Revista Neuropsychoanalysis - DIálogo Shevrin-Panksepp

Publicado en la revista nº008

Autor: de Iceta Ibáñez de Gauna, Mariano

 Revista: Neuro-Psychoanalysis: An Interdisciplinary Journal for Psychoanalysis and the Neurosciences. Volume 1, No. 1, 1999. International University Press


Shevrin comienza su comentario con gran entusiasmo ante el planteamiento, pues cree que el momento es propicio para la conciliación entre la neurociencia y el psicoanálisis. Desde su punto de vista, el psicoanálisis puede aportar a la neurociencia una teoría con un nivel complejo de integración funcional, que tiene en cuenta la subjetividad individual y el contexto personal, junto con un método de investigación que aborda la subjetividad más íntima y la expresión comportamental de esta integración funcional de un modo y con una profundidad que ningún otro método psicológico alcanza. Por otra parte, opina que la neurociencia puede aportar al psicoanálisis una descripción detallada de los mecanismos y procesos cerebrales que sostienen sus hipótesis, bien proporcionando apoyo a las mismas, provocando preguntas, o sugiriendo modificaciones útiles a las mismas.


Shevrin divide su comentario en tres aspectos principales, comentando en paralelo los trabajos de Solms y Nersessian y de Panksepp:


Relación entre afecto y conciencia

Shevrin señala una posible desconexión entre ambos planteamientos. Así por ejemplo, para Solms y Nersessian los afectos son por esencia conscientes en la teoría de Freud, mientras Panksepp habla de como "los reguladores afectivos pueden... (descender)... a niveles preconscientes de procesamiento neural", para citar más adelante los trabajos de LeDoux sobre afectos inconscientes.

Otro punto conflictivo para Shevrin es la visión de Panksepp sobre el ello y su funcionamiento inconsciente en términos neurocientíficos. Los editores aplican el término cualitativo a la experiencia afectiva consciente, mientras lo cuantitativo caracterizaría los procesos inconscientes. En lugar de eso, Panksepp habla de los aspectos cuantitativos de la experiencia afectiva cualitativa consciente. De hecho, sigue Shevrin, Panksepp rechaza expresamente un concepto "vago, hidráulico, como el de pulsión" y propone su sustitución por "funciones reguladoras de la motivación específicas". Para Panksepp, desde un punto de vista neurocientífico, sería preferible hablar de niveles jerárquicos de organización, cada uno con su propio patrón de procesos cuali y cuantitativos, en lugar de restringir lo cuantitativo a un nivel de la jerarquía (consciente) y lo cuantitativo a otro (inconsciente).


Relación entre afecto y motivación

Shevrin propone, matizando a Panksepp, que quizás resultaría más claro desde un punto de vista conceptual y más cercano a los hallazgos empíricos, identificar dos clases independientes de experiencias, las motivacionales y las afectivas. Cada clase tendría sus aspectos conscientes e inconscientes, así que podría hablarse de motivaciones inconscientes que se hacen conscientes, y de afectos conscientes que se hacen inconscientes.

El aumento o la disminución de la tensión motivacional, en lugar de la experiencia consciente de placer o displacer, es lo que estaría ligado a las experiencias de gratificación o frustración. Sería posible que el estado de frustración de un impulso fuera experimentado como placentero y viceversa.

Por último, señala que desde su punto de vista, todos los afectos son señales (y no sólo una mera percepción de eventos internos) de la acción que debe emprenderse para intentar satisfacer las necesidades internas en un ambiente concreto.


Relación entre afecto y acción

El afecto debe ser conceptualizado, según Shevrin, como parte de las acciones del individuo orientadas a la gratificación de necesidades y a la supervivencia en un medio concreto. Constituye el primer indicio de la acción pretendida. Como tal, proporciona cierto retraso entre la urgencia motivacional y la acción. Así, hace posible la participación de diversas capacidades cognitivas, fundamentalmente la memoria,  para que la acción pretendida tome en consideración la experiencia previa junto con las percepciones actuales. Freud identificó de manera convincente diversas situaciones de peligro (pérdida del objeto cuidador, pérdida de amor, amenaza a la integridad corporal [ansiedad de castración], o pérdida de auto-consideración) en las que el individuo debía actuar para evitarlas. Shevrin incide en este comentario para intentar compensar una comprensión del afecto utilitarista; el autor opina, como Freud se encargó de señalar, subrayando la importancia de las cuatro situaciones de peligro, que las acciones no están indisolublemente ligadas al placer o displacer, sino que están íntimamente  relacionadas con nuestras percepciones y anticipaciones de lo que ocurrirá en el mundo si actuamos y según cuándo actuemos.


Por último, propone una aclaración sobre las concepciones del ello y de la consciencia. El ello debería ser visto como el componente motivacional de cualquier acción, mientras que el yo y el superyó funcionarían como agencias reguladoras y moderadoras a cualquier nivel. De igual modo, la conciencia puede ocurrir en cualquier nivel de la jerarquía, desempeñando su función primaria, hacer posible que el individuo distinga entre la percepción y la memoria, de tal forma que la acción en el mundo real pueda ser ordenada por una modificación de la experiencia pasada a la luz de la experiencia actual.

El inconsciente psicoanalítico se crea por actos de represión en los que las distinciones entre pasado y presente, o entre fantasía y realidad se pierden. Desde este punto de vista el inconsciente dinámico puede ser cualitativo (p.ej. conteniendo representaciones de experiencias pasadas), y cuantitativo (fuerza motivacional). Lo que lo distinguiría de la conciencia son los principios según los cuales se organizan las representaciones, lo que Freud denominó proceso primario.


En su respuesta, Panksepp apoya la dualidad de la conciencia (afectiva y cognitiva) señalada por Shevrin [si bien afirma que sólo existen evidencias experimentales marginales (p.ej. distintas esferas de conciencia en individuos con cerebros escindidos)], como medio para generar coordinadas conceptuales desde las que intentar resolver las dificultades entre las visiones de Solms y Nersessian y la suya propia en cuanto a los aspectos cuali y cuantitativos de la experiencia afectiva.

A continuación, insiste en la necesidad de redefinición de forma más específica de términos como pulsión, al modo en que Shevrin analiza el afecto y el placer (análisis con el que afirma coincidir), para ser útiles en la comprensión de los afectos a la luz de las evidencias neurocientíficas que apoyan los diversos "sistemas de comando emocional" en el cerebro (en terminología de Panksepp). Todo lo cual, le lleva a afirmar la necesidad de la teorización freudiana de amoldarse y actualizarse según los nuevos hallazgos de la neurociencia, reconociendo que en su intento de señalar algunas formas especulativas en las que este proceso podría llevarse a cabo, ha corrido el riesgo de ofender a los tradicionalistas. Igualmente, reconoce la existencia de una necesidad conceptual paralela entre los neurocientíficos modernos, donde también existen tradicionalistas, que aún continúan intentando excluir los conceptos afectivos de la investigación sobre el cerebro.

Por último, Panksepp coincide con Shevrin en que uno de los principales desafíos para la neurociencia y el pensamiento psicoanalítico en un futuro próximo será el modo de categorizar científicamente las emociones básicas y sus derivados, y su relación con la consciencia.

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