Psicoanálisis y ciencia

Publicado en la revista nº002

Autor: Biebel, Daniel




Resumen: Este  trabajo está motivado por la inquietud derivada de la disparidad de concepciones respecto de la relación que existe entre el psicoanálisis y otras actividades cognoscitivas humanas.

Las diferentes posturas, hegemónicas, excluyentes, reduccionistas o niveladoras, se basan en la caracterización de su objeto de estudio  y en las presuposiciones relativas a la especificidad, inconmensurabilidad  y/o  incompatibilidad de sus teorizaciones, métodos, problemáticas y criterios demarcativos y clasificatorios.

Proponemos un camino que entendemos superador de estas posiciones, una manera de ubicar la pertinencia de diversos componentes y dimensiones de la actividad psicoanalítica, mediante la consideración y ulterior transformación del marco clasificatorio de las distintas empresas racionales humanas del filósofo Stephen Toulmin.

         Se ha dicho que la pequeña palabra “y” es un nido de ambigüedades, pero la ventaja de haber juntado con la cópula estos dos vocablos, “psicoanálisis” y “ciencia” es que tan sólo obliga a considerar ambas actividades, dejando libertad de elección en cuanto al examen de las relaciones que mantienen entre sí. Por tal motivo y enfrentado a la tarea de decidir entre abordar un aspecto intensivamente o explorar la cuestión en extensión, he optado por el segundo camino, considerando útil ensayar una visión panorámica de algunas conexiones interesantes entre el psicoanálisis y la ciencia, sin pretensión alguna de exhaustividad.


        ¿A qué nos estamos refiriendo cuando decimos psicoanálisis  y a qué cuando decimos ciencia? ¿Mentamos acaso a la actividad, al método psicoanalítico de indagación de la mente o al método psicoanalítico de tratamiento? ¿A las teorías psicoanalíticas, al psicoanálisis efectivamente realizado en un paciente, al psicoanálisis de una obra de arte o al de la cultura (1)?


        ¿Y cuando decimos ciencia, nos estamos refiriendo al método científico, a las teorías científicas, o a las investigaciones que realizan los científicos? ¿Nos estamos quizá refiriendo a todo este conjunto de actividades?


        No daría en este sitio, ni una definición de psicoanálisis, ni una definición de ciencia, sino que quisiera abrir el campo a la reflexión sobre las conexiones entre estos dos términos, sobre estas dos actividades humanas; conectar, reflexionar, acerca del carácter disciplinario y del carácter profesional y/o profesionalizable de nuestra disciplina (2).


        Desde una perspectiva histórico-sociológica podemos decir que nos referimos a realizaciones humanas que no siempre han existido; no siempre hubo psicoanálisis y no siempre hubo ciencia. No sabemos por otra parte hasta cuándo seguirán existiendo.


        Diremos que se trata de fenómenos humanos colectivos que surgen y se han desarrollado en determinado tipo de sociedades, y no en otras. La ciencia forma parte del proceso de racionalización (3) planetario impulsado por Occidente y es de observación corriente la influencia mutua entre ciencia y sociedad. Se trata de fenómenos históricos, y ésto conlleva consideraciónes acerca de su desarrollo temporal.


        Cederemos aquí la palabra al filósofo Alfred North Whitehead para precisar el sentido que le damos en este lugar a la noción de racionalización:



        "Pero la conciencia que es la suprema  vivacidad de la experiencia no se satisface con el mudo sentido de la importancia tras un velo; el proceder inmediato es buscar las conexiones esenciales de su propia área conciente, tal es el proceso de racionalización, este proceso es el reconocimiento de la conexión esencial dentro del aparente aislamiento de los detalles abstraídos en tanto que se puede rehacer. Así la racionalización es el  reverso de la abstracción en tanto que se puede rehacer en el sentido inverso el proceso de la abstracción, dentro del área de la conciencia. Nuestras fuerzas son finitas, así aunque en este proceso de reversión nada se halla necesariamente más allá de nosotros, todo se halla confinado, dentro del contorno que accidentalmente nos ofrece el área inmediata de nuestra conciencia. Así  la racionalización es la parcial realización del ideal de restablecer y recuperar la realidad concreta, dentro de la disyunción promovida por la abstracción. Así la disyunción es la apariencia que ha sido introducida como precio de la discriminación finita y conciente. La realidad concreta es el punto de partida de la experiencia individual y es la meta de la racionalización de la conciencia. El  premio en esta meta es el acrecentamiento de la experiencia mediante la conciencia y la racionalización. (pág. 144)



        La actividad psicoanalítica se encuentra con las ciencias. ¿Aceptan las ciencias al psicoanálisis?.¿Qué piensa el psicoanálisis acerca de las ciencias, de los científicos, del método científico, de la vocación para la investigación científica y de los modos de conocimiento y de desconocimiento que tienen sus cultores?


        A modo de ejemplo, y ante la pregunta acerca de cómo se conecta la disciplina psicoanalítica con cada una de las disciplinas en que se ha repartido el desarrollo científico, podemos sugerir que el psicoanalista puede colaborar en la programación y evaluación de los curricula de los científicos con el fin de prevenir y detectar las neurosis profesionales y/o estudiantiles.


        Otros modos de dicha conexión interdisciplinaria, se podrían concretar en los diferentes momentos de búsqueda, elaboración, validación, aplicación y evaluación de teorías, procedimientos, y tecnología, a nivel educacional, profesional e institucional.


        Por otro lado, dentro del tesoro  del conocimiento humano, ¿qué lugar ocupan las ciencias (4)? Por cierto que no se tratan del único modo de conocer con que cuenta nuestra especie, no es la única empresa racional humana legítima. ¿Queda el conjunto de la praxis psicoanalítica, toda la actividad psicoanalítica, globalmente enmarcada dentro de la actividad científica?


        Muchas veces hemos escuchado defender tanto las posturas que se refieren a la no cientificidad del psicoanálisis, caracterizándolo como una actividad sui géneris, así como la concepción opuesta que resalta su carácter científico, con opiniones divergentes respecto a su madurez o inmadurez, y diferencias acerca de cuál sea el método más pertinente a su peculiar condición científica, según se la considere ciencia natural, social o humana.


        Propongo que pensemos una hipótesis que otorgue legitimidad a cada una de estas perspectivas, haciendo la salvedad de que lo que cada uno llama “el psicoanálisis” sería un aspecto  de esta actividad que denominamos psicoanálisis. Para elaborar esta perspectiva nos basaremos en algunas ideas del filósofo Stephen Toulmin.


        Ahora bien, las ciencias, incluyendo al psicoanálisis, ¿abarcan acaso todo el campo de la racionalidad humana? ¿Qué podemos pensar actualmente acerca de la racionalidad (5)? ¿Hace el psicoanálisis aportes para pensar esta cuestión?


        Si queremos empezar a responder la primera pregunta no debemos olvidar, como señalamos más arriba, que ni las ciencias, ni el psicoanálisis en particular han existido siempre; son al decir de Toulmin, “entidades históricas”. Lo que se ha venido pensando a lo largo de los años acerca de lo que sea la ciencia, el método científico, el conocimiento científico, y las teorías científicas, ha ido cambiando, según diversas tradiciones epistemológicas  -estructuralistas, marxistas, hipotético deductivistas, en sus versiones ortodoxa y atenuada- planteando diferentes requisitos. Hay filósofos de la ciencia, como Bunge (6), que niegan todo valor científico al psicoanálisis y otros como Klimovsky (7) que lo admiten, defienden y reconocen como constituído por un conjunto de teorías y procedimientos de confirmación y refutación, considerándolo una contribución muy importante a las reflexiones de nuestro tiempo acerca de las características de la mente humana y del comportamiento.

 


De la uniformidad a la variedad. Una clasificación útil.


        Siguiendo a Toulmin, diremos que la racionalidad humana se expresa en una serie de empresas racionales que se hallan divididas en disciplinables, cuasi disciplinables y no disciplinables; dentro de las primeras se puede hacer una subdivisión, por su desarrollo, en compactas, difusas y posibles (8).


        "Entre todas las actividades y empresas humanas que brindan ocasión para la elección racional -en las que se toman decisiones, se siguen procedimientos, se hacen consideraciones, se vislumbran nuevas posibilidades y se dan "razones" para las conclusiones o acciones resultantes-, podemos distinguir aquí, en determinado nivel, las que son "disciplinables" y aquellas cuyos intereses y conceptos no se prestan por naturaleza, a tal debate y mejora "disciplinados". Al mismo tiempo, en otro nivel, podemos trazar una segunda distinción dentro de la clase misma de las empresas disciplinables: entre las que ya han alcanzado el rango disciplinario al que con derecho aspiran y las que aún no lo han alcanzado. Una empresa racional cuyo repertorio conceptual se halla expuesto, en toda etapa a reevaluación y modificación crítica por jueces calificados, a la luz de ideales colectivos claramente reconocidos y acordados, se desarrolla, decimos, de una manera compacta, mientras que la que sólo vagamente se ajusta a estos requisitos se desarrolla "difusamente". En cuanto a aquellos ámbitos que podrían en principio, llegar a ser campos para el cultivo disciplinario, pero en los que apenas ha comenzado el efectivo desarrollo disciplinario, los llamaremos disciplinas "posibles". (pág 383)


        En cuanto a los criterios para delimitar o entender la noción de disciplina, tomamos de acuerdo con Toulmin el conjunto de los problemas  que se tienen en cuenta, destacando también que es algo en evolución, en transformación y que implican lo que él llama las metas ideales y ambiciones explicativas de un conjunto de personas, que se aúnan alrededor de ellas y las enmarcan.


        Utilizaremos esta taxonomía para ubicar al psicoanálisis en su relación con las ciencias.


        Da la impresión de que la actividad psicoanalítica no quedara literalmente encuadrada en forma plena en ninguna de estas subdivisiones y que se la puede encontrar en todas ellas. Si pensamos que la actividad psicoanalítica está integrada, por una parte, por el conjunto de teorías escritas desde Freud a la actualidad, todas ellas se encontrarían conservadas en el llamado Mundo 3 de Popper (9). Por otro lado se encuentran las Instituciones psicoanalíticas, los congresos, simposia, presentación de trabajos, publicaciones, actividades docentes y de investigación que se realizan a lo largo del mundo, que se reconocen como psicoanalíticas, enmarcadas o no dentro de la IPA. Existen también reflexiones que hacen otros investigadores no dedicados a la clínica psicoanalítica sino a otras disciplinas y prácticas y que incorporan pensamientos, conceptos u orientaciones generales del psicoanálisis a su propio campo (10). Tenemos por otro lado, el conjunto de trabajos críticos tanto respecto de la cientificidad como de la pertinencia de las investigaciones psicoanalíticas así como de la eficacia comparativa del método psicoanalítico de tratamiento (11). Por otro lado están los psicoanálisis efectivamentre en curso, a lo largo del mundo, en el momento actual; los psicoanálisis ya realizados y la presencia viviente de muchas personas que portan esa experiencia en su seno (12). Tenemos entonces, una serie de personas que han experimentado en sí mismas un psicoanálisis clínico, y aquellas otras que  en tratamientos actualmente en curso, son testigos, dan testimonio, tal vez de carácter menos misional o militante pero sí más oportuno y equilibrado.


        Reflexionando acerca de estas cuestiones, podemos notar que algunas propuestas de las diferentes teorías y escuelas psicoanalíticas se encuentran con un grado de consistencia y compacidad que ha permitido hacer progresar la comprensión y tratamiento de las estructuras psicopatológicas, como la histeria (13), la neurosis obsesiva, las fobias, los trastornos narcicistas de la personalidad y las estructuras borderline hasta un grado bastante avanzado; ha podido hacer avanzar el conocimiento de las modalidades de interacción en pequeños grupos, en tecnología de la publicidad, en disciplinas antropológicas y en el análisis literario, entre otras.


        Es probable entonces que un aspecto sea más formalizable, admitiendo además que tal logicidad tampoco es el único criterio acerca de su adecuación, de su congruencia y que sobre esta congruencia eventual se pueden elaborar desarrollos progresivos y hasta acumulativos. La consistencia de un sector de la teoría, o la compacidad, tal vez no solamente dependería de su carácter sistemático, de su estructura lógica, sino que puede haber otros criterios no necesariamente lógicos, pero que revelen su adecuación y su consistencia por su carácter heurístico o progresivamente desarrollable aunque se trate de teorías que aun no están bien conectadas las unas con las otras, pero que serían suficientemente compactas.


        Este sector tendría que ver con el repaso de las justificaciones que hacen a la cientificidad, pero no solamente con su repaso, sino la incitación a pensar en cuánto se puede mejorar, en cuánto hay que ayudar para que eso acontezca, para que sean posibles mayores progresos. Valorar lo que ya está hecho y clarificar lo que es necesario seguir haciendo para que cobre mayores posibilidades de progreso por esa vía. Esto requiere el pulimiento y adaptación de conceptos, hipótesis, articulación lógica de las mismas, reglas de correspondencia, descubrimiento y enunciación de generalizaciones empíricas, crítica y afinamiento de los métodos clínicos y extraclínicos de investigación. Se debe hacer todo esto con la correspondiente adecuación al objeto y al dominio o la problemática específica en estudio.

 


        El grado de dispersión y falta de comunicación existente entre una enormidad de experiencias subjetivas que poseen los analistas de distintas latitudes y la dificultad para poner en protocolo o para hacer transmisibles la multitud de matices relevantes dignos de ser comunicados, muestra cierto aspecto que parece que se tuviera que mantener casi permanentemente en el nivel de las cuasidisciplinas, como el arte. Me hace pensar en esto la sutilidad y el virtuosismo, el arte requerido para la captación de ciertos fenómenos anímicos que pueden variar creativamente de una modalidad a otra y que impiden su comunicación, si no es a través de sistemas de transmisión altamente personalizados, que involucran ciertos fenómenos de identificación, el propio análisis, la supervisión. Se torna así imposible compartir la totalidad de las experiencias altamente relevantes, pero sí transmitir un grupo de ellas, entre algunas personas. En definitiva se plantea acá la conexión con el así llamado problema de la transmisión del psicoanálisis, pero no como la captación de ninguna esencia, sino de su variedad, entendiendo esto como la transmisión de una cantidad de contenidos relevantes o de experiencias relevantes que hacen al aumento de la capacidad de comprensión, al aumento de la capacidad de ubicación en diferentes puntos de vista, que incrementan la comprensión y la eficacia. Esta restricción en la comunicación sería una de las razones fuertes para considerar a este nivel cuasi disciplinario.


        Hay otro aspecto que tal vez podamos pensarlo en la dimensión del carácter no disciplinario, de las empresas racionales no disciplinadas, al estilo de la ética, según las reflexiones que realiza Toulmin siguiendo sugerencias de Hegel. La ética sería no disciplinable en la medida del carácter subjetivo, de la captación y sopesamiento de múltiples factores de pesos relativos antes de tomar una decisión ética, tornando a ésta, diseminada en el conjunto de los actores éticos e impidiéndole de alguna manera, la especialización o segmentación. Esto podría tener que ver con una característica del psicoanálisis, situado en algunos de los fenómenos del análisis clínico, del postanálisis y del autoanálisis. El autoanálisis, o la reflexión derivada de los conocimientos psicoanalíticos y del ejercicio de la así llamada función psicoanalítica, postanálisis diseminaría el ejercicio del psicoanálisis y de los conocimientos psicoanalíticos, así como la posibilidad de realizar descubrimientos psicoanalíticos, que en primer término no pasarían a integrar ningún cuerpo orgánico de teoría ni de tecnología; la adquisición de conocimientos derivados de la experiencia psicoanalítica, conocimientos subjetivos que no quedan disciplinados, no se incorporan al acervo general científico de la disciplina, quedarían difundidos en el acervo cultural e intercambiados en redes más vastas que se van infiltrando en la cultura. Podrían más tarde formar parte del acopio de ciertos elementos, que adecuadamente procesados llegarán a ser parte del cuerpo disciplinado. Es así como esta característica del psicoanálisis y el modo como penetra en la cultura, en la educación, en las artes, su infiltración y diseminación convierte a estos conocimientos en parte del tesoro cultural. Me parece que parte de este extraño proceso de diseminación y difusión tendría que ver con el hecho de que el paciente, -objeto del conocimiento-, es también sujeto del conocimiento. Los dos sujetos del conocimiento son producidos en el movimiento dialógico. Creo que esto contribuye decisivamente al carácter no disciplinable.


Compartimientos no herméticos


        Los diferentes planos de la actividad psicoanalítica, la disciplinaria, la cuasidisciplinaria y la no disciplinaria o no disciplinable no serían sectores estancos. Cabría señalar que influyen unos en los otros y se amplían y enriquecen mutuamente; en principio planteaba esta cuestión al referirme a aquellos conocimientos, actitudes, valores, problemas, insights, que tienen que ver con el psicoanálisis y que se van difundiendo, entremezclando en  la vida de una comunidad; podrían algunos de ellos retornar o ingresar por vez primera, mediante procesos de abstracción y sistematización, al nivel de teorías más sistematizadas, que se podrían ubicar en la dimensión disciplinaria. De la misma manera creo que la actividad en la clínica es una puesta en uso  de los contenidos eventualmente sistematizados en este dominio disciplinario, pero que al ser puestos en ejercicio mediante la actividad clínica o de supervisiones, entran en confrontación, en colisión, puesta a prueba en un dominio de experiencia que lleva a una posterior reformulación de los mismos. En este sentido, ampliaciones, ensanchamientos, modificaciones y transformaciones, se darían permanentemente en el seno de cada una de las dimensiones, a través de actividades internas y de interacción.


        La temática de los sectores no estancos, o no herméticos, se puede pensar provechosamente con los desarrollos que hicieron los autores que han trabajado con la noción de campo en psicoanálisis, la configuración del campo clínico, la pérdida de los contornos entre analista y paciente y la dialéctica identificación-desidentificación (14). La cuestión de los compartimientos no herméticos también se da en relación a los fenómenos de frontera entre teorías, y entre disciplinas (15). De todas formas esto no excluye la posibilidad de realizar algunas distinciones y de destacar el predominio de características que harían que la actividad psicoanalítica sea tal, lo que el  psicoanálisis no tiene  en común con otras actividades humanas como la religión, la cosmovisión, la ideología y ciertos aspectos de la metafísica, así como si el psicoanálisis, además de sus peculiaridades, dadas por la combinación de factores que comparte parcialmente con otras actividades posee alguna heterogeneidad radical con el resto de los discursos. ¿Pero será éste un problema bien planteado? No estoy muy seguro; no siempre es lo mejor hacer tan nítida la  demarcación, el contorno entre estas actividades; tal vez sea más bien fecundo en algunas ocasiones, mantenerla difusa, y así poder movernos en tierra de nadie, de litigio o de fronteras.


        Volviendo atrás quiero recordar que habíamos destacado todo aquel sector enormemente importante que situamos como disciplinable, al cual es de suma utilidad aplicarle las reflexiones relevantes respecto de la estructura de las teorías, de los métodos de validación, de las maneras en que estas teorías pueden ir siendo reemplazadas por otras teorías y de la posibilidad de elaborar modelos cada vez más refinados de comparación entre teorías (16) y muy especialmente de promover que los representantes de distintas escuelas y disciplinas intercambien conocimientos entre sí, así como los problemas que se les fueron presentando, descubriendo y operando sobre las estrategias de desconocimiento (17),  actividad individual o colectiva, tendiente a evitar el conocimiento,  que agregamos a la noción de obstáculo epistemológico desarrollada por Bachelard (18). Procuramos en ese artículo descubrir, describir y justificar la existencia de factores, fuerzas y operaciones que impiden, dificultan y oscurecen el desarrollo del conocimiento en general, y del conocimiento científico  en particular.

 Quisiera agregar, que la interacción entre el psicoanálisis y otras disciplinas y profesiones, como la biología, la etología, la lingüística (19), la semiótica, la sociología, la ética, la psicología cognitiva (20), la poética, la retórica y las neurociencias (21) se encuentran en un momento de fértil posibilidad  comunicativa, pero para que ésto sea realidad  tenemos que trabajar sobre aquellos factores que aproximen los conceptos, las estrategias cognoscitivas, las modalidades de pensamiento y limar los problemas de intercomunicación, problemas que no son sólo de orden teórico, sino también de orden psicológico, psicosocial y sociológico.


        Buscamos entonces, como sugerí en otro lugar, compartir la necesidad de una teoría del conocimiento ampliada, en la que se integren los conocimientos y métodos provenientes de diversas disciplinas particulares que los estudian -y los ejercen- en sus diferentes modalidades y manifestaciones, con los aportes de otras prácticas cognoscitivas no disciplinadas.

 


Especialización e interdisciplinariedad.


        Decíamos que el psicoanálisis podría intervenir en la elaboración de los curricula de diversas profesiones, lo cual comporta problemas vinculados con la temática de la interdisciplinariedad. La interdisciplinariedad (22) tiene que darse en el plano de la conexión entre teorías, pero no solamente entre ellas, sino también entre la labor específica de los profesionales de distintas disciplinas y así también en la tarea pedagógica, en la formación de esos profesionales, en los currícula de las diferentes disciplinas. La idea que tengo sobre este tópico es que cada campo disciplinario trata de algún modo de organizar los modos de conocimiento, tiende a vincularse a cierto tipo de tradiciones, conectarse a cierto tipo de objetos, tanto teórico como prácticos; esto lleva a una especialización (23), que redunda en beneficios y perjuicios.


        Los beneficios se darían por la peculiar perspectiva que cada uno de ellos adquiere, lo que les permite entender la realidad  no solamente desde el peculiar paradigma que manejan, sino diciéndolo a la manera  de Whitehead desde la perspectiva del hecho, o mejor, tal vez de los hechos seleccionados, de Poincaré. Todo esto, sabemos, conlleva modos de excluir; modalidades de exclusión de modos de pensamiento; exclusión de vínculos con otros hechos que si bien puede ser inevitable en determinado momento, cercenan y empujan a la dogmatización de la perspectiva. Asimismo, dadas las preferencias vocacionales, una manera de estar en consonancia con disposiciones psicológicas que incluyen potencialidades y defectos, la no exposición a situaciones que pudieran despertar o provocar conflictos, por lo que se ha dejado excluido, lo que no se eligió,  podría facilitar la posibilidad de generar distorsiones cognoscitivas y reforzar precondiciones que estimulen, abran el campo a la patología o predispongan a cierto tipo de patologías o caracteropatías.


        Por lo que antecede, digo que la elaboración de los curricula es un campo propicio para la colaboración del psicoanalista, tanto en cuanto a las materias que deben cursarse, como a la manera como se han de dictar. Pensándolo desde esta perspectiva, conduce a consideraciones respecto de la labor del psicoanalista en las instituciones.


        El contacto del psicoanalista con un campo preferente de acción, lo lleva a él también al mismo tipo de potencialidades, defectos, inhibiciones, desarrollo de su personalidad y de sus posibilidades cognoscitivas; esto podría redundar en que la reelaboración de la formación psicoanalítica, a partir de un otro contacto con otros campos disciplinarios, lleve a la larga a transformar, de un modo enriquecedor, la perspectiva con la que el psicoanalista aborda su tarea, sus problemas específicos.


        De todas formas queda como una cuestión  significativa, reflexionar acerca de las virtudes de la especialización, ya que antes resaltamos más sus defectos. Sus virtudes son las mismas que cualquier especialización en el dominio biológico, un ajuste rico y novedoso con su nicho ecológico. Además el especialista es un buen abogado defensor de su hecho seleccionado. Por lo demás se esforzará a lo Whitehead a mirar la realidad desde la  perspectiva del hecho,  y esto también es algo bueno para los hechos, en tanto y en cuanto se encaren los problemas y peligros que habíamos resaltado antes.

 


De las clasificaciones, el clasificar y las dimensiones.

Dos clases de ¨pensadores¨: los que manejan las clasificaciones, y los que son manejados por ellas (24).


        En la elucidación de algunos términos, es conveniente a veces aplicar varios criterios distintos; si uno utiliza un criterio operacional puede alcanzar cierto grado de utilidad y de desarrollo para ese término pero no lo agota. Usándolo y pensándolo con otros criterios, uno va extrayendo otros valores, le va encontrando otros alcances, y va desarrollando mejor las funciones que le atañen merced a que puede manejarlo conceptualmente con una más lúcida ductilidad y una precisión no sectaria. Al concebirlo con variadas metodologías, se suele encontrar que en los distintos usos del término en cuestión se despliegan varios niveles de operatividad, de significación y de capacidad para conectarse con otros términos. Es útil probar y ver así a dónde se llega (25).

 Por otro lado, al psicoanalizar un paciente tratamos de encontrar cuál es el nivel de pertinencia, de legitimidad, de cualquier producto psíquico; hay, decimos, un yo coherente, pero también hay una cantidad de otras cosas que ocurren en su mente, simultáneamente y  que si se les va abriendo un crédito, si se les reconoce su legitimidad encontrándole, por ejemplo, el contexto al que pertenece o creando, construyendo, el contexto donde tal producción psíquica tenga lugar, logramos enriquecer las posibilidades futuras del yo.


        Lo que estoy diciendo es algo equivalente a hacer conciente lo inconciente,  ayudar al crecimiento mental, etc. Decimos entonces que el procedimiento psicoanalítico tiene que ver con hacer más espacio mental  para una serie de cuestiones que por razones diversas tienden a ser excluídas, reprimidas escindidas y proyectadas. Partiendo de estas ideas, podemos constatar que estas actividades de exclusión, de represión o de escisión también operan en el seno de una comunidad dedicada a una determinada actividad.


        Persisten, en relación al psicoanálisis, decíamos, posiciones contrapuestas respecto a cuestiones como qué es el psicoanálisis, su cientificidad, no cientificidad, si es sui generis, si no lo es. Hay diversidad de corrientes en cuanto a estas concepciones a favor y en contra según las tradiciones epistemológicas a las que adhieran quienes por diferentes razones lo ubican acentuando factores diversos.


        Uno puede tomar una posición, digamos así, una  posición y decir "bueno, yo creo que el psicoanálisis es esto y no es esto otro"; es algo que los psicoanalistas solemos hacer, ocurre a menudo en las discusiones y lleva a posiciones irreconciliables y no entendimientos (26). Se cierra según una cierta definición hecha a partir de determinado criterio lo que es y lo que no es, aún entre los que dicen que practican el psicoanálisis.


        Nos planteamos entonces cómo encontrar algún  tipo de concepción abarcativa, que dé un lugar, que no homogeinice pero que dé legitimidad a estas diferentes perspectivas. Tratamos de explorar si esto es o no posible. Con el intento de perseguir estas ideas y ver hasta dónde se llega, traje a colación algunas ideas que el filósofo Stephen Toulmin desarrolla en su libro, La comprensión humana, en donde el autor  tomó la noción de Empresas Racionales Colectivas y las dividió en tres grupos. Las llamó disciplinables, casi disciplinables y no disciplinables, dividiendo a las disciplinables en compactas, difusas y posibles. También me apoyé, en varias ocasiones en algunas ideas y en particular en el espíritu de una obra como Los modos de pensamiento  de Alfred North Whitehead.


        He optado por la clasificación de Toulmin, que es una reclasificación de las actividades racionales humanas, pero también estoy poniendo  en cuestión, relativizando el valor de las clasificaciones (27), teniendo en cuenta reflexiones de Klimovsky, respecto de la no exhaustividad de definiciones y clasificaciones (28).


        Transcribiré a continuación un parrafo alusivo de Whitehead:



"A primera vista existen clases perfectamente delimitadas, dentro de las cuales podemos clasificar los varios tipos  de cosas y caracteres de las cosas que hallamos en la naturaleza. Toda  época trata de hallar modos de clasificación que parecen  puntos de partida fundamentales para las investigaciones de las ciencias especiales. Cada época que sigue descubre que las clasificaciones primarias de sus predecesores no son eficaces. De este modo surge la duda sobre todas las formulaciones de las leyes de la naturaleza que consideran aquellas  clasificaciones como puntos de partida firmes. Surge un problema, la filosofía busca la solución"(pág. 147-8).



        Aun tal vez alterando parcialmente los desarrollos de Toulmin, valdría también otra tripartición, que podría formularse como predominio de la lógica, predominio de la estética, y predominio de la ética, y que tal vez  éstos podrían tener sus dominios privilegiados en la ciencia, en el arte y en la vida (29).


        Por esta razones emprendimos también otra transformación y llevamos los items clasificatorios a parámetros dimensionales.


        He pensado que las diferentes corrientes psicoanalíticas conciben que el psicoanálisis está ubicado en alguna de estas subdivisiones, aunque no utilicen esta terminología. Por cierto que no hay quien opine que se trata de una disciplina compacta, pero sí puede existir una tendencia a que procure alcanzar ese desideratum. Están por otro lado los que insisten en la vertiente totalmente opuesta como desideratum, y es que debiera mantenerse entre las no disciplinables. Cada cual esgrime sus argumentos aportando razones de hecho y valorativas para defender su propia posición.


        Por mi parte estimo que la actividad psicoanalítica, tanto si consideramos lo atinente al movimiento psicoanalítico, como al plano teórico y clínico, tomada como una entidad histórica con producciones diversas, admite que se le reconozcan dimensiones disciplinables, cuasidisciplinables y no disciplinables.


        En definitiva, mi tesis es ésta: el conjunto de la actividad psicoanalítica tendría la posibilidad de quedar ubicada en referencia a aquellas dimensiones, si es que uno considera, como yo lo hago, que si se rechaza alguna de ellas se excluye un sector  del psicoanálisis, o una interpretación de la actividad psicoanalítica que es interesante, tiene valor, es importante (30).


        Si ponemos por caso a quienes ubican al psicoanálisis como actividad sui generis (31), podremos notar que hay enormidad de cuestiones que se negarán a considerar, puesto que no admiten formas de relacionar metodológicamente al psicoanálisis con otras disciplinas con el propósito de realizar investigaciones conjuntas, integrar conocimientos, etc.


        Si por otra parte descartaramos radicalmente esta posición, perderíamos aquel nivel que tal vez se aproxime a lo que Toulmin se refiere al hablar de la ética. Cada persona se ve llevada en determinados momentos a tomar ciertas decisiones y a pensar ciertas cuestiones para llegar a tal decisión; la multivalencia de las cuestiones en juego y la situación singular, llevan a que no sea posible disciplinar esta actividad. Esto tampoco sería  absoluto, puesto que  habrían expertos en determinadas  áreas, que por una serie de razones tienen más capacidad para ver una cantidad de cuestiones o tomar en cuenta factores para llegar a una idea respecto de cuestiones éticas en un área determinada, cómo podrían ser por ejemplo, las deontologías profesionales.


        Tomando en cuenta esto, situamos acá esa dimensión del análisis en donde se desarrolla un tipo de actividad y de conocimiento, muy estrechamente ligados a la situación y sin embargo altamente relevantes también.


        Porque la cuestión es el grado de relevancia que puedan tener estas actividades singulares y que no puedan ser muy transmisibles; no habría manera de volcarlas en un cuerpo general y sin embargo también ellas influyen a través de otros canales (32). Respecto de este punto he dicho que, a raíz de los psicoanálisis realizados, hay cierto conocimiento que fue obtenido a partir de todo el desarrollo de la teoría, más el psicoanálisis realmente hecho en este momento, produce una Transformación (33) en el sujeto en cuestión, que a su vez en una otra práctica social, le permite el acceso a cierto tipo de conocimiento, pero esto no lo vuelca en una revista científica; pasea, se hunde, se entremezcla y después eventualmente será recuperado a su vez también, por una práctica más sistemática. Pero la idea que quiero resaltar es que no serían cuestiones irrelevantes, estarían dentro de una trama general que tiene significación, importancia, no irrelevante, no mera repetición.


        La cuestión sería, entonces, que uno encuentre los correspondientes niveles de pertinencia. Debemos sin embargo admitir que en algunos casos es posible que las oposiciones entre diferentes corrientes sean irreductibles.


        Me pregunto: ¿Se podrá en base a una ubicación más o menos como la que propongo, al menos disminuir ese nivel de irreductibilidad? Tratamos de hacerlo distinguiendo mejor estos campos de pertinencia de diferentes sectores, aspectos, momentos y dimensiones del quehacer psicoanalítico. Recusamos, en consecuencia, aquellas pretensiones de quienes tienden a hacer de su perspectiva, la totalidad del psicoanálisis, presos tal vez de aquellos paralogismos de falsa oposición que denunciara tan persistente como calmosamente el filósofo uruguayo Carlos Vaz Ferreira (34):


        "Una de las mayores adquisiciones del pensamiento se realizaría cuando los hombres comprendieran -no sólo comprendieran, sino sintieran- que una gran parte de las teorías, opiniones, observaciones, etc. que se tratan como opuestas, no lo son. Es una de las falacias más comunes, y por la cual se gasta en pura pérdida la mayor parte del trabajo pensante de la humanidad, la que consiste en tomar por contradictorio lo que no es contradictorio; en crear falsos dilemas, falsas oposiciones. Dentro de esa falacia, la muy común que consiste en tomar lo complementario por contradictorio, no es más que un caso particular de ella, pero un caso prácticamente muy importante."

 


Notas



(1) Yampey N.: (1981).


(2) Tollmin S. (1972): "Toda empresa racional bien estructurada presenta dos fases, podemos concebirla como una disciplina con una tradición comunal de procedimientos y técnicas para abordar problemas teóricos o prácticos o podemos concebirla como una profesión con un conjunto organizado de instituciones, roles y hombres cuya tarea es aplicar y/o mejorar esos procedimientos o técnicas".


(3) Whitehead A. N. (1938).


(4) Toulmin S. (1972): ”La tarea de la ciencia consiste en mejorar nuestras ideas sobre el mundo natural, paso a paso, identificando ámbitos de problemas en los que puede hacerse algo para disminuir el abismo entre las posibilidades de nuestros conceptos corrientes y nuestros ideales intelectuales razonables”.


(5) Toulmin S. (1972): "Las cuestiones de "racionalidad" conciernen precisamente no a las doctrinas intelectuales particulares que un hombre -o un grupo profesional- adopta en cualquier momento dado, sino a las condiciones y la manera en que está dispuesto a criticar y modificar esas doctrinas a medida que pasa el tiempo. La racionalidad de una ciencia (por ejemplo) no está encarnada en los sistemas teóricos corrientes en ella en momentos determinados, sino en sus procedimientos para llevar a cabo descubrimientos y cambios intelectuales a través del tiempo."


(6) Bunge M. (1985).


(7) Klimovsky G. (1982).


(8) Toulmin S. (1972).


(9) Popper K.(1972).


(10) Ricoeur, P. (1965).


(11) Eysenck, H. J. y Wilson G. D. (1973).


(12) La existencia de parejas psicoanalíticas a lo largo del mundo, en plena vigencia, es un fenómeno humano y sociológico que admitiría un estudio independiente, de pleno derecho, dentro de la evolución libidinal de distintas comunidades, especialmente las altamente psicoanalizadas. Creo que dan a la sexualidad humana y al desarrollo de la actividad libidinal en sentido amplio, freudiano, en el seno de una comunidad, valores, formas y distribuciones momentáneas y con consecuencias. Se puede ver en la clínica, de qué manera están la transferencia y neurosis de transferencia incidiendo en otros vínculos. Así como hay comunidades en las cuales los vínculos están ordenados en función de prioridades, prescripciones y prohibiciones regladas y que por lo tanto ordenan también otro conjunto de actividades también libidinales, pienso que resulta interesante estudiar esta cuestión como fenómeno sociológico en una comunidad dada.


(13) Wisdom J. O. (1961).


(14) Baranger M. y Baranger W. (1961).


(15) Whitehead A. N. (1938): "La sistematización del conocimiento no puede llevarse a cabo en compartimientos herméticos. Todas las verdades generales se condicionan recíprocamente y los límites de su aplicación no pueden definirse adecuadamente prescindiendo de su correlación en virtud de generalidades aún más amplias. La crítica de los principios debe adoptar principalmente la forma de determinación de los significados apropiados que hay que dar a las nociones fundamentales de las diversas ciencias, cuando estas nociones se consideran en relación  con la posición relativa que ocupan entre sí. La determinación de esta posición exige una generalidad que trasciende cualquier materia especial."


(16) D'Alvia R., Klimovsky G., Maladevsky A. y Picollo A. (1983).


(17) Biebel D. (1987).


(18) Bachelard G. (1938).


(19) Liberman D. (1976).


(20) Erdelyi M. H.: (1985).


(21) Issaharoff, E. (1989).


(22) Antiseri D. (1972).


(23) Whitehead A. N. (1938): "Pero el descubrimiento ha sido gradual y aún actualmente el método se comprende de modo imperfecto. Los hombres de ciencia han manejado la especialización del pensamiento con una increíble falta de precaución. Se da casi universalmente por supuesto que el crecimiento de la especialización no afecta para nada a la presuposiciones relativas a la perspectiva del medio ambiente suficientes en las etapas iniciales. No es posible exagerar la importancia de comprender que la expansión de todo tema especial cambia su significación total de arriba a abajo.  A medida que el objeto de la ciencia se desarrolla se reduce su importancia para el universo, lo que presupone un contorno más estrictamente definido. La abstracción especializada omite precisamente esta definición del contorno; semejante definición carece de importancia; carece de importancia porque requiere la comprensión de una infinidad de cosas; es por tanto imposible. Todo lo que podemos hacer es realizar una abstracción, presuponer que carece de importancia y seguir adelante, con esta presuposición." (pág.79).


(24) Vaz Ferreira C. (1938).


(25) Klimovsky G. (1981).


(26) Winograd B. (1991): Llamada por este autor, polarizaciones encerrantes.


(27) Whitehead A. N. (1938).


(28) Klimovsky G. (1990): Comunicación personal.


(29) Whitehead A. N. (1938): "la lógica y la estética, se concentran ambas en hechos cerrados, nuestras vidas transcurren en la experiencia abierta. A medida que perdemos este sentido de la revelación se desvanece la modalidad de nuestra vida que denominamos alma. Descendemos hacia la mera conformidad con el término medio del pasado. La completa conformidad significa la pérdida de la vida, queda sólo la estéril existencia de la naturaleza inorgánica" (pág. 77).


(30) Me parece necesario, importante, enlazar algunas reflexiones sobre el tema de la Importancia. Filosóficamente, me es de mucha utilidad pensar lo que dice Whitehead acerca de esta noción; también son valiosas las ideas de Bateson en Espíritu y Naturraleza sobre la relevancia. Todo esto podría ser complementado por reflexiones acerca de cuestiones subjetivas en las que establecemos jerarquías valorativas que nos hacen orientar acciones y desvelos siguiendo determinados vectores y relegando o postergando otros. El procesamiento de todo este material podría ser realizado desde aquellas nociones que quedan abarcadas en psicoanálisis como significante e insignificante, la noción de atención y su regulación por el Ideal.


(31) Goldstein N. (1991).


(32) Habermas J. (1968): Esa es también más o menos la posición de Habermas respecto de los hechos singulares que hacen al quehacer sociológico y de paso también al quehacer psicoanalítico.


(33) Bion W. R. (1965).


(34) Vaz Ferreira C. (1910).



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