Kraft: Memoria emocional en sobrevivientes del Holocausto. Un estudio cualitativo de testimonios orales [Kraft, R.N., 2004]

Publicado en la revista nº027

Autor: Bleichmar, Hugo


Reseña: Memoria emocional en sobrevivientes del holocausto. Un estudio cualitativo de testimonios orales. Robert N. Kraft. Publicado en: Memory and Emotion. Compiladores: D. Reisberg y P. Hertel. New York: Oxford University Press, 2004, p. 347-389

La investigación realizada por Robert Kraft hizo uso de la colección de más de 4000 vídeos de testimonios de sobrevivientes del holocausto judío que se conservan en la Universidad de Yale. De esos testimonios, Kraft tomó 200 para su investigación, consistiendo cada uno de ellos en el relato del sobreviviente en presencia de dos entrevistadores no intrusivos, con una duración promedio de 2 horas. Para analizar los testimonios, Kraft empleó una sofisticada metodología (Hubell, 1999; Linton, 1986; Tolman y Brydon-Miller, 2001) de descomposición del testimonio en pasajes que son categorizados no sólo en cuanto a contenido sino teniendo en cuenta variables como el estado emocional del entrevistado.

El interés principal de Kraft fue estudiar las características de la memoria traumática. Las conclusiones que obtienen son fundamentadas con pasajes de los testimonios. Resulta difícil para el lector del trabajo de Kraft no quedar sobrecogido por esos pasajes, por los sentimientos de horror, de humillación, de impotencia que transmiten, y poder, al mismo tiempo, no perder de vista que el intento del investigador va más allá de la denuncia –la cual está continuamente presente- para intentar iluminar sobre la estructura de la memoria y poder así aportar ideas que puedan servir a los terapeutas para ayudar a los que han sufrido traumas brutales. Es investigación comprometida con la responsabilidad social de contribuir a paliar el sufrimiento de aquellos que se han enfrentado con el horror, con la maldad, con el sadismo, y han podido sobrevivir,

Características de la memoria traumática

Los elementos más básicos de los episodios traumáticos son vívidas imágenes, emociones profundamente sentidas y experiencias fisiológicas. Lo que enfatiza Kraft es la existencia de dos formas representacionales muy diferentes: una, en términos de fogonazos experienciales, de sonidos, de olores, de sensaciones corporales, por tanto no verbales, que adquieren un carácter casi alucinatorio en la repetición en el presente de lo vivido en los campos; otra, como narración verbal. La primera es memoria profunda, casi prácticamente no modificable. Kraft se apoya en otros investigadores que han mostrado la existencia de esos dos tipos de memoria. Él emplea las expresiones “memoria nuclear” para la perceptual y memoria narrativa para la expresada verbalmente. Durante el relato de lo vivido –memoria narrativa-, en ciertos momentos, los entrevistados al recordar en términos de memoria nuclear plena de sensaciones pierden el hilo de lo que están haciendo, entran en un estado que Kraft describe como hipnagógico: “el sobreviviente experimenta una pérdida del self en el ambiente actual y una inmersión en el pasado. Al mismo tiempo que se percata sólo vagamente del presente” (p. 354).

Tras una hora de testimonio, Jolly Z dice: “estoy segura de que somos guiados por necesidades internas de ver o de negar cosas que nos rodean. Pero mmm. [Agita la cabeza y mira hacia abajo durante cinco segundos.] Se me fue la idea. Estoy de nuevo allí. [Señala a sus espaldas con el dedo]… Estoy de vuelta allí”. Le preguntamos a Jolly que ve cuando está “de vuelta allí”, y responde: “Barro. Y sólo gris, y barro. [Agita la cabeza]. Mmm, cuerpos. [Llora] Oh, yo sé lo que estaba intentando decir”. Durante este testimonio, Jolly pierde el presente, deslizándose momentáneamente en los horrores del pasado recordado.

Jolly describe la experiencia de estar de vuelta allí: “Me siento allí. Veo el barro a mi alrededor. Lo huelo. El olor es muy importante. Lo huelo. Veo los cuerpos, muertos y vivos. Estoy allí. Veo todos los detalles. Estoy allí. Soy muy visual. Estoy allí. Veo el sol o la lluvia. Siento las ropas húmedas. Estoy allí”. Jolly explica que tiene “dieciséis o diecisiete” años cuando se sumerge en este recuerdo, un self diferente: “No estoy aquí… Ni siquiera sé nada de misma ahora. Estoy allí… Alguien habla a través de mí… Ves que no soy yo. Es esa persona que lo vivió quien está hablando de aquellas experiencias. Y tal vez eso es a lo que me estoy refiriendo. Puesto que estoy allí. Es esa parte de mí. No ahora”. (Testimonio de Jolly Z., 1988)

Hanna F. accede a un recuerdo nuclear mientras describe un episodio de Auschwitz. Cuando los reclusos morían durante la noche, se los sacaba de los barracones y se arrojaban a una pila de cuerpos. Una noche, Hanna tuvo que ir a la letrina, lo que significaba caminar junto a esta pila de cadáveres. Dice: “Y las ratas estaban allí comiéndose la cara de las personas. Comiéndosela. Estaban teniendo un… [se detiene y no termina la frase. Tras 13 segundos de silencio, comienza abruptamente de nuevo]. De cualquier modo, yo tenía que hacer mi trabajo. Sólo estaba mirando lo que estaba ocurriéndole a un ser humano” (Testimonio de Hanna F., 1987). Durante el silencio en su testimonio, Halla parece inmersa en las imágenes del recuerdo nuclear, reviviendo los sucesos del pasado. Otros sobrevivientes experimentan una inmersión similar en la realidad alterada de la atrocidad, y se refieren a este cambio experiencial en su testimonio. Myra L. interrumpe su propio testimonio para comentar: “Estoy hablando de forma un poco incoherente por estas cosas, estas cosas. Estoy regresando a los transportes desde el ghetto” (Testimonio de Myra L., 1984) (p. 354-355)

Kraft señala que en términos de experiencia subjetiva la exposición inicial al trauma deja a la persona incapaz de comprender qué sucede, queda separado lo que está sucediendo y el conocimiento previo sobre el mundo y sí mismo, lo que ocasiona una percepción del acontecimiento sin poder ser guiado por el conocimiento previo, sin asimilación en los esquemas normales del psiquismo.

Recuerdo de las experiencias emocionales

Los sobrevivientes recuerdan principalmente el intenso miedo vivido y/o un estado mental que describen como de obnubilación, de estar congelados, de estar en hibernación, como robots, de no experimentar ninguna emoción, de actuar como si nada importase. Es decir, de disociación, proceso defensivo extremo para poder soportar el sufrimiento.

Eva L. describe su recuerdo inicial de bajarse del coche de transporte en Auschwitz y ser inmediatamente separada de su madre:

“No podíamos creer que todo estuviera ocurriendo tan deprisa. Y luego, no sentimos nada, no sentimos. Era como estar en trance. No sentía nada. Me empujaron a un baño, me desnudaron, me raparon la cabeza. Me quitaron, me desnudaron. Me dieron unos andrajos, una pequeña blusa que me cubría la parte frontal. La espalda estaba rasgada. El resto estaba desnudo. Y fui empujada, como en un trance, no me importaba” (Testimonio de Eva L., 1982) [p. 357]

Emina N. describe su sentimiento de estar drogada y su posterior respuesta a la liberación:

“Era un día antes de la liberación… estaba caminando entre los [cuerpos] muertos. Quería ir al baño. Tengo que caminar a través de las pilas de cadáveres y no creo que tuviera ningún sentimiento. No me molestaba en absoluto. No me molestaba. De cualquier modo, como si se tratara de basura o algo, caminaba. Creo que o había algo que iba mal en mí, en nosotros, en todos, o tal vez nos daban algo, medicación o algo para que estuviéramos adormecidos. Y, de hecho, cuando fui liberada, ni siquiera quería marcharme” (Emina N. en el Testimonio de Emina N. y Miriam W., 1979) [p. 358]

Múltiples sistemas que intervienen al reexperimentar las emociones

Kraft intentar entender qué sistemas representacionales intervienen en el proceso de reexperimentar las emociones en el momento de recordar. Kraft hace hincapié en que lo que él denomina “memoria nuclear” surge bruscamente en forma de llanto, de rabia, de estados de activación neurovegetativa (arousal), como un fogonazo que sorprende a la persona, siendo diferente del estado emocional que se origina en el curso de una narrativa, en cuyo caso la emoción es producida por el significado que el relato otorga a lo que se está narrando, por ejemplo, la rabia que se vuelve a experimentar al recordar sucesos de humillación a manos de los guardias de los campos de exterminio.

Lo que más se teme es el surgimiento de la memoria nuclear porque desborda a la persona, le hace sentir que está dominada por algo enormemente doloroso que no puede evitar que la inunde. Es esta reemergencia de lo traumático casi en estado puro lo que determina el hecho tan frecuente de que las víctimas de trauma intenten olvidar, no hablar de lo sufrido.

El sentimiento de culpa

Los testimonios de los sobrevivientes muestran que padecen a lo largo de su vida distintos tipos de sentimientos de rabia, de tristeza, pero el sentimiento de culpabilidad es uno de los más frecuentes, del cual no pueden desprenderse a pesar de reconocer la irracionalidad del mismo.

Muchos sobrevivientes manifiestan una culpa cuestionadora, retrospectiva, de “por qué yo” considerada en su mayoría como culpa del sobreviviente. Menachem S. fue uno de los dos niños de aproximadamente 4000 que sobrevivió a su campo de concentración; todos los demás fueron asesinados. Como resultado, Menachem siente una culpa cuestionadora, que expresa de la forma más concisa: “Te preguntas: ¿por qué? ¿Por qué sobreviví?” (Testimonio de Menachem S., 1979). De forma similar, Nina S. pregunta “¿Por qué somos nosotros los únicos que estamos vivos? ¿Y tanta gente maravillosa no sobrevivió?” (Testimonio de Nina S., 1996).

Michael G. perdió a su familia durante el Holocausto, y los recuerdos de los acontecimientos que dieron lugar al asesinato de su familia continúan interrogándolo: “vivir con ello y justificar el estar vivo. Me siento, en muchas ocasiones, me siento culpable. Vivo con la culpa. Y no es porque haya hecho nada malo. Es sólo la culpa de por qué. He vivido con esa culpa durante mucho tiempo. Me lo pregunto muchas veces cuando hago ciertas cosas y digo, bueno, podría haberlos ayudado… si. […] (Testimonio de Michael G., 1992) [p. 370] 

La disociación del self

Otro de los hallazgos de Kraft es el haber detectado en el examen de los testimonios de los sobrevivientes el daño producido en el sentimiento de identidad. Muchos de ellos sienten que son como dos personas que conviven; una, la que experimentó lo sucedido en los campos de exterminio y, la otra, la persona que desarrolla en la actualidad una vida aparentemente normal.

Lo que queda es… dos unidades separadas en una única experiencia. Y así está el yo que estuvo de los tiempos de la guerra y preguerra y el yo posterior a la guerra. Es como tener una era de antes y de después. Y –aunque estén conectados dentro de mí- no son reconciliables. Y me llevó mucho, mucho tiempo darme cuenta de no sólo no son reconciliables, no quiero que lo sean. De que quería que estuvieran separados. (Testimonio de Renee H., 1979) [p. 379]

Cuando los sobrevivientes hablan de “máscaras emocionales” se refieren a ocultar sus selfs del Holocausto. Recordando su tiempo en Auschwitz, Violet S. dice: “Muchas veces, las personas que no me conocen parece que… que no tienen ni idea”. Tras describir su huída de Praga durante una marcha de la muerte desde Gross-Rosen hacia Bergen-Belsen, Beatrice S. admite en su testimonio que sus hijos no conocen su “yo real”, admitiendo que está desempeñando el papel que se espera de ella: “Pones una sonrisa y tiras para adelante. Te conviertes en una actriz”. (Testimonio de Beatrice S., 1982) [p. 380]

El fracaso del intento de suprimir el recuerdo mediante técnicas de distracción

Kraft hace referencia a los trabajos de Wegner que muestran que el intentar evitar los recuerdos dolorosos mediante procedimientos de distracción determina un fenómeno de rebote por el cual reaparecen con mayor frecuencia. Corrobora estas afirmaciones con los relatos de los sobrevivientes que intentaron mantener voluntariamente excluidos de sus pensamientos los recuerdos traumáticos con un resultado opuesto al deseado. Por otro lado, constata que el recordar tampoco tiene efectos catárticos: lejos de aliviar el dolor, lo mantiene. Situación aparentemente sin salida pero ante la cual Kraft constata que hay algo que ha ayudado a los que han vivido traumas tan brutales: darle un sentido diferente al hecho de recordar. No se trata solamente de que se resignifique el pasado, que se lo codifique de otra manera, sino de algo diferente: el recordar en el acto de transmitir ese recuerdo a gente que no ha vivido esas experiencias, el transmitirles un mensaje, el sentir que al hacerlo se cumple una función social, que ello es útil para los demás, que se participa de un movimiento que intenta que se esté alerta para evitar en el futuro que el horror del pasado pueda repetirse, eso le da un sentido diferente al hecho de recordar. El recuerdo ya no es sólo algo que asalta a la persona, retrotrayéndolo al sufrimiento de la experiencia traumática, sino que el recordar queda asociado a una diferente representación del self, algo así como “he sufrido este horror pero esto que relato a otros hace que mi recuerdo doloroso tenga un sentido”.

Comentario

El mérito del trabajo de Kraft, además de volver a presentar ante nosotros los testimonios de los sobrevivientes, de rescatarnos del olvido, de la desconexión de lo que puede ser el sufrimiento humano, del riesgo de la repetición si no se mantiene viva la memoria de lo sucedido, es mostrar que es cualitativamente diferente el recordar mediante el relato verbal, hacerlo con una narrativa, que “recordar con el cuerpo”, mediante sensaciones, imágenes, descargas neurovegetativas. Recuerdo en que lo mental está presente -¡cómo podría ser de otra manera!- pero donde el cuerpo forma parte esencial de la memoria. Está en línea con todas las investigaciones de la neurociencia actual –ej., Damasio, LeDoux- que muestran la existencia de un doble circuito para las emociones: uno, más básico, en que la amígdala cerebral reacciona automáticamente y desencadena reacciones en el cuerpo; otro, dependiente de la corteza.

 

Bibliografía

Hubell, S. (1999) Waiting for Aphrodite. New York: Houghton Mifflin.

Linton, M. (1986) Ways of searching and the contents of memory.In: David C. Rubin (Ed.) Autobiographical memory (pp. 50-67). New York: Cambridge University Press.

Tolman, D.L., Brydon-Millerm M. (Eds.) (2001) From subjects to subjectivities. New York: New York Universities Press

 

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