Respuesta a Sidney Blatt

Publicado en la revista nº014

Autor: Bleichmar, Hugo

El deseo de Blatt de prolongar nuestro encuentro de Londres es un indicador de lo que significó la conferencia: una oportunidad de debatir y de entusiasmarnos en el debate, una muestra de que el psicoanálisis es una disciplina que, lejos de constituir un corpus cerrado de conocimientos ya establecidos, induce a un perpetuo proceso de interrogación, con respuestas siempre provisorias para los enigmas que plantea el psiquismo.

Blatt retoma ahora el tema del papel de la interpretación y la relación terapeuta-paciente en el tratamiento analítico. Concuerdo con la afirmación que hace de que:

“Las interpretaciones sólo son efectivas en el contexto de una alianza terapéutica efectiva, y la relación terapéutica emerge, y se consolida, principalmente a partir de que los pacientes se sienten comprendidos y apreciados, sentimientos experimentados con mayor efectividad gracias a las interpretaciones precisas por parte del analista presentadas con tacto, cuidadosa y oportunamente. Creo que la técnica psicoanalítica básica proporciona un contexto que concuerda con las necesidades o la estructura de personalidad de muchos tipos diferentes de pacientes”.


En mi respuesta a Blatt y a Gullestad en Londres, quise remarcar la necesidad de una técnica flexible, adaptada a las características el paciente, a cómo éste estructura –y es estructurado- por la relación terapéutica. Por ello sostuve que:

“Hay pacientes que tienen tal rígida estructura de personalidad, tan limitado repertorio de posibles relaciones de objeto, externas e internas, que generan un patrón de transferencias muy definido con la mayoría de la gente o de los analistas. Esto es lo que ha enfatizado el psicoanálisis clásico. Otros pacientes entran en lo que se puede llamar actitud de respuesta de rol en relación a la personalidad y la técnica del analista. En estos casos, el diálogo analítico se desarrolla más en consonancia con lo que ha sido subrayado por el enfoque intersubjetivo”.

“Killingmo ha distinguido entre interpretaciones dirigidas a poner al descubierto lo que es inconsciente de aquellas que él llama intervenciones afirmativas, que apuntan a validar las percepciones del paciente, a confirmar que algo ha existido o existe. Ambos tipos de intervenciones son usadas con diferentes pacientes, aquellos dominados por los conflictos o aquellos que sufren de déficita en áreas importantes. Déficit y conflicto que coexiste en muchos pacientes, lado a lado, o en complejas interrelaciones, mientras que en otros predomina uno de ellos.

Las diferencias entre intervenciones psicoanalíticas basadas en interpretaciones y aquellas centradas en la relación, problemática que impregna parte de nuestras discusiones actuales, sin que ello nos obligue a tomarlas como estando en total oposición sino a considerarlas instrumentos para diferentes momentos del análisis de una misma persona, o para ser aplicadas más intensamente a algunos casos que a otros, a algunas estructuras de personalidad, a algunos momentos del tratamiento, o a algún tipo de patología”.


Además de lo anterior, en relación al caso de la paciente N. a la que Blatt se refiere, en el trabajo que publiqué en el International Journal (1996, p. 956) indiqué que la interpretación y la relación formaron parte de un proceso continuo, teniendo influencias recíprocas. Señalé que “El día que ella dejó su bolso sobre una silla y comenzó a acariciar el diván con uno de sus dedos tuve el sentimiento de que algo importante había ocurrido: por fin teníamos una base (¿yo como objeto transicional?) a partir de la cual iniciar la separación del mundo de fantasías paranoides de la madre. ¿Significaba eso que mis interpretaciones durante el período previo de tratamiento habían sido irrelevantes? No diría eso. ¿Significaba que las interpretaciones fueron el elemento decisivo? No enteramente. Parte de las interpretaciones habían perdurado (en la mente de la paciente) pero sólo una vez que N. comenzó a verme como “uno de la familia”, entonces el recuerdo de lo que yo había dicho adquirió un significado (acción diferida, après-coup) que ella ahora podía escuchar e incorporar. Entonces fuimos capaces de discutir acerca de sus temores de los hombres y de los “extranjeros” desde una nueva perspectiva (IPJA, 1996, p. 956).

De modo que las interpretaciones, la influencia de la relación, la resignificación por la paciente de lo que previamente le había sido interpretado –y resignificación  para el analista también-, seguidos de un cambio en la relación, luego de nuevas interpretaciones, formaron parte de una continua espiral en que estos componentes del proceso terapéutico se daban vida entre sí. La compleja interrelación entre interpretación y relación, entre conocimiento procedimental (especialmente, formas de estar con los otros significativos) y contenidos mentales organizados con mayor nivel de simbolización es lo que he enfatizado en numerosos trabajos anteriores (por ej. Avances en Psicoterapia Psicoanalítica, Paidós, Barcelona). Dado que el procesamiento inconsciente no es simple, que no hay “un” inconsciente –en singular-, que existen muchas formas de procesar afectos y representaciones inconscientemente (Fonagy, Westen, Lyons-Ruth, Bleichmar), nuestras modalidades de intervención psicoanalítica deben adoptar múltiples formas, al mismo tiempo que mantendremos a la interpretación como instrumento esencial para promover cambios. Los desarrollos recientes sobre la enorme importancia de la memoria relacional procedimental no disminuyen el papel del insight, de incrementar el conocimiento consciente con la finalidad de promover nuevas formas de estar con los otros y con nosotros mismos, de modificar nuestras relaciones intersubjetivas e intrapsíquicas. Durante el tratamiento psicoanalítico intentamos cambiar tanto los registros inconscientes como ampliar el panorama de nuestra conciencia. Dos grandes objetivos que marcan claramente que las formas de alcanzarlos no pueden reducirse a un único tipo de intervenciones, sea la interpretación dirigida a la conciencia o la acción directa sobre el inconsciente a través de la relación.