aperturas psicoanalíticas

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revista internacional de psicoanálisis

Último Número 071 2022 Clínica de la intersección de lo social y lo intrapsíquico

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Psicoanálisis y justicia social. De fuera a dentro y de dentro a fuera

Psychoanalysis and social justice: Outside in and inside out

Autor: Nath, Sanjay

Para citar este artículo

Sanjay, N. (2022). Psicoanálisis y justicia social. De fuera a dentro y de dentro a fuera. Aperturas Psicoanalíticas (71). http://aperturas.org/articulo.php?articulo=0001194

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Resumen

Comenzando con reflexiones extraídas de experiencias personales de abordaje de la justicia social y lo sociopolítico dentro del psicoanálisis, se destaca la cuestión de la separación de las formulaciones individuales y culturales/sociopolíticas dentro del psicoanálisis. A partir de la teorización de Lynne Layton y Philip Cushman, se explora cómo sostener la tensión entre el pensamiento sistémico y los enfoques individualistas, concluyendo con una reflexión sobre cómo el psicoanálisis y la comunidad se han integrado mediante enfoques de psicoanálisis comunitario en los EE.UU. Este esfuerzo introductorio por integrar los ideales de la justicia social y el psicoanálisis tiene como objetivo abordar cómo tal enfoque afecta a la naturaleza de la práctica clínica psicoanalítica.

Abstract

Beginning with reflections drawn from personal experiences with approaching social justice and the sociopolitical within psychoanalysis, the issue of splitting of individual and cultural/sociopolitical formulations within psychoanalysis is highlighted. Drawing from Lynne Layton’s and Philip Cushman’s theorizing, an exploration of how to navigate the tension between systemic thinking and individualistic approaches is undertaken, concluding with a reflection on how psychoanalysis and community has been integrated via approaches to community psychoanalysis in the U.S. This introductory effort to integrate the ideals of social justice and psychoanalysis aims to address how such an approach impacts the nature of psychoanalytic clinical practice.


Palabras clave

justicia social, psicoanálisis comunitario, psicoanálisis social.

Keywords

social justice, social psychoanalysis, community psychoanalysis.


Traducción: Marta González Baz
Revisión: Lola J. Díaz-Benjumea

 

Me gustaría comenzar compartiendo un sueño lúcido (o pesadilla diurna) que un paciente me relató durante una sesión. En él, el paciente estaba almorzando en la azotea de un edificio, junto a un grupo de compañeros, y miraba la ciudad. El paciente empezó a ver a lo lejos humo, primero un poco y luego una zona cada vez más grande del cielo oscurecida por el humo que se elevaba. Pronto se hizo evidente para el paciente que era un incendio que crecía y se desplazaba por la ciudad, con llamas naranjas visibles ahora en la base de donde salía el humo. El paciente comenzó a sentirse ansioso y preocupado, y se dirigió a sus compañeros diciendo: "¿Lo veis? ¿Qué hacemos?". Ninguno de los otros estaba preocupado y dijeron que no sabían de qué hablaba su amigo, ya que los demás no podían ver nada. El paciente se puso más y más ansioso, y frenético, preguntándose qué hacer. El fuego crecía y se acercaba a ellos, y toda la ciudad podía arder, mientras los demás seguían comiendo sus almuerzos en calma.

¿Cómo se entiende este sueño? Uno podría tratar de entender la ansiedad del paciente a través de la lente de un sentimiento de impotencia o ansiedad que podría estar conectado a los sentimientos que surgieron en la familia de origen o incluso el entorno social. Uno podría preguntarse qué simboliza o representa el fuego en el inconsciente del paciente. También podría ser importante, antes de ofrecer cualquier comprensión, saber más sobre la identidad del paciente: identidad de género, edad, identidad racial/étnica, orientación sexual, estado de capacidad, etc. O, de forma similar, saber más sobre el contexto: ¿en qué momento y lugar se encuentran las imágenes del sueño? Podríamos mirar los restos diurnos del paciente, o incluso los restos de las semanas, meses o incluso años que llegaron a producir este momento. Y también podríamos pensar en las condiciones sociales y societarias más generales que dieron lugar a este sueño. Me gustaría que el lector reflexionara sobre los sentimientos y pensamientos que le surgen como oyente de la viñeta onírica, y que los tuviera presentes mientras exploramos juntos el tema de lo sociopolítico en el psicoanálisis. Volveremos a visitar este sueño más adelante, así que mantengámoslo entre corchetes, en el fondo de nuestra mente.

Los orígenes del psicoanálisis son complejos y hacen que sea difícil caracterizar su naturaleza, dado que cada uno tiene su propia visión y definición de sus rasgos esenciales. Si se recurre a los escritos de Freud de hace más de un siglo, una forma de pensar el psicoanálisis es una psicología profunda basada en el descubrimiento de lo inconsciente, basada en las metáforas de la arqueología y la excavación que eran prominentes a finales del siglo XIX (solo hay que mirar el escritorio de Freud y los artefactos del antiguo Egipto que le rodeaban mientras escribía). Freud también deseaba que el psicoanálisis se basara en la biología y la ciencia, haciendo hincapié en las metáforas hidráulicas y en la idea de fuerzas y presiones dentro de la psique, lo que llevó a etiquetar la "psicodinámica" como un término tomado directamente de la física y referido a las fuerzas que actuaban sobre el tripartito del Ello, el Yo y el Superyó.

Al mismo tiempo, el psicoanálisis inicial también se interesaba por las condiciones sociales, lo que se documenta en el libro de Danto (2007) Freud's free clinics: Psychoanalysis and social justice, 1918-1938. El trabajo de Danto proporciona pruebas históricas de un compromiso a tratar a la clase trabajadora y a los pobres y de cómo muchos de los primeros psicoanalistas esperaban desafiar "las condiciones políticas y sociales convencionales" (p. 4). Esto incluía los institutos libres de Berlín, Viena y el trabajo de Adler y Reich -algunos de los cuales incluían una política explícitamente izquierdista, un enfoque en servir a los niños y abordaban la sexualidad- centrados en cambiar las condiciones sociales, políticas y económicas mediante el tratamiento gratuito y las ideas psicoanalíticas sobre el cambio en los grupos y la sociedad. También se ha escrito mucho sobre la psicología de la liberación, documentada por ejemplo en el reciente libro de Gatzambide (2019), A people's history of psychoanalysis: From Freud to liberation psychology (Una historia popular del psicoanálisis: de Freud a la psicología de la liberación). En este trabajo, Gatzambide rastrea la influencia de Freud en una serie de movimientos de justicia social (incluyendo el Renacimiento de Harlem en los Estados Unidos), culminando con las contribuciones que Fanon, Freire y Martín-Baró hacen hacia un psicoanálisis liberador.

En el contexto estadounidense, creo que sería justo decir que la historia antes mencionada no es la corriente principal, ya que el psicoanálisis posterior a la Segunda Guerra Mundial en los EE.UU. se medicalizó, se profesionalizó y se centró en el tratamiento individual, produciendo una marca de psicoanálisis conservadora que ha crecido a partir de los giros intersubjetivos y relacionales, así como desarrollos en la psicología del self y las relaciones de objeto, pero que, sin embargo, se ha centrado principalmente en los individuos a partir del contexto social, histórico y político de la segunda mitad del siglo XX. Esto es parte de la razón por la que el psicoanálisis estadounidense ha tenido que reclamar lo social y lo político, poco a poco, mediante trabajos que se han centrado en la identidad a través de la exploración del género, la sexualidad, la raza y la clase en el último cuarto de siglo. Sin embargo, muchos de estos trabajos más recientes (ver, por ejemplo, González, 2020b) sigues situados al margen, se consideran no normativos y tienen en cuenta distintos niveles de lo social y lo político.

Comparto esto como telón de fondo de mi propio viaje en el psicoanálisis. Soy un inmigrante de segunda generación, nacido y criado en los Estados Unidos, de padres que vinieron del sur de la India a finales de los años sesenta. Soy un hombre heterosexual, cisgénero y sin discapacidad, que se identifica con una identidad sudasiática-estadounidense. Recuerdo vívidamente haber encontrado una obra psicoanalítica en una librería de segunda mano cuando era estudiante universitario que describía sueños comunes y recordar haber tenido dos de los tres sueños que aparecían en el libro cuando era muy joven. Esto me llevó a leer a Freud, y todavía me parece sorprendente la conexión que sentí con los escritos de un analista judío vienés de casi un siglo antes, que resonaban tanto con mis propios dramas familiares y la experiencia de biculturalidad y conflicto intergeneracional.

Mi propia fascinación por la narrativa y la historia me llevó a formarme como psicólogo y haber tenido afinidad durante toda mi carrera con las ideas psicoanalíticas. Sin embargo, muchas de las ideas que impregnaban mi aprendizaje sobre el psicoanálisis no discutían ni abordaban cuestiones de clase, cultura, identidad de género, orientación sexual o raza/etnia que eran fundamentales en mis propias experiencias tanto con colegas como con pacientes, y con los sistemas políticos y sociales que estaban presentes pero a menudo se ignoraban. A menudo los factores sociales y políticos (o " la cultura") eran una capa o barniz adicional, un tercero psicoanalítico que podía influir en los individuos y convertirse en un aspecto abordado en el tratamiento psicoanalítico diádico, pero en última instancia se examinaban a través del individuo. El exterior se traía adentro y, por lo tanto, se canalizaba hacia abajo o se reducía a un nivel más local.

Este enfoque no alteraba fundamentalmente el trabajo psicoanalítico, ya que las cuestiones que podían surgir del entorno familiar de un individuo simplemente se ampliaban para incluir experiencias de naturaleza social, política o cultural, pero que en último lugar seguían siendo interiorizadas y parte de la experiencia de un individuo. Incluso en los modelos que se centraban en aspectos de la identidad -tales como la sexualidad, la identidad de género o la identidad racial-, la lente era el self individual y cómo este había asumido aspectos de lo social y lo político. El psicoanálisis no es el único en esto: en la literatura más amplia sobre salud mental, la idea de los "modelos de estrés de las minorías" habla de cómo el estrés relacionado con el racismo, el sexismo, la homofobia y el clasismo se interioriza y da lugar a un mayor sufrimiento de los individuos. Aunque esto es sin duda cierto, a menudo conduce a poner el foco en los efectos sobre los individuos en lugar de en los sistemas de opresión y en su funcionamiento más amplio.

La división y separación de los problemas internos y los externos es endémica en el campo de la práctica de la salud mental y del psicoanálisis. Esto siempre me pareció irónico, ya que muchos de nosotros, incluido yo mismo, entramos en el campo con el objetivo de "cambiar el mundo". Nos sentimos atraídos por pasiones relacionadas con hacer el "bien" y promover la justicia social. Mis colegas de la salud mental se preocupan profundamente por los demás y por el estado del mundo y creen en el tratamiento de la salud mental como una forma de hacerlo. Sin embargo, la capacidad de cambiar el mundo ayudando a los individuos uno por uno, a menudo separados de su contexto social y cultural, también es normativa.

En 2006, un colega y amigo me invitó a participar en un taller centrado en un libro editado recientemente, Psychoanalysis, Class, and Politics: Encounters in the Clinical Setting (Layton, Hollander y Gutwill, 2006). Uno de los capítulos, escrito por Layton (2006a), hablaba directa y elocuentemente de la escisión descrita anteriormente, descrita como un "ataque a la vinculación" de lo individual y lo sociopolítico, y el "tirón inconsciente para disociar a los individuos de su contexto social". Layton nombra directamente la división público/privado que no solo construye y promulga la individualidad a través de la cultura capitalista, sino que también infunde gran parte de la práctica clínica. Layton escribe: "la terapia psicoanalítica es una de las muchas prácticas que cumplen la norma que desvincula lo psíquico de lo social... [y] al hacerlo ... establecemos una norma para lo que cuenta como salud mental que apunta mucho más bajo de lo que podría" (p. 110, Layton, 2006a).

Una parte de la teorización de Layton que es un intento significativo de superar la división de lo social/político y lo individual es la idea de "procesos normativos inconscientes" (Layton, 2006b). Estos procesos son bidireccionales, un intento de vincular el interior y el exterior de una manera dialéctica que amplía nuestra noción del inconsciente para incluir las dimensiones sociales y políticas. El exterior está "dentro" y el interior está "fuera", ya que las normas impregnan lo social/político y el self, con el poder y la ideología moldeando ambos. Layton pone de nuevo en una formulación teórica una discusión sobre el poder y la ideología, ya que las jerarquías de clase, raza, sexo y género:

. ...confieren poder y existen en beneficio de aquellos con poder, [y] tienden no solo a idealizar ciertas posiciones de sujeto y devaluar otras, sino que tienden a hacerlo dividiendo las capacidades y atributos humanos y dándoles asignaciones de clase o raza o género. Tales asignaciones provocan heridas narcisistas que organizan el deseo de pertenecer a un grupo en lugar de otro. Estas heridas se viven como identidades de clase, raza, género y sexo. (Layton, 2006b, p. 240)

Layton, en su crítica a las políticas capitalistas y neoliberales, ha intentado evidenciar la relación de los profesionales del psicoanálisis con el mantenimiento del statu quo y, así, volver a vincular nuestro trabajo con los individuos con el mundo exterior. Al igual que muchos activistas anteriores han intentado hacer de lo personal algo político y de lo político algo personal, Layton ha trabajado para hacer lo mismo con la relación de la consulta (tanto del profesional como del paciente) con el contexto sociopolítico. Basándose en el filósofo marxista Althusser (1971) y en la crítica de Foucalt (1980) al poder y a cómo lo social y lo político estructuran nuestras mentes, Layton rechaza esencializar a los individuos y nos ayuda a deconstruir nuestro trabajo y nuestro campo de modos importantes. Layton sigue siendo una de mis heroínas psicoanalíticas, y la colección de trabajos de las últimas décadas que acaba de publicar, Toward a social psychoanalysis: Culture, character, and normative unconscious processes (Layton y Leavy-Sperounis, 2020) - es un testimonio de la profundidad y amplitud de sus contribuciones. El trabajo de Layton también proporciona numerosos ejemplos clínicos y una discusión ampliada de casos que son ilustrativos de cómo conectar la teoría y la práctica.

Lo que ha faltado en el psicoanálisis es una exploración más profunda del contexto y los sistemas -la necesidad de ubicar históricamente la empresa psicoanalítica- que es necesaria para adoptar un enfoque de justicia social. Demasiados enfoques están incrustados en la separación de lo social/político de lo individual. Los ejemplos incluyen el activismo/reivindicación como una actividad separada o no relacionada con nuestro trabajo con pacientes individuales; el trabajo pro bono o de servicio/voluntario que se separa o diferencia del trabajo con pacientes con privilegios; y la oposición de nuestras propias necesidades/deseos individuales de éxito dentro de un marco capitalista con el deseo de producir justicia social y cambio que sirvan al bien común. No pretendo criticar ninguno de estos enfoques per se, sino señalar que todos ellos siguen disociando, desvinculando y dividiendo nuestro trabajo en algo que tiene que ver con la justicia social o algo que no lo tiene. Desde mi punto de vista, todo lo que hacemos como profesionales/sanadores es social/político. Demasiado a menudo nos disociamos de nuestros propios privilegios y del razonamiento neoliberal que mantiene vivas las divisiones mencionadas.

Este enfoque autocrítico también ha sido adoptado por una de las influencias de Layton, el psicoanalista Philip Cushman, autor de Constructing the self, constructing America: A cultural history of psychotherapy (1996). Cushman se basa en un enfoque marxista que examina de nuevo el trabajo de los psicoterapeutas en el contexto del trabajo y el marco capitalista que mantiene el poder y el control en manos de unos pocos. Cushman también se sitúa filosóficamente como un hermenéutico que se basa ampliamente en el filósofo Gadamer y en la idea del horizonte o claridad. Cushman utiliza estos conceptos para conectar el sufrimiento individual con nuestro trabajo como "agentes morales" en oposición a las estructuras sociales y políticas opresivas.

El libro de Cushman incluye dos casos que me han influido profundamente y me han ayudado a pensar en la cuestión de cómo los sistemas y las estructuras del exterior están presentes en nuestro trabajo privado y viceversa. El primero de estos casos se llama "La mano invisible", detallando el trabajo de Cushman con una madre que lucha contra la depresión y la ansiedad, y que se rasca la piel de forma inconsciente y sin sentido hasta que sangra; Cushman reflexiona sobre un momento en que ella lo hace en sesión y sobre cómo entender su comportamiento y su posterior malestar. Cushman asocia su comportamiento a la idea económica de la "mano invisible" de Adam Smith. Cushman pregunta a su paciente:

¿Alguna vez se preguntó -le dije- sobre las causas económicas del agotamiento de su madre, la delincuencia de su hermano y su propio aislamiento? ¿Se sintió alguna vez excesivamente estresada por el sistema económico o enfadada por la injusticia de todo ello? […] La familia de mi paciente apenas recibía ayuda de la familia extensa, de los recursos comunitarios, de la tradición religiosa o de los programas escolares. Cayeron entre las grietas de las pocas agencias de socorro y ayuda comunitaria que estaban disponibles. Lo único que tenían era aislamiento social, roles de género y presiones económicas incesantes que golpeaban a cada uno de los miembros de la familia. (Cushman, 1996, p. 316-317)

Cushman señala que demasiados profesionales son seducidos por la idea de un "espacio privado" en el que ese trauma se examina a puerta cerrada, separado de las estructuras sociales y políticas que crean ese sufrimiento. Esta nos empuja a asociar libremente y a trabajar contra este tipo de desvinculación, empujándonos al papel de un agente moral que no solo debe trabajar contra los efectos de dicha opresión, sino también intentar buscar sus causas (que él sitúa como parte de los males del capitalismo). Al ser testigos a puerta cerrada del trauma, sea individual, familiar, social, político o cultural, nos volvemos cómplices como agentes del statu quo si no trabajamos contra esos sistemas. Para Cushman, la herida de su paciente es sinónimo de la mano invisible del capitalismo, ya que las fuerzas opresivas más amplias que nos rodean están envueltas en nuestro sufrimiento individual y colectivo.

En un segundo caso (“El sueño del metro”), Cushman explora el conflicto laboral de un paciente sobre si aceptar un cliente que es lucrativo pero difícil y desafiante; cuando el paciente consulta con otras personas de su familia y del trabajo, todos le dicen que sería imprudente no aceptar a ese cliente y el trabajo. Cushman descibe su conversación:

“¡Era como si se levantaran y hablaran con una sola voz! La voz era la de mi madre, y decía: ‘¡Eh, tus sentimientos no cuentan!’” Nos miramos un momento y dudé si hablar de la idea política que me vino a la mente, así que transigí: "Bueno", dije, "parece que tu madre no es la única que piensa que el dinero es más importante que el bienestar emocional". Mi paciente sonrió burlonamente, pareciendo el epítome del cinismo despectivo: "Quizá sea todo el mundo... bueno, es el sistema. Esa es la voz". Su respuesta me facilitó dar el siguiente paso. Le dije algo así como: "Creo que la voz que has oído habla a través de todas estas personas, porque está sedimentada en cada uno de nosotros". [Ya había utilizado esta idea con él anteriormente] El modo en que valoramos el dinero por encima de la salud emocional y el capital por encima del trabajo, el modo en que aceptamos automáticamente un trabajo degradante y perjudicial, nuestra creencia de que nuestra única responsabilidad es nuestro sustento individual: ese es nuestro mundo que damos por hecho". Mi paciente guardó silencio por un momento. ¿Había ido demasiado lejos? Es un universitario inteligente con interés en la teoría económica, pero ¿me volví demasiado intrusivo, demasiado político? "Está hablando a través de todo el mundo", dijo enfadado, "mis colegas, mis competidores, todo el mundo. No es solo mi madre, por mucho que me gustaría culparla a ella. Es todo el sistema". Pensó durante un rato, luego levantó la vista y sonrió: "Esto va a ser más difícil de lo que pensaba. ¿Cómo vamos a meter todo el maldito sistema en la consulta?". (Cushman, 1996, p. 326-327)

Este momento y esta pregunta son una hermosa ilustración del hecho de que "todo el maldito sistema" está siempre en la consulta, y que debemos trabajar para identificarlo y trabajar con él. Está estratificado en nuestro propio inconsciente e identidad, así como en el inconsciente y la identidad de nuestro paciente. Las "normas" y el statu quo nos empujan a no notarlo y a negar y disociar su importancia. Este es el discurso que dice que nuestro trabajo no debe ser político, una creencia que se mantiene a costa de la distorsión, la disociación y la complicidad inconsciente o consciente.

Esta poderosa viñeta plantea el dilema de qué hacer con el sistema que está en la consulta. La posición de impotencia o de sentirse abrumado que experimentan muchos profesionales, la idea de que no hay nada que uno pueda hacer, es emblemática del statu quo. ¿No es nuestro objetivo ayudar a los pacientes a adaptarse y tener éxito, partiendo de la suposición de que el statu quo puede no cambiar? ¿No es útil no permitirles quedar por detrás de otros o tener éxito dentro del sistema? No podría estar más en desacuerdo. Un psicoanálisis impregnado de justicia social debe basarse en las nociones de "curación radical" (French et al., 2020) que incluyen curar el sistema. French et al. (2020) distinguen de manera significativa cómo el "sobrellevar" (o la adaptación a los sistemas de opresión) debe ir acompañado de la curación de dichos sistemas y del trabajo contra las estructuras opresivas. Esto implica no solo el reconocimiento de los "sistemas de opresión y odio entrelazados", sino también "visualizar la justicia y la liberación" y ser capaz de "mantenerse en una dialéctica y existir en ambos espacios" (p. 24). Sugieren que el "acto de estar en la dialéctica es, en sí mismo, un proceso de curación" (p. 24).

También sugieren un marco con cinco componentes que contribuyen a la curación radical: la conciencia crítica, la autenticidad cultural y el autoconocimiento, la esperanza radical, el apoyo emocional y social, y la fuerza y la resiliencia. Este marco fue desarrollado para abordar la justicia racial y no es específico del psicoanálisis (aunque se basa en gran medida en los marcos liberadores existentes de la psicología), y hace una importante contribución a nuestro trabajo como profesionales del psicoanálisis. Cada uno de estos componentes puede integrarse en un enfoque relacional e intersubjetivo del tratamiento. Por ejemplo, la porción de conciencia crítica del marco invoca una apertura al inconsciente normativo en el clínico, el paciente y entre ellos. Tal trabajo ya se ha hecho en parte, como el libro de Fors (2018) que ha examinado cómo navegar por las dimensiones de la identidad cuando tanto el terapeuta como el paciente tienen privilegio, ambos experimentan opresión, o difieren en estas dimensiones (terapeuta con privilegio/paciente sin él o paciente con privilegio/paciente sin él).

Mi propio pensamiento sobre la justicia social y el tratar al sistema como nuestro paciente ha sido influenciado por la idea de subversión y el afecto de la ira. Como se describe en el modelo de French et al. (2020), a menudo estoy en posición de entender el sufrimiento de los individuos marginados y de proporcionar empatía y validación para su sufrimiento. Parte de la forma en la que abordo la justicia social es también aceptar mi propia agresión al sistema y aprovecharla en actos de resistencia. La subversión es un componente importante a la hora de dar esos pasos, puesto que reconoce que uno está trabajando para perturbar o agitar el sistema. Esta intencionalidad es importante, ya que subvertir las estructuras de poder, ya sea trabajando dentro o fuera de los sistemas, es una forma de crear cambio y disonancia. En lugar de pensar en la reivindicación y la acción como algo que los pacientes hacen fuera de la sesión, o que los profesionales hacen por separado de sus relaciones terapéuticas, la subversión es un método para participar en la reivindicación/acción desde dentro del espacio terapéutico (véase, por ejemplo, Sucharov, 2013).

Considero que los procesos subversivos como el cambio paralelo a los procesos inconscientes normativos. Dicha subversión puede incluir el conocer sin esencializar, la potenciación de la resistencia en los márgenes y las fronteras, el acercamiento y alejamiento de los puntos de vista históricos y sociopolíticos, y también la ampliación del alcance y el ámbito de la atención más allá de uno mismo hacia los demás y las comunidades. Esto puede requerir una visión diferente de nuestras consultas y despachos privados como lugares de resistencia y una aceptación de nuestra ira, así como de nuestra empatía. Incluso la metáfora de involucrarse en una pelea es un paso importante para visualizar la justicia social. Sigo teniendo la esperanza de que podemos cambiar el mundo.

Uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos es la cuestión del acceso al cuidado en relación con la justicia social. Si seguimos considerando todos los problemas de salud mental como individuales, dado el número y la prevalencia de los problemas de salud mental en la población general, hay un problema estructural: hay más millones de individuos que necesitan atención que de proveedores. Si nuestro modelo de curación es diádico, esto requeriría una revisión radical de cómo trabajar de una manera que no privilegie tan dramáticamente a los pocos que pueden tener acceso a una atención de salud mental de alta calidad. Puede que tengamos que repensar nuestros modelos de curación. Hace tres décadas, en un artículo titulado "The Futility of Psychotherapy" (La futilidad de la psicoterapia), Albee (1990) comparó la atención de la salud mental con el trabajo de los dentistas que trabajan para tapar las caries de los pacientes y evitar el sufrimiento individual. Albee comentó entonces: "Tanto los dentistas como los psicoterapeutas alivian el dolor y el sufrimiento individual. Pero la fluoración del suministro público de agua está previniendo más caries que las que reparan los dentistas" (p. 377). Albee se preguntaba si deberíamos prestar más atención a la prevención y a las soluciones a nivel de sistema. Curiosamente, se trata de una propuesta conjunta: no debemos caer en la división que supone un énfasis excesivo en el trabajo individual y privado. Ese trabajo puede ser significativo para agitar los sistemas, pero también tiene que estar conectado con las intervenciones a nivel comunitario.

Más recientemente, algunos psicoanalistas han comenzado a proponer modelos de psicoanálisis comunitario para abordar la división dentro de nuestro campo entre las comunidades de profesionales de la salud mental y las comunidades marginadas. El Psychoanalytic Institute of Northern California (PINC) de Estados Unidos desarrolló en 2016 el Community Psychoanalysis Track and Consortium, que combina una vía de formación basada en el instituto con una "red afiliada de miembros de la comunidad de salud mental y analistas" (PINC Community Psychoanalysis Track and Consortium, 2022). Lo que me parece más inspirador de esta iniciativa es el objetivo de "desafiar la definición formal y el alcance del psicoanálisis... marcando un cambio radical al ampliar la definición del psicoanálisis, quién se beneficia de él y qué se considera que puede enseñarse en un instituto psicoanalítico" (PINC Community Psychoanalysis Track and Consortium, 2022). Mi colega Francisco González, uno de los miembros fundadores de esta iniciativa, me introdujo en el esfuerzo de la psicología comunitaria del PINC. Su trabajo, utilizando una visión de relaciones de objeto, intenta romper las dicotomías entre lo individual y lo sociopolítico. Describe una "botella de Klein" como una cinta de Moebius tridimensional, en la que es difícil decir dónde acaba o empieza el interior y el exterior (González, 2020a). Cuando somos capaces de llevar el "exterior al interior" y el "interior al exterior", estas distinciones pueden dejar de ser perceptibles.

En EE.UU., muchos otros también han sido innovadores al pensar en el psicoanálisis comunitario como una misión. En San Francisco, el Access Institute (www.accessinst.org), fundado en 2002, continúa expandiéndose y proporcionando servicios clínicos comunitarios, incluyendo un programa para ancianos y un programa en la escuela (trabajando con niños, padres y maestros en siete escuelas primarias públicas), que están basados en el psicoanálisis y, lo que es más importante, se centran en el objetivo de proporcionar "atención psicológica de alta calidad a las personas de todas las edades con mayor necesidad y menor acceso a la atención, al tiempo que forman a la próxima generación de profesionales de la salud mental a través de un modelo que valora la complejidad humana, apoya la práctica con conciencia social y promueve el crecimiento humano sostenido" (Access Institute, 2022). En 2021, en Nueva York, se fundó recientemente el New York Center for Community Psychoanalysis en respuesta tanto al racismo como al COVID-19, que funciona como una "clínica de salud mental comunitaria [psicoanalítica sin ánimo de lucro] que ofrece servicios de salud mental a todos los miembros de la comunidad, independientemente de su capacidad de pago" (Sidesinger, s.f.). Estas iniciativas se han centrado en proporcionar un acceso equitativo a la atención y se basan en ideales progresistas sobre quién y qué es una comunidad, cómo construir conexión, y el complejo posicionamiento de los profesionales psicoanalíticos como internos y externos a la comunidad. También son ejemplos del intento de romper las barreras que a menudo se encuentran en la atención médica y privada.

Otros también han abordado la cuestión de la colaboración con las comunidades y entre ellas, en particular el Psychoanalytic Community Collaboratory®, una "comunidad de aprendizaje y seminarios basados en la web" lanzada en 2015, que "ofrece apoyo y educación para los clínicos que quieren aportar un marco de trabajo psicoanalítico a las intervenciones basadas en la comunidad" (Hassinger y Pivnick, 2022, p. 125). Hassinger y Pivnick (2022) han basado su trabajo en la elaboración de ideales del ciudadano-sujeto, el ciudadano-psicoanalista (Gourguechon, 2011) y la ciudadanía relacional, invitando a participantes internacionales a una experiencia de grupo que les permite trabajar en colaboración para implementar el cambio, y para "desarrollar recursos y planes de estudio que reflejen nuevos estudios, informes del campo y conjuntos de herramientas para la práctica" (p. 126). La energía y el entusiasmo constantes por este espacio, y el gran número de participantes a lo largo de los años, es realmente prometedor para el "giro comunitario" (Hassinger y Pivnick, 2022) en el psicoanálisis.

Hay muchas iniciativas, proyectos, personas e ideas que no se detallan aquí y que conectan el psicoanálisis con la justicia social, abordando temas tan diversos como el cambio climático y el tráfico sexual, de los que es emocionante saber, especialmente teniendo en cuenta muchos de sus orígenes de base. Esto es esperanzador y prometedor. Al mismo tiempo, gran parte de este trabajo también se sitúa en los márgenes, con el psicoanálisis a veces fuera o mirando desde un lugar de poder y privilegio a las comunidades y los trabajos comunitarios. Algunas cuestiones críticas a las que todos nos enfrentamos son si debemos abordar esta cuestión desde dentro de los sistemas (como los institutos de formación y dentro de las comunidades psicoanalíticas) o a través del compromiso fuera del psicoanálisis, aportando nuevas energías y voces y humildad a través del compromiso relacional. Una vez más, ¿debemos reformar desde dentro hacia fuera o desde fuera hacia dentro? ¿Quién ayuda a quién y aprende de quién? ¿Cómo resolvemos la división entre el "otro"/"la comunidad" y los profesionales de la salud mental, reconociendo nuestra propia posición encarnada en la comunidad y la relación con humildad y con un ojo en la justicia social?

Me gustaría volver a la pesadilla diurna que compartí al abrir este artículo. La pesadilla era de un paciente de una comunidad racial marginada, y él conectaba esta visión con los sentimientos que tenía acerca de que sus compañeros privilegiados no se daban cuenta del fuego en la distancia y ni siquiera se preocupaban, y compartía su sensación de que cuanto más atendiera a los fuegos de la injusticia y la desigualdad, más podría quedarse personalmente atrás en cuanto a su propia carrera. Recuerdo que en la sesión fui consciente de querer estar en la azotea con el paciente, haciéndole saber que yo también veía el fuego y que otros también lo hacían. Canalicé mis propios sentimientos de frustración y rabia por la imperturbabilidad de los demás y por querer luchar contra la idea de que las cosas seguirán y deben seguir así a pesar de los incendios que arden en la distancia. Sentí una profunda pérdida al saber que este fuego acabaría por alcanzarnos a todos.

Sé que este ha sido un artículo no tradicional que ha compartido diversos hilos conductores. No fue diseñado para ser exhaustivo o intelectualizado, sino que surgió del deseo de compartir un viaje basado en metáforas sobre cómo podríamos cambiar el mundo, con un foco en la justicia social y el compromiso con lo que es correcto. Surgió de un lugar de fuego, tanto del deseo de combatir el fuego con fuego como de encender un fuego en otros. Soy un gran creyente en los rituales, y un momento de mi carrera profesional que siempre guardaré en mi memoria es cuando los ancianos indígenas de la Sociedad de Psicólogos Indígenas me ofrecieron tabaco y salvia después de pedir disculpas en nombre de las comunidades psicoanalíticas y de psicología por "el silencio y la falta de reivindicación en asuntos políticos importantes, como la política de expulsión forzada y las políticas de asimilación sistémica deliberada" (American Psychological Association, 2016). Los ancianos nos entregaron la salvia mientras nos mirábamos a los ojos, nos abrazábamos y nos pedían que nos comprometiéramos a pasar a la acción, un momento que se sintió sagrado. Cada vez que se quema la salvia, encendemos el fuego del compromiso y la solidaridad, una promesa de ir más allá de nuestras palabras y consultorios para lograr un cambio en el mundo. Espero que se unan a mí en este compromiso, tanto de encender el fuego interior como de unirte a los que ven el fuego en la distancia.

Referencias

Access Institute. (2022). Mission. https://www.accessinst.org/mission.html

American Psychological Association (2016). Apology to the Native People of America. https://voxpopulisphere.com/2016/12/08/american-psychological-association-apology-to-the-native-people-of-america/

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Althusser, L. (1971). Ideology and ideological state apparatuses. En L. Althusser (Ed.), Lenin and philosophy and other essays. Monthly Review Press.

Cushman, P. (1996). Constructing the self, constructing America: A cultural history of psychotherapy. Addison-Wesley/Addison Wesley Longman.

Danto, E. A. (2007). Freud’s free clinics: Psychoanalysis and social justice, 1918-1938. Columbia University Press. doi: 023113181X.

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