El pensamiento dialéctico de José Bleger

Publicado en la revista nº043

Autor: Liberman, Ariel

La sección sobre trabajos claves (Key Papers) del International Journal of Psychoanalysis que viene de ser publicada (agosto 2012, vol. 93, Issue 4, p. 819-1100) gira en torno a un trabajo de José Bleger, de (1969) 1970, que es comentado por dos reconocidos psicoanalistas contemporáneos: Haydée Faimberg y Jay Greenberg. Esta sección de la revista tiene por objeto volver a traer a la escena de reflexión del psicoanálisis contemporáneo algunos trabajos y/o autores que de alguna manera podemos llegar a considerar clásicos de la historia del psicoanálisis. José Bleger, psicoanalista argentino, nació en 1922 y murió muy joven en 1972. A pesar de esta desaparición prematura gestó una obra, un pensamiento, dentro del contexto fértil del psicoanálisis rioplatense de los años 50, 60 y 70, que lo ha hecho acreedor de un merecido reconocimiento.

La sección comienza con el trabajo de Haydée Faimberg, “El pensamiento dialéctico de José Bleger”, a continuación se presenta el trabajo de Bleger que se intitula “Teoría y práctica en psicoanálisis. La praxis psicoanalítica”, y termina con el comentario que Jay Greenberg realiza sobre este artículo. Nosotros optaremos por otro orden de exposición porque pensamos que será más claro para el lector: comenzaremos exponiendo el texto de Bleger, luego el de Faimberg y a continuación el comentario de Greenberg.

Al exponer el texto de Bleger trataremos de definir, con los términos del propio Bleger, o con los nuestros, ciertas expresiones-conceptos que Bleger toma de otras disciplinas y que muy probablemente al lector contemporáneo de psicoanálisis no le resulten familiares.

Bleger: “Teoría y práctica en psicoanálisis. La praxis psicoanalítica”

El propósito del texto es ocuparse de algunos problemas relativos a la teoría y a la práctica del psicoanálisis, a su interrelación y a sus contradicciones.

Bleger parte de los desarrollos epistemológicos que impiden, ya en el momento en que escribe, el esquema ingenuo de suponer que los hechos “están ahí”, que de su observación y estudio deducimos las hipótesis-teorías. Este problema epistemológico no sólo atañe al psicoanálisis sino al conjunto de las disciplinas. Para Bleger el psicoanálisis viene a profundizar la crisis de este esquema en las ciencias.

Llevado a lo específicamente psicoanalítico esto supone, según Bleger, que la teoría desarrollada y explicitada -la teoría oficial, la que se formula públicamente como la que guiaría la práctica del psicoanálisis- no siempre coincide con la teoría implícita en el ejercicio clínico mismo, es decir, en la práctica clínica. En el psicoanálisis se da esta brecha entre teoría explicitada y teoría implícita. Esta brecha puede, según Bleger, estar en el origen de nuevos desarrollos teóricos y prácticos. En un libro publicado en 1958, Bleger formuló un diagnóstico de esta situación que lo basaba en una triple divergencia:

1.    La teoría explícita es fundamentalmente histórico-genética –la reconstrucción de la biografía del paciente- mientras que la teoría implícita, lo que se hace en la práctica es fundamentalmente situacional ya que el trabajo psicoanalítico se centra en lo que ocurre en la transferencia-contratransferencia.

2.    La teoría explícita es fundamentalmente dinámica –es decir, “que hace derivar los procesos psíquicos de un interjuego de fuerzas” (1958, p. 111)- mientras que la teoría que está implícita en la práctica es fundamentalmente dramática. Luego nos centraremos en este último concepto que es nodular en el pensamiento de Bleger. En esta enumeración nos gustaría aclarar que el término dinámica tiene dos usos habituales en psicoanálisis que, según Bleger, es necesario diferenciar ya que se suelen confundir y no refieren el mismo tipo de problema. Por un lado, Freud habla de dinámica para referirse al esfuerzo teórico de hacer derivar los procesos psíquicos del juego de fuerzas que este supone está en su origen –esta es la concepción que Bleger fundamentalmente discutirá. Por otro lado, se suele usar el término “dinámico/a” para señalar, nos dice, “el estudio de la conducta en su desarrollo, en su evolución” (1958, p. 111-112).

3.    La “teoría explícita” se organiza en torno a la lógica formal mientras que la “teoría implícita” en la práctica, aquella que se expresa en su mismo ejercicio, responde a la lógica dialéctica.

Vayamos al primer punto. De las series complementarias freudianas, sostiene Bleger, se ha puesto mucho énfasis en la segunda serie, es decir, en la predisposición por fijación libidinal (articulación de factores constitucionales y vivencias infantiles). La finalidad terapéutica, al rastrear los sucesos infantiles, busca modificar la disposición superando las fijaciones y la compulsión a la repetición a través de una rectificación de la experiencia. El símil freudiano es la investigación arqueológica. Paralelamente, afirma Bleger, la introducción del concepto de transferencia y el trabajo sistemático de la misma ha llevado a que se jerarquice en el trabajo la relación interpersonal en la situación presente, lo que no implica para él desechar el trabajo arqueológico sino que queda superado-incluido. Esto último ha llevado a subrayar las relaciones de objeto “por encima o por lo menos a la par” que las tendencias instintivas. Bleger piensa que las relaciones de objetos están tratando de cubrir esa brecha, ese vacío, entre la teoría explícita y la teoría implícita. En Freud si bien no están totalmente ausentes las relaciones de objeto se enfatizó más los aspectos instintivos históricos-genéticos. Recordemos que para Bleger la introducción del concepto de transferencia supuso un “cambio radical” ya que el ser humano deja de ser estudiado como un “sistema cerrado” y pasa a serlo como una relación interpersonal en la que el diálogo y la comunicación humana son puestos en primer plano. La transferencia, nos decía ya en 1958, no puede ser más vista como un fenómeno “unipersonal” (Rikman) “sino como un campo activo, original y particular, como lo que es cada uno de los vínculos que se establecen entre dos o más personas en cualquier situación [… y esto lleva a que] la contratransferencia deja de ser un elemento perturbador (dentro de ciertos límites) para pasar a constituir un elemento activo, operante, integrante de una actitud y participando indefectible e inevitablemente de la síntesis que es la interpretación” (1958, p. 114).

El punto dos del diagnóstico era la oposición entre dinámica y dramática. La “dramática” es definida en este texto como “una comprensión del ser humano y de su comportamiento en términos de sucesos que se refieren a la vida misma de los seres humanos considerada como tal”, mientras que la dinámica trata de reducir la dramática a los juegos de fuerzas instintivas que determinan los sucesos humanos. Para Bleger no se ha percibido o considerado suficientemente que la técnica y la práctica psicoanalítica no recurren a la dinámica sino que trabajan y operan totalmente en la dramática.

El concepto de dramática proviene de la obra de Georges Politzer, un pensador húngaro-francés que en 1928 escribió un libro titulado “Crítica de los fundamentos de la psicología” en dónde aboga por lo que el denomina una Psicología Concreta, es decir, una psicología desprovista del lastre del mecanicismo y del espiritualismo que este autor considera han dominado en el campo de la psicología en general y también en la obra de Freud. Esto no impide que sostenga “el carácter revolucionario del psicoanálisis” ya que aporta, gracias a un trabajo crítico de lectura, “nuevos fundamentos” para la “construcción de la psicología”. Para Bleger Politzer realiza un estudio epistemológico del psicoanálisis que lleva a lo que denomina, inspirándose probablemente en Spinoza, una “reforma del entendimiento” o, como dice Bleger, de lo que hoy en día llamamos “modelos conceptuales” (1958, p. 196). Bleger la define como la “crítica más lúcida y talentosa de la psicología y del psicoanálisis” (p. 197). Politzer entiende, lo citamos, que “El drama es original […] Pues el drama implica al hombre tomado en su totalidad y considerado como el centro de un cierto conjunto de acontecimientos que, precisamente porque están en relación con una primera persona [protagonista], tienen un sentido” (1928, p.250). Y continúa: “la originalidad misma del hecho psicológico está dado por la existencia misma de un plan propiamente humano y de la vida dramática del individuo que se desarrolla” (p. 250). Pero es necesario aclarar que para Politzer el drama, su originalidad, reside en que no es ni “interno” ni “externo”. Requiere un lugar y un espacio para desarrollarse, pero no es el espacio de la vida fisiológica o biológica, sino que es “… el lugar de mi vida dramática, y, además, las acciones, los crímenes y la locura tienen lugar en un espacio…” (p. 251). “El psicoanálisis, sostiene Bleger, estudia la vida humana en su sentido humano. A esto es a lo que Politzer llama Dramática: término que aceptamos totalmente por su exactitud y capacidad descriptiva” (1958, p. 219). Bleger se ha referido anteriormente a Dramática como lo “que es, en última instancia, la descripción, comprensión y explicación de la conducta en función de la vida del paciente, en función de toda su conducta” (1958, p. 90). “Drama y significado, sostiene Bleger, tienen la ventaja y la particularidad de que orientan y centran la investigación en los seres humanos concretos; y por concreto no sólo se entiende el ser humano tal como él es en sí mismo en su vida corriente sino también en las condiciones en las cuales su vida se desarrolla” (1958, p. 220).

El tercer punto del diagnóstico era la oposición entre lógica formal y lógica dialéctica. Para Bleger la dramática del campo analítico se desarrolla y es comprendida a partir del pensamiento dialéctico. Un pensamiento dialéctico no postula la lucha de opuestos formales traducidos en entidades [cosificados, es decir, convertirlos en cosas existentes]. Es decir, para Bleger ciertas teorías dinámicas, que postulan una serie de fuerzas que operan en el psiquismo y cuya expresión son los procesos psíquicos, es el resultado del “abandono de cierta dramática, una trasposición, un reemplazo del hecho o del acontecer humano por fuerzas manejadas como entidades o cosas, en lugar de los hechos humanos” (1958, p. 112). Esto supone adjudicar al fenómeno, a lo que se manifiesta en la experiencia, un “doble ontológico” (Sartre en Bleger, 1958, p. 112), es decir, darle un estatuto de una cosa, de una entidad del mundo natural. Como afirma Bleger en el trabajo que comentamos “muy posiblemente un desarrollo teórico formulado dialécticamente haga inútil la contraposición de, por ejemplo, fenómenos conscientes por un lado e inconscientes por otro, de proceso primario y secundario, del enfoque topográfico, del enfoque dinámico, y económico, etc.”.

Concluye Bleger que las tres contradicciones que ha diagnosticado entre teoría y práctica podrían reducirse y comprenderse de forma unificada como “un reflejo de la teoría de la alienación que lleva siempre implícita una de-dialectización de la dramática, del ser humano como totalidad”. Aclaremos un poco esta síntesis extrema que Bleger formula en este texto programático. Bleger entiende por alienación el fenómeno de que “el sujeto se extraña o desapropia, se vacía de cualidades humanas que dispersa y atribuye (proyección) a objetos (objetos en general: animados e inanimados); el objeto se hace otro para el sujeto, deviene investido de cualidades y poderes particulares” (1958, p. 152). ¿Por qué la alienación supone la des-dialectización de la dramática? Porque fragmenta lo que debería estar articulado, dispersa lo que debería estar integrado, y por que “las relaciones humanas se subvierten de tal manera que devienen relaciones de cosas en las que ‘cristalizan’ dichas relaciones y a las que quedan subordinados los seres humanos como a potencias extrañas; las relaciones humanas se cosifican, pierden la calidad de comunicación directa y plena. En la medida en que el hombre se ‘cosifica’ (se transforma de ser humano en cosa porque se exteriorizan sus cualidades humanas, se vacía, se empobrece, se transforma en un ‘otro’) en esa medida los objetos se animizan, adquieren propiedades humanas y quedan dotados de un poder que escaba al control de los hombres…” (1958, p. 148). La teoría se construyó, según Bleger, reflejando la estructura misma de la alienación y la de-dialectización propia del proceso neurótico: una desarticulación del acontecer de la dramática humana en elementos disociados y, como consecuencia, la paralización del proceso dialéctico, lo que psicoanalíticamente de llama disociaciones según Bleger.

A continuación Bleger aborda el punto epistemológico de su diagnóstico general. Opone el enfoque naturalista al fenomenológico. Según el primero, los hechos-fenómenos que estudia el científico, transformados en cosas, son ajenos al sujeto que los estudia. Por el contrario el enfoque fenomenológico estudia los fenómenos tal como son percibidos y experimentados tanto por el sujeto que los estudia como por el sujeto estudiado. Según Bleger en Freud han convivido ambos enfoques en contradicción. El punto de vista dinámico supone un enfoque naturalista ya que explica al ser humano con entidades totalmente ajenas a quien lo estudia y a quién es estudiado. Para Bleger el conocimiento de los fenómenos transferenciales y contratransferenciales así como la configuración de campo que supone la situación analítica debería haber rectificado la teoría misma. Esta es una de las ideas centrales de la reformulación blegeriana. Opone por ello una comprensión unipersonal-dinámica de la situación analítica a una comprensión bipersonal o relacional (sic) que toma como campo los fenómenos tranferenciales y contratransferenciales. O sea que, por un lado, ve una teoría impulsivista, unipersonal y anobjetal y, por el otro, una teoría que enfatiza las relaciones de objeto y que es bipersonal.

Afirma Bleger: “El proceso de alienación y de-dialectización que concibo como subyacentes y común denominador de las contradicciones que estoy señalando entre teoría y práctica….”, lo encuentra presente en el carácter elementalista y no gestáltico de la teoría psicoanalítica –lo equipara esto con el proceso de la neurosis misma. El proceso de alienación es para él un proceso de des-totalización (separar en elementos, elementalismo). La idea de des-totalización es otra de las formas de hablar de la des-dialectización. La idea de totalidad o configuración dinámica (usando dinámica en el sentido de movimiento) supone que la modificación de uno de los elementos altera la estructura total del campo de que se trate ya que todos sus elementos son interdependientes. Toma como ejemplo de esto la sesión analítica, a la que le dedica un trabajo (1958, p. 107). Allí sostiene, para ilustrar esta idea de totalidad en el campo clínico, que paciente y analistas “forman una Gestalt en la que nada es ocasional y lo que sucede en los dos está condicionado por lo que sucede entre los dos y por la totalidad de la Gestalt en un momento dado” (p. 116-117).

Sostiene que en la obra de Melanie Klein vemos también cohabitar el enfoque naturalista-impulsivista con un intento de comprensión en términos de relaciones de objeto y gestáltica.

Toma a continuación el asunto de la sexualidad y de la agresión para ilustrar la necesidad de un movimiento de “destotalización” de la teoría tal y como existe. O sea, no tomar un aspecto parcial y hacer depender de él la totalidad de lo que sucede psíquicamente. Para Bleger el error está en haber tomado ambos parámetros como elementos privilegiados que estructuran la totalidad de los fenómenos “cuando debemos entender que tanto la agresión como la sexualidad son fenómenos incluidos en una totalidad”. La visión actual, según Bleger, entenderá a la sexualidad, por ejemplo, como una de las vicisitudes de una Gestalt “en la cual privilegiamos las ansiedades psicóticas”. Tanto las perversiones como otros comportamientos sexuales no deben ser comprendidos como fenómenos originarios sino como defensas y, aún, sostiene, como restituciones psicóticas.

Termina esta parte afirmando que su diagnóstico pretende ser un inventario de problemas y no una crítica. La totalidad de la praxis psicoanalítica, como toda praxis, es un proceso lleno de contradicciones y divergencias. Aclaremos que Bleger usa el término praxis para referirse al “proceso del conocer, en el que coinciden pensamiento y acción, la teoría y la práctica, y en el que hay una superación de la antítesis entre –como decía Hegel- ‘la unilateralidad de la subjetividad y la unilateralidad de la objetividad’” (1958, p. 111).

Finaliza el trabajo con el punto institucional, con cómo se enseña y se aprende psicoanálisis en las asociaciones. Si bien entiende que la institucionalización es necesaria piensa que también en este campo se da una contradicción entre los objetivos primeros de estas instituciones y algunos de sus resultados. Si el objetivo primero de la misma es difundir, enseñar y profundizar en la investigación y el conocimiento psicoanalítico, piensa que este objetivo ha sufrido un desplazamiento y que la preservación de la institución, la necesidad de la continuación de la organización como tal reemplaza al objetivo primero. Esto lleva a los miembros de las instituciones a llegar a acuerdos, explícitos o implícitos, sobre qué se entiende por psicoanálisis, cómo se lo practica y se lo enseña, etc., lo que lleva a privilegiar lo que no es peligroso para la institución. Este énfasis entra en contradicción, según Bleger, con el carácter siempre y necesariamente cuestionador de lo establecido que supone toda investigación. La institución comienza a limitar la investigación o reduce la libertad a aquellos aspectos que no tocan los axiomas acordados. Hay en las instituciones psicoanalíticas un incremento muy grande de la formalización que desemboca en burocracia. Así, afirma Bleger, “… la organización psicoanalítica como totalidad sufre desde hace tiempo ya ese proceso de ortodoxia, de resistencia al cambio, de búsqueda de un mayor afianzamiento interno promoviendo los cambios hacia el afuera”.

Haydée Faimberg: El pensamiento dialéctico de José Bleger

Haydée Faimberg entiende que Bleger combina dos características que no son frecuentes en psicoanálisis: la de ser un pensador creativo y, al mismo tiempo, riguroso en sus investigaciones. Comenta que si bien el autor es poco conocido para los lectores de lengua inglesa, esto pronto será reparado con la traducción y publicación ya en marcha de uno de los texto centrales de este autor: “Simbiosis y ambigüedad” (Bleger, 1967). Piensa que Bleger puede ser considerado un autor clásico en la medida en que su obra es generadora de nuevas ideas en el lector actual. El objetivo de su trabajo, sostiene, es subrayar el pensamiento creativo y dialéctico de Bleger. Nos advierte frente a los riesgos de lo que entiende como “anacronismo en la lectura”, es decir, atribuir a las ideas que Bleger transmitió en su momento un significado que pertenece a los lectores contemporáneos. Pero también señala que, para sus interlocutores, Bleger anticipó asuntos que no pudieron ser desarrollados.

Parte de la lectura del texto de Bleger publicado en este número. Resalta primero, por medio de una cita del texto, la crítica epistemológica que Bleger realiza a ciertas concepciones ingenuas que piensan que lo hechos “están ahí” y que sólo hay que observarlos, estudiarlos y deducir hipótesis (teorías) a partir de ellos. Faimberg se centrará sólo en cómo esto afecta los fenómenos psicoanalíticos. Siguiendo a Bleger sostiene que toda investigación debe partir de la experiencia analítica actual y que toda práctica está implícitamente apoyada por una teoría. Partiendo de este punto epistemológico, a Bleger le interesa el concepto de “praxis”, la que alude a problemas vinculados a la compleja relación entre teoría y técnica psicoanalítica e, incluso, a las instituciones psicoanalíticas. Como dice Bleger: “… la totalidad del psicoanálisis, la totalidad que constituye y configura su praxis, es necesariamente, como toda praxis, un proceso lleno de divergencias y contradicciones…”, divergencia y contradicciones que es necesario no desmentir ni ignorar ya que esto va en detrimento de una investigación efectiva. La exploración de estas contradicciones está en el centro del pensamiento dialéctico de Bleger. Este distingue en su trabajo entre la teoría explícita de un psicoanalista y su teoría implícita, la que realmente usa en la experiencia clínica. Aquí nos recuerda Haydée Faimberg, en una nota al pie, que ella ha sido una de las pioneras en reactivar, a partir de 1993 y de 2001, en el seno de la Federación Europea de Psicoanálisis, grupos de discusión clínicos con un espíritu que está en deuda con el pensamiento de Bleger y que consiste en explorar el fundamental rol del dialogo en pensar lo que no sabíamos que estábamos pensando. “Así he desarrollado un método para los grupos de discusión de material clínico en 2002 conocido como ‘la escucha de la escucha’” (p.93). Tanto Faimberg como luego Greenberg recordarán que fue Joseph Sandler quien en 1983 introducirá en el mundo anglosajón la distinción entre teorías explícitas y teorías implícitas.

Bleger opone en su texto el enfoque naturalista y el fenomenológico en el problema epistemológico de qué es objetividad en ciencia. También sostendrá, en el texto, que el proyecto científico de Freud está basado en el modelo naturalista. En una nueva nota al pie, esta vez una comunicación personal de Bleger a Faimberg, nos comentará que en marzo de 1972 Bleger planeaba realizar un seminario para volver a leer a Freud desde otras perspectivas, motivo que alega para omitir lo que Bleger escribió sobre los conceptos de Freud en este y otros escritos suyos.

A continuación retoma el concepto de ‘campo analítico’, que introdujo Enrique Pichon-Rivière, y que fue desarrollado por un conjunto de discípulos siendo Bleger el más cercano –hace también una mención a M. y W. Baranger.

En oposición al enfoque dinámico Bleger introduce el concepto de ‘drama’, al que define como “una comprensión del ser humano y de su comportamiento en términos de sucesos que se refieren a la vida misma de los seres humanos considerada como tal”. Bleger señala, a partir de este concepto, la divergencia entre el modo de teorización que supone el enfoque dinámico y la teoría implícita de la experiencia analítica; sostiene que el psicoanálisis no se ha hecho cargo, en el plano de la rectificación teórica, de las consecuencias de los fenómenos de transferencia y contratransferencia y de la configuración del campo analítico.

Después de esta introducción Faimberg sitúa lo que llama “la posición nuclear” del pensamiento de Bleger que apunta a que la experiencia clínica, que se centra en la dramática, se desarrolla en un proceso dialéctico. Sostiene Bleger, citado por la autora, que la desarticulación del proceso o del despliegue del drama humano en elementos disociados paraliza el proceso dialéctico y supone la alienación y la des-dialectización del mismo. Bleger buscará estudiar este fenómeno de des-dialectización. Faimberg cita aquí el texto de Bleger “Simbiosis y ambigüedad” (1967), reproduzco la cita:

“El tener que admitir, tal como se hace, la existencia de la identificación proyectiva-introyectiva para todos los casos, exige el supuesto de que cada sujeto es un ‘sistema cerrado’ y que se comunica por diversos canales con otros seres humanos, mientras que el admitir la participación como fenómeno originario implica la hipótesis de que el ser humano comienza o parte de una organización como ‘sistema abierto’ y que gradualmente se va individualizando y personificando” (p. 189).

Faimberg refiere el concepto de sistema abierto al pensamiento de Loewald, a su texto “Ego y realidad” (1951), quien para ella refleja en este texto un enfoque dialéctico similar.

A partir de los años 60 Bleger desarrolla la idea de que el mundo fusional originario del paciente, que denomina “núcleo aglutinado”, ha quedado escindido. Sobre esta idea Bleger propone un nuevo concepto (una nueva posición): posición ghlischro-cárica, cuyo sustrato es el núcleo aglutinado, posición que precedería a la posición esquizo-paranoide.

A continuación la autora pasa a comentar la idea de la dialéctica del encuadre según Bleger tomando como referencia su texto “Psicoanálisis del encuadre psicoanalítico”, traducido previamente en el IJP. Este texto parte de la idea de la ritualización del encuadre como un síntoma de la práctica psicoanalítica y como resistencia al cambio. El problema que se plantea es el siguiente: ¿cómo es posible mantener el encuadre analítico, necesario para el desarrollo del proceso, y al mismo tiempo superar su ritualización? Faimberg cita la tesis central de Bleger en sus palabras: “En realidad hay dos encuadres”, uno, el que el psicoanalista propone, mantiene y el paciente acepta, y, dos, “en encuadre del mundo de fantasía en el cual el paciente proyecta”. “El marco es lo implícito del que depende lo explícito”. Encuadre mudo hasta que en algún momento del análisis comienza a hablar. Este reconocimiento de dos encuadres con una diferencia entre ellos permite al analizando, según Faimberg, reconocer la alteridad del analista. Es un momento de interpretación.

Faimberg expone brevemente un material clínico que Bleger trabaja en el artículo citado. Sostiene que su hipótesis es que es en esta interpretación, por medio de la cual la alteridad del analista es reconocida, que se desarrolla la “superación” (aufhebung). Aclara que según ella reconocer la alteridad del analista no significa reconocer la persona real del analista. El reconocimiento tiene dos caras: por un lado la función analítica que sostiene la transferencia y del analista como otro diferenciado del paciente. Según esta autora su posición está en línea con Loewald y Bleger en la medida en que entiende que la transferencia no es sólo repetición sino también creación. Esta superación vía interpretación, concluye, es posible por el análisis “en silencio” que el analista haga de su posición contratransferencial.

Comentario de Jay Greenberg

Greenberg define al texto como un manifiesto más que un argumento. Anticipa, según él, muchas de las controversias más importantes que han preocupado a los analistas desde que este artículo fue publicado. Lleva, en su desarrollo, el sello de la visión que caracteriza según el autor al psicoanálisis del Río de la Plata (rioplatense). 

Greenberg intenta ubicar por un lado el texto de Bleger en su contexto histórico, es decir, como parte de un grupo de pensadores que habitaban esas latitudes, el Río de la Plata; por otro lado establece similitudes y diferencias con movimientos de apertura propios de Estados Unidos de América, ya que piensa que también allí se plantearon algunos problemas semejantes.

Su comentario aborda explícitamente tres asuntos: 1) Cuál es el lenguaje propio del discurso psicoanalítico y las implicaciones para la comprensión de la situación analítica; 2) el papel de la contratransferencia y su relación con la epistemología psicoanalítica; 3) algunas reflexiones sobre la sexualidad y su rol etiológico.

En el punto primero retoma la diferencia que realiza Bleger entre la teoría/lenguaje formal del psicoanálisis y teoría dialéctica/dramática del mismo. La primera se caracteriza por su concepción dinámica de la mente, su comprensión del individuo como una entidad aislada y, en general, por una comprensión de la mente como un sistema cerrado; la segunda por un comprensión dramática y dialéctica que abre la teoría formal y personaliza lo que es planteado por esta última en los términos mecanicistas de la metapsicología.

Además de situar otros autores rioplatenses como los Baranger que venían desarrollando asuntos paralelos a los que Bleger sintetiza en este trabajo, señala Greenberg cómo en USA, al comienzo de la década de los 70, figuras como Merton Gill, George Klein o Roy Schafer también cuestionaron el lenguaje de la metapsicología freudiana como el más idóneo para dar cuenta de la clínica psicoanalítica. Schafer publicó en 1976 un libro cuyo título es: “Un nuevo lenguaje para el psicoanálisis”, libro que cuestionaba de forma radical la concepción energética y metapsicológica freudiana pero que, al decir de Greenberg, no salía del marco unipersonal. Por ello el autor señala al mismo tiempo que esta similitud en el cuestionamiento una originalidad propia del psicoanálisis rioplatense: el movimiento que este plantea de una psicología de una persona hacia, como dice Bleger en el texto, una psicología de dos personas. Recuerden que Bleger toma como referencia central de este movimiento a lo bi-personal la necesidad de que la teoría se construya como una reflexión sobre la situación clínica entendida como un campo transferencial-contratransferencial.

Mientras que lo disidentes americanos tenían como trasfondo la Psicología del Yo, los psicoanalistas rioplatenses tenían como tradición dominante el pensamiento de Klein y, muchas veces, de Fairbairn.

Para Bleger el cambio de lenguaje del psicoanálisis está íntimamente vinculado a una realidad fundamental: la situación analítica es una gestalt irreductible y todo intento de teorizar un elemento aislado supone violentar el fenómeno. Bleger se hace eco, en este sentido –sostiene Greenberg- de las ideas tanto de Pichon-Riviere como de Racker.

En el punto segundo Greenberg aborda la cuestión de la contratransferencia. La comprensión de Bleger de la situación analítica como una totalidad supone cambios en su comprensión. En este sentido Bleger se ubica en la estela de la singularidad de la reformulación de la contratransferencia que en los años 50 se realiza en el Río de la Plata y que difiere en aspectos importantes tanto de este mismo giro en Inglaterra como, por supuesto, de la concepción freudiana clásica que seguía siendo dominante en otras partes del mundo psicoanalítico. Preguntas sobre la si la contratransferencia es o no fuente de información (datos) relevante para la situación clínica, si puede ser o no instrumentalizada, etc., son algunas de las cuestiones en torno a los cuales giraban estos debates. El giro de los 50 supone considerar que la contratransferencia era ubicua y no-patológica: ya no podía ser por más tiempo excluida de lo que ocurría entre los participantes de un tratamiento. Aún así, como veremos a continuación, habría varias formas de comprenderla.

Greenberg sostiene que el término contratransferencia es en su núcleo un oxímoron: “…porque el primer elemento del término –contra- implica que es reactivo, estimulado por algo de afuera que impacta en el sujeto de la experiencia. Pero el segundo elemento tiene una connotación muy diferente: nos recuerda que la contratransferencia es, después de todo, un tipo de transferencia y que clásicamente definida es precisamente el componente de la experiencia que emerge endógenamente, modelando la experiencia del sujeto del mundo de objetos más que siendo influenciada por este” (p. 1010). Así que la contratransferencia evoca simultáneamente una estructuración activa del mundo de objeto y nuestra reactividad al mismo.

El problema que se planteó después del giro de los 50 fue cómo interpretar y trabajar con este concepto. Hubo, esquemáticamente, don grandes corrientes que Greenberg sitúa en relación a los significados en conflicto en el término mismo que viene de situar. Por un lado están aquellos que enfatizan la primera parte, el “contra” del término, y ven en el paciente el único agente activo del proceso: el analista experimenta ciertas cosas pero estas experiencias reflejan el modo en el que el paciente ha actuado sobre él. Paula Heimann habla de la contratransferencia como “creación del paciente…parte de la personalidad del paciente” (1950, p. 83). Es el concepto de identificación proyectiva el pivote conceptual de esta comprensión. Esta forma de comprender la contratransferencia, afirma Greenberg, preserva lo esencial de modelo unipersonal de la mente. Por otro lado están aquellos que han jerarquizado la contradicción misma que el término plantea dialectizandola, lo que lleva a este concepto a un lugar muy diferente. Son los autores del psicoanálisis rioplatense, en la línea de Pichon-Riviere y Racker. El pensamiento dialéctico articula las relaciones de objeto internas y externas creando una nueva Gestalt –lo que define a las relaciones entre las personas. Ser conscientes de esta Gestalt hace imposible sostener y suponer –sostiene Greenberg- que el analista sea solamente receptivo o sólo activo. Racker, aunque no usa el concepto de gestalt, también va en la misma línea. Ejemplo de esto último es su idea del “mito de la situación analítica” (1957, p. 308). Para él la situación analítica es co-creada de modo tal que hace difíciles –si no imposibles- las atribuciones de actividad y/o pasividad. Greenberg sostiene que también podemos ver en el concepto de Thomas Ogden de “tercero analítico” un paralelo actual de estos pensamientos.

Pasa luego a la distinción que hace Bleger entre versiones naturalistas o fenomenológicas del proceso analítico. El enfoque fenomenológico tiene implicaciones importantes en su modo de observar y teorizar el proceso que ocurre en el encuadre psicoanalítico.

Concluye Greenberg este apartado sosteniendo que: “Aunque no utilice este término, la dramática de Bleger y su visión de la situación analítica como una gestalt o campo prefiguran muchos años antes las teorías contemporáneas del enactment (puesta en escena). Su visión (compartida por muchos en el Río de la Plata) sigue siendo controvertida hoy; el enactment es ubicuo y continuo a lo largo de todo encuentro analítico” (p. 1013).

En el punto tres aborda el debate sobre sexualidad y causalidad. Bleger tempranamente (1958) realizó una serie de críticas relevantes al concepto de instinto. Para él Freud llega al concepto de instinto porque tomó las fuerzas que actúan por fuera del contexto de los procesos psicológicos y de su interjuego. Este aislamiento llevó a considerarlos como estando detrás de la conducta. No hay que pensar los instintos por fuera de la situaciones interpersonales en dónde aparecen: “… lo que aparece como pulsión, sostiene Greenberg, es una propiedad emergente de contextos interpersonales”. En este sentido, argumenta, la posición de Bleger es más radical que la revisión norteamericana: “él trata de hacer más que liberar la teoría pulsional de su andamiaje impersonal y mecanicista. Más bien, su intención es liberarse tanto de eso como de un primer movimiento endógeno, revirtiendo la comprensión recibida de la dirección de la causalidad psicológica. Las pulsiones no crean las situaciones, argumenta; las situaciones crean las pulsiones” (p. 1014).

Retomando el tema de la sexualidad y de la agresión, Greenberg sostiene que Bleger cuestiona su privilegio motivacional. Comprender tanto la sexualidad como la agresión desde su inclusión en la totalidad, como sostiene Bleger en su trabajo, reformula su estatuto. La visión de Bleger resuena con las críticas de Fairbairn o Kohut, sostiene el autor. Pero, continúa, el punto de llegada de Bleger es diferente: para él la sexualidad es una de las vicisitudes de la gestalt en la que Bleger prioriza las ansiedades psicóticas.

Lo que es remarcable de este trabajo, concluye Greenberg, es tanto que sus temas son universales como, por otro lado, propios de esa particular y creativa comunidad rioplatense de la que emerge. 

Comentario Personal

En primer lugar nos gustaría señalar la importancia que tiene, a nuestro entender, la relectura de los psicoanalistas creativos de diferentes latitudes que nos ofrece esta sección del IJP. Estamos convencidos de que el conocimiento de la historia conceptual y situacional del psicoanálisis ayuda a que la problematización de sus conceptos tenga hoy textura y riqueza. Además nos resulta muy satisfactorio, especialmente, la recuperación de pensadores del Río de la Plata que desarrollaron un pensamiento original y propio gracias a las licencias que permite, entre otros factores, habitar las periferias de los centros de poder.

El trabajo de Bleger, como señala Greenberg, es más un manifiesto que un argumento. Su brevedad fuerza a lo que Freud denominaba la “exposición dogmática” de sus ideas (1940). Pero los argumentos los encontramos ya en su libro de 1958 como también en el conjunto de su obra. Intento ambicioso, esta última, como bien señala Ricardo Bernardi (2009), ya que dirige sus energías e inquietudes a áreas muy diferentes: el psicoanálisis, la psicología, lo institucional así como su compromiso activo en cuestiones sociales y políticas nacionales o de índole identitaria (véase sus participaciones en el Congreso Judío Mundial así como sus reflexiones sobre la situación en Medio Oriente). Bleger fue un hombre que afrontaba desafíos, que enfrentaba estereotipias –sociales, institucionales y de pensamiento (como muestra en este trabajo)- y que sólo una muerte prematura –tenía sólo 50 años- impidió un mayor desarrollo.

El trabajo que nos ocupa y los comentarios de estos destacados psicoanalistas es una muestra clara de esto: lo clínico, lo teórico, lo institucional y lo epistemológico se articulan en lo que llamaría un “lenguaje de época” que hoy, tal vez, sea poco sugerente para algunos lectores. Mi uso de la expresión “lenguaje de época” no tiene nada de peyorativo, muy por el contrario. Pienso que articula cuestiones que tienen hoy una gran vigencia aunque la terminología al uso sea diferente.

Resaltaré sólo algunas cuestiones que estos trabajos me han suscitado, centrándome fundamentalmente en los comentarios del trabajo de José Bleger.

En primer lugar me gustaría señalar que tanto Faimberg como Greenberg resaltan la oposición que realiza Bleger entre “teorías explícitas” y “teorías implícitas” en psicoanálisis. Ambos también en nota al pie hacen alusión al texto de Sandler de 1983 dónde hace uso de esta oposición. Ahora bien, creo de interés dejar en claro que los usos que hacen uno y otro, Bleger y Sandler,  tienen diferencias. Aunque sólo el hecho de llamar la atención sobre esto ya tiene un efecto de ampliación de perspectiva y de cuestionamiento que es en sí mismo interesante.

Sandler propone tal vez el uso más frecuente que tiene hoy esta diferencia. Todos sabemos que en la comunidad analítica conviven diferentes formas de comprender tanto el funcionamiento psíquico como la situación clínica; pero Sandler va más allá de esta constatación: afirma que los psicoanalistas, de forma inconsciente, asumimos determinados modos de estar en la clínica, de trabajar, que están organizadas por teoría implícitas o privadas y que muchas veces, aunque no intencionalmente, no las sacamos a la luz por no considerarlas suficientemente “kosher”, como dice Sandler, es decir, “puras”, que no son acordes a la teoría oficial, explícita y pública que un determinado individuo o grupo sostiene. Así, afirma Sandler, “Tengo la firme convicción que la investigación de las teorías implícitas o privadas de los psicoanalistas clínicos abre una gran nueva puerta en la investigación psicoanalítica” (1983, p. 38).

Por su lado, la oposición que realiza Bleger tiene otro fin ya que apunta, creo entender, a cierta universalidad que se desprendería de la práctica misma del psicoanálisis. Para Bleger la clínica psicoanalítica pone en evidencia, como él sostiene, el carácter bipersonal o relacional de dicha práctica, su esencia dramática, y esto va más allá, entiendo yo, de las teorías implícitas que cada psicoanalista pueda albergar a la hora de llevar adelante un tratamiento. Habría un “implícito” de la práctica psicoanalítica misma que estaba siendo desmentido, desconocido, en las formulaciones teóricas de lo que allí ocurría. Esta tesis es totalmente coherente con las críticas de Bleger a las diferentes mitologías (1958, 1973) que muchas veces acompañan a las teorizaciones. Recuerden la triple mitología que no cesaba de denunciar: el mito del hombre natural, del hombre aislado o del hombre abstracto.

En segundo lugar me ha resultado interesante cómo ambos autores, de diferentes maneras, ponen en relación el trabajo de Bleger con psicoanalistas que han desarrollado su pensamiento en el ámbito americano. Faimberg sugiere una articulación, que me resulta muy atractiva, entre el pensamiento de Bleger y el de Hans Loewald, en relación a la oposición entre sistema cerrado y sistema abierto. Bleger sostiene, en la cita que trae Faimberg, que es necesario partir de la idea de “participación” en el mundo como fenómeno originario, es decir, que el ser humano comienza formando parte de un “sistema abierto” que se personaliza gradualmente. Por su parte Loewald, desde el comienzo de sus trabajos (1949), llamó la atención sobre la necesidad de entender el narcisismo primario como un estado de indiferenciación entre el niño y su mundo que, progresivamente, se va diferenciando. Su idea posterior de “densidad primaria” tratará de dar cuenta del surgimiento de la relación de objeto discriminada a partir de este “sincretismo” primario, para usar la expresión de Bleger. Por supuesto, hubo muchos otros autores que encararon estos problemas en sintonía con estas formulaciones: Winnicott o Balint por sólo citar a algunos. Aún así pienso que la marca más clara en Bleger es el pensamiento de Fairbairn, considerado hoy como el más riguroso y exquisito representante de una teoría de la relaciones objetales no instintivista. En su obra encontramos también la oposición entre sistema abierto y cerrado (el de las neurosis para él), lo que le permite partir de un concepto de “identificación primaria” como indiferenciación sujeto-objeto que Bleger usa en su libro “Simbiosis y Ambigüedad”. No podemos dejar de señalar, tampoco, la influencia de M. Malher en la obra blegeriana, sobre todo de su idea de “simbiosis”, cuestionando ya entonces Bleger la idea de “autismo primario” de esta autora. Este conjunto de referencias le permitieron a Bleger , probablemente, salir de lo que él entendía eran los “sistemas cerrados” del Kleinismo de su época.

Por su parte Greenberg nos permite atisbar los esfuerzos que en los Estados Unidos se realizaban en fechas cercanas para sacar al psicoanálisis del “instintivismo”, del abstraccionismo (metapsicología) o del aislamiento unipersonalista. Los ejemplos más relevantes son el Psicoanálisis Interpersonal (recordemos que en los años 70 ya estaban publicando hace un tiempo autores como Edgar Levenson o Benjamin Wolstein), Georges Klein o Roy Schafer –por citar solo los más relevantes. 

En tercer lugar me gustaría insistir en la referencia a Racker que realiza Greenberg. Allí alude al concepto de “mito de la situación analítica” que este plantea en sus “Estudios de Técnica Psicoanalítica” (Liberman, A., 2007). Este “mito” que la comunidad analítica sostenía, según Racker, por diferentes razones vinculadas al ejercicio del poder y a lo neurótico, se encuentra, a su vez, articulado con la otra serie de “mitos” que Bleger desarrolló. Vamos a entender por mito, aquí, una creencia o sistema de creencias que, como Freud dijera en relación al fetichismo, está basado en la desmentida y en la escisión. Esta mitología incluye tanto “ideales irreales infantiles”, es decir, la dificultad en aceptar “ser niños y neuróticos aún siendo adultos y analistas” (Racker, p.228), como cierto ideal “obsesivo” de objetividad, como ironiza Racker, entendido como exclusión de la subjetividad, lo que traduce como el “mito del analista ‘sin angustia y sin enojo’”; por último -por no citar más que otro mito recurrente- lo que M. Little denominó el “ mito del analista impersonal” (1950).

Veamos como Racker define el mito de la situación analítica:

“Si se quiere contar el “mito de la situación analítica”, podría comenzarse diciendo que el análisis es un asunto entre un enfermo y un sano. La realidad es que es un asunto entre dos personalidades cuyo yo está presionado por el ello, por el superyó y el mundo externo, cada uno con sus dependencias internas y externas, angustias y defensas patológicas, cada uno también un niño con sus padres internos, y respondiendo toda esta personalidad tanto del analizado como del analista a cada uno de los acontecimientos de la situación analítica” (p. 230-231).

Racker retoma, en una nota a pie de página, otro factor también presente en el desconocimiento de esta situación: los remanentes del orden patriarcal que operan en ciertos modos de construir el espacio analítico. Ahora bien, el desmontaje o la deconstrucción de este orden no conlleva, necesariamente, la confusión entre mutualidad y simetría. Hace ya unos años L. Aron (1996) desarrolló ampliamente este asunto y sostuvo la necesidad de diferenciar ambos conceptos. Si bien la mutualidad, en términos de regulación mutua e impacto, es parte inherente de la situación analítica, la asimetría o “disimetría” –como lo denominan los Baranger- en términos funcionales también lo es. Volviendo a la definición de Racker, vemos como éste tempranamente define que lo desmentido en el mito de la situación analítica es la dimensión interactiva y bipersonal que le es propia. Esta desmentida ha sido una de las características más sobresalientes de la historia del psicoanálisis (Mitchell, 1997). Reconocer lo inevitable de esta dimensión y, por tanto, de la influencia mutua en el proceso analítico, permite que, como sostiene Mitchell, “…manejamos la influencia de un modo más responsable cuando abiertamente reflexionamos sobre ella dentro de nosotros mismos y, en momentos muy importantes, con los pacientes” (2000, la traducción es mía).

En cuarto lugar me gustaría señalar un aspecto de los proyectos institucionales de Bleger: la constitución de una entidad docente para aquellos que por diversas razones no quisieran o no pudieran hacer su formación en el Instituto de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Argentina (en esa época sólo se admitía a los médicos, no a los psicólogos). Junto con otros cuatros psicoanalistas (Jorge Canestri, Cecilia Millonschik, Emilce Dio Bleichmar y Hugo Bleichmar) se decidió crear una escuela de formación psicoanalítica. El proyecto avanzó, se delineó lo que serían los criterios básicos de la enseñanza a desarrollar, se eligió un nombre para la escuela ("Dianoia", en griego: "razón discursiva" que es la captación del conocimiento mediante la razón  como opuesto al presunto conocimiento adquirido de forma intuitiva e inmediata). Incluso se llegó a la fase en que la publicidad estaba lista para anunciar la escuela pero el proyecto se detuvo a esa altura debido a cuestiones de relación institucional con la Asociación Psicoanalítica Argentina. (Comunicación personal de Hugo Bleichmar a Ariel Liberman).

Por último, quisiera centrarme en los estilos y formas que los comentarios del texto han tenido. Ubiquemos primero mínimamente a estos dos renombrados psicoanalistas para quienes no los conozcan. Jay Greenberg es un analista de formación (didáctico) y supervisor delWilliam Alanson White Institute. Este instituto fue la cuna del psicoanálisis interpersonal del que han surgido muchos de los más influyentes psicoanalista relacionales contemporáneos (véase Stephen A. Mitchell, amigo personal y co-autor de Greenberg en 1983). Por su parte Haydée Faimberg es analista de formación y supervisora de la Sociedad Psicoanalítica de Paris, perteneciente a IPA. Su formación analítica comienza en Buenos Aires, lo que dejará una impronta e interlocución permanente en su obra, y, posteriormente, se desarrolla en Paris en las últimas décadas.

En el trabajo de Greenberg vemos una lectura muy actual del pensamiento de Bleger. Sensible a los desarrollos del pensamiento relacional ve en su obra un ilustre antepasado, poco conocido en los medios de lengua inglesa. El texto es claro, jerarquiza el contexto histórico del pensamiento de Bleger –probablemente mucho mas accesible a él por el impacto que tuvo en su día el libro de Racker en USA –sobre todo el medios interpersonales- y por las recientes traducciones que el IJP y otros vienen haciendo de textos de los Baranger. Su comparación con los desarrollos americanos nos parecen interesantes y, también, la capacidad de captar la originalidad del pensamiento rioplatense. Probablemente mucho de este estilo, además de ser una cualidad de escritura, responda a una mayor distancia personal y con el pensamiento de Bleger a la hora de considerar este texto.

Por su parte el texto de Haydée Faimberg está lleno de lo que me gustaría llamar “tropiezos” o “ambivalencias”, seguramente debidos a una larga historia de debates, externos e internos, con la obra José Bleger (como probablemente los míos con su pensamiento). Si bien es un texto que resalta algunas características sin duda centrales del pensamiento de Bleger, la impresión del lector –la mía en todo caso- es que tiene mucho para debatir con él y que en este texto está silenciado con el argumento de que no es el lugar para hacerlo o que la brevedad de la exposición le impone no tocar tal o cual tema. He reseñado en mi lectura de este breve texto siete argumentos de este tipo que frenan un posible desarrollo en lugares que, a mi entender, resultaban significativos en cuanto a temas más polémicos o de una posición más crítica de Faimberg hacia el pensamiento de Bleger. Señalaré uno que me resultó especialmente curioso: en la p. 984 refiere que Bleger plantea que el proyecto de Freud esta sujeto o inscrito dentro de un modelo naturalista pero también señala que hay otro Freud en contradicción con este enfoque. En una nota al pie nos cuenta Faimberg, como comunicación personal, que en marzo de 1972 Bleger “planeaba realizar un seminario para volver a leer a Freud desde otras perspectivas”. Esta es la razón, sugiere la autora, por la que omitirá lo que Bleger escribe en este y otros trabajos sobre los conceptos de Freud. Creo que me impactó esta nota por varias razones: por un lado, por que me cuesta entender que no se discuta un tema por lo que se piensa que el autor en cuestión hubiera dicho en caso de haber realizado un seminario, etc. Bleger, de hecho, en su obra escrita, ha dicho mucho, ha cuestionado mucho y rescatado mucho del pensamiento de Freud, y difícilmente pienso que nos encontraríamos con un Freud que, y esa es mi impresión fundamental, le cuadre más a Faimberg o le permita acordar más con la lectura que hace Bleger. Por otro lado me llamó la atención como deja de lado el fuerte cuestionamiento a la metapsicología freudiana que Bleger realiza.

Pienso que en eso Bleger está más cerca de Laplanche cuando este último sostenía que la obra de Freud está llena de contradicciones, como la obra de todo gran pensador, que hay varios Freud y que sobre la base de un trabajo riguroso sobre su obra habría que hacer “elecciones”, estás últimas, sin duda e inevitablemente, agrego yo, desde nuestros intereses y problemas actuales. En este sentido pienso que ubicar a un autor en su contexto histórico de producción no nos impide encontrar resonancias, claves y aperturas para nuestro pensamiento hoy.

Bibliografía

Aron, L. (1996). A Meeting Of Minds. Hillsdale, Nj: Analytic Press.

Bernardi, R. (2006), “El itinerario de José Bleger: caminos abiertos”. Jornada de Homenaje al Dr. José Bleger, 17-18 de Noviembre, Buenos Aires, Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

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Bleger J. (1967). Simbiosis y ambigüedad. Estudio Psicoanalítico. (4ª ed.) Buenos Aires: Paidós.

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Loewald, H (1949-51) Ego and Reality, en The Essential Loewald, 2000, Maryland, University Publishing Group,.

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