Un intento de aproximación entre la neurociencia y el psicoanálisis a propósito de la emoción: primer número de la revista Neuro-Psychoanalysis (I)

Publicado en la revista nº007

Autor: de Iceta Ibáñez de Gauna, Mariano

Revista: Neuro-Psychoanalysis: An Interdisciplinary Journal for Psychoanalysis and the Neurosciences. Volume 1, No. 1, 1999. International University Press


La aparición del primer número de la revista Neuro-Psychoanalysis supuso un acontecimiento de indudable interés para aquellos que consideramos que el psicoanálisis y la neurociencia pueden beneficiarse de una mutua aproximación, ya que ambas proporcionan diferentes, pero complementarios, modos de aproximación al estudio y comprensión del funcionamiento del psiquismo. El espíritu de la revista, como se refleja en los siguientes párrafos extraídos de la introducción de los editores, supone una agradable coincidencia con el de Aperturas Psicoanalíticas. Escriben Solms y Nersessian, los directores de Neuro-Psychoanalysis:



    El objetivo de esta nueva revista es crear un diálogo abierto con la intención de reconciliar las perspectivas de la mente del psicoanálisis y la neurociencia... Si ambas disciplinas están realmente empeñadas en la misma tarea fundamental, debería ser posible reconciliar de algún modo sus puntos de vista. Existe por tanto una necesidad clara para unos y otros de aprender y facilitar la perspectiva alternativa en aspectos de interés mutuo. La revista intenta responder a esa necesidad en lo práctico: 1) facilitando el diálogo científico y el debate entre neurocientíficos y psicoanalistas; 2) educar a psicoanalistas y neurocientíficos sobre aspectos de interés mutuo; y 3) proporcionar un vehículo para comunicar los resultados de la investigación interdisciplinar en neurociencia y psicoanálisis.



En este primer número de la revista, se le pidió a un neurocientífico de primera línea que trabaja en la neurociencia de la emoción (Jack Panksepp) que evaluase de manera crítica la teoría freudiana del afecto (resumida por los propios directores de la revista) a la luz de su propia investigación. Posteriormente se solicitó a psicoanalistas y neurocientíficos (Antonio R. Damasio, André Green, Joseph LeDoux, Allan N. Schore, Howard Shevrin, y Clifford Yorke) que consideraran la teoría de Freud y el comentario de Panksepp desde sus propios puntos de vista.


En este primer número creo que se ofrece un panorama bastante aproximado a la realidad en cuanto a las dificultades que en ambos campos surgen frente a este intento de diálogo, que en general es considerado útil y necesario, en el sentido de lo mucho que ambas disciplinas pueden aportarse entre sí. Simplificando (es comentado repetidamente por los distintos autores), el psicoanálisis puede aportar la sofisticación en la comprensión y elaboración de constructos sobre los mecanismos de funcionamiento de la psique, y la neurociencia un método de evaluación externo, científico, con el que perfilar, modificar (¿sustituir?) y validar dichos constructos. Intento de integración que ya tiene lugar en otras ramas de la psicología (a modo de ejemplo, ver el trabajo de Windmann (1998) sobre los trastornos del pánico integrando la teoría cognitivo-conductual con los datos provenientes de la neurociencia) en la búsqueda de ser más específicas.


Existen dificultades comunes a ambas disciplinas, la falta de un lenguaje común y el mutuo desconocimiento la una de la otra. Las dificultades en algunos sectores del psicoanálisis van desde aquellos autores que afirman que este intento de diálogo es poco menos que imposible, aludiendo a la falta de rigor que supone “intentar encontrar compromisos imposibles entre métodos incompatibles”, pasando por las reticencias a métodos experimentales que modifiquen el método analítico en cualquier sentido, o la defensa de la validez atemporal de los conceptos freudianos más allá de lo que quizás el propio Freud los defendería, pues éste afirmaba que todas las ideas están “abiertas a la modificación e incluso sustitución, a la luz de futuros descubrimientos”.


En la revista predomina el deseo de primar lo común por encima de las diferencias. En este sentido, resulta extraordinario el comprobar cómo algunos de los conceptos freudianos básicos de la teoría del afecto se corresponden de manera bastante aproximada con la visión actual de los neurocientíficos y encuentran abundante respaldo en los datos empíricos disponibles. Asimismo, es preciso tomar en cuenta el beneficio del diálogo, que enriquece la mutua comprensión de ambas disciplinas y el sugerente planteamiento de líneas futuras de investigación conjunta y dentro de cada una de las disciplinas.


En esta reseña se incluyen resúmenes de los trabajos de Solms y Nerssesian (síntesis de la teoría del afecto en Freud) y de Panksepp (intento de conciliación desde la neurociencia) de los que surge el debate posterior. En el próximo número de Aperturas Psicoanalíticas aparecerán las conclusiones del diálogo que se despliega entre los distintos autores junto con amplios resúmenes de los comentarios, donde se mencionan numerosos aspectos concretos de las investigaciones de los participantes. El diálogo sigue abierto en la página web de Neuro-Psychoanalysis (en inglés).

 









   







Teoría freudiana del afecto: Preguntas para la neurociencia.


Mark Solms* y Edward Nersessian**


Los autores eligen para este primer intercambio un resumen didáctico de la teoría clásica freudiana del afecto para intentar clarificar los correlatos anatómicos y fisiológicos de las ideas básicas y los conceptos más generales del psicoanálisis. Evitan intencionadamente señalar desarrollos posteriores y controversias teóricas actuales en la comprensión psicoanalítica del afecto (centrándose en los procesos emocionales más elementales). Además señalan que con frecuencia dicha teoría está infrarrepresentaday no se comprende adecuadamente, por su forma de aparición en pequeñas entregas a lo largo de un extenso período de tiempo, y a que sus diversas formulaciones, no siempre fueron consistentes.


Introducción a la teoría


Para Freud, el aparato mental en su totalidad sirve al propósito biológico de atender las imperiosas necesidades internas del sujeto en un medio externo cambiante (y en gran medida indiferente). Estas necesidades se expresan a través de las "pulsiones": demandas cuantitativas sobre el aparato mental para que realice los cambios específicos necesarios para aliviar las necesidades internas actuales. El funcionamiento general del sistema se rige por el "principio del placer". Mecanismo regulador que asigna valor a las operaciones mentales según una fórmula donde el éxito en satisfacer las necesidades internas en el mundo externo (una reducción cuantitativa de la presión pulsional) se siente como placentero, y viceversa. Este es el origen y el propósito (el "por qué" evolutivo) del afecto. Asigna valor al estado del aparato mental, registrando sus consecuencias biológicas en la conciencia. Si bien este es un mecanismo innato crucial para la supervivencia reproductiva, se registra necesariamente a través de experiencias personales (¿qué significa esto para mí?). Esta retroalimentación del afecto modifica (motiva) la conducta posterior del individuo.


El afecto es una modalidad perceptiva estimulada internamente


Quizá la idea más importante sobre el afecto de Freud, es que las emociones son percepciones conscientes de algo que es en sí mismo inconsciente. Para Freud, los afectos se perciben en una modalidad de conciencia distintiva que es irreductible a las demás modalidades perceptivas. Las cualidades de esta modalidad se calibran en grados de placer y displacer, que son distintos de la cualidad (qualia) de la visión, el oído, el tacto (incluyendo la submodalidad somática de la nocicepción o percepción del dolor, que no se considera sinónimo de afecto displacentero), el gusto o el olfato. Las emociones sentidas son la percepción consciente de un proceso interno (las otras modalidades registran eventos en el mundo externo), si bien dicho proceso puede desencadenarse por eventos internos o externos. Si el proceso se desencadena por un evento externo, la emoción es una percepción de la respuesta subjetiva al evento (ver La interpretación de los sueños, 1900). El ejemplo paradigmático de Freud en este aspecto es el acto del nacimiento (1926ª), que aparentemente despierta ansiedad en el neonato, no debida a la percepción de una amenaza vital objetiva, sino a la percepción de un estado subjetivo de indefensión (necesidad; tensión pulsional intensificada).


En este punto los autores plantean algunas cuestiones para Panksepp: ¿Son las emociones percepciones de un proceso interno que es en sí mismo inconsciente? LeDoux (1998) parece sugerir que sí. ¿Pueden desencadenarse las cualidades afectivas elementales (sentimientos de placer y displacer) estimulando el cerebro en áreas específicas? ¿Pueden disociarse estas áreas de aquéllas ligadas a las modalidades sensoriales clásicas (dirigidas hacia el exterior)? Y si no, ¿cómo se relacionan entre sí estas dos clases de percepción? Dado que la conciencia de las modalidades perceptivas clásicas se correlaciona convencionalmente con actividad cortical, ¿puede correlacionarse igualmente el registro consciente del afecto con actividad cortical? Si esto es así, ¿están conectadas estas áreas corticales con mecanismos receptivos dirigidos al interior del organismo de manera análoga a los órganos perceptivos periféricos de las modalidades perceptivas clásicas? Y si no, ¿cuáles son los principales aferentes de estas áreas específicas del afecto?


Si de algún modo puede ubicarse un "órgano sensorial" del afecto, la cuestión sobre qué causa que las emociones sean sentidas, pasa a primer plano. Freud planteó algunas hipótesis muy claras al respecto.


Los afectos son percepciones de "oscilaciones en la tensión de las necesidades instintivas"


Para Solms y Nerssesian, Freud plantea dos ideas básicas en torno al afecto. La primera es "la presencia de una cantidad de excitación en la mente". La segunda es la distinción entre excitación "ligada" y "libre" (que discuten en la sección posterior). La noción de "una cantidad de excitación en la mente" refleja una distinción fundamental que Freud trazó entre los aspectos "cuantitativo" y "cualitativo" de la vida mental. El aspecto cualitativo describe los procesos representacionales, derivadas de la percepción sensorial. Por el contrario, la dimensión cuantitativa describe las actividades no-representacionales de la mente; los mecanismos endógenos que la impulsan. Estos procesos cuantitativos derivan en último término del milieu interno del organismo; son "los representantes psíquicos de los estímulos que se originan en el interior del organismo y que alcanzan la mente, como una medida de la demanda realizada sobre la mente para que trabaje de acuerdo con su conexión con el cuerpo" (1915ª).


Freud siempre enfatizó que los procesos cuantitativos que ponen las pulsiones en acción serían algún día accesibles a métodos químicos de investigación, llegando a predecir un tiempo en el que sería posible tratar las enfermedades mentales interviniendo directamente en estas fuerzas endógenas. En este trabajo se centran en el efecto que las fluctuaciones en estos procesos ejercen sobre la conciencia. Pues esto es el afecto para Freud: Los sentimientos de placer y displacer son "la cualidad física ligada a las transposiciones de energía en el interior del aparato (psíquico)" (1915ª); son la forma cualitativa en que las "oscilaciones en la tensión de las necesidades instintivas" se hacen conscientes (1940). El resto de los aspectos se organizan alrededor de este núcleo.


Aquí plantean otra serie de cuestiones: ¿Existe un equivalente neurológico para la distinción freudiana entre los aspectos cuantitativo y cualitativo del funcionamiento mental? Por ejemplo, ¿podría relacionarse la dimensión cualitativa con diferencias en la conectividad neuronal y la dimensión cuantitativa con grados diferenciales de activación neuronal? ¿O quizás la distinción de Freud podría ser equiparada a la de Mesulam entre las funciones "canal" y de "estado" del cerebro (Mesulam, 1985), en la que las modalidades perceptivas clásicas (dirigidas hacia el exterior) así como los procesos representacionales derivados de las mismas (memoria y cognición) serían funciones "canal", y la modalidad perceptiva (interna) del afecto sería una función de "estado"? Dado que estos dos aspectos de la conciencia están mediados por dos sistemas anatómicos y fisiológicos distintos (uno relativamente discreto, específico de la modalidad y otro relativamente difuso no específico), esta distinción pudiera representar una parte considerable de los correlatos anatomo-fisiológicos putativos de la teoría freudiana del afecto buscada, en opinión de los autores. Lo cual supondría, de ser cierto, que la percepción del afecto estaría ligada de algún modo con grados (o patrones) de actividad en los núcleos de la modalidad no específica [y otros mecanismos neuromoduladores como por ejemplo el grupo intralaminar de núcleos del tálamo, neuronas colinérgicas del área septal y de la substancia innominada, neuronas del hipotálamo medial y lateral, neuronas serotonérgicas de los núcleos del rafe del tronco del encéfalo, neuronas colinérgicas de la formación reticular pontomesencefálica, neuronas noradrenérgicas del locus ceruleus o las neuronas dopaminérgicas de la substancia negra y el área tegmental ventral; todas las cuales se proyectan a amplias áreas de la corteza o a otras estructuras subcorticales (s.t. la formación reticular al tálamo, y la substancia negra al estriado)], que regulan las funciones de "estado" ("estado-dependientes") de la corteza. Esto a su vez implicaría que la actividad de estos núcleos serían los correlatos centrales de los procesos psíquicos "cuantitativos" de Freud. Lo cual concuerda con el hecho de que la mayoría de los agentes psicofarmacológicos (drogas que alteran el afecto) actúan sobre sistemas de neurotransmisión que surgen de dichos núcleos. También explicaría las propiedades motivacionales compulsivas (adictivas) de algunas de estas drogas.


Aquí plantean otras preguntas específicas: ¿Está ligada la generación del afecto con la actividad de los núcleos subcorticales en la modalidad no específica que modulan la dimensión cuantitativa (el "nivel" o "estado") de la conciencia? Si esto es así, ¿sería correcto afirmar que el afecto es una modalidad específica (contenido cualitativo) reflejo de una dimensión de la actividad mental de modalidad no específica? ¿Están conectados estructural y funcionalmente los núcleos que modulan la dimensión cuantitativa de la conciencia con el milieu interno del organismo? [Para los autores, algunas conexiones se confirman en el trabajo de Brodal de 1981 "Anatomía neurológica"] ¿Están relacionados de algún modo la actividad de dichos núcleos con el concepto funcional de pulsión? O en términos más generales, ¿sugieren las evidencias neurocientíficas que el concepto de pulsión y el afecto están relacionados íntimamente?


En cuanto a la relación afecto - pulsión, señalan el papel cada vez más relevante asignado a los péptidos y las hormonas en la regulación de las funciones "estado-dependientes" de la corteza por procesos endógenos (Freud en su Proyecto... señalaba que "los estímulos endógenos consisten en productos químicos, de los que puede existir un número considerable"), que ejercen su influencia en parte a través de la actividad de mecanismos circulatorios (en relación con la circulación sanguínea) no-neurológicos que parecen crear una conexión directa entre la mente y el cuerpo (Damasio [1994] en particular da mucha importancia a esta conexión). Por ello, destacan la importanciade conocer el papel que desempeñan las variaciones cuantitativas en estos procesos secretores endógenos en la neuromodulación de los procesos afectivos. Las sustancias mencionadas no representan únicamente una influencia de la economía corporal en el cerebro, también son secretadas por el cerebro y son a su vez mecanismos importantes de regulación de la economía corporal por parte del cerebro.


Las percepciones afectivas liberan patrones ideomotrices de descarga: "La expresión de las emociones"


De acuerdo con el poder compulsivo del principio del placer, las percepciones emocionales resultantes desencadenan patrones reflejos de descarga motora ("expresión de las emociones"). Dichos patrones se dirigen hacia el propio cuerpo del sujeto: "La afectividad se manifiesta esencialmente en descargas motoras (secretorias y vasomotoras) que resultan en una alteración (interna) del propio cuerpo del sujeto sin referencia al mundo externo; motilidad en acciones diseñadas para efectuar cambios en el mundo externo" (1915b). [En el caso de la ansiedad por ejemplo, la redistribución de la sangre desde la piel y los intestinos al corazón y la musculatura voluntaria, el incremento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, de la presión arterial, la disminución de las secreciones salivar y mucosa pueden ser descritos como "descargas secretorias y vasomotoras" (1915b). Igualmente, "cambios internos" (1950) como estos presumiblemente subyacen a los síntomas somáticos característicos de la ansiedad: palpitaciones, sudoración, náusea, diarrea, mareos, disnea, etc.]


Freud creía que los patrones fijos de descarga motora afectivos eran, en su mayor parte, prefijados de manera innata, si bien algunas emociones básicas se forjarían aparentemente durante el desarrollo precoz por eventos biológicos momentáneos de significación universal que "unen firmemente las sensaciones (del afecto) y sus inervaciones (motoras)... Asumimos, en otras palabras que (la emoción básica) es una reproducción de alguna experiencia que contenía las condiciones necesarias para... la descarga a tavés de determinadas vías, y que de dichas circunstancias (cada emoción) recibe su carácter específico" (1926ª). Así, por ejemplo, el nacimiento desencadena un patrón de respuestas respiratorias, cardíacas y motoras de otro tipo. Este patrón de descarga (conocido posteriormente como "ataque de ansiedad") será entonces reevocado siempre que se reconozca una situación similar (experiencia de indefensión súbita y abrumadora) en el futuro. Estos patrones de descarga motora estereotipados, junto a las percepciones afectivas primarias ligadas a ellos, definen las distintas emociones básicas. En resumen, cada una de las emociones básicas es el equivalente normal de un "síntoma de conversión" histérico.


Freud concibió los patrones mencionados como los antecesores evolutivos de la acción motora dirigida a una meta. Distinguió (1926ª) dos formas de acción motora generada a partir del afecto. La primera es la forma automática y estereotipada de descarga ideomotriz ya descrita. La segunda es la acción volitiva (orientada a un objetivo). Esta forma de descarga se desarrolla a partir de, y en buena medida reemplaza, la forma automática, más primitiva. La transición coincide con la sustitución parcial (o inhibición) del principio del placer por el principio de realidad, que es mediada fundamentalmente por la influencia de los adultos de los que el infante es casi totalmente dependiente.


Para el infante dependiente, la forma automática de descarga ideomotriz afectiva ("la expresión de las emociones") sirve a una función comunicacional (no intencionada) (1926ª, 1950). Tiene el efecto en el adulto cuidador de hacer que realice la acción externa específica que se requiere para satisfacer las necesidades internas presionantes que desencadenaron la expresión del afecto [el psicoanálisis clínico ha demostrado que la variación en el desempeño del cuidador es un factor de primer orden en la psicopatogénesis]. A través de un proceso de internalización, el infante aprende gradualmente a desempeñar las acciones específicas requeridas por sí mismo. De este modo, la energía pulsional llega a ser "empleada en la adecuada modificación de la realidad" (1911), en lugar de gastarse en expresiones afectivas. Esta secuencia de desarrollo implica el dominio sobre las pulsiones, por medio del retraso de la descarga motora, que necesariamente supone una capacidad para la inhibición.


Así surge la distinción entre energía "libre" y "ligada". La excitación pulsional "libre" (de acuerdo al principio del placer) presiona para una descarga inmediata, que, en función del resultado biológico del comportamiento estereotipado que se genera (esto es, si la necesidad pulsional se consuma o se frustra), causará afectos adicionales de placer o displacer. Las formas automáticas de descarga fracasan con frecuencia en producir el efecto deseado, impulsando la transición a la forma de descarga volitiva: La descarga motora se retrasa; es decir, el proceso excitatorio es inhibido o "ligado", con lo que se produce un estado de activación tónica en el que la energía ligada puede emplearse al servicio del pensamiento, en lugar de descargarse de forma refleja. Al final culmina en una descarga en forma de una acción adecuada.


El resultado del pensamiento (al que Freud entendía como una "forma experimental de actuación", o actividad externa imaginada), se determina de forma crucial por las descargas afectivas anticipatorias (por "expresiones imaginadas de las emociones": señales de afecto que asignan una valencia placer-displacer diferencial a las diversas acciones potenciales). Esto implica descargas experimentales de pequeñas cantidades de afecto que sólo es posible debido al estado de inhibición (ligado) de las energías pulsionales subyacentes.


La inhibición del yo otorga así varias formas de defensa frente al afecto (y las pulsiones subyacentes). Sin embargo, los afectos que derivan de la activación de ideas reprimidas (ideas excluidas del complejo del yo activado tónicamente), no pueden ser inhibidos por este mecanismo, desempeñando un papel relevante en psicopatología.


Los autores introducen alguna hipótesis neurocientífica basándose en estudios psicoanalíticos realizados en pacientes con lesiones frontales ventromediales bilaterales, cuyos datos sugieren que esta región cerebral es una de localizaciones anatómicas de la inhibición pulsional (Solms, 1998). Igualmente señalan la clínica del "síndrome del lóbulo frontal" (en su variante ventromedial) que parece sugerir que la inhibición de la descarga motora (respuesta diferida) y el control sobre la afectividad (inhibición emocional) son funciones correlacionadas. ¿Cuál es la relación (fisiológica y madurativa) entre los mecanismos inhibitorios y ejecutivos frontales y los mecanismos putativos de percepción y expresión afectivas antes descritos? (recomiendan la revisión de Schore de 1994). Y entonces: ¿Es posible identificar en términos fisiológicos precisos el mecanismo por el cual la energía "libre" (ello) se transforma en energía "ligada" (yo)?


Mecanismos centrales subyacentes a la "expresión de las emociones"


Los mecanismos funcionales subyacentes al aspecto "motor" de la teoría freudiana del afecto quedaron expresamente definidos en su formulación más precoz planteada en términos cuasi-neurofisiológicos (Ver "Proyecto..." 1950), donde describe asimismo cómo las experiencias traumáticas (el trauma se define como la indefensión del yo frente a las necesidades pulsionales) y consumatorias influyen en los procesos emocionales. Estos mecanismos se mantienen en uno de sus últimos trabajos (1940), planteado en términos psicoanalíticos:


"Con respecto a los eventos internos, en relación con el ello, (el yo) realiza la tarea (autoconservación) tomando el control sobre las demandas instintivas, decidiendo si se va a permitir su satisfacción, se va a posponer ésta hasta un momento en que las circunstancias sean favorables en el mundo externo o si se va a suprimir enteramente su excitación. Se guía en su actividad considerando las tensiones producidas por los estímulos, independientemente de si las tensiones están presentes en ellos o si han sido introducidas en ellos. El aumento de estas tensiones es en general sentido como displacer y su descenso como placer. Es probable, no obstante, que lo que es sentido como placer o displacer no sea el valor absoluto de esta tensión sino algo en el ritmo de variación de la misma. El yo persigue el placer e intenta evitar el displacer. Un aumento en el displacer que es esperado y previsto se da en una señal de ansiedad; la ocasión de tal incremento, independientemente de si la amenaza procede del exterior o del interior, es conocida como peligro."


Estos mecanismos psicológicos se exponen en detalle en su trabajo de 1926 Inhibición, síntoma y angustia. De nuevo, se ponen de manifiesto las íntimas conexiones en la teoría freudiana del afecto entre las funciones viscerales, las pulsiones endógenas, los comportamientos instintivos, los recuerdos personales, y los sentimientos / emociones. Cuestión que asimismo plantean a la neurociencia.


Como colofón, los autores sintetizan en trece puntos las principales conclusiones de la teoría freudiana del afecto.


1. Las emociones son una forma de percepción; es decir, las emociones conscientes son representaciones perceptivas de procesos mentales más profundos que son, en sí mismos, inconscientes.

2. La modalidad afectiva de la conciencia difiere de otras modalidades perceptivas (visual, auditiva, somatosensorial, gustativa, olfativa) en un aspecto crucial: las percepciones afectivas registran el estado interno del sujeto mientras que las otras formas de percepción reflejan aspectos del mundo externo. Incluso si un afecto se desencadena por algo que sucede en el mundo externo, lo que de hecho se percibe en la modalidad afectiva es la reacción del sujeto al estímulo externo en cuestión, no el estímulo en sí.

3. La afirmación "El afecto registra el estado del sujeto" significa que registra la valencia personal (valor o significado) para el sujeto de una situación concreta, interna o externa.

4. Dicha asignación de valor se calibra en grados de placer y displacer, según una fórmula en la que "más placer" equivale a "más probable que satisfaga mis necesidades internas" y viceversa. Las necesidades en cuestión son de varios tipos, pero en último término, son reducibles a unas pocas universales, que se agrupan conjuntamente bajo el epígrafe de lo que Freud denominó "pulsiones".

5. Las pulsiones se definen como "los representantes psíquicos de los estímulos que surgen del interior del organismo y que alcanzan la mente, como una medida de la demanda ejercida para que trabaje en consecuencia con su conexión con el cuerpo" (1915). Así pues, las emociones son percepciones de "oscilaciones en la tensión de las necesidades instintivas" (1940). Independientemente del origen de dichas oscilaciones, las oscilaciones en sí son un evento interno.

6. En cuanto al aspecto motor de la teoría freudiana del afecto, está relacionado con la expresión de las emociones. Según el principio del placer, las percepciones de incremento en la tensión pulsional (sensaciones de displacer) resultan en una descarga de dicha tensión. Las percepciones generadas por este patrón de descarga forman parte integral del mecanismo del afecto. Es decir, las percepciones emocionales (de situaciones que previamente evocaron las sensaciones primarias de placer o displacer) están conectadas asociativamente son patrones de descarga característicos, que dan lugar a sensaciones específicas, que a su vez caracterizan a las emociones básicas.

7. Las descargas motoras son de dos tipos: 1) descargas internas (procesos secretorios y vasomotores) que producen cambios viscerales; y 2) la motilidad fina (descarga musculoesquelética) diseñada para efectuar cambios en el mundo externo. Ambas íntimamente conectadas y frecuentemente indistinguibles.

8. Las manifestaciones externas de las descargas internas (p.ej. llanto, rubefacción), tienen una importante función secundaria, la de alertar a los observadores externos del estado interno del sujeto (función comunicativa, por más que no sea intencionada).

9. Un tercer aspecto implicado en esta teoría sería el mnésico. Con respecto al origen de los patrones de descarga motora, Freud planteó que su origen era o bien una predisposición hereditaria ("memoria filogenética"), o bien se forjaban en el desarrollo precoz a través de eventos de significación universal.

10. Freud ligó dichas experiencias, que "unen firmemente las sensaciones (del afecto) con sus manifestaciones (motoras)" y que funcionan como símbolos mnésicos, con las "reminiscencias" que fundamentan los ataques histéricos. En otras palabras, Freud consideraba las emociones básicas como síntomas de conversión universales, típicos o innatos.

11. Un aspecto final de la teoría sería el ejecutivo o inhibitorio. Los patrones estereotipados de descarga motora regulados por el principio del placer, eran originalmente reacciones a eventos significativos personalmente (y biológicamente) relevantes, funcionando a partir de entonces como "símbolos mnésicos" y desencadenándose cada vez que se presenta una situación similar (lo cual no es siempre adecuado). Por ello, con la maduración del yo, se desarrollan mecanismos inhibitorios que permiten al sujeto diferir la respuesta motora. Esto produce un estado de tensión dinámica, en el que la energía ligada puede emplearse al servicio del pensamiento (en lugar de ser descargada de forma refleja). El pensamiento redunda en una descarga diferida diseñada para servir a un propósito útil en relación con la situación real actual.

12. El resultado del pensamiento, que Freud entendía como una "forma experimental de acción" (actividad motora imaginada) está determinado de manera crucial por las descargas afectivas anticipatorias (expresión imaginada de las emociones): señales de afecto que asignan una valencia placer-displacer a las diferentes acciones motoras potenciales. Esto supone descargas experimentales de pequeñas cantidades de afecto, lo cual es posible por el estado de inhibición de las energías pulsionales subyacentes.

13. Los afectos que provienen de ideas reprimidas no pueden inhibirse por este mecanismo. Por ello, desempeñan un papel importante en psicopatología y son capaces de producir ataques afectivos completos- y no-inhibibles.


Por último, concluyen con una aclaración sobre su intención de abrir una segunda perspectiva observacional de las funciones subyacentes (inconscientes), que pueda llevar a reconsiderar algunas, o quizás muchas de las conclusiones teóricas de Freud; pero el valor de la original perspectiva observacional del psicoanálisis no debería disminuir en ningún sentido por tal posibilidad. La perspectiva subjetiva del psicoanálisis puede (y para los autores debe) suplementarse por otras perspectivas observacionales, pero nunca podrá ser reemplazada por los métodos de las ciencias físicas, por el hecho singular que las emociones sólo existen, como tales, en la forma de experiencias subjetivas.


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*Mark Solms, Ph.D.

Profesor Honorario, Departamento Académico  de Neurocirugía, St. Bartholomew's and Royal London School of Medicine. Miembro Asociado de la Sociedad Británica de Psicoanálisis.


**Edward Nersessian, M.D.

Psicoanalista supervisor y formador, Instituto Psicoanalítico de New York. Profesor Clínico Asociado de Psiquiatría









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