aperturas psicoanalíticas

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revista internacional de psicoanálisis

Número 002 1999 Revista Internacional de Psicoanálisis Aperturas

Psicoanálisis actual: tercera tópica, vulnerabilidad y contexto social

Autor: Zukerfeld, Rubén

Palabras clave

Contexto social, Dos modos de funcionamiento psiquico, Escision, Red vincular, Revision metapsicologica, Vulnerabilidad.

  Resumen: Se presenta una revisión metapsicológica del aparato psíquico freudiano que incluye la noción de escisión con valor fundante y estructural. De este modo se plantea la existencia de una tercera tópica que implica la coexistencia universal de dos modos de funcionamiento psíquico: uno que consiste en procesos de complejidad creciente ordenados por la represión y el Ideal del yo, y otro que implica mecanismos de carga y descarga de lo nunca representado, asociados a la presencia constante de un yo Ideal. Así es que esta revisión sostiene la eficacia de un Inc. escindido paralelo a la de un Inc. reprimido que adquiere importancia para la comprensión de las patologías que se han considerado en las fronteras del psicoanalisis. Se plantea también un modelo teórico-clínico que posiciona al psicoanálisis actual en el campo interdisciplinario donde se jerarquiza el concepto de vulnerabilidad: esta dependería del predominio de un modo de funcionamiento psíquico en el marco de un contexto social donde se destaca la noción de red vincular. Esta puede significar distintos niveles de percepción subjetiva de apoyo y/o stress. Finalmente se presenta una viñeta clínica que ejemplifica los problemas del psicoanalisis actual en su relación con otras prácticas.

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Introducción

 

        El psicoanálisis actual se encuentra frente a desafíos clínicos y teóricos que estimulan, desde hace décadas, a realizar una  revisión crítica de su encuadre, un replanteo de las características de su campo y una revaloración adecuada de la conformación de sus fronteras. Existen así, a mi entender, tres grandes áreas problemáticas que incluyen los aspectos mencionados y que conviene que sean exploradas: 1) la de las revisiones metapsicológicas  y su relación con otras perspectivas teóricas; 2) la de la integración con otras prácticas vinculadas con la cura y los problemas metodológicos que ello implica; 3) la del contexto socio-cultural  y su valor teórico-clínico en la comprensión del funcionamiento psíquico y en la construcción de la subjetividad.

 

        El propósito de este trabajo es, entonces, presentar en el orden citado una serie de observaciones e ideas teóricas que intentan  una toma de posición en relación con el encuadre y campo analítico en una de sus fronteras más cruciales constituida por la llamada psicosomática.

 

Revisión metapsicológica : el inconsciente escindido y la Tercera Tópica

 

        Laplanche y Pontalis definen como “tópico” el punto de vista que supone una diferenciación del aparato psíquico en cierto número de sistemas dotados de características o funciones diferentes y dispuestas en un determinado orden entre sí, lo que permite considerarlo metafóricamente como lugares psíquicos de los que es posible dar una representación espacial  figurada. Es así que si alguna noción teórica se presenta como tópica alude a funciones que se representan en el espacio. Alcanza su máximo desarrollo en el esquema integrado y abierto de 1933, modelo freudiano final que incluye todas las categorías conceptuales básicas de la metapsicología y que ha sido estudiado y revisado en diversas oportunidades. Quisiera  a propósito de las revisiones enfatizar tres hechos:

a)  Son los datos clínicos provenientes del estudio de los sueños y de las psiconeurosis los que originan las tópicas. Su modificación y el pasaje de la primera (1900) a la segunda (1923) depende de esos observables. Por otra parte estos modelos ya constituidos y desarrollados se universalizan y adquieren un valor heurístico considerable.

b)  En la clínica psicoanalítica actual se observa una extensa psicopatología que es básicamente de teorización postfreudiana. Parte de ella se la considera en las fronteras del psicoanalisis y su abordaje es a veces visto como sus extensiones. ¿Qué muestra esta caracterización? Que el centro del psicoanálisis desde el punto de vista psicopatológico y metapsicológico es la tópica de 1933 y para algunas corrientes la tópica de 1900. Pero la enorme incidencia de estas patologías - las más habituales del fin del siglo XX - generó desarrollos teóricos y abordajes técnicos diversos y contradictorios, muchos de los cuales han sido señalados como transgresiones y desviaciones.

c)  Existen en la obra freudiana numerosos avances teóricos , observaciones clínicas y aportes técnicos entre la presentación de las tópicas primera y segunda y con posterioridad a esta última, que no tuvieron una integración coherente en los modelos. Ejemplo de ello son los conceptos de doble elección objetal y la dinámica del Ideal que Freud  presenta en Introducción al Narcisismo, los fenómenos vinculados con el doble y lo siniestro y fundamentalmente la noción de escisión del yo. Esta noción desarrollada en un trabajo inconcluso de 1938 y en el  Compendio de Psicoanálisis , es diferente de otras spaltung freudianas y postfreudianas. Es habitual asignar esta categoría cierta laxitud teórica desde el clivaje kleiniano hasta la separación mente - cuerpo o la explicación de las personalidades múltiples. Pero siguiendo cuidadosamente el texto freudiano y las revisiones de otros autores quedan claras las siguientes características : a) es intrasistémica, b) no transaccional, c) asociada a la desmentida, d) permite la coexistencia de dos actitudes contradictorias. Es decir que el yo del niño - como señala Green - admite dos juicios contradictorios al mismo tiempo. Esta operación es distinta de la represión  y convive con ella, pero de acuerdo con este autor: “[…] En la represión, la relación del yo como representante de la realidad y las demandas pulsionales como representantes del placer es vertical.[...]En la escisión  esta relación es horizontal. La razón del yo y la razón de la demandas pulsionales coexisten en el mismo espacio psíquico” (la cursiva es mía).

        Es sabido que Freud  explica el fetichismo y la psicosis empleando este concepto íntimamente ligado al de la desmentida. Laplanche señala en el artículo correspondiente que “[ …] ha sido recogida por pocos psicoanalistas y que su mérito estriba en subrayar  un fenómeno típico, aún cuando no aporte una solución teórica plenamente satisfactoria”.

        Obsérvese que el aparato psíquico “final” que Freud describe en 1933 , no da cuenta del fetichismo presentado en 1927. El concepto de escisión del yo que lo caracteriza no tiene cabida en el modelo de 1933. ¿Cómo se podrían representar tópicamente las dos corrientes de la vida psíquica que “subsisten paralelas”?. Ya en 1924 había explicado la neurosis y la psicosis con el modelo de la segunda tópica, donde la realidad externa es un instancia del conflicto y había señalado que en estas situaciones “[ …] el yo podría evitar un desenlace perjudicial […] disociándose en  algún caso”. O sea que mucho antes de la presentación formal del concepto de escisión ya estaba planteado un problema clínico para cuya resolución el modelo del yo , superyó y ello no era suficiente, pero que tampoco se modifica cuando vuelve a presentarlo en las Nuevas lecciones de Psicoanálisis de 1933 . Se trata entonces de un paralelismo con dinámica pero sin tópica. Es decir existe un funcionamiento psíquico escindido que coexiste con otro reprimido del que la conciencia periódicamente se anoticia. Esto plantea la existencia de un Inconsciente escindido que es lo que le  daría dimensión tópica más clásica a la afirmación de Green sobre la relación “horizontal” entre el campo de la conciencia y el inconsciente, y sobre la coexistencia de “la razón del yo y la de las demandas pulsionales” porque existe otra estructura Inc. que no ha sido reprimida.

 

        Esta otra estructura Inc no incluye un sistema Prec. ni una censura y por lo tanto no existen en ella representaciones de palabras sino solo huellas mnémicas activables y más o menos facilitadas, correlativas a las magnitudes de excitación nunca ligadas.

 

        Desde el trabajo de Freud en 1938, considero entonces importante tener en cuenta lo siguiente:

a)  La escisión no es una defensa del yo que se pone en funcionamiento en ciertas circunstancias. Es un hecho fundante del aparato psíquico que implica considerar el fetichismo no como patología sino como una condición del ser humano. Es decir la escisión es lo que permite que coexistan procedimientos defensivos contra la realidad (desmentida) y otros contra la pulsión del ello (represión).

b)  Cada acto psíquico como producto final incluye algo que se reprime y algo que se desmiente, tanto en la percepción como en el recuerdo. Implica algo que se habla y algo que se actúa, algo del orden narrativo y algo inefable.

c)  El aparato psíquico tendría dos modos de funcionamiento inevitablemente coexistentes sin relación transaccional y con una doble dinámica : “vertical” característica de la lógica de la represión y “horizontal” propia de la escisión , que entendemos como tercera tópica. Ella consiste en la modificación del esquema último de 1933 (véase la figura 1)

     FIGURA 1. TERCERA TÓPICA
        Obsérvese en la figura que se ha incorporado  una Spaltung longitudinal, perpendicular a la barra represiva, que sería la graficación del concepto freudiano de escisión de 1938 y se ha mantenido la organización descrita en 1923 y en 1933 como un modo de funcionamiento  junto a otra organización que representa el Inc. escindido en el que queda una parte variable del yo que consideramos yo ideal. El primer modo corresponde a una estructura edípica conflictiva (EEC) universal y común a todo sujeto hablante que constituye  por la existencia de la represión la condición de posibilidad del pensamiento, las fantasías, los sueños, los síntomas psiconeuróticos, los actos fallidos  y las transferencias. Es decir que se trata de un conjunto de transformaciones progresivas y regresivas de alta complejidad donde existe inestabilidad e instancias en conflicto.

        El otro modo de funcionamiento, que es el del inconsciente escindido, lo pensamos como el de  una estructura narcisista nirvánica (ENN) universal y común a todo sujeto vivo. Esta estructura conviene que sea entendida en distintos niveles:

a) como la de todos los mecanismos pulsionales no ligados que implican carga y descarga en el funcionamiento habitual del sujeto. Estos mecanismos son homeostáticos en el sentido de mantener un equilibrio perfecto y silencioso que solo da señales cuando se altera. En condiciones normales estas alteraciones percibidas son investidas y semantizadas gracias al funcionamiento de la EEC en especial las que comprenden a funciones biológicas que demandan comportamientos para regularse (ej: alimentación).

b)  como la dinámica pura del narcisismo tanático y en términos generales como el campo de lo negativo  o lo nunca representado. Esta noción conecta íntimamente entre sí a la desmentida radical y la noción de acto en el sentido de descarga nirvánica . Es por eso que es la sede de un yo Ideal eterno y coexistente con la instancia Ideal del yo - Super -yo construida en la EEC a partir de los vínculos intersubjetivos.

Campo Analítico e Interdisciplinas: Integraciones e integridad

        El psicoanálisis actual se encuentra a mi entender en una encrucijada que ya ha suscitado numerosos debates teóricos: ¿se trata de una teoría que funda un método de exploración del inconsciente, cuyos oficiantes poseedores de cierta habilidad hermenéutica, sostienen recursivamente su práctica en la fidelidad al mismo método? ¿O se trata de una teoría que intenta dar cuenta de la subjetividad y sus manifestaciones, en especial de aquellas que implican sufrimiento y demandan alivio?.

 

        La respuesta afirmativa a la primera pregunta no necesita de integración o interdisciplina alguna. Es suficiente con la exégesis y la transmisión prolija de los postulados. Pero la respuesta afirmativa a la segunda pregunta exige una apertura riesgosa - y a mi modo de ver enriquecedora - hacia los paradigmas científicos actuales, es decir una integración con otras disciplinas que se ocupan de la cura. Y aquí es importante una aclaración: si por otras disciplinas se entiende  por ejemplo la semiótica, distintas corrientes filosóficas   y artísticas o la literatura, es sabido que desde sus orígenes el psicoanálisis, ha sido interdisciplinario. El punto crítico es si existe esa posibilidad con otras psicologías, con las llamadas neurociencias y con la medicina en general, es decir con las “competidoras” en la vasta oferta terapéutica. Por otra parte si se comparte el planteo anterior, se incrementa la necesidad de contrastación, de rigurosidad e inteligibilidad de los términos teóricos, dado que ellos deben ser intercambiables y puestos a prueba. Esta integración exporta nociones pero también las importa y aquí es donde a veces surge el rechazo por la sensación de pérdida de la integridad del psicoanálisis  (o mejor dicho, de los psicoanalistas). ¿Qué sucede si ante el intenso sufrimiento el psicoanalista, por ejemplo, medica? ¿O cómo se comparan los resultados del proceso analítico con los de otros procedimientos? Es fácil comprender que la ampliación del campo analítico, las modificaciones del encuadre y la expansión de sus fronteras han generado ciertas crisis de identidad en la integridad de la práctica analítica. Pero ese es justamente el desafío : integración sin pérdida de la integridad. Un buen ejemplo de ello es el amplio campo de la llamada psicosomática que es donde más en evidencia se ponen estos problemas dado que el cuerpo teórico del psicoanálisis se ve afectado por la manifestación del cuerpo biológico. Es así que la noción de integración ha sido siempre un indicador evolutivo incluido en el concepto de salud mental. “Integrar” tanto en el sentido de “ unir, conectar, juntar” como en el de “ser parte de” o “pertenecer a” se ha constituido en el objeto de muchos enfoques terapéuticos que parten de suponer que existiría una separación psique - soma en la base de las manifestaciones patológicas. Desde este punto de vista, la idea de integrar la mente con el cuerpo adquiere una relevancia fundamental que proviene de remotas épocas de la medicina y de la filosofía.

 

En la clínica psicoanalítica  estas nociones se encuentran a veces sobreentendidas, de modo tal que cualquier manifestación somática indicaría una desintegración de algo que convendría reconectar, pero creo que rigurosamente no existe ninguna necesidad de integrar psique y soma  porque en realidad toda manifestación es siempre psicosomática.

 

        Lo que sí existe como parte del funcionamiento psíquico humano es una imperiosa necesidad de mantener la integridad, es decir la posibilidad yoica de:

a)  reconocer la propia materialidad corporal y, por ende, las necesidades y limitaciones.
b)  reconocerse como distinto del otro en el campo intersubjetivo y sujeto de una cultura.
        Se comprenderá entonces que el concepto de integración es distinto del de integridad. La primera noción parte de la base de juntar lo supuestamente separado: esto es comprensible cuando por ejemplo el paciente no conecta que el temor a un objeto es un desplazamiento de su hostilidad o en los mecanismos proyectivos y también en manifestaciones corporales funcionales. Todas estas integraciones (conexiones) son  posibles en la medida que el yo no sienta amenazada su integridad. Como ésta es condición de existencia y está sostenida en la escisión constitutiva de acuerdo con el modelo de la tercera tópica, las respuestas yoicas tenderán a mantener separado aquello que –de conectarse- se convertiría en traumático. Por todo ello, creo que en lugar de utilizar el concepto de integración convendría pensar en un sujeto que intenta preservar su integridad siendo parte de un campo familiar- social- ambiental donde un observador puede artificialmente describir subcampos de integración recíprocos y solidarios. Esta noción espacial puede ser entendida dinámicamente como distintas producciones  (psíquicas, comportamentales, y somáticas) conectadas entre sí por diferentes mecanismos.

        En la figura 2 los presentamos teniendo en cuenta lo que describimos como tercera tópica en relación con nociones de otras corrientes del pensamiento científico (psicoanalíticas y no psicoanalíticas). Así presentamos un subcampo llamado “ aparato psíquico” con su doble división (escisión – represión), otro denominado “comportamiento”, un tercero llamado “soma” y uno intermedio constituido por pensamiento, afectos y creencias.

 

        Las interrelaciones que conectan los distintos subcampos son continuas y van a determinar distintas producciones dentro de ellos, de acuerdo con las características de los estímulos y la condición previa del sujeto.

 

        Es importante destacar lo que denominamos transformaciones, entre las que se encuentran las productoras de los pensamientos, las creencias y los afectos (1), que son derivaciones de la tramitación pulsional de la EEC, producciones simbólicas y transaccionales que intentan reunir lo separado por la censura. Dentro del psiquismo producirán los síntomas psiconeuróticos, como por ejemplo el síntoma conversivo (2), en donde el cuerpo ocupa el lugar de una representación sustitutiva enlazada metafóricamente. En tercer lugar, otra modalidad de conexión que analizaremos, es la que representa a las descargas(3) que se dan como forma de derivación normal coexistente con lo pulsional tramitado, o también frente a situaciones traumáticas cuando son excesivas y el aparato psíquico desarrolla un funcionamiento predominantemente narcisista nirvánico. Cuando estas descargas no son excesivas pasan inadvertidas, y a medida que aumenta su montante se van percibiendo como señales corporales y generadoras de comportamiento sin mediatización fantasmática. En condiciones excesivas, se manifiestan como actos síntoma en el sentido de Mc Dougall , tanto en el subcampo del comportamiento como a través de alteraciones transitorias o permanentes en el subcampo del soma. (vectores 3). Esta concepción conecta entre sí dos campos psicopatológicos actuales - el de la psicosomática y el de las adicciones - con el problema de la falta de tramitación pulsional,  pero dentro de una perspectiva donde tanto la eclosión somática como la descarga en un objeto adictivo adquieren una mayor universalidad: se trataría de posibilidades de respuesta del aparato psíquico a determinadas magnitudes traumáticas donde es imposible complejizar transformando el “ruido” en información.

FIGURA 2. INTERRELACIONES Y SUBCAMPOS

        A partir del primer nivel de transformaciones (pensamientos creencias y afectos) se desarrolla otro nivel de producciones:  los comportamientos (4) que pueden tener distintos niveles de adaptación. Este concepto de adaptación cuyo origen darwiniano es evidente, conviene que sea definido psicoanalíticamente con precisión para diferenciarlo de la vieja y tramposa sinonimia de “conformismo social”, que fue intensamente cuestionado por la antipsiquiatría  y por distintas corrientes dentro del psicoanálisis.

 

        Entendemos entonces por adaptación la capacidad del aparato psíquico para tener en cuenta: a) la existencia  de una realidad ajena al propio funcionamiento mental, ya sea corporal y/o intersubjetivo; b) la posibilidad de realizar acciones  para transformar en algún sentido aquellas realidades.

 

        Se puede observar entonces, como esta noción tiene que ver con la salud mental y cómo, en general, la idea de adaptación es propia de la neurosis y psicosis e implica distintos niveles de fracaso en a) ó en b). Adaptación significa un aparato con actividad fantasmática, investiduras y desinvestiduras, conflictos, duelos y también síntomas, pero con posibilidad de transformación aloplástica.

 

        Distinta es la noción de sobreadaptación de Liberman y colaboradores, a la que definen como una “adecuación exagerada” y “adicción a la realidad externa en detrimento de la realidad psíquica”. Es conocida su vinculación con la patología somática y con las llamadas “normopatías”, en las que aparece asociada a la ausencia de sufrimiento psíquico.

 

        Por último lo que llamamos “paradaptación” se trata del resultado del inestable de un aparato psíquico que por determinadas ó excesos traumáticos tiende a la descarga desafiando a la realidad externa y/o creando neorrealidades. Es importante precisar dos cuestiones: el desafío conlleva manipulación, dependencia del objeto, y la constitución de neorrealidades no llega a conformar un delirio aunque exista déficit en el juicio de realidad. Es como se verá el estilo adaptativo propio del campo de las adicciones, los estados fronterizos, las “locuras privadas”,etc. , donde predominan la desmentida y la confusión a expensas de un modo de funcionamiento ENN comandado predominantemente por el yo Ideal.

 

        En síntesis, de acuerdo con el modelo de la tercer tópica, las variaciones adaptativas de una sujeto atravesado por las demandas de su cuerpo y del campo intersubjetivo pueden ser cuatro: adaptarse (transformar activamente), desadaptarse (síntomas), sobreadaptarse (adecuarse formalmente) y paradaptarse (desafiar confusamente). Así es que la adaptación excluye al acto , y la sobre y paradaptación excluyen la acción. Este planteo tiene un corolario: mientras el funcionamiento mental esté destinado a adecuarse formalmente o a desafiar confusamente la realidad, no existirá transformación, es decir no habrá creatividad.

 

        Es importante destacar que las creencias y formas de pensar y sentir influyen en el funcionamiento corporal (vector 5) y que  desde el campo del comportamiento se desarrollan interrelaciones que repercuten sobre lo familiar – social y sobre el propio funcionamiento psíquico. Además es conocido, como el comportamiento (hábitos) influye en el soma (vector 6), aspecto sobre el que se apoya toda la medicina moderna en sus programas de prevención y recuperación de las enfermedades crónicas y como este subcampo puede verse afectado directamente por factores ambientales (vector 7).

 

        Las acciones propias de la adaptación y los actos asociados a la para o sobreadaptación tienen consecuencias que son recursivas a las que conviene prestarle atención dentro del encuadre analítico y cuya diferenciación es crucial en la cura.

 

La noción de Vulnerabilidad

 

        Desde los orígenes del psicoanálisis existió siempre un profundo interés en determinar la importancia de los factores emocionales en el desencadenamiento  o exacerbación de las enfermedades orgánicas y en las consecuencias psicológicas de las mismas. El término “psicosomática” da cuenta de aquel interés y existe hoy en día un bagaje de conceptos y categorías propias de ese campo. Esta es una de las áreas interdisciplinarias que más han motivado replanteos en el campo analítico. Es sabido que desde la noción freudiana de neurosis actuales hasta las descripciones y teorizaciones de los pioneros del psicoanálisis en la Argentina, las alteraciones somáticas fueron un campo complejo y atrayente que ha dado lugar a la formulación de distintos términos teóricos. Uno de ellos es el de vulnerabilidad  que adquiere – a mi modo de ver – la importancia que en otras épocas tuvo la noción de especificidad.  Asumir una postura teórica , una actitud clínica y una posición ética frente al paciente considerado “vulnerable” es un tema de gran relevancia, un verdadero desafío del psicoanálisis actual.

 

        En condiciones ambientales para el desarrollo de una vida digna, entendemos como “vulnerabilidad somática”  al resultado del predominio de una forma de funcionamiento psíquico que consideramos propio de la ENN y que implica en el nivel metapsicológico:

a)  una insuficiente organización representacional
b)  una carencia de recursos mentales
c)  una tendencia a la descarga
        Y en el nivel clínico:
a)  una dificultad en el enfrentamiento de las situaciones estresantes
b)  una baja tolerancia al desamparo o a pérdidas significativas
c)  una significativa presencia de cogniciones y comportamientos de riesgo.
        El término “vulnerabilidad” quedó en principio asociado a la noción evolutiva de “puntos de fijación”, éstos, a su vez, de acuerdo a ideas como las de Marty, funcionan como un palier frenador de la  eventual desorganización somática. De acuerdo a esta concepción cuando se produce una situación traumática se altera el principio de programación donde lo primero que se pierde es lo último que se adquirió. El mecanismo de desorganización puede ser regresivo o progresivo, es regresivo cuando puede ser detenido por los sistemas funcionales ó puntos de fijación, verdaderos reservorios de energía con producción sintomática reversible. En la desorganización progresiva no hay detención psíquica y se produce la caída o el derrumbe somático.

        Mc Dougall  considera que la presencia de alexitimia sería el punto de partida de la vulnerabilidad somática, en un psiquismo que solo cuenta con palabras escindidas , representaciones de cosa sin valencia afectiva. La evocación de “estos registros psíquicos primitivos “ se realiza con riesgo de descarga corporal . La dificultad en la elaboración de las situaciones de sufrimiento  implica un incremento de la vulnerabilidad somática y es un intento de defensa frente al dolor psíquico. Todo síntoma – en este sentido – es un intento de autocuración. Weisman en un estudio con pacientes neoplásicos entiende que la vulnerabilidad es una insuficiente capacidad de “afrontamiento” y una distorsión cognitivo – emocional  asociada a actitudes poco esperanzadas de recobrar la salud , así como también a la falta de apoyo social. Otros autores desarrollan una definición relacional de la vulnerabilidad (Kaplan, 1976) : consideran que la insuficiencia de recursos es condición necesaria pero no suficiente para desarrollar vulnerabilidad psíquica ó somática . Se requiere además que el hecho sufrido haga referencia a algo que realmente le importe al sujeto , que se trate de un vínculo significativo. Dentro de este modelo de comprensión es muy importante el papel que juega el grado de compromiso que el sujeto tiene con una determinada situación; cuanto mayor sea el compromiso mayor será su percepción de stress psicológico y su vulnerabilidad en relación con el mismo.
Fronteras del psicoanálisis y contexto sociocultural: la Red Vincular.

 

        En  El Malestar en la Cultura, Freud señala tres fuentes de sufrimiento humano: el propio cuerpo, el mundo exterior y las relaciones con otros seres humanos. Obsérvese que en estas formas en las que se presenta la realidad externa al aparato psíquico se ponen en juego dos tipos de problemas:

a) en las tres fuentes citadas se imbrican fenómenos del orden de la naturaleza con otros del orden de la cultura.

b) su subjetivación se da de distintas maneras según la cualidad y la magnitud de los fenómenos. Su eficacia traumática es variable y de acuerdo con Freud sería inversa a la posibilidad de significación. En otros términos, ciertas vicisitudes de aquellas fuentes se procesarían de acuerdo con el principio de placer- realidad y otras más allá del principio de placer. Estudiar la fuente “relaciones con otros seres humanos” produce abundantes  consideraciones clínicas y teóricas sobre los modos de enfermar en determinados contextos macro y microculturales . Así es que teorías que estudian los vínculos inter y transubjetivos y la categoría misma de “familia disfuncional” dan cuenta del interés que tiene este campo. Asimismo el desarrollo de sistemas grupales y comunitarios para tratar crisis vitales y enfermedades crónicas, permite inferir la jerarquía que ha adquirido el concepto de red vincular (RV) en cualquier abordaje terapéutico : toda la actual crisis de los modelos de solidaridad social y su conexión con el incremento  de determinadas patologías expresa claramente esta concepción . Entendemos como RV a la presencia e interiorización de relaciones significativas que se traducen en una percepción subjetiva de sostén y/o de stress de magnitudes variables. El concepto de sostén incluye tener tanto a quien recurrir como en quién pensar para sentirse reconfortado, apoyado o motivado ; el concepto de stress incluye tanto los vínculos hostiles, exigentes ó confusos como la sensación de no tener a quién recurrir. Esta variable incluye las relaciones que establece el sujeto en su ámbito familiar pasando por todos los distintos niveles de pertenencia intermedios, (barriales, laborales , etc) hasta su pertenencia a determinada clase social. Esta definición intenta jerarquizar la importancia del intercambio generador de apoyo ó perturbación y  la existencia de una trama intersubjetiva que ofrece también distintos modelos de identificación. Las características de la RV -más “sostenedora” o más “estresante”- las consideramos de gran importancia para: a) la regulación de la autoestima y de la identidad , b) la elaboración de duelos, c) la constitución  de valores y proyectos vitales, d) el afrontamiento de situaciones traumáticas (sucesos externos, enfermedades orgánicas, etc.).En este sentido una RV crónicamente estresante quedaría asociada a un funcionamiento preconciente que tiende a ser repetitivo en su afán por ligar las magnitudes traumáticas, y su expresión predominante estaría caracterizada por distorsiones cognitivas con un fuerte sentimiento de desesperanza y ansiedad difusa. Obsérvese que estas son manifestaciones que incluimos en la definición de vulnerabilidad  y que son sostenidamente impermeables a las interpretaciones que intenten develar algún contenido reprimido, independientemente de que –de acuerdo al modelo de la tercera tópica- coexistan con soluciones neuróticas. Es también importante distinguir percepción de apoyo de existencia de red social. Existen ciertas condiciones básicas generales del contexto cuya ausencia será  es estresante (falta de libertad, de justicia, de trabajo, de parámetros éticos, de solidaridad) y en general toda aquella situación que medida desde el ideal del Yo se evalúe como deficitaria. Todo psicoanalista actual que trabaja dentro de las llamadas configuraciones vinculares conoce de estos problemas y alcanza a valorar en su actividad clínica el poder patógeno o reparador que tienen las distintas relaciones interpersonales.

VIÑETA CLÍNICA

        A. es una paciente de 50 años, viuda, ama de casa, obesa y diabética, que consulta por un estado depresivo desarrollado con posterioridad al fallecimiento de su marido de 70 años de un infarto cardíaco hace dos años. Tiene un único hijo de 29 años, odontólogo, casado hace tres años. Ella abandona los estudios de odontología cuando se casa a los 20 años con uno de los profesores de la carrera veinte años mayor. En la entrevista señala: “fui muy feliz los primeros años de mi matrimonio hasta que Eduardito (el hijo) empezó el colegio. Allí mi marido comenzó a reclamarme que no me ocupaba de él: quería que estuviera todo el día ayudándolo en el consultorio. Era muy celoso”. A. manifiesta también que su médico le había explicado que su diabetes (recién declarada para el momento de la consulta) iba a mejorar si ella bajaba de peso. A. había sido delgada hasta los 25 años; luego empieza a engordar hasta que a los 35 años tiene un sobrepeso de más de 30 kilos que conserva. La primera etapa de su tratamiento analítico está dominada por quejas difusas sobre su soledad, su incapacidad para hacer cosas y en especial sobre su hijo que la visita poco. Por ese entonces relata un sueño donde aparece ella con su marido en el consultorio odontológico pero “lo extraño era que yo era la paciente”. Asocia que se siente culpable de no haber acompañado y hecho feliz a su marido. Una intervención del analista señalándole que pudo ser al revés, provoca primero un fuerte rechazo de A., pero luego recuerda las dificultades sexuales de su esposo y una situación donde ella había fantaseado con tener relaciones en el consultorio. A partir de aquí por un lado mejora el estado de ánimo de la paciente y sus  relatos son más variados pero paralelamente describe episodios de comer mucho por lo que aumenta mucho más de peso.  Se despliega su insatisfacción y sus fantasías sexuales que permanentemente critica porque “es imposible conocer un hombre”. Reaparecen las quejas en relación con este tema y el análisis en su tercer año vuelve a estancarse. A. estimulada por su médico clínico le plantea al analista que su forma de comer es “emocional” y por qué el análisis no le resuelve el problema. Por ese entonces unos amigos le hacen conocer un grupo de autoayuda para obesos al que A. después de mucha oposición concurre. Al cabo de 7 meses ha bajado más de 25 kilos y conoce un hombre con el que forma una pareja. Poco tiempo después con una compañera del grupo inicia un emprendimiento laboral. Relata en una sesión “a veces pienso que en la vida hay que ser paciente porque al final las cosas que uno quiere se consiguen.”

 

Comentarios

 

        Esta reseña ilustra –a mi modo de ver- algunas de las cuestiones desarrolladas en este trabajo. A. Ha tenido dos pérdidas en menos de un año, la muerte del cónyuge- padre y la ida de su único hijo . Despliega en el campo transferencial funcionamientos neuróticos y no neuróticos: puede observarse por un lado cómo la relación ambivalente con su marido demora la elaboración del duelo y cómo por otro existe una vida empobrecida por el aislamiento y cierta vulnerabilidad somática. El trabajo con un material privilegiado como el sueño (con su componente de transferencia erótica) permite elaborar el duelo pero recién cuando se constituye una red vincular (el grupo) apoyada por el analista en actitud integradora, A. realiza acciones transformadoras y creativas que mejoran su calidad de vida. Aquí es donde se plantean dos problemas: a) ¿ Hubiera solamente el análisis posibilitado los cambios de A.? Mi impresión es que no. El dispositivo grupal que se estructura por semejanza , desarrolla un modelo de recuperación y confronta con realidades desmentidas, ofrece mayores oportunidades de cambio y reparación. En realidad estas redes vinculares ponen a trabajar a A. en un más allá del consultorio, lugar por donde la paciente sentía que circulaba toda su vida. b) ¿Hay algún otro dispositivo que no sea el analítico que pueda permitir la resolución satisfactoria de la ambivalencia con el cónyuge muerto? También aquí pienso que no. La tarea analítica permite integrar sentimientos agresivos y disminuir la culpa y esto se da por lo general como un logro propio del particular campo transferencial desarrollado entre analista y paciente. Además es allí donde el material onírico alcanza su mayor valor comunicacional de un estado psíquco.

 

Conclusiones

 

        El psicoanálisis actual excede por necesidad y por desarrollo interno el encuadre de la relación individual propio del tratamiento de las psiconeurosis de transferencia. Y es importante señalar que el término “actual” puede en ese sentido referenciarse a casi 40 años atrás. El problema no es - a mi modo de ver - cómo extender las nociones de inconsciente, transferencia y sexualidad infantil a campos multipersonales o al problema de la enfermedad orgánica. Tampoco pienso que crear categorías ad hoc para darle cabida dentro del encuadre analítico a  determinadas  manifestaciones  extiendan rigurosamente su campo. Creo –en términos generales- que modificar el encuadre consiste en revisar la teoría que es en definitiva lo que se ha hecho en los grandes avances de la escuela inglesa, americana y francesa. Por eso es necesario reformular el aparato psíquico y de allí la manera de pensar al sujeto, el encuadre y el método analítico. En ese sentido el modelo de la tercera tópica implica lo siguiente: a) extensión de la noción de Inconsciente al postular la existencia y eficacia de un inconsciente escindido b) coexistencia e implicación de funcionamientos propios de dos estructuras distintas y universales. Se comprenderá que desde esta revisión metapsicológica el encuadre analítico se amplía del mismo modo que su campo: éste ahora incluye a un sujeto en un contexto sociofamiliar que procura mantener su integridad y a la vez desarrollar su potencial creativo. Sus manifestaciones no son solo síntomas (neuróticos) sino formas de pensar, creencias, comportamientos de distinto nivel, síntomas físicos y también acciones transformadoras  de la realidad. Todas ellas incluidas en el campo analítico pero también pasibles de ser estudiadas y enfocadas con una perspectiva interdisciplinaria. En este sentido hemos destacado un articulador teórico - clínico dado por la noción de vulnerabilidad porque expresa el predominio de una forma de funcionamiento psíquico en cuya comprensión la teoría psicoanalítica tiene mucho que decir. Si, por otra parte, se revisan cuidadosamente los seis componentes de su definición se percibirá cómo es posible integrar recursos terapéuticos para mejorar esta condición. Por eso pienso que las fronteras del psicoanálisis actual están en expansión y a través de ellas es posible exportar e importar teoría y clínica. Así es que nociones como la de red de sostén vincular se ofrecen para el enriquecimiento compartido del psicoanálisis y de otras disciplinas. Si su inclusión es fluida dentro de los indicadores de la cura, la psicoterapia psicoanalítica ofrecerá gran ayuda a muchos sufrientes de distintos padecimientos. Por otra parte una teoría psicoanalítica abierta a la problemática social brindará perspectivas interesantes a otras disciplinas de la salud. A pesar de las dificultades epistemológicas que ello entraña, pienso que es posible hacer converger sobre un mismo objeto de estudio los conocimientos que provienen del campo singular transferencial con los que se producen en el campo de la salud y de las ciencias sociales. Para ello es bueno que los psicoanalistas que aspiran a mantener vivo el legado freudiano, mantengan un alerta crítico sobre sus propias concepciones y una actitud humilde y abierta hacia otros desarrollos científicos.-

 

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