Revista Neuropsychoanalysis - DIálogo Schore-Panksepp

Publicado en la revista nº008

Autor: de Iceta Ibáñez de Gauna, Mariano

Revista: Neuro-Psychoanalysis: An Interdisciplinary Journal for Psychoanalysis and the Neurosciences. Volume 1, No. 1, 1999. International University Press

Schore comienza señalando que los cambios recientes en ambas disciplinas (en el psicoanálisis los desarrollos contemporáneos donde cada vez se aprecia más la importancia de los fenómenos afectivos, y en la neurociencia el inicio de exploraciones fructíferas del problema de la emoción) propician que el afecto y su regulación pueda constituir un punto de convergencia potencial. Adelanta la idea central de su comentario, que el terreno común para la neurociencia y el psicoanálisis radica, en su opinión, en un análisis detallado de las relaciones estructura-función del hemisferio derecho, donde se organizaría el sistema estructural que describe la teoría freudiana del afecto, asociado con el proceso primario inconsciente y regulado por el principio del placer.


En la presentación de los editores, las "emociones básicas" se forjan en el desarrollo temprano, y en períodos posteriores de la vida representan "reproducciones de experiencias tempranas de vital importancia", no sólo para "el individuo, sino también para la especie" (Freud 1916-17). En la actualidad, señala Schore, existe un creciente interés por las "emociones biológicamente primitivas", muy antiguas desde un punto de vista evolutivo, que aparecen precozmente en el desarrollo y que se expresan facialmente. El hemisferio derecho, que madura antes es dominante durante los 3 primeros años de vida (Chiron et al., 1997), y contiene un sistema afectivo básico implicado en la modulación de las "emociones primarias" (Ross, Hohman & Buck, 1994).


Una de las áreas de coincidencia entre el psicoanálisis y la neurociencia para Schore es la función evaluativa de los afectos, que el autor sitúa en la corteza del hemisferio derecho. Este sistema lateralizado desempeñaría una función de "asignación de valencia" (Watt, 1998), en el que las percepciones reciben una carga afectiva positiva o negativa, de acuerdo con un calibrado de los grados de placer-displacer. El papel esencial del hemisferio derecho en la percepción emocional y en la localización de la atención está bien documentado.


Junto a la dimensión perceptiva, también en la dimensión "expresiva" se encontrarían Freud y la neurociencia. En este sentido, la investigación interdisciplinaria muestra la dominancia del hemisferio derecho en las muestras faciales de la emoción, los gestos espontáneos, o la comunicación emocional, espontánea y no-verbal. Añade Schore que incluso respecto a las especulaciones sobre los aspectos mnésicos del afecto, existen en la actualidad evidencias de una representación en el hemisferio derecho de información autobiográfica cargada afectivamente. Por último, también en la función adaptativa de los afectos ("mediar entre las imperativas necesidades internas del sujeto y un entorno cambiante", en palabras de Freud) existe una preponderancia del hemisferio derecho, pues contendría el mapa más completo e integrado del estado corporal disponible en el cerebro, y es fundamental para el control de funciones vitales para la supervivencia y para permitir al individuo afrontar el estrés y los desafíos del medio.


Schore defiende que esta caracterización de funciones del hemisferio derecho, hecha desde la neurobiología, es consistente con una descripción psicoanalítica reciente de un modelo revisado de inconsciente "en lugar de un caldero de pasiones incontroladas y deseos destructivos... el inconsciente es una estructura mental cohesiva, activa de manera continua que toma nota de las experiencias vitales y reacciona según su esquema de interpretación" (Wilson, 1990).


Schore coincide con el énfasis que Panksepp (y también Damasio) realiza de los circuitos emocionales subcorticales que sincronizan las conductas emocionales y los cambios en el estado corporal. Para Schore, la lateralización de los sistemas catecolaminérgicos, y la mayor densidad de sus conexiones con el sistema límbico apuntan la dominancia del hemisferio derecho en este área.


Desde las investigaciones sobre apego, se han realizado notables contribuciones al énfasis actual en el afecto dentro del psicoanálisis. En este terreno, el trabajo de Schore se ha centrado en los efectos de las interacciones emocionales a edades tempranas en la organización de los sistemas cerebrales que procesan el afecto, o lo que es lo mismo, la neurobiología del apego. Para él, las cruciales experiencias de apego de la infancia se almacenan en el hemisferio derecho (que madura más precozmente), y durante el resto del ciclo vital los modelos de trabajo inconscientes de las relaciones de apego codifican estrategias de regulación del afecto para afrontar el estrés, sobre todo el que surge en la relación interpersonal. Estas representaciones internas, afirma Schore, actúan como guías para las interacciones futuras, y el término de trabajo hace referencia al uso inconsciente que cada individuo hace de ellos para interpretar y actuar sobre las nuevas experiencias. De este modo, apunta Schore, la auto-organización del cerebro en desarrollo ocurre en el contexto de una relación con otro self, con otro cerebro; más en concreto, de una transacción afectiva (comunicaciones de expresiones faciales, prosodia y gestos) de hemisferio derecho a hemisferio derecho entre madre e hijo.


Schore apunta algunas de las implicaciones para el psicoanálisis clínico. Para él, las interacciones transferenciales y contratransferenciales, que ocurren a niveles inconscientes entre paciente y terapeuta, representarían transacciones afectivas no-verbales rápidas de hemisferio derecho a hemisferio derecho. La disregulación afectiva es un mecanismo central de las disfunciones del hemisferio derecho en todos los trastornos psiquiátricos. Uno de los papeles primarios del terapeuta es actuar como regulador afectivo que proporcione un ambiente facilitador del desarrollo de las inmaduras estructuras de regulación afectiva del paciente. Hay datos recientes que apuntan que la corteza prefrontal límbica retiene las capacidades plásticas del desarrollo precoz, y que el hemisferio derecho tiene fases de crecimiento cíclicas a lo largo de todo el ciclo vital, permitiendo la posibilidad de cambios en la "mente y el cerebro" en la psicoterapia.


Por último, Schore señala que el afecto puede asimismo encajar con la perspectiva transcientífica de la teoría de sistemas dinámicos no-lineales; las variables causales implicadas en el afecto y su regulación son notablemente dinámicas, pueden cambiar rápidamente en el tiempo en intensidad y frecuencia según un patrón no-lineal. Junto con Panksepp, Freeman, Tucker y otros ha aplicado esta perspectiva para la comprensión de los fenómenos afectivos, en un título de próxima aparición Emotion, Development, and Self-Organization.


La respuesta de Panksepp es de una amplia coincidencia con los diversos puntos expuestos por Schore. Hay algunos puntos donde señala posibles discrepancias.


En primer lugar, Panksepp apunta "debemos considerar que quizá no haya afectos inconscientes", señalando que quizá en las condiciones experimentales los afectos sean únicamente preconscientes, pero que en un marco adecuado "todos los afectos deberían ser recuperables a la consciencia".


En segundo término, apunta a que en la separación que Schore hace entre el procesamiento consciente (en el hemisferio izquierdo) y el procesamiento inconsciente de la emoción (hemisferio derecho), es demasiado corticocéntrico, y que en un análisis de estas características no deberían ignorarse los elementos subcorticales.


Por último, incide en el hecho que, desde su punto de vista, las investigaciones sobre la conciencia están diseñadas mayoritariamente desde una perspectiva fundamentalmente cognitiva, lo cual puede hacer que los afectos "parezcan más inconscientes de lo que en realidad son". Y apunta coincidiendo con Freud, la dualidad fundamental de la conciencia: afectiva y cognitiva.


Bibliografía

Chiron, C. et al (1997) The right brain is dominant in human infants. Brain, 120: 1057-65.

Freud, S. (1916-17) Introductory lectures in psychoanalysis. SE, 16. London: Hogarth Press, 1963.

Ross, E.D., Homan, R.W. & Buck, R. (1994) Differential hemispheric lateralization of primary and social emotions. Implications for developing a comprehensive neurology for emotions, repression, and the subconscious. Neuropsychiatry, Neuropsychol. & Behav. Neurol. 7: 1-19.

Schore, A. (1994) Affect regulation and the origins of the Self. Hillsdale, NJ: Lawrence Erlbaum.

Watt, D.F. (1998) Affect and the limbic system: Some hard problems. J. Neuropsychiatry 10: 113-6.

Wilson, J. (1990) The meaning of dreams. Sci. Amer. November: 86-96.


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