Diálogo con el temor: entrevista a Joseph Ledoux

Publicado en la revista nº030

Autor: Punset, Eduardo


Publicado con autorización de Gaceta de Psiquiatría Universitaria [http://www.gacetadepsiquiatriauniversitaria.cl/ediciones/vol3n4diciembre2007.pdf] (tomado del libro el libro “Mind, Life, and Universe. Conversations with great scientists of our time” editado por Eduardo Punset y Lynn Margulis. Chelsea Green Publishing Company, White River Junction, Vermont, USA. 2007)


 Traducción: César Ojeda


 “Es muy conveniente pensar que nosotros podemos controlar conscientemente todo. Sin embargo, es también  fácil para el cerebro actuar inconscientemente. Si no fuera así, estaríamos tan ocupados calculando cada uno de nuestros pasos o cada respiración, que no seríamos capaces de hacer nada más”


Joseph Ledoux[1]


 


Pasión, miedo y pánico –en otras palabras la gran influencia del cerebro primitivo de los reptiles en los homínidos– ha sido el foco de gran parte de la investigación de Jopseph Ledoux en la New York University. Después de nuestro primer encuentro en Nueva York, empecé a sospechar que el sistema emocional y el sistema consciente están en una situación parecida a la de aquellos primeros computadores cuyos lenguajes eran incompatibles.


 


Hoy día, Ledoux entiende la desconexión entre las emociones y la conciencia como una imperfección en el acceso consciente a nuestro sistema emocional. Sin embargo, él disolvió mi duda. Pienso que también es incorrecto creer que la conciencia y las emociones son mundos hostiles que fracasan en comunicarse entre sí. No obstante, es una pérdida de tiempo predicar, “no consuman drogas”, “no beban alcohol”, o “no corran”, como si fuera creíble que el cerebro integrado garantiza el control sobre las emociones.


Durante millones de años todos los seres vivos han desarrollado evolutivamente sistemas o funciones para enfrentar lo que los rodea, para obtener energía y alimento, y para ser capaces de huir si aparece una amenaza que pone en riego sus vidas. De manera diferente a lo que aún se enseña en los colegios, en esos procesos auto-defensivos el inconsciente juega un papel mucho más importante que la conciencia. Con otras palabras, el control consciente que ejercemos sobre nuestro cerebro no es tan importante como solemos pensar.


Joseph Ledoux (JL): Es muy conveniente creer que podemos controlar conscientemente todo, sin embargo, el cerebro prefiere actuar de manera inconsciente. Si no lo hiciera, estaríamos tan ocupados calculando cada uno de nuestros pasos o cada respiración que no seríamos capaces de hacer nada más. Los procesos inconscientes son fundamentales en nuestras vidas. Algunos de ellos parecen triviales, como respirar o caminar. Pero, cuando hablamos, no estamos pensando en poner el verbo después del sujeto para ordenar la frase. Simplemente lo hacemos automáticamente, porque nuestro cerebro está listo. Con las emociones es aún más complicado pensar que las regulamos de manera consciente. Más bien ellas son tan inconscientes como caminar o respirar.


Eduardo Punset (EP)[2]: Usted siempre ha destacado la importancia de la amígdala. ¿Qué parte del cerebro es la amígdala, esa que al parecer controla nuestras emociones? Ustedes los especialistas están de acuerdo en que la amígdala es responsable de nuestras emociones, y que la conexión entre la amígdala y la percepción en el neocortex o en la totalidad del cerebro no es simétrica. Con otras palabras, la amígdala controla nuestro cerebro por medio de las emociones o las pasiones, pero el cerebro escasamente puede controlar a la amígdala. Esto es terrible, ¿no le parece?


JL: Sí, es verdad. La amígdala está relacionada con emociones como el miedo. Su función es detectar estímulos peligrosos. Si un oso lo ataca, la amígdala detecta el peligro y produce una respuesta: sin que usted tome cartas en el asunto, usted reacciona ente el peligro. Si en Nueva York usted camina en la calle y un bus está a punto de atropellarlo, usted reacciona y se quita del camino. El bus pasa y sólo entonces usted se da cuenta que estuvo en un serio peligro. Es un hecho curioso del funcionamiento de la amígdala: por una parte, salva su vida en situaciones de peligro, y por otra, ejerce un control sobre la corteza cerebral que es superior al control que ejerce la corteza sobre ella. Sabemos de esto por nuestra propia experiencia. Cuando sentimos ansiedad, miedo o depresión no podemos forzar a nuestro cerebro emocional para que detenga estos estados, los que sólo pueden ser superados con el tiempo. Cuando ciertos estados emocionales nos afectan, hormonas y otras substancias químicas nos mantienen sumergidos en ellos, lo que es muy positivo. Si un oso, una serpiente o cualquier otro depredador nos ataca, no es una buena idea pensar acerca de cómo lo están haciendo nuestros compañeros o acerca de qué cenamos anoche. Más bien necesitamos concentrarnos en lo que en ese momento es importante. Mientras el peligro perdure, usted no puede pedirle a su cerebro que le permita ser libre, pues las emociones siguen su curso natural.


EP: Pero a veces nos gustaría que nuestro cerebro fuese capaz de alterar, aliviar o controlar nuestras emociones. En algunas ocasiones, emociones como el odio o el amor pueden causarnos serios problemas y no es mucho lo que podemos hacer voluntariamente.


JL: Hay dos partes en una reacción emocional. La primera es la reacción en sí misma, la cual es automática. Hace algunos años, en los Juegos Olímpicos en Atlanta, una bomba explotó, y, de acuerdo a las grabaciones de la CNN, las personas no reaccionaron en ese momento. Las personas quedaron inmóviles. Un par de segundos después empezaron a correr y cada uno escapó.


Siempre tenemos reacciones iniciales, y luego pasamos desde una reacción emocional a reaccionar conscientemente. No es que no podamos controlar nuestras emociones, se trata de que no podemos controlarlas en la reacción inicial. Aquí es donde fallamos, es decir, ejercemos un escaso control sobre nuestra reacción inicial, aunque es la base de nuestro control posterior. Sin embargo, al actuar emocionalmente controlamos la situación. La efectividad de este control es debatible, pero siempre ejercemos cierto control


EP: Cuando surge una amenaza repentina, como una bomba, no moverse es tal vez mejor que ponerse a correr desorganizadamente, ¿verdad?


JL: Correcto


EP . Tal vez un depredador lo ignorará si usted permanece inmóvil. La emoción inicial es de este modo inteligente.


JL: Sí. Muchos depredadores responden al movimiento, y a pesar de que muchos de ellos no tienen una visión precisa de los detalles, pueden detectar movimiento, y en ese momento se vuelven peligrosos.


EP: De modo que paralizándonos por el miedo de una sorpresiva amenaza nos ha salvado en el curso de nuestra historia como especie. Cuando un león está a punto de abalanzarse sobre nosotros la mejor respuesta es permanecer quietos. Usted sugiere que ciertos traumas infantiles, tales como abuso sexual o tortura, van directamente a la amígdala y son registrados allí para siempre, de modo que nuestro cerebro consciente no puede borrar esos recuerdos. Pero usted dice cosas aún más importantes. Usted sugiere que estos eventos no son almacenados en el hipocampo sino que directamente en la amígdala, de modo que no hay forma de transferir esos recuerdos al cerebro consciente. ¿Significa esto que tales penosos recuerdos inconscientes permanecerán con nosotros para siempre?


JL: Es como el lado negativo de algo bueno. Si usted es un animal que vive en el bosque y tiene que sobrevivir a los depredadores, debe recordar cómo son, qué sonidos hacen al aproximarse, dónde suelen estar, etcétera. Estos detalles son muy importantes si usted desea permanecer vivo. Si usted es afortunado en el primer encuentro y se las arregló para escapar, recordará cada detalle, de modo que no tendrá que aprenderlos de nuevo. El cerebro tiene un sistema muy efectivo para aprender en las situaciones peligrosas, lo que es muy bueno. Pero, el aspecto negativo consiste en que a veces aprendemos cosas que no deseamos recordar implícitamente, como es el caso de ciertos traumas. En situaciones traumáticas la amígdala registra la situación, pero no lo hace el hipocampo. El hipocampo es muy sensible a los cambios hormonales producto del estrés. Esas hormonas alcanzan el hipocampo y le impiden memorizar de forma adecuada. De este modo tenemos muy pocos recuerdos acerca de lo ocurrido. Estas mismas hormonas alcanzan a la amígdala y le permiten memorizar todo en forma detallada. Enfrentados a la misma situación, se pone en juego una fuerte memoria inconsciente y una débil memoria consciente.


EP: Pienso que tal vez en un futuro biológico la amígdala, como la fuente de las pasiones y de las emociones, podría progresivamente incrementar su rol, mientras que el de hipocampo, muy sensible al estrés, podría decrecer. Con el tiempo, ¿podrían la amígdala llegar a ser más fuerte y el hipocampo más débil?


JL: En primer lugar deseo señalar que el hipocampo no es el centro de la conciencia; él hace accesibles algunos recuerdos para nuestra experiencia consciente, pero, en sí mismo, no la representa, aunque el hipocampo parece tener un acceso más directo a la conciencia que la amígdala. Respondiendo su pregunta, el cerebro puede evolucionar en el futuro de tal manera que la amígdala crezca y el hipocampo se reduzca debido al estrés. De hecho, todo es posible desde el punto de vista evolucionario. Depende de las presiones selectivas a las que están sometidas nuestras vidas y el modo en que las enfrentemos. Nuestro cerebro ha evolucionado adaptándose a menores niveles de ansiedad respecto de posibles depredadores, pero, por otro lado, estamos más estresados por las bombas nucleares y las tensiones psicológicas y físicas. Nuestra situación cambia permanentemente y todo depende de la permanencia de los cambios ambientales. La evolución responde a los cambios que permanecen por largo tiempo. Ahora estamos en una fase de rápidos cambios, lo que hace difícil predecir el rumbo evolutivo que tomará nuestro cerebro. El cerebro necesita de un largo tiempo para cambiar. Parece que en el curso de la evolución de los primates las conexiones entre la amígdala y la corteza cerebral, y las conexiones entre la corteza y la amígdala, han crecido. Predicciones optimistas sugieren que ambas estructuras terminarán de pelearse entre ellas y encontrarán un balance. En el cerebro humano en el futuro las emociones no dominarán a la conciencia, pero tampoco se dará el fenómeno inverso. Más bien, las emociones y la conciencia trabajarán juntas.


EP: ¿Es verdad que el proceso que genera pánico y la respuesta de miedo es muy similar en todos los mamíferos?


JL: Es verdad en el caso de la respuesta al miedo.


EP: ¿Por qué?


JL: Porque la sensación de miedo se produce en la corteza cerebral, en la parte que piensa, y esa parte ha evolucionado mucho. Cada animal tiene un tipo de corteza cerebral diferente, y por lo tanto, una diferente capacidad de sentir.


EP: Por lo tanto, es verdaderamente imposible saber las diferencias entre los sentimientos conscientes de los animales y del ser humano.


JL: Esa es una cuestión filosófica. Los filósofos tratan con el problema de “otras mentes”. Yo no puedo decir si usted está consciente o no. Yo sólo sé que yo lo estoy porque estoy observando mi propia mente. Si usted fuera un robot, yo no me daría cuenta.


EP: Su punto de vista en estas materias podría cambiar el método de curación o el tratamiento de ciertas adicciones. Si usted dice que el impacto es para siempre, en vez de tratar de convencer al adicto para que cambie, por ejemplo, tal vez podríamos ir directamente hacía la amígdala y tratar de borrar lo que ha sido grabado.


JL: Las compañías farmacéuticas serán capaces de crear productos que actúen exclusivamente sobre la amígdala. Mientras tanto, las benzodiazepinas y otras substancias para el tratamiento de la ansiedad tienen efecto en muchas áreas del cerebro al mismo tiempo. Ellas no sólo controlan el dormir sino también la estimulación sexual y el miedo. Si pudiésemos lograr fármacos con un efecto exclusivo sobre la amígdala, el medicamento podría controlar la ansiedad sin producir efectos laterales indeseables.


NOTA DEL EDITOR


Por el contexto en el que fue realizada esta entrevista, Joseph Ledoux expone en un nivel muy general algunos de los temas que lo han ocupado en los últimos años. Por eso, nos ha parecido conveniente orientar al lector interesado hacia el libro Synaptic Self, publicado en el año 2002, y que esperamos comentar en breve[3]. En él, Ledoux despliega una mirada neurobiológica muy amplia. La pregunta que orienta todo el libro es: ¿cómo nuestro cerebro determina que cada uno sea el que es?


Su cerebro –dice– fue ensamblado durante la niñez por una combinación de factores genéticos y ambientales. Los genes determinan que su cerebro sea humano y que las conexiones sinápticas, aunque más parecidas a la de los miembros de su familia, sean diferentes a las de todos. Así, a través de las experiencias con el mundo, las conexiones sinápticas son ajustadas (por selección y/o instrucción y construcción) y permiten esa diferencia.


Las conexiones sinápticas se ajustan por medio de estímulos ambientales que activan sistemas neuronales específicos. Cuando estos cambios ocurren durante la vida temprana, se puede decir que involucran la plasticidad del desarrollo cerebral; cuando ocurren más tardíamente, ellos son considerados aprendizaje. Sin embargo, la línea que separa la plasticidad del desarrollo y el aprendizaje es muy sutil y tal vez ni siquiera exista. Por lo mismo, ignoraré esa distinción, y me concentraré directamente en la pregunta por la manera en que la plasticidad sináptica, que ocurre en múltiples sistemas neuronales, está coordinada en el proceso de ensamblar y mantener el self. Pienso que la manera en que esto ocurre puede ser comprendida sobre la base de siete principios.


1. Diferentes sistemas experimentan el mismo mundo


2. La sincronía coordina la plasticidad paralela


3. La plasticidad paralela está también coordinada por sistemas modulatorios


4. Las zonas de convergencia integran la plasticidad paralela


5. Pensamientos móviles descendentes coordinan la plasticidad paralela


6. Los estados emocionales monopolizan los recursos cerebrales


7. Los aspectos implícitos y explícitos del self se sobreponen, pero no completamente


Después de explicar detalladamente estos principios en el último capítulo del libro mencionado, Ledoux concluye: “Usted es sus sinapsis. Ellas son lo que usted es”.


 


 








[1] Joseph Ledoux es profesor de ciencia, neurociencia y psicología en la New York University.


 [2] Eduardo Punset es un destacado abogado, Master en ciencias económicas en la London School of Economics y profesor en innovación y tecnología en destacados centros europeos. Conocido por el exitoso programa de difusión científica “Redes” transmitido por televisión a todo el mundo de habla hispana, ha realizado notables entrevistas a los más destacados científicos de nuestro tiempo. La presente entrevista al neurobiólogo Joseph Ledoux fue publicada en el libro “Mind, Life, and Universe” el que editó en conjunto con la conocida bióloga Lynn Margulis en julio de 2007. La traducción y publicación para GPU fue autorizada por Eduardo Punset y por la casa editorial Chelsea Green Publishing Company, White River Junction, Vermont, USA.


[3]Ledoux, J. Synaptic Self. Penguin Books, New York, 2002.


 

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