Apuntes sobre clínica de la adopción

Publicado en la revista nº031

Autor: Dio Bleichmar, Emilce

Con el tema de la filiación adoptiva, iniciamos en Aperturas la publicación de –al menos- un artículo por número dedicado a temas y problemáticas infanto-juveniles.


Desde hace unos años, y en forma creciente, los padres demandan información previa a la adopción, así como ayuda y asistencia psicológica en el largo proceso de creación de vínculos con los niños/as adoptados/as.


En esta ocasión, se presentan dos ponencias con material clínico [La adquisición del sentimiento de seguridad en los procesos de adopción y La construcción de la identidad del menor en la familia homoparental] que espero sean de ayuda para contrastar situaciones difíciles que encontramos frecuentemente en la consulta.


 


La adquisición del sentimiento de seguridad en los procesos de adopción


[Trabajo presentado en las VII JORNADAS DE APEGO Y SALUD MENTAL “El Vinculo de Apego: de la Regulación Emocional al Sentimiento de Seguridad” Donostia-San Sebastián, 20-21 de octubre de 2006]


La adopción ofrece una oportunidad extraordinaria para el estudio del desarrollo infantil. Puesto que los niños adoptados crecen en familias en las que no tienen relación genética con sus padres, ofrecen una oportunidad excepcional para estudiar la importancia relativa de las influencias genéticas, ambientales compartidas, y ambientales no compartidas sobre el desarrollo de las características y conductas del niño.


Puesto que los niños son adoptados con una gran variedad de circunstancias y un amplio rango de edades, los estudios de los niños adoptados y sus familias ofrecen a los investigadores la oportunidad de examinar las influencias a corto y largo plazo de numerosos ambientes en el desarrollo del niño. A su vez, puesto que son adoptados en hogares con distintas características (hogares multirraciales), la adopción ofrece la oportunidad de estudiar el rango de influencias de estos hogares sobre el desarrollo del niño.


Existen varias cuestiones teóricas que pueden explorarse mediante datos provenientes de la investigación sobre adopción. Por ejemplo, si la edad de adopción influye en la capacidad de un niño para formar un vínculo con una nueva figura parental, si los patrones problemáticos de apego mostrados por niños maltratados se mantienen tras cambiar a un nuevo entorno de cuidado, y si pueden identificarse los distintos patrones de conducta entre niños con graves problemas de apego. En gran parte de la literatura sobre la familia postadoptiva el acento es puesto en las dificultades del niño para el desarrollo del vínculo de apego, quedando en cambio aquellas de los padres mucho más desdibujadas. En este trabajo intentaré mostrar a través del historial de Vito y sus padres adoptivos las enormes dificultades que han atravesado, y atraviesan aún, para la construcción de sus vínculos con el niño.


Singer, Brodzinsky, Ramsay y col (1985) consideran que de parte de los padres, los factores que pueden dificultar el desarrollo de un vínculo de apego seguro en niños adoptados son los siguientes:


-          Parejas que no han resuelto adecuadamente su condición de estériles y comienzan a estar resentidos uno con el otro, y a sentir resentimiento hacia el niño


-          Poca certeza y preparación para la difícil tarea


-          Poco dispuestos a pedir y recibir ayuda


-          Por lo general, carecen de modelos de parentalidad adoptiva como referentes


La historia previa del niño, el tiempo previo a la adopción vivido con sus padres biológicos, la permanencia en instituciones, o en diversos hogares sustitutos no les ha permitido establecer una relación consistente con ningún cuidador


Desafortunadamente en el historial que voy a presentar confluían todos estos factores.


Vito y sus circunstancias. Hacia la reversibilidad del trauma


Adopción de dos niños hermanos (probablemente de distinto padre): Victoriano y Almudena de 7 y 5 años respectivamente.


Consultan cuando el niño tiene 9 años, en un momento de la pareja adoptante que podríamos considerar crítica. Existe una figura acuñada por June Bond (1995), el síndrome de depresión post adopción (PADS), que podríamos aplicar a estos padres: francamente desilusionados, irritados y adjudicando todos los problemas que enfrentaban en la construcción de la familia adoptiva al niño. Con anterioridad lo habían llevado a un programa para tratar sus dificultades de atención durante un año (juegos en el ordenador), y al año siguiente a una psicoterapia de orientación cognitivo-conductual, sin sentirse satisfechos con los resultados obtenidos.


La madre hace la siguiente presentación de Vito



  • Tiene un déficit de crecimiento (consulta neuroendocrina y en seguimiento)

  • Escolaridad: no sabía leer ni escribir, va un año atrasado

  • Enuresis, “lo hace a posta cuando se cabrea”

  • Introvertido

  • Negativo

  • Soberbio, envidioso

  • Es el matón, en el comedor roba comida y es muy agresivo

  • Muy mentiroso, no tiene sentimientos


Su consulta me trasmite claramente que esta pareja de padres han considerado la adopción como un proceso de exclusiva ganancia para ellos y para los niños y que se hallan ante la gran desilusión, ante un sueño que se hace añicos y que atribuyen por completo dicho fracaso a la genética del niño. Son padres escasamente preparados para el reto de la adopción como un proceso de múltiples pérdidas y de un continuo trabajo de duelo. Me trasmiten en todo momento la impresión de que Vito no es hijo de ellos, que por eso se comporta así. ¿Han desarrollado estos padres un vínculo de apego con el niño? Por supuesto que sí, pero altamente ambivalente.


Cuanto mayor sea la ambivalencia percibida en los padres por los niños -ambivalencia que es codificada como un nuevo riesgo de abandono- mayor será “el lazo imaginario” que desarrollarán con sus progenitores biológicos, con la fantasía que si ellos supieran dónde se encuentran podrían venir a buscarlos y quererlos mejor. Esta oscilación del anhelo y deseo hacia sus padres biológicos dificulta el proceso de vinculación a los padres adoptantes, y les sumerge en la creencia que “deben” conservar el amor hacia sus padres biológicos como una garantía imaginaria, que, por un lado los ayuda a vivir, a sostenerse (probablemente esa actitud de soberbia que Marta observa en él), pero que en realidad les aumenta el sentimiento inconsciente de abandono.


Bowlby (1951) en uno de sus primeros estudios sobre niños con severas carencias de cuidados maternales señalaba las características que presentan estos niños, casi todas presentes en Vito:


* Relaciones humanas superficiales


* Carencia de sentimientos e imposibilidad para formar nuevas amistades (“Es falso como un Judas, él a la gente le da una imagen de simpático y cariñoso, luego es un niño que no tiene sentimientos”)


 * Inaccesibilidad (“es difícil sacarle una palabra”)


* Falta de respuesta emocional apropiada acompañada de despreocupación (“le da lo mismo el premio que el castigo”)


* Engaño, mentira y evasión, frecuentemente sin sentido


* Conductas agresivas que se presentan desde las formas más ligeras de negativismo o burla, hasta las más severas de delincuencia (“se enfrenta a los profesores y celadores del comedor”)


* Con frecuencia presencia de un amplio círculo de pseudoamigos


* Con frecuencia despiertan agresividad en los cuidadores


* La actividad en grupo está limitada por la imposibilidad de soportar la frustración


* Marcada distractibilidad


* Posibles actos de tipo antisocial como resultado de las características antes enunciadas


De modo que se imponía, antes de tomar contacto con el niño, una etapa de trabajo preliminar con los padres para hacerles más comprensible el cuadro que presentaba Vito y que ellos no entendían. "Es desmedido, te acaba de conocer y viene a ti y se te tira a los brazos y te pega unos abrazos y besos, y a la persona que tiene al lado ni te mira, es como una cosa rara, no sé qué decirte", son palabras de Marta.


El primer punto a trabajar fue, entonces, informarles sobre el trastorno reactivo de vinculación como una característica de muchos niños, no sólo de Vito, como ellos creían.


Niños institucionalizados


En la actualidad, existe una amplia literatura en torno a niños de la guerra, a niños adoptados y acogidos por serias situaciones de maltrato familiar, que proporcionan datos sobre condiciones muy diversas de crianza, desde privaciones extremas como es un estudio realizado con adopciones provenientes de Rumania (O’Connor y Rutter, 2000) en contraste con casos de niños institucionalizados que se hallaban bien nutridos y hasta practicaban juegos y deportes, con la única carencia de la falta de una cuidadora estable. A pesar de estas importantes diferencias de acogimiento ambos grupos evolucionan con patrones de conductas en las relaciones posteriores que responden a grandes rasgos al cuadro de trastorno reactivo de vinculación, ya sea con rasgos de aislamiento o de indiscriminación social.


Esta tendencia a clasificarlos de manera polar proviene de las descripciones y definiciones aportadas por las clasificaciones americana y europea -DSM-IV y CIE 10- sobre el trastorno reactivo de vinculación, que se ha dado en llamar modalidad inhibida o aislados y desinhibida o indiscriminada.


Inhibidos o aislados afectivamente


* no hacen contacto visual


* no responden cuando se les llama


* falta de atención, interés y mirada recíproca


* no tiene placer al sonreír


* no obtienen placer en el juego (" a veces ni juega pero se entretiene con un palito")


* apatía


* mirada fija


* sueño excesivo


* falta de interés generalizado por el entorno * pérdida de peso


* fracaso en el desarrollo motor


Desinhibidos/ indiscriminados ("psicópata afectivo")


* afectos superficiales


* ausencia de temor al extraño, excesiva familiaridad y disponibilidad para irse con ellos


* demandas desproporcionadas


* expresiones de afecto excesivas


* búsqueda de contacto físico y déficit en la apropiada distancia corporal (subirse a la faldas, coqueteo con desconocidos), que es entendida como una conducta intrusiva.


La información produjo un cierto alivio, si muchos niños eran de esta forma, ellos no serían tan malos padres, que era en el fondo su mayor preocupación, especialmente en Marta, que inconscientemente percibía sus serias limitaciones. Pudimos revisar muchos diferentes episodios del pasado que ellos interpretaban como una suerte de maldad intrínseca del niño que los habían impactado en forma muy negativa. Les impresionó constatar la frecuencia del sueño excesivo que ellos pensaban que era una venganza hacia ellos: "Cuando se enfada, otra manía que le da es dormirse. Tiene una capacidad de dormirse impresionante. Se pone a dormir donde le pille. Este verano ha dormido casi 11 horas, me decía que le dolían las piernas, y el pediatra consideró que eran dolores del crecimiento".


1. Impacto sobre los padres de la indiscriminación del apego


Contándome Marta como había visto a Vito con sus propios ojos pegarle a un chico en el patio del colegio, cuando el niño había notado la presencia de ella "se quedó petrificado y rápidamente cambió como un santo varón, ya verás cuando lo conozcas es simpatiquísimo, pero es falso como Judas".


2. Dificultades para entender la profundidad y amplitud del cambio de identidad que se tiene que dar en el niño


El está un poco confundido, quizá haya sido un poco nuestra culpa, porque pasó de la nada a tener muchas cosas, porque estos niños han pasado de la miseria y quizás la asimilación... Cuando llegaron a España no habían visto nunca una lavadora y se tiraron horas delante de la lavadora viendo como daba vueltas.


Se niega mucho a todas las cosas del colegio, para él su vida es irse al campo, coger bichitos, rebozarse, además es muy sucio, rompe todos los pantalones del mundo, no hay manera, le dices las cosas veinte veces, él no entra por el aro, se cree que está en la selva, en su tierra.


Aprovechando comentarios de política nacional, de equipos de football, hablamos del orgullo de lo propio y de los extremos de violencia a que se puede llegar por los colores de una camiseta. Utilizando sus opiniones muy flexibles y comprensivas sobre estos temas pudieron entender que a Vito le pudiera doler que le dijeran que él se había criado en la selva. Pudieron acercarse a entender lo que significa la transculturalización, el cambio en la identidad en lo más íntimo de su ser.


3.- ¿Todos lo quieren? ¿Cómo querer a esta gente?


P: Llegaron a España y fueron muy bien acogidos, se volcó todo el mundo, todo eran halagos y mimos, de ser niños que nadie los ha querido de repente eran como reyes...


Dificultades de padres que no tienen en cuenta estos factores, la perplejidad, la confusión, el impacto paradojal de la avalancha de personas ajenas a la vida del niño, a las cuales tiene que “supuestamente” querer. En realidad, cuanto más autoestima tenga el niño o valore su pasado –lo que es un signo de que el maltrato no ha sido tan brutal- más cauto será en el traspaso de sus afectos.


4.- Ambivalencia del niño. Ambivalencia de los padres


Enuresis


Hemos probado todos los métodos y al final hemos llegado a la conclusión que se hace pis porque le sale de las narices, es una venganza hacia nosotros, eso te lo digo yo, porque hay temporadas que no se hace pis. Cuando está cabreado o ha tenido un mal día amanece de pis hasta arriba.


Rechazo al aprendizaje


Marta se irrita porque Vito suspende inglés, música y gimnasia...


P.- Yo creo que con su madre se lleva peor que conmigo, en verano que ella ha estado unos días afuera por su trabajo, problemas de matemáticas que no le salían los hizo todos bien, pero en cuanto viene la madre, que es ella quien se los corrige, los hace todos mal.


M.- Si es verdad somos incompatibles de carácter, es especialmente conmigo, lo cual hace que lo rechace. Te soy sincera no te quiero mentir, me pone del revés, te lo digo así de claro. Hay veces que me voy o le digo que se vaya, que no lo quiero ver, porque lo único que me dan ganas es de estrangularle, porque es un niño que tiene la habilidad de sacarte de las casillas.


De más está decir que a Marta le cuesta asumir su ambivalencia como un factor central en el comportamiento del niño y aparecen los problemas de pareja que se generan por la polarización de actitudes entre madre y padre. Jaime termina diciendo que para no pelearse con ella, él decide no intervenir. Finalmente, caen el extremo de las amenazas de destierro: “Si suspendes en junio te vas interno en verano a un colegio”; lo castigaron sin fiesta de cumpleaños, sin valorar lo que esto pudo significar para un niño adoptado, con el agravante que ni las amenazas ni los castigos involucran a su hermana. Obviamente, Vito agrede frecuentemente a la niña.


Comienzo de la terapia de Vito


Durante un tiempo se reproducen conmigo los comportamientos de aislamiento afectivo, desconfianza y dificultades de contacto con un tono de dureza y hostilidad propio del cuadro de Trastorno Reactivo de Vinculación de tipo desafectivo.


Vito juega en un rincón del cuarto, de espaldas. Elige distintos juegos pero no se interesa mayormente por ninguno. Suelo comentarle que puedo ayudarlo con juegos que elige que son un poco complicados. Por lo general no me contesta. Elige el Quién es quién. Le digo que ese juego es para jugar de a dos; “Yo juego solo”, me contesta airado.


Luego de un tiempo en una sesión le pregunto: ¿No tenías ganas de venir aquí? Contesta rápido y espontáneamente: “Sí tenía, cuando Grego (su cuidadora) me dijo de venir yo le dije que tenía muchas ganas”.


Sigue jugando solo con un camión pero ahora me comenta “me gustan las cosas que giran pero no lo puedo hacer porque la gente se marea” (racionalización evidente de su aislamiento).


T: Ahora, aunque juegas solo, me hablas y yo me siento bien contigo porque al ponerte en el rincón y de espaldas y no querer nada conmigo yo puedo pensar que no tienes ganas de estar aquí y sentirme mal. A lo mejor eso pasa en tu casa cuando tú no respondes, ellos pueden sentir que no los quieres.


V: Si me regañan ¡me aguanto la rabia!


T: Pero luego le pegas a Almudena y terminan pegándote a ti.


V: Cuando estoy en contra de ellos no me doy cuenta de lo que estoy haciendo.


Vito describe claramente el campo de batalla en que se ha convertido el regalo de tener una familia. Efectivamente, se atacan de ambos lados y él ha aprendido a no mostrar sus sentimientos pero, lejos de no tener sentimientos, como Marta cree, sus sentimientos lo dominan.


Reciprocidad de los sentimientos de rechazo afectivo


Si comparto esta información con los padres, Marta se muestra escéptica “Lo siento falso, viene y me abraza por detrás como un Judas”. Marta se siente traicionada en su dedicación y oferta de cuidados pues no recibe lo que espera. ¿Qué espera? Obediencia como muestra de cariño; enorme desencuentro, porque Vito espera respeto por su indigenismo.


Mejor vínculo con el padre -“Yo creo que le importo algo”- pero también lo mide a través de los esfuerzos por el aprendizaje. Ambos enfatizan que está atrasado, que es el mayor de la clase y centran la relación en convertir al “salvaje” en un ser urbano, no perciben el sufrimiento del niño que lidia con su diferencia étnica.


Les ayudo a conectarse con el hecho que ellos esperan cariño y reconocimiento por sus esfuerzos y se frustran, sufren y se vuelven hostiles con el niño; y esto es un efecto boomerang, pues lo mismo y aumentado siente Vito.


Los malestares del niño, un mundo desconocido para los padres


Vito percibe la ambivalencia materna


Me cuenta sobre la temática de una obra de teatro que fue a ver:


V: “Yo no sabía quién era bueno y quién era malo”


T: ¿A veces te pasa eso también en casa, papás que te fueron a buscar y quieren ser tus padres y tú sientes que no son buenos contigo?


Vito ya habla muy fluidamente conmigo y me cuenta sus tribulaciones en el colegio: Hugo decía que yo estaba por Vanesa y yo no estaba por Vanesa. Se burlan de mí, que yo estaba por Vanesa porque somos iguales.


 T: ¿Cómo son iguales?


V: Del mismo color.


T: ¿De pelo?


V: No, de piel.


T: Te hace sentir mal eso que piensan tus compañeros.


V: ¡Claro! De mayor quisiera ser bombero para salvar a la gente y meterme en el fuego. Me gusta jugar con la llama de la vela… [Le pregunto si en su casa tenían electricidad] La teníamos rota.


T: O sea que aunque te sientes atacado tú quieres ayudar.


Vemos que desde la subjetividad de Vito sus sufrimientos giran en torno al día a día de su vida escolar -ambiente no protegido al rechazo étnico-, a la ambivalencia y rechazo que percibe sobre todo en Marta, es decir, a las vicisitudes de su vida presente en un colegio español, en una familia que le exige mayormente una rápida integración social y una aceleración de su nivel cognitivo. Vito sufre por sus limitaciones, sufrimiento dominante en esta etapa sobre los procesos de duelo por lo perdido y no sido.


Comienzo de la reparación de las heridas del Self


Los padres comienzan a notar una diferencia: “Antes era frío como un demonio, ahora llora. Antes no se quejaba, ahora se queja”. Ante la aparición de sentimientos en el niño, la severidad del trato de los padres va disminuyendo: “Yo te prometo que si no me mientes no te voy a castigar”.


Viene contento, ha estado en una excursión en una granja, dibuja una familia de cerdos.




V: Había una familia de 4 cerditos. Un cerdo estaba siempre muy triste. Los padres, que no se daban cuenta, estaban tan tranquilos comiendo. Los hermanos jugaban, el hermano tenía un problema, siempre estaba en un rincón muy triste y aburrido. Un día que estaba buscando en la tierra un rinconcito para meterse, encontró una botella para meterse, la abrió y tiró el líquido en el agua y salieron unas plantas. Las plantas le preguntaron qué le pasaba y el cerdo le dijo que estaba muy aburrido y no sabía qué hacer. Que no tenía que estar tan aburrido y que podía jugar con su hermana y se puso a jugar con ella.


Le comento si le pasa como al cerdito y ahora juega más con su hermana.


V: Ella me molesta y prefiero jugar solo.


T: A lo mejor te pasa como el cerdito que ahora sabe que se aburre solo en su rincón pero no sabes como ser amable, no te sale y te encierras. [Se empieza a enfadar] A mí también me pasa que a veces quiero ser amable y, al revés, me sale peor


V: A ti no te pasa (está muy enfadado y llora de rabia)


Llora de rabia con él mismo, los padres se confunden y creen que el enfado es siempre con ellos


Va disminuyendo la ambivalencia mutua


Vito viene contento; lo han llevado al parque porque hizo la tarea.


T: Estuvo bueno ¿no?


V: Si como donde vivía [con la cara iluminada]. A mí me gustaba más allí.


T: ¿Más que aquí? Nadie te regañaba por las tareas del cole.


V: Para qué necesito ir al cole [encogiéndose de hombros]


T: No creo que pienses lo que dices, que prefieres no saber leer ni escribir (le cambia la cara y se pone serio).


V: ¡¡¡Sí que lo pienso!!! [francamente enfadado].


T: Te sientes mal porque te parece que a mí no me gusta tu país y tú eres de ahí. [Se le llenan los ojos de lágrimas. Largo silencio de ambos]. Te duele que alguna gente hable mal de donde tú vienes


V: [Entre sollozos] Yo era como un animal cuando estaba allí… [Inmediatamente agrega] ¡Yo no era un animal como dicen mis padres! En el coche hablamos si me habían devuelto a mis padres después de estar con la Sra. Irma, 1 ó 2 veces y yo decía que 2 veces y mamá dijo que estaba equivocado [llora]”


T: [Lo consuelo, le alcanzo un pañuelo de papel]. Te hace sufrir recordar esos momentos, que estabas con unas personas y te mandaban con otras…


V: [Me interrumpe y airado me exclama] ¡Tú me crees pero ellos no!


Su respuesta muestra que mi intervención basada en la concepción de la pérdida de su pasado y, por lo tanto, en un supuesto sentimiento de abandono vivido por Vito estaba equivocada. Para él el sufrimiento mayor derivaba de su narcisismo herido, de que sus padres adoptivos no lo valoraran como él deseaba.


Se calma un poco y yo le pregunto: ¿Qué piensas Vito, por qué no podías seguir viviendo con tus padres y te mandaban con otras personas?


Yo sigo insistiendo en mi tendencia a centrarlo precozmente y fuera de timing en el proceso de pérdida, de duelo, sesgo habitual en estos tratamientos y tema en torno al cual pienso que deberíamos reflexionar. ¿Cómo valorar la incidencia del pasado en la complicadísima construcción desde la nada de un vínculo familiar, social y cultural de niños adoptados de mayores que provienen de medios sociales y culturales diametralmente diferentes? ¿No estaremos privilegiando en nuestra comprensión una mirada compasiva pero reduccionista sobre los efectos de los traumas del pasado, cuando los niños sufren el impacto del presente con retos y dificultades enormes que no alcanzamos a percibir bien?


V: [Después de un silencio] A veces mi madre se iba a un bar…volvía con olor a cerveza.


T: ¿Y tu padre?


V: No era mi padre, era con quien vivía mi madre…mi padre era otro que a veces venía… pero mi madre decía que no sabía si yo era hijo de él.


De modo que Vito ha sido objeto de lo que se considera “abandono por incapacidad de los padres” para desempeñar su función: enfermedad mental, alcoholismo crónico, promiscuidad, maltrato (en este caso no parece haber habido maltrato físico o abuso sexual, aunque el niño es testigo de promiscuidad en el hogar, sino negligencia extrema que se convierte en maltrato psicológico como ha sido decirle que ni su propia madre sabe quién es su padre).


Sigue un largo silencio, luego del cual le agrego:


T: Ahora sabes que Jaime te fue a buscar desde tan lejos para que seas su hijo y que te llamas como él.


Se limpia la nariz y se va calmando.


Se ha generado una situación de mucha cercanía entre los dos, parece dispuesto a seguir conversando sobre su pasado:


T: ¿Quiénes vivían en la casa?


V: Violeta, yo, Sebastián y otra hermana que no me acuerdo el nombre… que vivía a veces con mi tía… Con mi hermano salíamos a vender aguacates… un día nos juntamos con un chico que vendía mangos [se sonríe].


T: ¿Qué edad tenían tus hermanos?


V: No sé, nunca nos dijeron… tampoco mi edad… no nos celebraban los cumpleaños pero no me importaba.


T: ¿No sabías cuántos años tenías?


V: No… cuando vine a España 6 ó 7… Yo creo que son 6… yo soy muy pequeño para tener ya casi 10 años.


Vito recuerda orgulloso de sí mismo su capacidad de sobrevivir en base a sus propios esfuerzos, allí él, aun en sus carencias, no era inferior ni impotente, como se siente aprendiendo lo que los otros niños ya saben


El vínculo terapéutico con Marta y Jaime se resiente en la medida que -sobre todo- Marta se evalúa a sí misma como realizando una buena labor como madre si Vito se desempeña bien en el colegio. Gran parte de mi trabajo con ella consiste en tratar de entenderla en el malestar que Vito le genera.


M: Yo he cambiado mucho, le dejo pasar muchas pero no puede ser que esconda el cuaderno de notas para decirnos que no tiene tareas.


T: Quizá para comprobar si él te importa aunque no aprenda tanto.


M: No me vengas con esas, claro si nadie le exige nada que va a ser de él (francamente fastidiada).


P: Yo me irrito menos, le digo tranquilamente hay que hacerlas y él las hace.


M: Es así, yo siempre soy la mala.


T: Marta, el asunto más importante que tienes entre manos es que tú no seas ¨la mala¨ para Vito, y también que Vito no sea “el malo” para ti.


Vito viene a las sesiones cada vez más serio y enfadado y llega a manifestar claramente cómo idealiza y se crea una realidad ilusoria del pasado como forma de evadir el rechazo que siente por parte de Marta.


V: Yo no quiero nada, no necesito que me ayuden, yo quiero volver con mis padres… Ellos siempre me tratan mal, siempre estoy castigado, más y más deberes…


Trato de decirle de muchas maneras que él valoraba todo lo que ahora sabía y había aprendido pero que no estaba seguro de que tuviera que aprender con tanto sufrimiento, que no entendía por qué Marta se enojaba tanto con él y que ni bien la veía venir para regañarlo se empacaba –como muchas veces también conmigo-, se cerraba y no le entraba nada. Y que cuando él se cerraba así, a Marta le salía fuego por los ojos y que entonces él, por rabia, se vengaba de ella y se ponía frío como el hielo.


Al tiempo había aprendido a dividir, y a darse cuenta qué desconectado estaba. No sabe el nombre de la calle donde vive y me cuenta que el otro día, pasando por un túnel, le preguntó a la hermana si era el túnel que toman para ir a la casa de la abuela y ella le contestó: “¡Pero, Vito, si hemos pasado 100 veces! No es éste”.


Por primera vez, elige unos muñecos con los que dramatiza como un diálogo -no una pelea- y un juego de mesa para jugar conmigo. Le digo: “Te estás amigando con España y con tu vida aquí con tus padres”.


Por primera vez lo invitan a un cumpleaños los chicos de su clase.


Vísperas de vacaciones


V: “Hace mucho que no me hago pis, sólo una noche”


T: ¿Pasó algo? ¿Peleaste con mamá? ¿Un sueño feo?


V: Soñé que estaba nadando en una piscina y había en el fondo un montón de personas muertas y yo tocaba a uno en un momento [hace un gesto de repugnancia y como si lo hubiera tocado en el brazo].


T: ¿Te dio miedo? ¿Alguna vez viste una persona muerta?


V: No… [De repente dice:] Sí, el tío Chicho, tío de mi madre, venía con dos bolsas y se cayó.


T: ¿Lo viste caer?


V: No, nos llamaron y fuimos a verlo… era algo del corazón y temblaba con las manos. [A continuación dice:] El lunes nos vamos a Benidorm con mi madre y Almudena


T: Sientes algo muy hondo, que te asusta, dejando de ver a papá por muchos días.


Se pone a dibujar, por primera vez, un rostro:




A la vuelta de vacaciones


No acude a la cita, y tengo que llamar para averiguar los motivos. Primero me dicen que están con un problema para traerlo por cuestiones de trabajo y luego, como siguen sin traerlo, Jaime me confiesa que Marta no quiere que Vito continúe el tratamiento, que Vito es un caso perdido y que él no sabe qué hacer. Insisto en hablar con él, le explico que el niño se halla en un punto decisivo del cambio reparador de su vida y Jaime se compromete a sostener el tratamiento, trayéndolo siempre él a las sesiones.


Vito viene y hace el siguiente dibujo y luego me dice "Tengo la mitad en El Salvador y la otra mitad en España".




Sus padres adoptivos: los primeros Reyes Magos de su vida


V: Por primera vez los Reyes… bueno, mis padres me trajeron la Game Boy y un día jugué 4 horas y eso que me quedó una, Inglés [los años anteriores le habían castigado no trayéndole lo que pedía].


¡Su primer cumpleaños!


V: En el cole mejor, con mamá mejor, el pis más o menos… El jueves celebro mi cumpleaños.


T: ¡Qué emoción, Vito!


V: Antes yo me imaginaba que era mi cumple, inflaba 3 ó 4 bolsas de plástico y las pinchaba con palillos de los dientes como si fueran velitas y me cantaba el cumpleaños feliz… Yo cuando llegué aquí no sabía qué era un cumpleaños, los chicos en el cole hablaban del cumpleaños y yo no sabía que era. Mi primo, mi hermana, sí tuvieron cumple; a mí me castigaron porque no atendía en clase y no fui ni al cumpleaños de ellos.


Cuando comienza a implantarse en Vito un cierto sentimiento de seguridad en su nueva familia puede comenzar la revisión y el duelo por su pasado


Feliz salida de fin de semana con el padre y la hermana, “fue muy divertido”. Al hilo de su alegría, recuerda un juego que hacían con su hermano en la casa de Irma (la señora que los acogía):


V: Ella tenía dos hijos y formaban un equipo y mi hermano y yo otro que también era muy divertido. Sus hijos dormían en camas y nosotros en un colchón en el suelo… bueno en mi casa también dormíamos sobre un colchón, una colchoneta… a mi hermana la devolvió a mi casa…


T: O sea, que nunca sabías donde ibas a parar… ahora puedes tener la seguridad que el paseo a remar se va a repetir con papá, que no te va a devolver.


V: [Asiente con la cabeza] Yo no conocí a mi padre… no sé quien era.


T: Me dijiste que…


V: Creo que era el de la moto pero había dos: el policía y el de la moto. Cuando estaba el policía, mi madre no lo dejaba entrar al de la moto.


T: ¿Mamá que decía?


V: Mi madre no hablaba, yo hablaba con la gente de la calle, lo que sabía era por la gente, ella venía tarde y con olor a cerveza, era alcohólica y una vez no vino por dos noches… nosotros estábamos con la puerta abierta y vino la policía y nos llevó


T: ¿A dónde?


V: [Con una gran verborragia y agitado me va enumerando las distintas personas con quien estuvo] Con otra, con otra, con otra, en la residencia El Bienestar. Vivimos varios meses con la Sra. Irma y luego nos devolvió a la residencia y de la residencia de nuevo a su casa y luego de nuevo a lo de la Sra. Irma, ella aceptó a una niña, luego esa niña se fue y adoptó una niña pequeña… las dos niñas y el bebé eran marrones, ¡¡así como mis manos!! Luego estuvimos con una señora que tenía una tienda de chuches, dormíamos en el sótano que tenía una tapa y cuando la dejaba abierta, subíamos y comíamos chuches. Nunca las había probado hasta que estuve en esa casa”


T: ¿Te gustaban? ¿Estaban gustosas?


V: Para mí era comida… yo antes comía comida del suelo.


T: ¿Por qué fueron con la señora de las chuches?


V: No sé, porque a Irma no le dio la gana quedarse con nosotros. Luego estuvimos con otra que era una anciana –poco tiempo- y un día con otra joven y después a la residencia. Como se ve, a nadie le gustaba quedarse conmigo.


Le explico la diferencia entre adopción y acogimiento, y que Marta y Jaime los fueron a buscar para adoptarlos para toda la vida, para formar una familia.


V: Sí, de la residencia nos llevaron a otro sitio donde estaban “los padres de aquí”. Allí había juguetes que nos regalaron –los habían llevado los padres de aquí. [Se ensombrece y se queda callado después de este largo relato].


T: Me pone muy contenta que puedas contarme todo lo que has vivido, tu sufrimiento y miedo a qué estaba pasando con tantos cambios de personas y que iba a ser de ti. Si me lo cuentas, quizá sea porque ahora te parece que ya no va a haber más devoluciones y que Marta y Jaime te quieren para siempre y que yo también estoy aquí siempre para cuando me necesites.


V: ¿Por qué hay tantos niños adoptados en España?


T: Hay muchas mamás y papás como Marta y Jaime que quieren darles una familia y cariño a niños que están en residencias


V: ¡Pero eso es un robo!


T: ¿Por qué piensas eso?


V: Porque yo vivía en El Salvador.


T: [Le explico la Adopción Internacional, que por eso en España hay niños de muchos países]. Ahora tú estás adoptado y tus padres nunca te van a devolver a El Salvador.


V: Más me gustaría [con gesto ambiguo].


T: ¿Te gustaría o como tú dices no me voy a ilusionar y yo aguanto todo?


V: Ya sé que por eso digo “más me gustaría”.


Brodzinsky (2005) plantea que la gran mayoría de los niños adoptados mejoran su adaptación cuando desarrollan habilidades cognitivas que le permiten comprender la verdadera naturaleza de lo que significa ser adoptivos.


Un punto de inflexión


V: Me dieron las notas y aprobé todas.


Se lo celebro y le digo que merece un premio


V: Bueno no es para tirar cohetes, hay un chico que también se llama Victoriano que saca todas buenas notas, ese sí que sería para tirar cohetes.


T: Mira, Vito, lo tuyo es una hazaña, porque ese chico sabe leer y escribir desde los 5 años y tú tuviste que aprender, teniendo 7, no sólo matemáticas, sino todo lo que es un mundo distinto.


V: Sí, nunca me enseñaron nada, ni mis hermanos me enseñaron nada… no sé cómo sabía hablar porque nunca me enseñaron nada.


T: Fíjate ahora, cuando te enseñan, cómo aprendes rápido. ¿Te acuerdas antes cuando no entendías mate?


V: Ahora si lo leo 3 ó 4 veces lo entiendo.


T: Y lo haces despacito; antes a la 1ª ya pensabas que no sabías y ni lo intentabas. Con el Lego era lo mismo y no te gustaba. [Va canturreando hacia el armario y saca el Lego (ahora juega sin violencia ninguna y se pone a armar].


En la actualidad ha pasado a 5º grado, está asustado, ante el reto cognitivo se le reactiva un tanto la indisciplina y las conductas de riesgo. Continuamos la construcción de la familia adoptiva


Conclusiones


La inseguridad en el vínculo de apego del niño adoptado está muy reforzado o es producto de varios factores parentales:


1.- La ambivalencia de los padres adoptivos hacia el niño.


2.- El niño queda sumergido en sus propios conflictos sin contención, ni consuelo.


3.- Atribuyen al niño la responsabilidad de sus propios sentimientos de fracaso. El capital genético ajeno otorga fuerza a esta convicción.


4.- Los niños interpretan la hostilidad como su fracaso, lo que los conduce a renunciar inconscientemente a participar en la construcción del vínculo.


5.- Esto agrega confirmación a cualquier duda acerca de su adecuación personal, a su falta de atractivo o al carácter peligroso de sus pensamientos e impulsos.


Clave del proceso terapéutico


1.- Dejar para un segundo momento la revisión o evocación del pasado previo a la adopción, cuando el niño haya adquirido un cierto sentimiento de seguridad en la nueva familia.


2.- Si la evocación del pasado o la añoranza idealizada del pasado es muy frecuente, investigar dos situaciones habituales del proceso de integración en la nueva familia:


 a) percepción de la ambivalencia o rechazo de los adultos.


 b) el conflicto interno ante un estado de mayor bienestar que les genera un sentimiento inconsciente de traición a sus padres biológicos o a la cultura de origen.


Bibliografía


Bond, J. 1995. Post Adoption Depression Syndrome. Roots and Wings. Internet


Bowlby, J (1951). Maternal care and mental health. OMS. Monograph Serial 2. Los cuidados maternales y la salud mental. Buenos Aires. Humanitas. 1964


Brodzinsky, D. (2005)


Haugaard y Hazan, 2003, Adoption as a natural experiment. Development and Psychopathology, 15, 909-926).


O'Connor TG, Rutter M: Attachment disorder behavior following early severe deprivation: extension and longitudinal follow-up. English and Romanian Adoptees Study Team. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 12000; 39: 703-12


Singer, L., Brodzinsky D., Ramsay, D., Steir, M., Waters, E. (1985) Mother-Infant Attachment in Adoptive Familias. Child Development, 56, 1543-1551 L.


 


La construcción de la identidad del menor en la familia homoparental


[Ponencia presentada en el I Congreso Estatal sobre Homosexualidades e Identidad de Género. Adopción Homoparental. Organizado por la Fundación Triángulo, Junta de Extremadura y Universidad de Extremadura. Cáceres, 13 y 14 de Octubre de 2005]


Introducción


En primer lugar desearía enmarcar el tema que se me ha propuesto: "La construcción de la identidad del menor en la familia homoparental" a partir de algunas aclaraciones previas. Ahora nos preocupa la identidad del niño en el seno de la homoparentalidad y llevamos siglos de historia de niños huérfanos, institucionalizados, de padre desconocido y nunca se investigó con anterioridad las características de una identidad a la que podríamos denominar institucional. Por otra parte, el paisaje de la configuración familiar en la actualidad es variadísimo: concubinato, familias monoparentales, familias reconstituidas, familias adoptivas, familias que han utilizado la reproducción asistida, familias de acogimiento a lo que se agrega, muy recientemente, el derecho de los homosexuales a formar una familia.


En la actualidad el matrimonio homosexual y la adopción legal se practica en Holanda, Bélgica, en algunos estados de USA (Massachusetts y hasta noviembre de 2008 en California) y algunos estados de Canadá. En España es de reciente legalización el matrimonio y la adopción y en el País Vasco, Navarra y Aragón las parejas homosexuales de hecho pueden adoptar; en Asturias, Andalucía y Extremadura, están aceptadas las acogidas temporarias


En el año 2009, el matrimonio entre personas del mismo sexo será totalmente legal en siete países (Bélgica, Canadá, Noruega, España, Suecia, los Países Bajos, y Sudáfrica), además de en los estados de Massachusetts y Connecticut en Estados Unidos. Hasta ahora, las uniones de parejas homosexuales sólo estaban reguladas en Colombia, ciudad de México, el estado brasileño de Rio Grande do Sul y en tres zonas de Argentina: Buenos Aires, Villa Carlos Paz y provincia de Río Negro.


Aparte del matrimonio, existen otras figuras que contemplan la convivencia de personas del mismo sexo: las uniones civiles otorgan a las partes muchos de los derechos y obligaciones que supone el matrimonio entre personas heterosexuales, aunque no las equiparan totalmente. Existen en 14 países europeos: Alemania, Andorra, Dinamarca, Eslovenia, Finlandia, Francia, Hungría, Islandia, Luxemburgo, Portugal, Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza.


Las parejas formadas por personas del mismo sexo también tienen acceso a algunos derechos que las legislaciones reconocen al matrimonio en Australia, Austria, Colombia, Ecuador, algunas ciudades y estados de Brasil, Israel, Nueva Zelanda, así como en varios estados en los Estados Unidos (como Connecticut, California, Nueva Hampshire, Nueva Jersey, y Vermont.) y en Argentina en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Provincia de Río Negro y Villa Carlos Paz. El 9 de noviembre de 2006 fue aprobada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal la Ley de Sociedades de Convivencia, que permite el reconocimiento legal de las uniones civiles entre homosexuales en la Ciudad de México; así como el Congreso del estado de Coahuila, México reconoció la unión de personas del mismo sexo llamándolo Pacto Civil de Solidaridad. El 7 de febrero del 2007 en Colombia, fueron aprobados y reconocidos los derechos patrimoniales en la decisión del fallo de la Corte Constitucional que equipara algunos derechos a las parejas heterosexuales y a quienes ya se les permite inscribirse en una relación conocida como unión libre para que puedan convivir dos años. En 2007 Uruguay pasó a ser el próximo país latinoamericano, en reconocer las uniones civiles en parejas del mismo sexo en todo el territorio nacional, después de Colombia.


En España, además de la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo, existen leyes de parejas de hecho en Andalucía, Navarra, el País Vasco, Aragón, Cataluña y la Comunidad Valenciana.


A su vez, en la adopción homoparental tenemos que distinguir el caso de los niños ya nacidos, hijos o adoptados por un miembro de la pareja que querrán ser adoptados por la otra/otro, de los casos en que la pareja ya formada decide adoptar. Es en este punto de la realidad que la sociedad se enciende y surge el debate y la controversia a todos los niveles.


No hay duda que este es un tema ideológico, no tenemos que perder esto de vista y estamos abocados a dar respuestas científicas y profesionales. Voy a compartir con todos Vds. algunas reflexiones tratando de no caer en el error de lanzar ideas apresuradas, sino intentando retomar una serie de interrogantes sobre la construcción de la identidad y la cuestión de los orígenes.


La adquisición de la identidad social y personal


En primer lugar, sabemos que la socialización se basa en el mecanismo de la identificación, proceso psicológico por el cual los niños buscan activamente: mirar, sentir, actuar y ser como los adultos significativos de su entorno. La identificación es un proceso que a su vez descansa en una serie de mecanismos subyacentes: imitación, diferenciación, filiación, aprendizaje y la formación de esquemas cognitivos.


Nuestros interrogantes se centran en la limitación de modelos que puede tener un niño criado en familias homoparentales para la adquisición de su identidad. No obstante, la monoparentalidad - no asumida como tal como es en la actualidad que una mujer sin pareja decide voluntariamente recurrir a la donación de óvulos y a la fertilización asistida o a la adopción- sabemos que ha sido un hecho a lo largo de la historia de la humanidad. La categoría de "padre ausente", o desconocido es una constante en muchas historias clínicas y, a pesar del déficit indudable que ello implica pareció no suscitar la inquietud que la homoparentalidad provoca en la actualidad.


¿Un niño que se cría sin padre se halla seriamente afectado en su desarrollo porque los atributos parentales que emanarían de su masculinidad le faltan? ¿Se halla irremediablemente condenado a la enfermedad mental o a la homosexualidad? ¿Las funciones parentales pueden independizarse del sexo-género de las personas que la ejercen o esto es inherente a este aspecto específico de la identidad humana? ¿En qué reside la diferencia fundamental entre los sexos en el siglo XXI?


Parecieran quedar limitadas a la capacidad de dar vida y quizá no por mucho tiempo ya que estamos en los comienzos de la procreación sin coito y no sé si en algún momento no muy lejano hasta las mujeres se aventuren a decidir no seguir dando a luz a sus hijos, llevándolos en su cuerpo. Puede ser que con el avance científico que ya se avecina, la sociedad planteara que las mujeres no tienen porqué ser diferentes a los hombres y quedar durante meses o años apartadas del proceso productivo, dejar de lado sus carreras y sufrir una transformación en su cuerpo: senos, vientre, columna vertebral... y que posiblemente nosotras las mujeres de este siglo y de los siglos anteriores seamos vistas como una suerte de mujeres salvajes pariendo niños envueltos en sangre y tegumentos.


Esta digresión, especie de aventura de la imaginación, es para enfatizar la necesidad de que nuestro pensamiento no se aferre a certezas y pueda caminar, marchar en un equilibrio entre audacia y responsabilidad.


La realidad actual es que, al darse modalidades de procreación que no exigen la relación sexual, cualquier combinación es posible: implantación, donación, alquiler de vientres, todas formas que conservan algo de lo originario pero que dan cuenta que algo de lo que los psicoanalistas llamamos “escena primaria” ha quedado alterado. Las fecundaciones in vitro ya pueden plantear este tema como queda ilustrado cuando un padre dice que en realidad compartía la paternidad con el médico, y lo que quería decir y le pesaba es que él no había puesto la semillita en la mamá.


Retomando nuestro tema, en torno a la filiación. ¿Es importante para el hijo, para su sentimiento de filiación, saber que fue engendrado en un acto sexual de los padres? Reflexionando sobre una de las creencias más arraigadas y compartidas por millones de personas, encontramos que la cristiandad ha descrito a partir del hijo de María, quizá, el primer caso de fertilización asistida de la historia y nadie parece ocurrírsele el planteamiento de un problema de filiación al respecto. Para toda la cristiandad está muy claro de quién es hijo Jesús: no fue José sino el Espíritu Santo que posibilitó la concepción. De modo que, claramente, la importancia de la filiación recae en una cuestión simbólica y no genética.


La cuestión de la filiación es central para cualquier ser humano y sabemos la magnitud que cobra la pregunta sobre los orígenes en los niños adoptados. Pero el interrogante sobre los orígenes no es tanto ¿"de quién soy hija"? sino ¿por qué soy hija de quien soy hija? Una pregunta sobre el deseo del otro. En general, se piensa que el problema de los niños adoptados es decirle que son adoptados. El problema para los niños, no digo que se limite a esto la problemática de los padres (con todo lo que conlleva para ellos la elaboración de su limitación) sino para el niño/a adoptado, ¿"por qué mis padres biológicos no se quedaron conmigo, por qué mi madre biológica no pudo quedarse conmigo"? No es una pregunta sobre la adopción sino sobre el deseo de los progenitores. De ahí la importancia de la fantasía sobre el coito de los padres como un hito importante en la organización de la identidad de los niños, ya que si tuvieron deseo de engendrarlos, ese deseo parece sostener la necesidad de buscarlos, de conocerlos, de parecerse a ellos y sabemos cuantos niños adoptados llegados a la adolescencia o adultez emprenden este camino.


¿Entonces faltaría algo muy central en la homoparentalidad? Las parejas lesbianas lo tienen más facilitado porque pueden tener hijos como la virgen María por mediación, no divina, sino de un médico. ¿Esto favorecería su sentimiento de haber sido deseado o, no es central ya que como sosteníamos se trata de una razón simbólica, de haber sido deseado, más que biológica? ¿Pueden trasladar los niños adoptados la idea del deseo de engendramiento (que por otra parte muchas veces no ha existido), al deseo de adopción, de crianza, de parentalidad de sus padres, de darles un destino? ¿Son capaces de entender la determinación que los ha llevado a conseguir lo que desean forzando un destino que la naturaleza les niega a los homosexuales? Pareciera que no hay cabida en los hijos de parejas homoparentales para el “penalti”, los niños siempre son deseados y fuertemente deseados y tanto como para generar fuerzas para enfrentar el peso de las tradiciones y de las concepciones sobre lo antinatural y, supuestamente, perverso de la empresa.


La cuestión del deseo de hijo es uno de los requisitos básicos para garantizar una buena futura parentalización, forma parte de los protocolos de historia clínica cuando preguntamos ¿hijo deseado? Sabemos las tragedias que se inician ante un hijo no deseado. Esto nos conduce a otro tema central que es el de la transparencia o el secreto sobre los orígenes. ¿Hacen bien los padres que confiesan a sus hijos que nacieron de un embarazo no deseado? ¿Se dimensionan los efectos de este hecho? ¿Cuál es el mensaje que esta información trasmite? La información que se da a los niños es una información que va cargada de mensaje, no se le dice algo a un niño si no está implicado que se le quiere decir algo más que eso, no fue deseado pero luego se lo quiere y trata como si hubiera sido deseado ¿para qué decirlo?, no fue deseado y por eso tiene los problemas que tiene, ergo no es mi culpa...


Las necesidades del niño y las capacidades de parentalización


Un argumento que circula y que genera muchas dudas es el que sostiene que hay que diferenciar el derecho de las parejas homosexuales a adoptar del derecho de los niños a tener un padre y una madre.


Así como el concepto de género arrinconó las concepciones esencialistas sobre la identidad y hoy debemos, con rigor, diferenciar la identidad de género, el rol de género de la orientación del deseo sexual, y contamos con una amplia gama de posibilidades de combinación, también podemos claramente constatar que salvo en la procreación, las diferencias entre mujer y hombre para la parentalización son aspectos pasibles de aprendizaje. Y las parejas de hombres están dando muestras de desarrollar vínculos de apego, de protección temprana, relaciones de cuidado que los profesionales infanto-juveniles hace años que venimos insistiendo en la urgente e imperiosa necesidad de que la categoría de "padre simbólico" -al que pareciera que le basta dar el apellido para tener un rol- se transforme en el padre que comparte los cuidados tempranos, que desarrolla la ternura y el cuidado del cuerpo, que se encarga de la regulación de los afectos y que está interesado en las cuestiones domésticas y familiares. Pensamos que ese padre tiene menos riesgos de ser un abusador sexual ya que ha criado y no considera al hijo/a sólo un cuerpo a su servicio.


Podríamos resumir el derecho de los niños en contar con padres que los hayan deseado y que estén capacitados para cumplir con las funciones propias de la parentalización, funciones múltiples y diferenciadas que suelen definirse por la fórmula apego seguro o un buen vínculo. Los estudios actuales han refinado las distintas dimensiones que configuran un apego seguro que permiten no sólo constatar que al año de edad el niño lo posee, sino que es necesario ante las distintas etapas del desarrollo estar preparados para la respuesta que vaya ampliando y consolidando ese vínculo tan crucial para todas la familias pero especialmente en los hogares de padres e hijos adoptivos.


El apego se establece a partir de la relación de cuidados, el infante establece una preferencia selectiva de aquél de quien recibe la protección y los cuidados. Esta relación se desarrolla porque venimos equipados como especie para "apegarnos" a quien nos alimenta y nos cuida. Pero esta dependencia elemental -propia de la especie de la que formamos parte- se complejiza exponencialmente en nosotros los humanos. Efectivamente el vínculo de apego se va a establecer así sea el medio proveedor negligente, maltratador, abusador para referirme a los casos extremos que muestran que efectivamente en los períodos de gran dependencia la cría no tiene más remedio que apegarse al adulto mejor capacitado para la adaptación vital.


El cuidado vital, efectivamente, es el fundamental para la conservación de la vida y los padres de niños adoptados se sienten felices y orgullosos de poder convertirse en un medio proveedor de todo lo que -por lo general- le ha faltado al pobre niño/a. Y en las pruebas de idoneidad los expertos valoran si los adultos garantizan un adecuado cuidado vital.


Ahora bien, ¿cómo se llevan a cabo tales cuidados? ¿Qué se despierta en la sensibilidad materna y paterna durante los mismos? ¿Son capaces, además, de reconocer los estados de ansiedad de los niños/as, que por lo general, se manifiestan en términos de desobediencia, oposicionismo, travesuras, gamberradas o desorganización? En la actualidad, a la mayoría de los niños cuando atraviesan una etapa de ansiedad y depresión en la infancia se los diagnostica bajo el rótulo de trastorno de déficit de atención e hiperactividad.


La capacidad de regulación de la ansiedad -un fenómeno corporal pero de fuerte incidencia psíquica- es crucial para la crianza y es una tarea del adulto que tiene que saber contener, modular, tranquilizar al infante. ¿Conoce el adulto sus formas de ansiedad y descontrol emocional para poder reconocerlas en sus hijos/as? Tarea crucial a la que nos enfrentan los hijos.


Si somos capaces de cuidar la vida y calmar la ansiedad propia de sus vicisitudes esto facilita que la corriente emocional de afecto, ternura, comprensión y compasión nos desborde sin retaceos, lo que llamamos la dimensión amorosa de la crianza, el placer infinito de "estar", solo por estar y acompañar, a lo que se suma la proximidad corporal que despierta en nosotros una dimensión de placer sensual que los niños agradecen, ya que la cercanía corporal y la tibieza material se extiende a un sentimiento hondo de sentirse querido.


Si además somos capaces de valorar a nuestros hijos, de tener siempre una palabra y un gesto positivo, no sólo para sus logros sino sobre todo para sus esfuerzos, y ser comprensivos y guiarlos en sus errores, y la niña se siente reconocida en sus gustos propios -que pueden ser diferentes a los nuestros- sentiremos su alegría de sentirse apoyada en sus elecciones.


Esta somera descripción se desprende del conocimiento sobre la multiplicidad de motivaciones humanas que organizan nuestra subjetividad y conducta: regulación psicobiológica, apego, valoración del sí mismo (narcisismo), sensualidad/sexualidad, autoconservación y que establecen un polifacetismo de imágenes de uno/a misma que constituyen la complejidad de cualquier persona


* Contención y entonamiento, capacidades para la regulación psicobiológica o sea fundamentalmente de la ansiedad


* Salud y crecimiento, capacidades para el cuidado y la heteroconservación


* Seguridad, confianza y placer en el contacto, capacidades para el apego y el vínculo afectivo


* Satisfacción con el propio cuerpo, capacidades para el placer sensual y sexual*; estima y valoración, capacidades para la especularización narcisista


* Vitalidad del deseo, capacidades para el placer de vivir


El dilema de la crianza se podría resumir fácilmente ¿cómo los adultos podemos ser proveedores y protectores y simultáneamente estimular y desarrollar la autonomía en los hijos/as? ¿Cómo se pasa de la dependencia primordial y la protección 100% a la independencia responsable? Se trata de un equilibrio inestable que cada adulto tiene que valorar casi en forma constante


El proceso de construcción del sistema sexo-género


Todas las teorías para la explicación del desarrollo de la feminidad o masculinidad apelan al concepto psicoanalítico de la identificación del niño con el padre o con la madre. Recientemente este concepto se ha enriquecido en el campo del psicoanálisis con las investigaciones en la relación temprana que estudia las relaciones recursivas entre la neurobiología, el nivel intrapsíquico y los procesos relacionales, que ha puesto de relieve la importancia del proceso en la dirección del adulto al niño (Stern, 1985; Schore, 1994; Beebe et al., 1997; Siegel, 1999). Lo central es, por una parte, que el adulto reconozca y responda a la masculinidad o feminidad del niño/a, y por otro, la incorporación por parte del niño de una relación más que de una figura, de modo que cuando un niño se identifica con su madre internaliza como núcleo de su identidad la relación que la madre tiene con él como persona de otro sexo (Diamond, 2001, 2004; Dio Bleichmar, 2005; Pollack, 1995, 1998). Es así como en la actualidad se afirma que una identidad masculina es mayormente construida a partir de la identificación con las actitudes conscientes e inconscientes del adulto hacia su masculinidad. Niños que carecen del reconocimiento intersubjetivo de su masculinidad pueden desarrollar formas defensivas de hipermasculinidad o misoginia. Otras investigaciones ponen el acento en la incorporación de actitudes de desvalorizacion y descalificación de lo femenino en parejas heterosexuales tanto por niñas como varones.


Estas investigaciones arrojan datos que nos permiten acercarnos al interrogante: ¿Qué procesos tienen lugar en los hijos varones de parejas heterosexuales que no conocieron a su padre? ¿Cómo hacen los varones de parejas lesbianas para desarrollar su masculinidad? Veamos un ejemplo


Pareja lesbiana, ambas tienen un hijo por donación de esperma e inseminación artificial, y los niños llaman a la madre biológica mamá y a la otra mami. Consultan por Carlos, 11 años quien sufre de tartamudez, aunque él no se avergüenza por ello y levanta la mano en clase para intervenir sin problemas. Es un niño cuyos ídolos son personajes como James Bond, quisiera ser director de cine, sus juguetes preferidos son aviones, misiles y equipo de espías, le gustan las máquinas, tiene amigos, corre, salta y toca el piano. Ante la pregunta ¿dónde está mi papá? ambas mujeres le han explicado que deseaban tener una familia e hijos. El niño expresa en la terapia su deseo de tener un padre y la envidia que le despiertan sus primos que lo tienen.


C: Era el año 3026 y aún no me había muerto y como la economía mundial estaba avanzada había unas elecciones mundiales, entonces el compositor Bach se presentó a elecciones y salió elegido. Entonces, los días de la semana en lugar de ser Lunes, Martes, Miércoles eran Do, Re, Mi, Fa...


T: Tú sientes que vives en un mundo distinto a los demás, pero aunque es así, ya que tu familia es distinta, parece que igual te gusta tanto como te gusta la música.


(... hace un gesto entre aprobación y duda) a lo que se le agrega " quizá en un mundo musical con un gran papá como Bach”


C: Pero si tuviera un padre, entonces con cuál madre me quedaría? La otra se quedaría muy sola. ¡Entonces prefiero no tener un papá!


T: ¿Prefieres renunciar a lo que deseas?


C: Por una parte sí, por otra no. "Si yo tuviera un papá, María no estaría, no quiero pensarlo porque yo la quiero mucho y ella se sentiría muy mal.


T: O sea que ellas quisieron tenerte, y tú la quieres a María, pero aun así también puedes desear haber tenido un papá...


Tienen un conejo, cuando iban a aparearlo se murió. Carlos sueña: "Al ir al colegio me encontraba con el conejito, yo me ponía contento porque iba a poder tener hijitos"


T: ¿A tí te gustaría de mayor poder tener hijitos?


C: ¡Sí, claro! ¡¡Voy a ser un papá!! Cuando jugamos siempre soy el papá de Javier... aunque a veces lo quiero estrangular (se ríe).


A veces, Carlos se enfada con su mamá y su mami y las regaña diciéndoles que no saben educar a Javier.


Quise traer este ejemplo porque a través de él tenemos acceso a material inconsciente, a los deseos y fantasías más íntimas. Podemos constatar los sentimientos de este niño hacia sus madres, el principio de realidad que se impone y sus anhelos de formar una familia y saber funcionar como un padre.


Quizá si la gente que abriga temores acerca de las consecuencias indeseables frente a la apertura del modelo de familia o ante la adopción homoparental conociera a Carlos, tendría la impresión contraria: la familia parece reforzarse, enriquecerse en la diversidad como lo muestra Carlos que sostiene, desea y se proyecta en el futuro constituyendo una familia.


Bibliografía


Beebe B, Lachman F, Jaffe J (1997). Mother-infant interaction structures and presymbolic self and object representations. Psychoanal Dialogues 7:133-82.


Diamond MJ (2001). Disidentification-Rest in peace! A Discussion of “Mother love and male development”. Paper presented at the Spring Meeting of the Division of Psychoanalysis (39) of the American Psychological Association, Santa Fe, NM, April 2001.


Diamond MJ (2004). Accessing the multitude within: A psychoanalytic perspective on the transformation of masculinity at mid-life. Int J Psychoanal 85:45-64.


Dio Bleichmar, E. (2005) Manual de Psicoterapia de las Relaciones de Padres e Hijos. Barcelona. Paidós


Dio Bleichmar, E. (2006) The place of motherhood in primary femininity. In: Motherhood in the Twenty-first century. London: Karnac Books


Dio Bleichmar, E. (2007) Polemics in Contemporary Psychoanalysis- New Parental Configurations- Homoparentality. Clinical and Theoretical Discussion (based on clinical cases). 45º International Congress of Psychoanalysis, Berlin.


Pollack WS (1995). Deconstructing dis-identification: Rethinking psychoanalytic concepts of male development. Psychoanal Psychother 12:30-45.


Pollack WS (1998). Real boys: Rescuing our sons from the myths of boyhood. New York: Random House.          


Schore, A. N. (1994). Affect regulation and the origin of the self: The neurobiology of emotional development. Hillsdale NJ: Lawrence Erlbaum.


Siegel, D.J. (1999) The Developing Mind: Toward a Neurobiology of Interpersonal Experience. London: The Guilford Press


Stern, D. (1985) The interpersonal world of the infant. New York: Basic Books


 

 

Sponsored Links : Sears Catalogue | Black Friday Flyers, Deals and Sales | Boxing Day Flyers and Deals | Discounter Angebote und aktuelle Prospekte