rios, M. (2011). Los cautiverios de las mujeres. Horas y horas.

López Mondéjar, L. (2021). Literatura y psicoanálisis. Si digo agua ¿beberé? Enclave de libros.