La identificación y algunas bases biológicas que la posibilitan

Publicado en la revista nº009

Autor: Bleichmar, Hugo

  El psicoanalisis ha diferenciado entre identificación y simple imitación, estando la primera impulsada por el deseo. Para tomar sólo algunos de los deseos que impulsan la identificación:  porque el otro constituye un ideal, el sujeto anhela tener los rasgos de ese ideal -papel del narcisismo en la identificación.



    También, porque se desea  mantener una estrecha relación con el objeto libidinal se logra, a través de la identificación, crear una comunidad con ese otro. El borramiento de las diferencias se convierte en la forma  por la cual se fortalece el vínculo tanto  con el otro en el encierro de una relación bipersonal como entre los integrantes de un grupo. La identificación constituye de este modo algo que trasciende el ser motivada solamente por los efectos que tiene para la representación del sujeto, es decir, para aquello que éste desea ser, para convertirse en instrumento intersubjetivo que busca algo en el otro, en el psiquismo de éste: que el otro se  acerque al sujeto al sentirlo como un igual.


    Siempre se ha hecho más hincapié en el papel estructurante de la identicación para la constitución del sujeto que en otra motivación de igual importancia: la función que cumple en la organización de la relación con el otro. Se tendió a limitar el estudio de la identificación a una dimensión -la incorporación del otro a la estructura del sujeto- sin verse que el psiquismo se desarrolla no sólo en la intersubjetividad sino para la intersubjetividad, para asegurar al sujeto mantener la relación con el otro.



    No basta considerar a la intersubjetividad como el marco en el que se estructura el sujeto sino que es necesario, igualmente, repensar a la progresiva organización de éste como orientada a garantizar el vínculo con ese otro, motivada, impulsada hacia ese fin. Examinar cómo el otro interviene en la estructuración del sujeto, cómo lo marca con sus deseos, con su sexualidad, significó un avance con relación a los modelos endogeinistas en que el sujeto se desarrollaría por pura progresión de algo interno, pero ello constituye parte de las determinaciones en juego: un verdadero modelo intersubjetivo de la organización del psiquismo debe abarcar  el contexto de génesis del mismo -el papel del otro- y, además, que esa organización tiende a que el sujeto pueda producir efectos en el otro. El psiquismo se va organizando por el otro -por la influencia de éste- y para el otro, teniendo el "para" una doble connotación: al servicio del otro y, también, como orientado a movilizar algo en ese otro, para influenciarlo afectivamente.



     Pero poder explicar la motivación que subyace a un movimiento del psiquismo no es lo mismo que desentrañar las condiciones operatorias que lo posibilitan. Así, por ejemplo, el deseo de hablar de un infante que observa que sus seres significativos lo hacen requiere de la existencia de las bases neurobiológicas que permita llevarlo a cabo. El deseo no basta.



     Lo que, aplicado al problema de la identificación, conduce a las preguntas: ¿cómo se produce la identificación, cómo aquello que se observa en el otro es transformado en algo interno, qué es lo que posibilita que al ver a un otro hacer cierto gesto, después, el sujeto sea capaz de realizar el mismo gesto, cómo se pasa, por ejemplo, de lo visual a poder reproducir motrizmente algo?



     Hallazgos recientes en neurociencia permiten ir dando alguna respuesta a estos interrogantes y a otro que, a primera vista, parecería completamente alejado del mismo aunque, sorprendemente, se muestra relacionado: ¿cuáles son los mecanismos neurobiológicos que permiten atribuir intenciones a los actos de los demás? (Blakemore & Decety, 2001; Rizzolatti, Fogassi, & Gallese, 2001)

 



Neuronas espejo



     Se ha localizado en la corteza cerebral un grupo de neuronas que tienen la facultad, desconocida hasta el presente para una neurona, de descargar impulsos tanto cuando el sujeto observa a un otro realizar un movimiento como cuando es el sujeto quien lo hace. Estas neuronas, a las que se han denominado "neuronas espejo" (mirror neurons), forman parte de un sistema percepción/ejecución de modo que la simple observación de movimientos de la mano, de la boca o del pie activa las mismas regiones específicas de la corteza motora como si se estuvieran realizando esos movimientos (Blakemore y Decety, 2001), aun cuando esta activación motora no se transforme en movimiento actuado visible.



     La evolución parecen haber asegurado así las bases biológicas para favorecer los procesos de identificación esenciales para garantizar que el infante y el cuidador/a se encuentren, para que los caracteres del segundo puedan pasar a ser parte del primero; pero, también, para que los movimientos del lactante puedan resonar en el cuidador/a, quien pasará a sentirlos como propios.



     Pero las consecuencias van más allá de que el movimiento del otro, al ser observado, genere un movimiento igual en el observador. Los investigadores que trabajan en el sistema percepción/ejecución de las "neuronas espejo" se plantean con mucho fundamento la idea de que este sistema integra un circuito que permite atribuir/entender las intenciones de los otros, y que estaría en la base de lo que hoy se conoce como teoría de la mente -suponer en el otro intenciones. Cuando un sujeto realiza acciones -simples o complejas-, estas acciones van acompañadas de la captación de las propias intenciones que impulsan el hacerlas. Se forma así una articulación en el psiquismo de modo que la propia acción queda asociada a la intención que la puso en marcha. Cada intención queda asociada a acciones específicas que le dan expresión, y cada acción evoca las intenciones asociadas.



     Una vez formado ese complejo asociativo "acción/intención" en un sujeto, cuando el otro realiza una acción que en base a las neuronas espejo provoca en el cerebro del sujeto observador la acción equivalente, ésta acción evoca en éste la intención que con ella está  asociada. Por eso el sujeto va a atribuir al otro la intención que tendría la acción si la realizase él mismo.



    Se entiende entonces que la lectura que alguien hace de las intenciones del otro es, en gran medida, atribución desde las propias intenciones, con lo cual el mecanismo de proyección es estructural en la intersubjetividad y no mero proceso defensivo. La defensa, en realidad, hace uso de una propiedad estructural del psiquismo.



     Quedan muchos interrogantes fascinantes para resolver: ¿qué papel tienen estas "neuronas espejo" en los fenómenos de identificación masiva, de falta de discriminación sujeto/objeto, en la tendencia de algunas personas a mimetizarse con el otro, de la identificación histérica, en la identificación con los estados emocionales del otro? ¿Es factible que así como ciertas cualidades -orientación espacial, habilidad lingüística, habilidad musical, etc.- están biológicamente condicionadas, lo mismo suceda con el mayor o menor desarrollo, diferente para cada individuo, del sistema percepción/ejecución,y de las neuronas espejo? O, más bien, ¿dependerá el desarrollo de este sistema de la estimulación y respuesta adecuada por parte del cuidador/a? Las respuestas no pueden provenir de las preferencias ideológicas -biologistas vs. intersubjetivistas, innatistas vs. ambientalistas- sino de investigaciones concretas que se extiendan a otras esferas, como por ejemplo a la percepción/ resonancia/ reconocimiento de estados emocionales.



    En este sentido, el hecho comprobado experimentalmente que percibir ciertos estados emocionales del otro hacen resonar estados equivalentes en el sujeto ("contagia", "entona") y provoca mímica similar (Hess y Blairy, 2001), conduce a la pregunta ¿cuáles serían las "neuronas espejo" o los circuitos para este tipo de fenómenos? Ya hay conocimiento sobre algunos componentes de esos probables circuitos: la amígdala cerebral interviene en el reconocimiento de caras y de voces que expresan estados emocionales, y en la coordinación entre las modalidades visuales y auditivas de reconocimiento (Dolan, Morris y Gelder, 2001). En un importante estudio neuroanatómico de reconocimiento de caras que expresan estados emocionales, Adolphs y col. (2000)  llegan a la conclusión que: "Estos hallazgos son consistenes con la idea de que reconocemos el estado emocional de otro individuo mediante el generar internamente representaciones somatosensoriales que simulan cómo el otro individuo sentiría cuando despliega cierta expresión facial." Es decir,  la observación de una cara expresando emociones activa las áreas somatosensoriales que corresponden en el observador a esas emociones.



    Una reflexión final:  "El proyecto", que Freud no dio a publicación por lo insatisfactorio de los resultados obtenidos -limitados por los conocimientos de su época-, significó un intento válido no de reemplazar al psicoanalisis como disciplina pero sí de correlacionar sus grandes aportes con lo que podría ser una base material para los mismos. Creemos que los tiempos están maduros para un intercambio fructífero entre psicoanalisis y neurociencia -intercambio y no reabsorción de una disciplina por la otra.

 



Bibliografía



Adolphs,  R., Damasio,  H. , Tranel,  D., Cooper,  G., Damasio,  A.R. (2000). A role for somatosensory cortices in the visual recognition of emotion as revealed by three-dimensional lesion mapping.  Journal of  Neuroscience, Vol. 20, No. 7, p. 2683-90



Blakemore, S.-J., Decety, J. (2001). From the perception of action to the understanding of intention. Nature Reviews: Neuroscience, 2 , 561-567.



Dolan, R.J., Morris, J.S, y Gelder, B. (2001). Crossmodal binding of fear in voice and face. Proc. Nat. Acad, Sci. USA, vol. 98, No. 17 p. 10006-10010.



Hess, U. y Blairy S. (2001). Facial mimicry and emotional contagion to dynamic emotional facial expressions and their influence on decoding accuracy. International  Journal of Psychophysiology, Vol. 40, No. 2, p.:129-41.



Rizzolatti, G., Fogassi, L., Gallese, V. (2001). Neurophysiological mechanisms underlying the understanding and imitation of action. Nature Reviews: Neuroscience, 2 , 661-670.