Vulnerabilidad cognitiva a la depresión [Ingram, R. E. y col., 2006]

Publicado en la revista nº042

Autor: Sevilla Valderas, Beatriz

Cognitive vulnerability to depression. Rick E. Ingram, Jeanne Miranda, y Zindel Segal. Pág. 63-91. En Lauren B. Alloy y John H. Riskind: Cognitive vulnerability to emotional disorders. Nueva York, Lawrence Erlbaum Associates 2006.


El artículo explora las investigaciones realizadas sobre el concepto de vulnerabilidad cognitiva a la depresión. Los autores parten de un modelo cognitivo de diátesis-estrés según el cual las personas con determinados esquemas distorsionados del self  serían vulnerables a padecer este trastorno ante eventos vitales estresantes, mientras que las personas que no poseen estos esquemas, no desarrollarían el trastorno a pesar de vivir los mismos eventos.


La vulnerabilidad se considera como un rasgo constante que permanece  latente hasta que algo le hace activarse. Desde este punto de partida, se hace un repaso por los diferentes modelos acerca de la depresión: los modelos de esquemas cognitivos, la teoría de la desesperanza y la teoría del apego.


Los autores resumen la teoría de esquemas cognitivos de Beck de esta forma: “los pensamientos automáticos y las creencias irracionales son una función de un esquema depresivo del self, más profundo, que organiza los pensamientos, las creencias y el procesamiento de la información de forma negativa.” (pp 66)


Resaltan los autores que la investigación posterior (desarrollada por Beck y Robins principalmente) ha propuesto dos categorías de esquemas problemáticos: el que ha sido llamado sociotropía/dependencia (de corte interpersonal, focalizado en las relaciones y en la valoración positiva que los otros hacen de la persona) y el esquema de autonomía/autocrítica (más basado en motivaciones de logro e independencia).


Estos esquemas se generarían en la infancia, a partir de situaciones estresantes o traumáticas, produciendo una sensibilización a determinado tipo de eventos relacionados con la situación inicial. Cuando estas situaciones aparezcan en la vida adulta, activarán toda la constelación depresiva.


Respecto a la teoría de la desesperanza, desarrollada por Abramson, Seligman y Teasdale, recuerdan los autores que se basa en la tendencia de algunas personas de hacer “atribuciones inestables, específicas y externas para los sucesos positivos, y atribuciones estables, globales e internas para los sucesos negativos.” (pp 67) A esto añade Abramson la expectativa de no lograr objetivos muy deseados, o de no poder evitar que sucedan situaciones muy aversivas. Para este modelo, el origen de este estilo atribucional, está en la tendencia infantil a hacer atribuciones internas acerca de las situaciones. Si una de estas circunstancias es una relación negativa con las figuras significativas, o una situación de maltrato, y si esto sucede de forma repetida, esa persona desarrollará este patrón atribucional interno para los sucesos negativos posteriores.


En relación a la teoría del apego, se citan investigaciones que señalan cómo los patrones de apego no seguros están relacionados con diversos trastornos, y también con el riesgo de depresión. (Bemporad & Romano, Cummings & Cicchetti)


La teoría del apego habla de modelos operativos internos (Bowlby), similares a los esquemas cognitivos, y que son básicamente la representación de las relaciones. Estos modelos se generarían en la infancia a través de la relación con las figuras significativas, y serían aplicados en la vida adulta a las relaciones importantes. El apego inseguro, así, provocaría modelos operativos distorsionados que dificultarían las relaciones de la persona, (Bowlby) y así se generaría la vulnerabilidad a la depresión


Los autores resaltan que los 3 modelos tienen en común el supuesto de que el procesamiento distorsionado de la información puede llevar a padecer riesgo de depresión, y que la génesis de este riesgo se sitúa en la interacción temprana con las figuras significativas. En las investigaciones que parten de estos supuestos, resumen cómo se ha logrado encontrar algunas evidencias:


- A través de los estudios de “priming” (inducción experimental de estados emocionales), se ha encontrado que las personas vulnerables a la depresión poseen estos esquemas cognitivos latentes. (Ingram, Dent, Segal y otros). Taylor e Ingram incluso encontraron evidencia de estos esquemas en niños de 8 años. Cuando los eventos vitales provocan afectos negativos, éstos pueden acceder a los esquemas de procesamiento distorsionados, convirtiendo así un afecto depresivo en una depresión.


- Los modelos de alto riesgo, (Alloy, Abransom y otros) han sugerido que los sujetos de alto riesgo procesan la información referida a sí mismos de diferente manera: la información negativa se procesa de forma más completa que la positiva. También se ha encontrado que las figuras parentales de estas personas hacían más atribuciones estables y globales de las situaciones negativas que vivían sus hijos, así como que las madres tenían más cogniciones negativas, y los padres mostraban menos aceptación emocional de sus hijos. El maltrato también se daba en mayor medida en el grupo de personas de mayor riesgo.


Además, Nietzel y Harris han concluido, a partir de los estudios realizados, que los esquemas de sociotropía/dependencia y autonomía /autocrítica pueden llevar a la depresión cuando sucede un hecho relevante relativo al esquema; sobre todo en el caso de que se combine el esquema de sociotropía/dependencia con eventos sociales negativos.


- Los modelos de apego han encontrado que tanto la autocrítica como la dependencia se relacionan con unos cuidados paternos/maternos inadecuados, siendo el apego inseguro el que se ha encontrado relacionado con mayores niveles de depresión. De igual forma, se ha encontrado que el abuso y el maltrato provocan también estos patrones cognitivos que generan vulnerabilidad a la depresión en la vida adulta.


Todo esto implicaría que “el rechazo paterno/materno puede ser un factor clave no sólo en el desarrollo de la depresión, sino en el origen de la vulnerabilidad cognitiva a la misma”. (pp 75) Es más, Rose y Abransom afirman que “el grado de maltrato infantil correlaciona con el grado de disfuncionalidad de la cognición”. (pp 76)


Los autores revisan también los estudios hechos con infancia de alto riesgo. Toman como tales a niños y niñas cuyas madres padecen depresión. Y citan el hallazgo de que los hijos e hijas de madres deprimidas poseen autoatribuciones más negativas que los otros niños. Otros estudios han encontrado que si la madre padece una depresión o un trastorno bipolar, sus hijos e hijas recuerdan menos información positiva y tienen un estilo atribucional y un autoconcepto más negativos. De igual modo, se ha observado que “el ánimo negativo eleva el recuerdo de estímulos negativos personalmente relevantes sólo para los niños de alto riesgo, sugiriendo la aparición de esquemas cognitivos negativos en estos niños, pero no en los de bajo riesgo”.(pp. 78). Cuando estos esquemas se activan, aparecen pensamientos pesimistas y de auto-devaluación.


También hay estudios que han encontrado influencia de otras personas significativas además de los padres en afectar a esa vulnerabilidad: profesorado, parejas en la adolescencia, etc.


Los autores concluyen que con toda la evidencia presentada por los estudios de priming y de alto riesgo, queda demostrado que “estos factores cognitivos existen en individuos vulnerables, y pueden ser activados por los efectos de las experiencias estresantes. (…) La investigación sobre alto riesgo además ha demostrado que la correspondencia entre el tipo de evento y el contenido particular de la cognición negativa es un factor importante para determinar si la reacción depresiva sucederá o no” (pp. 76)


Con relación a los problemas del apego, la falta de cuidados se considera como el factor más importante. El desarrollo de estructuras cognitivas negativas se produciría por modelado y por la valoración negativa que transmiten las figuras de apego al niño o niña.  La teoría del espejo, propuesta por Cooley y Mead, sugiere que “la mirada hacia uno una misma está construida por las percepciones de otros, y la comunicación de esas percepciones. En la niña o el niño que está desarrollando un esquema del self, las experiencias negativas como la falta de cuidado y el rechazo por parte de las figuras de apego generarán probablemente temas de autodesprecio e indignidad” (pp 81).  Además de afectar a los esquemas sobre la propia persona, también quedan afectados esquemas relacionados con las expectativas acerca de los otros.


Los autores hacen hincapié en que no sólo las estructuras cognitivas quedan afectadas, sino también las afectivas. Ambas estructuras negativas se desarrollan vinculándose entre sí y quedan asociadas. Así, cuando sucedan experiencias que activen emociones negativas en la persona, se activarán también las cogniciones negativas sobre el self. Y por tanto, sostienen los autores que “el esquema depresivo del self no sólo representa una visión negativa del self, sino también una conexión con las estructuras afectivas negativas.” (pp. 81). De esta forma, cuando al individuo vulnerable le sucede una experiencia negativa, se producirá un estado afectivo negativo que se conectará con las estructuras afectivas negativas y con las estructuras cognitivas negativas acerca del self, convirtiendo así un estado de ánimo negativo normal en un estado psicopatológico de depresión.


Cuanto más problemático haya sido el vínculo de apego, más fuerte será esta conexión entre las estructuras negativas afectivas y cognitivas.


Por último, los autores sostienen la hipótesis de la ruta final que se resume en que “los factores cognitivos median todos los demás procesos de vulnerabilidad psicológica, incluyendo los procesos interpersonales. “ (pp 84) Así, ponen el ejemplo de que muchas interacciones interpersonales pueden ser interpretadas por las estructuras cognitivas depresógenas como negativas sin serlo, provocando así una respuesta también negativa del sujeto y generando el consiguiente rechazo social. De modo que siempre mediarían estos esquemas, conduciendo a interpretaciones negativas de las situaciones y llevando así a la persona a la depresión.


Mi valoración personal es que la mejor aportación de este artículo es la integración que supone de modelos, al articular teorías puramente cognitivas como la teoría de la desesperanza, con enfoques psicoanalíticos que remarcan la importancia del vínculo de apego vivido en la infancia (y de los modelos operativos que se adquieren a través del mismo) sobre las relaciones futuras. En este sentido es interesante la idea de cómo las estructuras que se generan no son sólo cognitivas, sino también afectivas, y la vinculación que se va estableciendo entre ambas según la persona se desarrolla. Me parece un avance positivo en la integración de los diferentes modelos para lograr una comprensión más amplia y profunda del ser humano y sus malestares.


Bibliografía


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Teasdale, J.D. & Dent, J. (1987). Cognitive vulnerability to depression: An investigation of two hypotheses. British Journal of Clinical Psychology, 26, 113-126.