aperturas psicoanalíticas

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revista internacional de psicoanálisis

Último Número 062 2019 Monográfico. Abordaje psicoanalítico del trauma II

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Ferenczi, S. (1984). Confusión de lenguas entre los adultos y el niño. El lenguaje de la ternura y de la pasión (en Psicoanálisis [Tomo IV])

Ferenczi, S. (1984). Confusion of tongues between adults and the child. The language of tenderness and of passion (in Psychoanalysis [Vol. IV])

Autor: Genovés Candioti, Agustín

Para citar este artículo

Genovés Candioti, A. (octubre, 2019). Ferenczi, S. (1984). Confusión de lenguas entre los adultos  y el niño. El lenguaje de la ternura y de la pasión  (en Psicoanálisis [Tomo IV]). Aperturas Psicoanalíticas, (62). Recuperado de: http://aperturas.org/articulo.php?articulo=0001087

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http://aperturas.org/articulo.php?articulo=0001087


Este artículo, presentado en el XII Congreso Internacional de Psicoanálisis realizado en Wiesbaden en 1932, supone, a nuestro juicio, el legado ferencziano que resume desde un punto de vista clínico, técnico y teórico más de 20 años de investigación junto a sus pacientes. En tal sentido representa, por un lado, una síntesis de sus reflexiones acerca de sus experiencias y, por otro, apertura hacia nuevas preguntas que su prematura muerte dejó sin respuestas. Sus ideas han sido el origen de modificaciones técnicas y teóricas que autores posteriores han desarrollado.

En relación al movimiento psicoanalítico representa el punto más álgido de su controversia con Freud que ya venía insinuándose claramente desde 1924. A partir del momento en que el trabajo que comentamos supone un punto de llegada, es conveniente hacer un poco de historia para aproximarnos hasta él ubicando al texto en su contexto.

En el V Congreso Psicoanalítico Internacional celebrado en Budapest en 1918, Freud presentó un trabajo titulado “Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica” (1919/1976) donde delegó en Ferenczi la investigación de casos refractarios a la técnica empleada hasta el momento, encargándole que investigara la llamada técnica activa. Es preciso aclarar que, aunque se adjudicó siempre a Ferenczi la mencionada técnica, en realidad Freud ya la había practicado en el caso de su paciente conocido como “El hombre de los lobos” (1918/1979a), cuando fija un término al tratamiento esperando de ello un cambio que aún no se había logrado.

Un dato muy importante es que el V Congreso, realizado poco tiempo antes de la finalización de la Primera Guerra Mundial y dedicado a las neurosis de guerra, supuso también el reencuentro entre los psicoanalistas que no se veían desde el congreso de 1913. En él presentaron trabajos sobre ese tema Ferenczi, Abraham y Simmel.

La comunicación que Freud leyó allí daba cuenta de que la técnica psicoanalítica se había encontrado con problemas debido a la afluencia cada vez mayor de pacientes que no respondían a ella y que, por lo tanto, era necesario replantear los problemas técnicos. Luego de enunciar que el psicoanálisis fue creado para el tratamiento de la histeria pone como ejemplo dos cuadros clínicos en los que se advierten dificultades, las fobias y las obsesiones graves, que requieren modificaciones: “…poco a poco va cobrando certidumbre, de que las variadas formas de enfermedad que tratamos no pueden tramitarse mediante una misma técnica” (1919/1976, p. 161). Aludía al hecho de que se había ampliado el espectro de la patología que ya no era la, supuestamente, neurótica con la que se habían enfrentado los analistas hasta entonces. En este sentido, uno de los acontecimientos que enfrentaron a la técnica con nuevos escollos fueron las demandas de asistencia y la expectativa de que el psicoanálisis pudiera proveer alguna solución al tremendo problema de la patología surgida como consecuencia de la guerra, y cuyo estudio obligó a Freud a introducir algún cambio en su primera teoría del aparato psíquico.  En “Más allá del principio del placer” (1920/1979b) consigna la existencia de un momento anterior a que el sueño adquiriera la función de realización de deseos. Con ello se insinúa una nueva dimensión del psiquismo considerado hasta entonces. De este modo, Ferenczi emprende un camino de investigaciones técnicas atravesado por varios períodos cuyo desenlace es la conferencia presentada en el mencionado congreso (Ferenczi, 1933/1984b).

Al continuar con la progresión cronológica propuesta, hallamos que el año 1924 marca un momento de crisis en la relación Freud-Ferenczi vinculado a las concepciones técnicas que iba adoptando el segundo. Dos años antes, en el congreso de Berlín, Freud instituyó un premio al mejor trabajo sobre técnica que investigara la interacción entre la teoría y la técnica. El título dado a este premio, “La relación entre la técnica analítica y la teoría analítica”, para examinar “la influencia que ejerce la técnica sobre la teoría y que tanto se orientan una a la otra o se obstaculizan” (Gutiérrez Pelaez, 2012, p. 7) ya indica que la relación entre ambas originaba dificultades. Al premio mencionado se presentaron varios discípulos del maestro, aunque finalmente quedó desierto.

Para la ocasión Ferenczi y Rank escribieron un trabajo cuyo título fue “Perspectivas del psicoanálisis” (Ferenczi, 1924/1984b). Consta de seis capítulos de los cuales se atribuye a Ferenczi los capítulos I, III y V y los restantes a Rank. Trabajo que le fuera leído a Freud, personalmente, en un viaje de Ferenczi a Viena. Allí el maestro mostró su plena aprobación. Pero, con posterioridad y para gran sorpresa de Ferenczi, después de esta respuesta positiva se ocasionó un gran revuelo entre los colegas, particularmente entre los analistas berlineses encabezados por Abraham, quien acusó a Ferenczi de alejarse de la teoría psicoanalítica al intentar reemplazar, según él, la rememoración por la repetición. Este trabajo de Ferenczi y Rank era realmente una crítica al ejercicio del psicoanálisis tal como se practicaba entonces en algunos sectores. Aunque dichas críticas no llevan nombres propios, parecen estar dirigidas en general al sector berlinés encabezado por Abraham y Sachs. Según Antoni Talarn (2003) se trata del “primer texto autocrítico, escrito por analistas, del psicoanálisis de aquella época” (p. 80).

Freud intervino tratando de calmar los ánimos (carta de Freud al Comité del 15 de febrero de 1924 [Wittenberg y Chrisfried, 1921/2002]). En esta carta opina que considera al trabajo en cuestión “una corrección de mi concepto del papel de la repetición o actuación (agieren) en el análisis” (citado en Talarn, 2003, p. 88), recomienda a los miembros del Comité esperar para ver los resultados antes de emitir juicios definitivos. Finalmente, el maestro se hizo eco de las críticas de los analistas berlineses aprobándolas. Con fecha de 14 de febrero de 1924 (carta 947), Ferenczi escribe a Freud expresando su malestar por la postura adoptada por su maestro (Talarn, 2003, p. 90).

En “Perspectivas del psicoanálisis” (Ferenczi, 1924/1984b) ya se insinúan algunas de las líneas que causaron la ruptura de 1932. Escrito como continuación de aquel otro de Freud de 1914 cuyo título fue “Recuerdo, repetición y elaboración” (1914/1980a), el artículo del 24 pretende profundizar en ese rumbo de pensamiento. Recordemos que en aquella ocasión Freud planteó la necesidad de un cambio de técnica fundamentado en los fracasos de los intentos anteriores. Es allí donde por primera vez introduce el concepto de neurosis de transferencia (p. 156) al mismo tiempo que modifica la óptica acerca del sentido de la repetición al afirmar: “Y durante el lapso que permanezca en tratamiento no se liberará de esta compulsión de repetición; uno comprende al fin que esta es su manera de recordar” (p. 152). Con tal afirmación modifica el estatuto de la repetición transferencial entendiéndola como una forma de recordar y no solo como una resistencia. Hay que tener en cuenta que la revisión técnica que Freud emprende en el 14 es, entre otros aspectos, una consecuencia del fracaso con que se encontró en el intento de que su paciente –“El Hombre de los Lobos”- rememorara la escena primaria supuesta detrás de su sintomatología (Freud 1918/1979a).

En el escrito freudiano que comentamos hay un pequeño párrafo que tiene el valor de una clave para comprender futuros desarrollos en particular de la obra de Ferenczi. Allí se refiere a la existencia de actos psíquicos que no pudieron ser olvidados porque nunca fueron conscientes. Se trata de procesos que “…deben ser considerados separadamente en su relación con el olvidar y el recordar. Aquí sucede, con particular frecuencia, que se `recuerde´ algo que nunca pudo ser `olvidado´ porque en ningún tiempo se lo advirtió, nunca fue consciente…” (Freud, 1914/1980a, p. 151).

Esta última idea, tan brevemente formulada, explicaría los fracasos de la rememoración como meta dado que buscaría recuperar en la consciencia algo que ya estuvo en ella y luego fue expulsado de la misma. Es decir, se podría rememorar aquello que hubiera sido reprimido pero no lo que no hubiera sido incluido en el proceso secundario La conclusión que Freud no sacó de sus propias ideas es que el psicoanálisis era algo más que una terapia de la memoria. ¿Cómo se puede rememorar lo que nunca fue consciente?

Esto le hace decir a Green (1990): “…desde esa época, Freud comprendió que el levantamiento de la amnesia, así como el reconocimiento de lo reprimido por aceptación puramente intelectual, no son el insight.” (p. 17-18).

Y de aquí surgen los intentos terapéuticos de Ferenczi que recupera este texto 10 años después al sostener en 1924/1984b) la necesidad de favorecer la repetición, no dificultarla, dado los fracasos mencionados más arriba. A la rememoración opondrá la vivencia. Y es en dicho punto alrededor del que gira toda la disputa: el temor freudiano a que se deje de lado la rememoración como meta del análisis.

Pero hay otro tema que provocó graves enfados por parte de los berlineses encabezados por Abraham, quien acusó a Ferenczi y Rank de renunciar al psicoanálisis: “Tras un estudio muy minucioso he detectado tanto en las Perspectivas como en el Trauma del nacimiento muestras de una regresión científica que coincide incluso en algún pequeño detalle con la deserción de Jung…” (Carta 432a del 26 de febrero de 1924, en Freud y Abraham, 1907-1926/2001, p. 507).

En ese trabajó Ferenczi fue muy crítico con un modo de hacer que se había centrado más en buscar la demostración de la teoría que en investigar lo que ocurría en el campo psicoanalítico. Se forzaba la clínica al intentar que la teoría encajara con ella. Un modo de enfrentar al paciente desde una posición de superioridad de quien cree sentirse dueño del saber. De ahí que menciona críticamente al “excesivo saber” (1924/1984b, p. 279) del analista. Con “excesivo saber” se refería a una actitud del terapeuta que buscaba confirmar la teoría lo cual se transformaba en un obstáculo epistemológico: “Esta forma de saber demasiado teórica se ha convertido a menudo incluso en un obstáculo para el saber hacer práctico” (p. 279). Concepto que recuerda las palabras del poema “El primer coro de la roca” de T. S. Elliot (1934): “¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información?”. 

El artículo

Para comenzar nos gustaría señalar que encontraremos en él ideas que, claramente, resultan una crítica a ciertas concepciones freudianas. Aunque no mencione expresamente a su maestro, sí está aludido indirectamente, al rechazar el concepto de lo congénito como etiología de ciertas patologías en las que la técnica clásica fracasaba. Invocar este concepto como causa última de la razón de las dificultades de tratamiento suponía, según él, clausurar las posibilidades de la investigación dando así por cerrada la explicación. Comienza su presentación con una reivindicación del factor traumático en la patología, incluida la neurótica, problema que ha quedado escondido detrás de la idea del origen constitucional de patologías graves: “El hecho de no profundizar lo suficiente en su origen externo supone un peligro, el de recurrir a explicaciones apresuradas relativas a la predisposición y a la constitución” (Ferenczi, 1984a, pp. 139-140).

Mostró cómo bajo ese diagnóstico, que ponía un sello de inanalizable, se encubrían perturbaciones muy precoces que no estaban centradas en el complejo de Edipo pero que generaban alteraciones en su curso. Podemos decir que Ferenczi fue quien puso en un primer plano la importancia de los conflictos y traumas preedípicos lo que le valió, como hemos visto, la crítica de cometer la herejía de dejar de lado al complejo de Edipo lo que lo apartaría así del campo psicoanalítico. Cuando en realidad llamaba la atención acerca de la prehistoria del complejo de Edipo.

Para nuestro autor aquello que se planteaba como una oposición no eran más que dos aspectos complementarios de un desarrollo que va desde el “monismo” inicial (Ferenczi, 1909/1981a) hasta la triangulación edípica. La ampliación del campo comprensivo de la patología considerada tratable lo convirtió en el analista de los casos difíciles. Es necesario tener en cuenta que ambos analistas estaban observando patologías diferentes. Para Freud los pacientes que trataba Ferenczi no llenaban los criterios de analizabilidad: “La situación analítica consiste en aliarnos nosotros con el yo de la persona objeto a fin de someter sectores no gobernados de su ello, o sea a integrarlos en la síntesis del yo…El yo para que podamos concertar con él un pacto así, tiene que ser un yo normal” (Freud, 1937/1980b, p. 237).

Es evidente que las patologías en que se asientan las observaciones ferenczianas no son las de la represión sino las de la escisión. Las ideas antedichas van a recorrer a lo largo y a lo ancho todo el escrito que analizamos. En primer lugar muestra en su apogeo una idea que venía desarrollándose desde escritos anteriores: entender la evolución como el resultado de un campo intersubjetivo, y la técnica como la acción sobre un espacio de dos en el que cuentan tanto la subjetividad del paciente como la del analista (Genovés Candioti, 2012), de allí el énfasis puesto sobre la contratransferencia.

De acuerdo a lo dicho, las tensiones que generó este trabajo, el cual Freud pidió que no lo presentara en el congreso, se observan ya en los primeros párrafos:

Sería un error querer introducir a la fuerza, en un informe al Congreso, el amplio tema del origen exterior de la formación del carácter y las neurosis. Por ello me contentaré con ofrecer un extracto de lo que hubiera querido decir. (Wittenberg y Chrisfried, 1921/2002, p.139)

Palabras que son suficiente botón de muestra de las dificultades que rodearon a esa presentación. A pesar de la oposición de Freud, Ferenczi pudo leer su trabajo, pero los problemas no terminaron aquí. Ferenczi tenía mucho interés en que su ponencia fuera traducida al inglés dada la difusión de las ideas psicoanalíticas en este idioma. Jones le prometió hacerlo, Freud se oponía y después de la muerte del analista húngaro se descartó su publicación, según Jones porque las ideas que contenía “son simplemente un delirio que solo puede desacreditar al psicoanálisis y darle crédito a sus detractores” (en Gutiérrez Peláez, 2012, p.72).

El punto central de la controversia se basa para él en el origen exterior. Plantear el origen exterior del carácter y de las neurosis presume ubicarlo en un plano relacional e introducir al factor traumático, hecho que fue interpretado como una regresión a la vieja teoría de la seducción, cuando ya el psicoanálisis se había centrado en torno al papel de la fantasía. A la vez marca una diferencia crucial en torno a la teoría pulsional: según Freud la pulsión de muerte tiene un origen interno mientras que, para Ferenczi, surge de la relación con el objeto (Ferenczi, 1929/1984e).

A continuación de esta presentación abordará un tema de técnica mostrando la imagen de un analista empeñado en analizar los síntomas con prescindencia de la relación con el paciente. Escribe Ferenczi que el resultado de esta técnica no era el esperado, aparentemente el paciente mejoraba después de la sesión, pero los síntomas recrudecían con violencia pasadas unas horas. A raíz de enfrentarse repetidamente con dicha experiencia observó que la situación traumática se reproducía en el aquí y ahora de la sesión. Que el analista, con su actitud, participaba de aquello que habría ocurrido en el pasado. De ahí extrae una conclusión: “La repetición estimulada por el análisis había resultado demasiado bien…” (1984a, p. 140). Era un hecho que lo retraía a la situación traumática original porque el trauma no era solo cosa del pasado sino que el paciente era, también, traumatizado en el presente por la actitud del analista: “La situación analítica, esa fría reserva, la hipocresía profesional y la antipatía respecto del paciente…. no difiere demasiado de las cosas que anteriormente, es decir en la infancia, le hicieron enfermar” (1984a, p. 142).

La conclusión extraída de estas observaciones la expresó así: “Llegué poco a poco a la convicción de que los pacientes percibían con mucha finura las tendencias, las simpatías y antipatías y el humor del analista, incluso cuando este era inconsciente de ellas” (1984a, p.  141). Por primera vez aparece la idea de que el propio analista puede estar dificultando el avance de su paciente, y no se trataría ya de su mayor o menor conocimiento teórico sino de un problema de empatía. De tal modo nuestro autor despliega un campo en donde no solo cuenta lo emocional del paciente sino también aquello que aporta el propio analista desde su inconsciente. Y este es uno de los grandes aportes ferenczianos, considerar que la personalidad del analista interviene también en el proceso terapéutico.

Lo que perturbaba el progreso del analizando era algo del orden de la transferencia negativa, favorecida por la actitud del analista. Transferencia que el paciente no se atrevía a expresar por temor frente a una figura idealizada vivida como omnipotente. Reproducción no en la fantasía sino en la realidad actual. No se puede elaborar el pasado porque el presente se vive como semejante. En las sesiones donde el analista se muestra más como un maestro de escuela, el paciente es incapaz de protestar frente a lo que puede estar experimentando como un abuso o maltrato ya que el terapeuta aparece revestido de una autoridad temible. Entonces recurre a defensas autoplásticas y no aloplásticas, se identifica con el agresor. El genio de Ferenczi y su humildad consistió en poder escuchar que no todo en el paciente era una proyección transferencial, pues algo de sus quejas y reproches podía estar ocasionado, realmente, por la actitud del analista. Un corolario de lo dicho es la idea de que muchas transferencias aparentemente positivas no son más que una defensa contra la hostilidad subyacente provocada por el propio analista: “Los padres y los adultos debieran aprender a reconocer, como los analistas, tras el amor de transferencia la sumisión o la adoración de nuestros hijos, pacientes o alumnos, un deseo nostálgico de liberarse de este amor opresivo…” (Ferenczi, 1924/1984b, p. 146)

Es fundamental que el encuadre plantee una diferencia entre presente y pasado para que puedan analizarse las experiencias infantiles, por lo que, si el analista adopta una posición de poder (transferencia de autoridad, en Paniagua, 1997), favorece idealizaciones y no hace más que repetir en el presente aquello que lo enfermó en el pasado. En cambió si es capaz de escuchar aun eso que podría afectar su narcisismo y analizarlo, el campo queda limpio y entonces, el paciente “Como se sabe ahora protegido de la repetición, intentará arrojarse a la reproducción del pasado desagradable” (Ferenczi, 1931/1984f, p. 115).

Repetición y reproducción, dos caminos, dos alternativas diferentes y entre ellas un contraste que da cuenta de tiempos diferentes. Repetir es volver a vivir el trauma en la situación presente sin posibilidad alguna de distinguir ni diferenciar tiempos ni objetos porque un trauma se está viviendo en la realidad actual y no solo en la fantasía o en el recuerdo (Genovés Candioti, 1998, p. 235).

Es un hecho al que Ferenczi le otorga máxima importancia: el problema de la temporalidad. No se puede esperar un éxito terapéutico si tratamos la enfermedad como un episodio del pasado, lo único que se logra es una intelectualización del paciente. Con las experiencias que describe al comienzo del artículo se topó con la realidad de que la memoria se ha transformado en acto y este último surge a través de la relación transferencial. Es allí donde se despliega la vivencia con todo su contenido afectivo.

El analista debe estar en condiciones de poder escuchar y percibir detrás del material manifiesto las quejas y críticas del paciente. Si su narcisismo le impidiera escuchar y, con ese campo transfero-contratransferencial perturbado, quisiera “empujar al paciente a la reproducción del trauma su estado se hace insoportable; por ello no hay que extrañarse de conseguir una situación similar, ni mejor ni diferente a la del trauma primitivo” (Ferenczi, 1984a, p. 143).

Sandor Ferenczi insiste cada vez más en la influencia de la personalidad del analista en la construcción del campo creado entre dos, lo que lo obliga a incluir en primer plano el problema de la contratransferencia. Dicho tema queda claro en el artículo, cuando plantea que uno de los grandes obstáculos para la cura es el narcisismo del analista:

Aquí chocamos con importantes resistencias, no ya las del paciente, sino las nuestras. Ante todo debemos ser analizados y conocer a fondo nuestros rasgos de carácter desagradables, tanto interiores como exteriores, a fin de aceptar lo que las asociaciones de nuestros pacientes puedan contener de odio o desprecio oculto. (1984a, p. 141)

Enfrentado a este problema aconseja reconocer las críticas y llegar, si es necesario, a la confesión contratransferencial, recomendación que se apoya en la constatación (Ferenczi, 1908/1984a) de que el adulto distorsiona el psiquismo infantil al desvalorizar o negar el valor de sus pensamientos. De lo anterior derivará un elemento importante de su teoría traumática: no basta un suceso para producir un trauma, que se constituya o no en tal depende de la actitud que asuma el adulto significativo. La situación traumática se transforma en trauma si el adulto en lugar de arropar al niño desmiente su experiencia, lo enfrenta con su renegación. Si un niño/a abusado recibe la desmentida de esa experiencia no tendrá más remedio que escindir su psiquismo, es decir renegar de la realidad, como forma de sostener el vínculo.

Es lo que afirma Ferenczi que puede suceder entre analista y paciente si aquel niega la autenticidad de su crítica o su protesta y lo atribuye a una pura proyección. Frente a esa eventualidad su consejo es la ya mencionada confesión contratransferencial que restaura la confianza hacia el analista a la vez que lo diferencia de las figuras del pasado traumático.

El tema de las dificultades que puede plantearle al terapeuta su propia personalidad lo lleva a reflexionar acerca del análisis de los analistas que, según su opinión, estaban menos analizados que los pacientes: “No hay que olvidar que el análisis en profundidad de una neurosis exige casi siempre muchos años, mientras que el análisis didáctico habitual dura algunos meses, o a lo sumo año y medio…” (1984a, p. 141). Con dichas consideraciones se transformó así en el introductor de los análisis didácticos prolongados.

Hasta aquí el artículo se mantiene en la descripción y elaboración de una problemática de técnica, pero que luego dará paso a la descripción de tres situaciones patológicas derivadas de la apreciación del trauma temprano.

Cabe agregar que las conclusiones técnicas que hemos mencionado fueron el resultado de algunos de los problemas que surgieron de la aplicación de la técnica activa. Durante este período Ferenczi detectó problemas de suma importancia tanto en el orden de la técnica como de la teoría. En “Contraindicaciones de la técnica activa” (1926/1981c) se refiere a las órdenes y prohibiciones habituales en ella, alertando sobre el peligro que representan las consignas antedichas cuando al querer imponer la voluntad sobre el paciente se repite la situación padre-hijo o peor aún las “más bien sádicas de un maestro de escuela” (Ferenczi, 1926/1981c, p. 430). Con las referidas observaciones, Ferenczi abandona la técnica activa e inicia una nueva etapa de innovaciones técnicas.

La confusión de lenguas

Concepto que, a nuestro modo de ver, es posible descomponer en tres niveles. Se puede hablar de confusión de lenguas entre el paciente y el analista cuando las resistencias ya citadas le impiden escuchar aquello que pudiera cuestionar su teoría, como expresó en “Perspectivas del Psicoanálisis”: “…las dificultades técnicas han surgido de un excesivo saber (cursivas del autor) del analista” (1924/1984b, p. 275).

Con dicha aseveración nuestro autor quiere decir que el analista no ha tomado suficiente distancia con su teoría y busca confirmarla con el material del paciente, lo cual configuraría uno de los niveles mencionados de la confusión entre lo que el paciente muestra y lo que el analista quiere confirmar. Este es un problema de técnica y de análisis del analista que crea interferencias en la escucha (Genovés Candioti, 2004). Si bien el nivel descripto no está expresado manifiestamente se deduce de sus trabajos desde “Perspectivas del Psicoanálisis” hasta el que comentamos aquí.

También podríamos señalar la confusión de lenguas entre Freud y Ferenczi dada por el hecho de que, el primero, lo interpretó como una regresión a su vieja teoría de la seducción, lo que le impidió advertir que su discípulo había recogido algo anterior y lo traía resignificado por su propia experiencia.

Pero la confusión a la que se refiere, explícitamente, es la que se origina entre el niño y el adulto cuando el último confunde la ternura infantil con la pasión sexual. Los hechos se producen así: el niño en evolución pasa por una etapa de amor “objetal pasivo o estadio de ternura” (Ferenczi, 1932/1984g, p. 146), primera etapa que puede adoptar un aspecto  erotizado pero solo busca la ternura del adulto, si este por su condición patológica la confunde con la pasión amorosa se produce el abuso sexual que perturbará el desarrollo infantil:

Las seducciones incestuosas se producen habitualmente de este modo: un adulto y un niño se aman; el niño tiene fantasías lúdicas, como por ejemplo, desempeñar un papel maternal respecto del adulto. Este juego puede tomar una forma erótica pero permanece siempre en el ámbito de la ternura. No ocurre lo mismo en los adultos que tienen predisposiciones psicopatológicas…. Confunden los juegos de los niños con los deseos de una persona madura sexualmente y se dejan arrastrar a actos sexuales sin pensar en las consecuencias. (p. 144)

En la situación descrita el niño no puede oponer resistencia y, posteriormente, el único recurso a su alcance es lo que llama identificación con el agresor, de este modo se somete a las exigencias del abusador introyectándolo junto con su sentimiento de culpa para adquirir control sobre el peligro representado por el otro: “En cualquier caso la agresión deja de existir en cuanto realidad exterior y, en el trascurso del trance traumático, el niño consigue mantener la situación de ternura anterior” (p. 145).

Consideremos el desamparo en que se encuentra el niño en dicho trance, más si tenemos en cuenta que en muchas ocasiones el abusador fue alguien cercano en quien el niño habría confiado previamente, situación agravada por el hecho que puede encontrarse con la ya mencionada desmentida si acude en busca de apoyo. La única manera de recuperar la protección es regresar al momento pretraumático, lo que significa negar la realidad de lo sucedido.

Desde esa experiencia el niño queda escindido entre alguien inocente y culpable a la vez:

Lo que importa desde el punto de vista científico en esta observación es la hipótesis de que la personalidad aun débilmente desarrollada reacciona al desagrado brusco no mediante la defensa sino con una identificación ansiosa y con la introyección de lo que la amenaza o la agrede. (p. 146)

Como quedó dicho, la desmentida del adulto que niega la realidad del acontecimiento deja al niño en una situación de desamparo mayor y con su psiquismo distorsionado por la introyección aludida y por la asunción de una culpabilidad que no le corresponde.

Pero no siempre el abuso es de índole sexual. También detallará lo que llamó castigos pasionales (p. 147) como otra forma de traumatizar a un niño. Con el adjetivo “pasional” apunta a un adulto que con la aparente motivación de imponer un correctivo aprovecha la ocasión para descargar su sadismo: “…lo que supone para un niño hasta entonces no culpable, todas las consecuencias de la depresión… La personalidad regresa hacia una beatitud pretraumática, intenta creer que nada ha sucedido…” (p. 147).

La tercera situación a comentar es la que llama terrorismo del sufrimiento que se produce cuando el adulto significativo toma al niño como a un confidente cargándolo con la responsabilidad de “convertirlo en un sustituto materno” (p. 148).

Pero ya se trate de un trama sexual o que afecte al narcisismo:

Un enorme sufrimiento y, sobre todo, la angustia de muerte, parecen tener el poder de despertar y de activar súbitamente determinadas disposiciones latentes aun no desarrolladas, que aguardan su maduración en absoluta quietud. El niño que ha sufrido una agresión sexual puede desplegar repentinamente, bajo la presión de la urgencia traumática, todas las emociones de un adulto maduro… Puede entonces hablarse simplemente, oponiéndola a la regresión a la que tan a menudo nos referimos, de progresión traumática o de prematuración (patológica). (p. 147)

Hasta aquí hemos visto sus consideraciones técnicas como resultado del pasaje por la técnica activa. Las críticas a la misma (Ferenczi 1926/1981b), lo condujeron a nuevas innovaciones: “La elasticidad de la técnica psicoanalítica” (1928/1984d), “Principio de relajación y neocatarsis” (1930/1981c) y “Análisis de niños con los adultos” (1931/1984f). La consecuencia de este periplo a través de patologías graves fue poner en un lugar relevante la importancia fundamental del trauma temprano debido a la violencia ejercida por un adulto gravemente perturbado que deforma el psiquismo infantil, produciendo los cuadros patológicos mencionados. Dicho de otro modo, el trauma no es únicamente un problema de exceso de excitación no descargada. Sino que se produce en un encuentro intersubjetivo en el que el abuso, cualquiera que sea, requiere de la renegación del adulto que debió haber funcionado como parapeto. Encuentro perturbado que, también, puede darse en el curso de un análisis. De allí el fundamental valor derivado de lo dicho: la consideración de la contratransferencia y la necesidad de un análisis prolongado del analista.

Pero hay algo aún quizás más relevante para señalar. Las patologías consideradas se inscriben sobre un fondo del cuál nuestro autor es consciente: lo traumático del encuentro entre un ser inmaduro y el universo adulto, aunque no sea particularmente patológico. Traumatismos que “…conciernen a la entrada del niño en la sociedad de sus semejantes…” (Ferenczi, 1928/1984c, p. 37). Entre los que apunta al destete, la educación esfinteriana, la limpieza y la supresión de los “malos hábitos”. Podríamos agregar el efecto de la palabra en su dimensión traumática. Para terminar esta reseña diremos que, a pesar de los juicios de Jones con los que desestimó el valor de este trabajo, “Confusión de lenguas...” ha sido revalorizado y ha servido de fuente de inspiración a muchos psicoanalistas posteriores que vieron en él instrumentos conceptuales y técnicos para el abordaje de patologías graves que no podían ser tratadas de la misma forma que las neurosis.

Referencias

Eliot, T. S. (1934). El primer coro de la roca. Recuperado de  https://ciudadseva.com/texto/el-primer-coro-de-la-roca/

Ferenczi, S. (1981a). Transferencia e introyección. En Psicoanálisis (Tomo I, pp. 97-134). Madrid, España: Espasa-Calpe. (Obra original publicada en 1909).

Ferenczi, S. (1981b). Contraindicaciones de la técnica activa. En Psicoanálisis (Tomo III, pp. 427-438). Madrid, España: Espasa-Calpe. (Obra original publicada en 1926).

Ferenczi, S. (1981c). Principio de relajación y neocatarsis. En Psicoanálisis (Tomo IV, pp. 91-108). Madrid, España: Espasa-Calpe. (Obra original publicada en 1930).

Ferenczi, S. (1984a). Psicoanálisis y pedagogía. En Psicoanálisis (Tomo I, pp. 53-76). Madrid, España: Espasa Calpe. (Obra original publicada en 1908).

Ferenczi, S. (1984b). Perspectivas del psicoanálisis. En Psicoanálisis (Tomo III, pp. 267-286). Madrid, España: Espasa Calpe. (Obra original publicada en 1924).

Ferenczi, S. (1984c). La adaptación de la familia al niño. En Psicoanálisis (Tomo IV, pp. 33-47). Madrid, España: Espasa Calpe. (Obra original publicada en 1928).

Ferenczi, S. (1984d). La elasticidad de la técnica psicoanalítica. En Psicoanálisis (Tomo IV, pp. 59-72). Madrid, España: Espasa Calpe. (Obra original publicada en 1928).

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