aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Número 020 2005 Revista Internacional de Psicoanálisis en Internet

El grupo como facilitador del cambio terapéutico: una experiencia con pacientes HIV positivo

Autor: Sandleris, Sonia

Palabras clave

Adherencia al tratamiento, Grupo, Pacientes hiv, Prevencion..


 

INTRODUCCIÓN

El objetivo de esta presentación es dar cuenta de un proceso acontecido en el campo grupal que ejemplifica cómo situaciones potencialmente traumatogénicas pueden no devenir en trauma. En esta oportunidad la situación disruptiva para el psiquismo era ser portador de HIV o pareja de un portador.

Este trabajo se apoya en una investigación en la que participé (1) sobre laIntervención Terapéutica Grupal con Parejas Sero Discordantes” (2)

En la experiencia a relatar convergen y se condensan diferentes puntos de vista: varias líneas teóricas y distintas especialidades de asistencia terapéutica: grupo, pareja, prevención, adicción, infectología especializada en HIV. El equipo así armado posibilitó un entendimiento extensivo de los padeceres compartidos por los pacientes y permitió establecer prácticas y estrategias más acordes con su patología. La amplitud de mirada tenía un punto en común: lograr en estos pacientes una mayor adherencia (3) al tratamiento.

En el tratamiento del sida, como en el de toda patología, es importante abordar al ser portador en relación con su familia, su historia, su situación. Los síntomas tienen un sentido profundo para cada persona. Ser portador de HIV, o ser pareja de portador de HIV también lo tiene. Por esto era importante entender la interpretación que hacían de su padecer, qué lugar ocupaba en sus vidas, en la pareja, y cómo se iban adecuando a éste. La construcción de la categoría adecuación/ inadecuación juega un papel importante en la recuperación.

Se intenta analizar aquí lo que aconteció en ese espacio grupal con objetivo y tiempo acotados, desde una óptica psicoanalítica. Sabemos que el psicoanálisis es una disciplina particular, ya que no siempre sus hipótesis pueden ser verificadas o refutadas, lo cual sí es habitualmente posible en otras ciencias. La situación se torna más compleja aún si consideramos otro escenario (el grupal) como el que se presentará que, si bien se aleja del circuito tradicional, podría ser también facilitador de cambio y procesamiento psíquico.

La idea era comprobar si era posible, generar una mejora de la calidad de vida de los pacientes a partir de una modificación del lugar simbólico que el HIV ocupaba en ella.

Algunas de las preguntas que este trabajo intenta responder en un intento de extender el psicoanálisis son: ¿es el espacio grupal un lugar privilegiado para procesar situaciones potencialmente traumatogénicas? Si se modifica a partir del trabajo en el grupo el lugar que el HIV ocupa en la vida de los pacientes, si aparecen cambios ¿qué se puede decir desde el psicoanálisis de éstos? ¿Fueron sólo cambios momentáneos en la conducta? ¿Se puede hablar de cambio psíquico?, ¿dejaron marca, inscripción? ¿Cuáles son los cambios que plantea este abordaje en el intento de entender y extender el psicoanálisis? ¿Qué se puede decir, desde el psicoanálisis, que aconteció durante la experiencia?

También, se intentará responder cómo se juegan los sistemas motivacionales cuando son potenciados por muchos otros en la terapia grupal y cómo trabajar el entrecruzamiento de matrices pasionales en ese contexto. Para dar cuenta de esto se utilizarán los desarrollos de Hugo Bleichmar. Este autor recorre un camino en la teoría de la cura que va de la estructuración y funcionamiento del psiquismo a la relación analítica bipersonal. Intentaré extenderla a la relación terapéutica multipersonal

 

Este informe, por un lado, se apoya en las teorías de un grupo de pensadores del psicoanálisis grupal y vincular, y por otro, en la clínica. En este sentido, se muestra la evolución de un paciente a través de viñetas.

Las teorías

Piera Aulagnier (1986, pág. 13) rescata que las “cuestiones fundamentales” de cada analista surgen del itinerario teórico entrecruzado con la importancia que han cobrado determinados fenómenos observados y vivenciados en la clínica. En relación a estos me interesa rescatar cómo el trabajar con grupos, el pensar los grupos, la clínica grupal, permitió enriquecer mi clínica individual, ampliando mi caja de herramientas.

Los conceptos que utilizaré para pensar el material clínico son:

- vínculo en tanto relación con otro; relación entre sujetos (intersubjetividad);

- extensión del concepto de transferencia; efecto de presencia que remite a lo nuevo, a lo diferente;

- experienciar libre que complementa la asociación libre;

- acoplamiento experiencial como equivalente de trabajo analítico;

- creencias matrices;

- psiquismo abierto estructurado modularmente a partir de sistemas motivacionales;

- inconsciente pasible de ser modificado;

- nuevas inscripciones;

- grupo como diferente de grupalidad;

- función suplementaria.

 Tradicionalmente, desde la metapsicología de la clínica individual cualquier “otro” es tomado como “objeto”, objeto en tanto representación, mundo interno. Y todo encuentro sería un reencuentro, mientras que, desde la metapsicología de la clínica “vincular”, este “objeto” es también “otro”, alteridad, sujeto. Este encuentro entre sujetos es generador de vínculos. Vínculos que se van produciendo en un juego de diferencias, por efecto de presencia. (4) (J. Puget, 2001, 2002). Es así como la nueva vinculación traerá nuevos acontecimientos, dados por lo ajeno, por lo no cognoscible del otro, que podrá dejar marca, inscripción.

La mención del vínculo nos lleva al concepto de transferencia. Ya son muchos los psicoanalistas que lo amplían: en este caso no sólo se trata de una repetición (un de nuevo), sino también de que algo, lo nuevo, se dé. En el encuentro analítico, el analista no será sólo objeto, sino también sujeto de transferencias, ya que en ese mismo momento, se da un interjuego entre la repetición y lo inaugural. ¿Qué lugar ocupa lo inaugural en la transferencia? Es un nuevo vivenciar, nuevo idioma, nueva modalidad, que supliría las fallas acontecidas en la historia. Podríamos hablar de un suplemento transferencial dado por efecto de presencia, donde lo reciente, inédito, desconocido, original, daría cuenta de lo específico de la transferencia vincular. Suplemento transferencial redoblado por el multiencuentro que se da en el espacio grupal.

Gerardo Stein (1991) define la función suplementaria como la respuesta espontánea, no consciente de un miembro del “equipo terapéutico” (5) a otro, en una situación determinada. Dicha respuesta es diferente de la que históricamente le ofrecieron sus otros significativos. Por este camino se suplen desencuentros o fallas de la historia vivida.

Janine Puget (2001), al enfatizar lo vincular, rescata al tercero (Otro) en relación al exceso de presencia que remite a ajenidad, mientras que Benyakar (1986, 1996) al enfatizar la grupalidad, pone el acento en la falta de completud inherente a lo humano y en la puesta en tensión entre lo propio y lo ajeno.

En el encuentro entre diferentes, y por efecto de “descoloque”, se recorre un camino. Camino que puede llevar a una modificación en el interjuego libidinal del campo grupal. ¿Cómo? Escuchando y viendo otras maneras de pensar, de mirar, de vivenciar.

La mirada del otro, el pensar del otro en el grupo, se multiplica por muchos otros: pares y no pares (terapeutas) que miran, piensan y viven lo mismo de otra manera. P. Aulagnier (1998) afirma que pensar el pensamiento de un otro genera un trabajo que nunca produce algo idéntico. Obliga a dar un nuevo sentido. No es lo mismo el trabajo psíquico que se realiza “cuando las producciones psíquicas provienen de la tentativa de elaborar una pérdida y darle sentido” (Puget, 2001, pág. 10) al trabajo que se hace sobre efectos de presencia, [...] sobre el exceso, donde el otro en tanto ajeno por definición no desaparece, ni puede inscribirse, obligando a los sujetos a dar sentido a lo que se impone” (Puget, 2001, pág. 10).

Entonces, el tratamiento grupal, a partir del despliegue de lo vincular, permite tejer redes de apoyo allí donde se habían cortado o donde nunca habían existido. En relación al espacio grupal como apuntalador del psiquismo, dos autores convergen: Kaës (1981, 1995) y Winnicott (1971). El primero amplía el concepto de apuntalamiento psíquico. Rescata que éste no sólo se apoya en las necesidades corporales, sino también en el grupo y en la cultura. Desarrolla el concepto de contrato de apuntalamiento como una relación de reciprocidad, en el placer y beneficio del apoyo mutuo. El segundo describe que “la madre suficientemente buena” es aquella que apuntala, sostiene, ayuda a realizar una adaptación activa a las necesidades. Haciendo una extensión, podríamos pensar al grupo como “espacio suficientemente bueno”, espacio apuntalador.

En síntesis, en la complejidad del acontecer del campo grupal se marcan diferencias, aparecen tensiones, contradicciones. Al mismo tiempo que las comparten, los integrantes del grupo se sienten apuntalados en este vivenciar. Se van adueñando de la experiencia. Se da así un acoplamiento experiencial que, al decir de Hugo Bleichmar, (2001, 2004) sería equivalente a trabajo analítico

Entonces, si el grupo es un espacio potencializador, apuntalador, facilitador de trabajo psíquico, se constituye en un lugar privilegiado para evitar que una situación disruptiva se convierta en traumática.

Ser portador de HIV, o pareja de un portador, es una ‘situación disruptiva’, entendiendo por ésta, una situación fáctica que provoca vivencia de estrés, cuando irrumpe en el psiquismo. (Benyakar, 2003) De cómo se procese devendrá o no en trauma.(6)

Una situación traumática es una situación vivenciada de desvalimiento. Acontecimientos de la realidad, como enfermarse de sida, evocan estados previos de indefensión e impotencia. Convivir con un virus tiene un potencial traumatogénico. Es importante que lo patológico en el cuerpo no se transforme en patógeno en la psiquis, que el virus no haga “metástasis” psíquica. El trabajo experiencial que el grupo facilita permitirá lograr en algunos pacientes que la representación psíquica del HIV tenga la carga adecuada, sin negarla ni aumentarla, y a otros les permitirá, optimizando la capitalización de la experiencia, transformar el obstáculo en un recurso, es decir, afrontar esta adversidad, superarla y aun salir fortalecido de ella (7).

 

RELATO DE LA EXPERIENCIA

La experiencia se desarrolló en Buenos Aires sobre la base de un trabajo teórico-clínico realizado por M. Benyakar con un grupo de parejas en las cuales uno de sus miembros cursaba en ese momento una patología cardíaca. Se aplicó este modelo a parejas sero discordantes.

Esquema de la experiencia

 El equipo de trabajo estaba constituido por nueve profesionales que tenían experiencia clínica /psicológica en el abordaje de pacientes con HIV, adicciones, grupo, pareja y prevención.

El entrenamiento previo consistió en dos reuniones semanales de dos horas y media de duración durante tres meses. En éstas se trabajó teóricamente el modelo a utilizar, se iba viendo el perfil de los pacientes que participarían de la experiencia, se elaboraron las entrevistas a tomar y se seleccionaron los tests a administrar. Este espacio permitió, a su vez, la integración del equipo terapéutico.

Estructuración y armado de la experiencia

- La infectóloga y la psicóloga del grupo de trabajo ambulatorio de HIV/ sida del Hospital de Clínicas realizaron la selección de los pacientes y sus parejas contando con su acuerdo. Quedaron seleccionadas doce parejas discordantes, de las cuales dos eran de varones homosexuales, dos de varón bisexual con mujer heterosexual y ocho, heterosexuales. Adictos activos fueron excluidos de antemano. Participaron seis adictos recuperados. Las edades oscilaron entre los 33 y 50 años.

- Se destinaron los tres primeros encuentros a la toma de entrevistas personales semi-estructuradas con la batería de tests psicológicos y cuestionarios de adherencia (MOS -HIV, BASE, ESCALA DIÁDICA DE AJUSTE, PERSONAS QUE ASISTEN A PERSONA CON HIV-SIDA, ESCALA HIV-SIDA STRESS, Y EL INVENTARIO DE BECK).

- Los pacientes portadores debían tener actualizado el análisis de nivel del CD4 y carga viral.

- Se destinarían doce encuentros para el trabajo grupal cuyo objetivo era potenciar los recursos personales y de la pareja para optimizar la adherencia al tratamiento.

- El esquema de trabajo planteado consistió en la formación de dos grupos o “lóbulos” (nomenclatura que usa el modelo teórico) coordinados por una unidad terapéutica integrada por un terapeuta, un coterapeuta y un observador no participante. En cada lóbulo participaban doce pacientes. Los miembros de cada pareja no compartían el mismo lóbulo. Estos trabajaban en simultáneo (en la misma institución, el mismo día y hora, pero en diferentes espacios físicos).

- Se estructuró el espacio “llegada/ refrigerio/ ida”: encuentro grupal entre las parejas dentro de la institución media hora antes del trabajo en los lóbulos. El espacio estaría coordinado por una o dos personas que tuviesen capacidad empática y de observación con el fin de generar un clima confortable que permitiera la integración y la adaptación a la experiencia. Su mirada estaría puesta en observar cómo llegaban, cómo interactuaban, cómo se iban después de haber participado en los lóbulos, y registrar los cambios producidos a lo largo de los encuentros. Sus aportes contribuirían también a la mirada del equipo terapéutico.

- Cada unidad terapéutica tendría encuentros pre y post lobulares.        

- Se planificaron tres reuniones, luego de haber terminado los doce encuentros de trabajo grupal, destinados nuevamente a la toma de entrevistas individuales, tests y cuestionarios

- Se indicaría una nueva toma del nivel del CD4 y carga viral.

- Durante cuatro meses se realizaría la investigación y elaboración de los resultados por el equipo tratante.

- A los seis meses de finalizada la experiencia grupal, se realizaría nuevamente la toma de entrevistas, tests, cuestionarios a las parejas, como así también el análisis de CD4 y carga viral.

La clínica, desde el lugar de observador no participante

El lóbulo estaba integrado por los pacientes: Carlos, Jorge, Miguel, Roberto, Mechi, Darío, Turco, Laura, Alicia, Cecilia, Beatriz y Matías; la terapeuta y el coterapeuta: Lic. María Ballve y Lic. Diego Giorsetti y la observadora no participante: Lic. Sonia Sandleris. Como observadora, tuve un contacto mínimo con los pacientes, ya que sólo les había administrado los tests. Desde ese lugar, y como psicoanalista, me interesa reflexionar sobre lo que me despertó “vivir la experiencia”.

La consigna

En ella, la terapeuta explicita el encuadre y plantea que “... hay algo que nos interesa a todos y está en relación al arte de vivir (...). Nos vamos a encontrar (...) para enfrentarnos juntos con situaciones, sensaciones y emociones de cada uno (...). Yo también tengo bastantes expectativas en relación a este espacio...

En la presentación de los coordinadores no se hace alusión a la enfermedad: ¿eso constituía la contrapartida del modelo esperable para un grupo homogéneo (8) de pacientes? ¿Desde el inicio se les estaba ofreciendo una modalidad diferente?

Es interesante resaltar la confluencia del “juntos” y el “cada uno”. Así como de entrada está incluido lo grupal, aparece también la involucración individual de la que se hace cargo la terapeuta cuando dice: “Nos interesa a todos...”, incluyéndose, y cuando plantea sus propias expectativas.

Por mi parte, al comenzar la primera sesión, me presenté: “Soy Sonia. Acá, en este espacio, tengo como función tomar nota de lo que nos va a ir pasando en los diferentes encuentros”, incluyéndome a mi vez.

 

VIÑETAS DE LAS SESIONES

Son varios los procesos que se dan en simultáneo en el espacio multipersonal; la intervención de uno de los integrantes en la última sesión podría dar cuenta de éstos. En esta oportunidad pondremos la mirada en el proceso de Carlos. Conocí a Carlos en la administración de los tests. Alto, muy delgado, de tez oscura. Me saludó con timidez. Reflejaba tristeza en la mirada. Se lo veía inseguro.


Primera sesión

Las presentaciones se dieron en el orden en que estaban sentados, por lo que Carlos habló en noveno lugar:

Carlos: Soy Carlos, estoy en pareja con Martina hace 13 años, tengo 4 hijos, hace 3 meses me enteré de que soy portador.

 Estaba sentado entre el coterapeuta que le había tomado la entrevista y yo, que le había administrado los tests ¿Fue casual la ubicación? Luego de la presentación y en el transcurrir de la sesión, la mayoría intervino hablando del sida, de los remedios, del malestar en la pareja y de si éste estaba o no relacionado con la enfermedad.

Roberto:[...] dormir abrazados, darse un beso, no contagia.

La terapeuta hace una intervención aludiendo a “cómo acercarnos acá, en esta primera sesión, en este espacio que empezamos a compartir.” Se produce un corto silencio.

[La terapeuta rescata la intervención del paciente, invitando a cada uno a pensar, a reflexionar sobre cómo acercarse en el grupo. hace así un recorrido desde el afuera al aquí y ahora y entre nosotros. se va construyendo el espacio compartido (9).]

Terapeuta María: Carlos, a vos, ¿cómo te toca esto?

 [Como si le diera la mano para salir del silencio].

C: Yo, en cierta forma, me aislé un montón: la cuidé a ella [la pareja]. A ella los riesgos no le importan.

Terapeuta María: Ella te quiere a vos.

Siguen hablando sobre Carlos y la actitud que tomó. A Mechi se le caen las lágrimas.

* * *

Luego se centran en la medicación y en los cuidados que hay que tener y quién de los dos se hace cargo de la medicación en las parejas. Surgen diferencias. Laura (que había llegado tarde) le pregunta a Carlos cuánto tiempo hace que estaba en pareja.

C: Hace 13 años, pero hace poquito que me enteré, en marzo.

Todos lo tranquilizan y le explican que es entendible que esté así ya que sólo hace tres meses que sabe que es portador.

[Se comienzan a tejer las redes de sostén en el espacio grupal]

* * *

Terapeuta María: Vienen hablando de diferentes cosas y de cómo cada uno las enfrenta, desde la sexualidad hasta la medicación. En esta danza del arte de vivir, qué cuestiones pasan, cada uno trayendo dificultades y también momentos de alegría.

* * *

Turco: El HIV es relativo en la pareja, el tema es qué onda hay en la pareja.

Roberto: El virus es una excusa.

Darío: En algunas parejas sí, en otras no.

[Se marca la diferencia que lleva a la discriminación en la sesión.]

 Turco: Nosotros fuimos para adelante hasta tener un hijo. Yo de mí me hago cargo. Pero si ellas se hubieran contagiado, no sé si podría tolerar la culpa, me mataría. Para mí el virus no existe en la pareja. Yo lo utilizo al revés. Todo lo que fue dolor y sufrimiento, es fortaleza y orgullo.

[¿Negación maníaca? ¿Logró que la situación disruptiva no deviniera en trauma? ¿Transformó el obstáculo en recurso?]

Terapeuta María: Carlos, ¿cómo escuchás esto que dice el Turco?

[Lo invita a reflexionar sobre el pensamiento de otro.]

C: Yo con Martina tengo una historia. [Cuenta que la conoció de joven, y después que “anduvo en cualquiera” hasta que se volvió a encontrar con ella].

Roberto: ¿Qué? ¿Estamos hablando de drogas?

[El “estamos” de Roberto, ¿remite a su pasado de adicción? ¿O está haciendo propio lo que se dice en el grupo, como una manera de ir construyendo el espacio grupal y su pertenencia a éste?]

C: Sí, yo siento que la cagué.

Alicia: ¿Por qué pensás que está con vos?

C: Ella me quiere mucho. [Sigue hablando, desesperanzado.]

Darío: Vos tenés cuatro hijos: ¿más proyecto que eso querés?

[Parece que Darío hubiese leído la falta de proyecto en Carlos. Como si estar infectado fuera sinónimo de muerte. LA INTERVENCIÓN ESPONTÁNEA DE UN COMPAÑERO SACA A LA LUZ UNA CREENCIA MATRIZ: ESTAR INFECTADO ES IGUAL A MUERTE.]

C: [Habla de su aislamiento y sus dificultades] Es algo difícil de digerir, yo trato de no emocionarme. (Se lo ve conmovido y frenado a la vez, hace que no con el pie.)

[Por un lado plantea cómo la situación, el evento fáctico, es “difícil de digerir”, y por otro, el afecto: “trato de no emocionarme”. A su manera, cuenta la dificultad para metabolizar la situación disruptiva que seguramente le moviliza otras igualmente no digeridas de su historia.]

Darío: ¿Qué querés decir?

Carlos habla de su culpa, de lo mal que se siente. Vuelven a decirle que lo de él es reciente.

[El grupo continúa tejiendo sus redes de sostén]

Alicia: Todos pasamos por etapas.

[Es como si le dijera: “Nosotros ya pasamos lo que pasaste”. El comentario trae al mismo tiempo lo común: ya vivimos lo que estás viviendo, y también lo diferente: Las situaciones pasan –cambian- no estamos siempre en ese lugar.]

Darío: Dejáte de joder negro, esto se reencamina (lo toca, le da la mano). Vos querés estar con ella... con esa cara dónde vas a conseguir otra (en tono chistoso).

Roberto: Si la contagiás por estar con otra mina, bueno, uno puede pensar justo la engañó y encima la contagia.

Turco: Macho, vos lo hiciste, te salió todo bien. Cuando mi mujer estaba embarazada, yo cortaba clavos.

Terapeuta Diego: Yo me pregunto en lo que te pasa, que desde ya es muy pesado, cómo se juega tu pasado y, como te dicen tus compañeros, hace poquito que te enteraste. Si uno pudiera pensarlo desde otro lugar, algo que no te culpe tanto.

[Momento privilegiado. Experiencia vivencial compartida. Todos apuntalan a Carlos. Se va armando el entramado grupal.]

C: Ustedes me ven hoy: ahora estoy 10 puntos, porque ya hace tres meses que tomo la medicación, y veo todo mejor.

[¿Ve todo mejor por los tres meses de la medicación? O se puede aventurar la hipótesis de que el espacio que tuvo en el grupo, la mano que le dio la terapeuta para incluirlo, para habilitarlo a hablar, el apoyo de los pares, el tono afectivo, el contacto directo, el chiste de otros han influido también en su: “veo todo mejor”?]

Terapeuta María: Me parece muy lindo lo que está pasando acá, y la confianza y apertura de todo el grupo.

* * *

Terapeuta María: Bueno, ésta es la primera sesión que tenemos, nos quedan once más. [Después de una síntesis de lo recorrido en la sesión, plantea]: Están los que viven con el virus, los que no, los tres que somos psicólogos. Lo que hicimos hoy es nuestro, nos vemos la próxima.

[En el cierre que hace la terapeuta da cuenta del proceso en la sesión y del que falta recorrer, marca lo común y lo diferente. Ayuda a la construcción del espacio grupal pasando a palabras el trabajo realizado.]


Segunda sesión

Carlos permanece en silencio durante toda la sesión.

Terapeuta María: Vamos a tener que ir terminando, el tema es: qué hacemos con lo que sabemos, lo hago, no lo hago. Pequeñas grandes cosas. Hoy compartimos encuentros, desencuentros, amenazas de desencuentros. Tantas cosas... Tantas que dan ganas de expresarlo. Yo realmente les agradezco cada puertita de la intimidad que abrieron y compartieron, orejas que compartieron con vos, (dirigiéndose a una de las integrantes), lo que trajeron a la mano... Te agradezco tu confianza y también cómo el grupo te pudo acompañar. Y rescato el respetuoso silencio de Carlos.

[Si bien en esta sesión Carlos no pudo hablar, vio y escuchó. En el cierre, la terapeuta revela que ella valora y respeta el silencio de Carlos, como otra manera de darle un lugar.]


Tercera sesión

Darío: (A Roberto) La primera vez, hablaste de la enfermedad, y ahora te ocupás del problema profundamente, por ahí pasa. Yo no soy de respetar mucho. Yo me veo como una mixtura entre lo que sos vos y diferente a lo de él [el Turco]. Lo que ella [Laura] dice yo no lo hago, y está bien hacerlo, yo me pongo en la postura del reclamo. Yo no soy de hablar.

[En el hacer, decir y contar de los otros se va construyendo la propia imagen, tanto en relación al padecer que los nuclea como a la modalidad de funcionamiento singular.]

Turco: El no hablar las cosas está en todos lados, uno tiene derecho a pedir, decir, hablar. Y me pasó con el cliente de la empresa [relata lo sucedido]. Si no hablás... La vida es un estado de ánimo: si estamos mal, la vida es una mierda, si estoy bien, es bárbaro. Yo hablé con el gerente, cuando llegué a casa, yo miré a mi hija y me acosté con mi mujer y estoy bien, por ahí me echan a patadas...

[Nuevamente las reflexiones del Turco dan cuenta del trabajo que ha hecho con él mismo. Aparece su filosofía de vida: afrontar las dificultades (que seguramente tuvo), hacerse cargo de ellas. Parece que esta modalidad lo hizo salir fortalecido. Seguir enfrentándolas le permite hoy su: “estoy bien”.]

C: El hecho de callarse...

Turco: Hay que exigir y hacerse valer.

Terapeuta María: ¡Qué lujo que es este grupo (rescata a Roberto). A pesar de no poder hablar, hablás, y Carlos en la primera sesión habló con ayuda, en la segunda estuvo silencioso y hoy...

[Carlos ha intentado hacerse un lugar, la terapeuta historiza su participación y le hace el espacio para que continúe la frase.]

Roberto: Yo sé cómo me cuesta hablar, entonces acá hablo. Pero a lo mejor no lo hago con la pareja.

C: Yo tengo un problemita.

Roberto: Bien, Carlos, bien.

Laura: Cambió de lado.

C: La semana pasada no vino mi mujer, yo me sumergí mucho en el HIV. Ella no comparte las cosas conmigo. Yo le digo: “vos no te acordás de mi carga”, se desconecta del tema.

Laura: Si a uno que es el portador le cuesta... Vos dejála, yo digo, es mi HIV, es mi carga viral. Cuando yo no puedo le pido ayuda. Y ahí ayuda, pero el HIV es mío. Que otra persona esté al lado...

C: En cierta forma me sirve mucho pasar un día en la vida de ella.

[De la indiscriminación de Carlos a la discriminación de Laura. De la indiscriminación a la discriminación en la pareja.]

Laura: Pedíle a tu mujer que te acompañe y si no lo puede hacer, y si no lo hace, le decís: “Te estoy pidiendo algo”.

C: Yo no le exijo, pero la semana pasada cuando no vino, no le hablé en toda la semana.

[¿No habla como castigo, o cuando está enojado no “sabe”, no puede hablar? ¿Está develando otra creencia matriz, con el silencio castigo? ¿Habrá sido él mismo castigado de ese modo?]

Laura: ¿Le dijiste hoy, “gracias por acompañarme”? ¿Le pudiste decir “la semana pasada te extrañé”?

(Roberto se tapa la cara en un clima de humor.)

[Una compañera le enseña a hablar, habla el idioma del agradecimiento y del reconocimiento. Agradecimiento en acción. Agradecimiento en palabra. Función suplementaria.]

Terapeuta María: Yo volvería al final del grupo pasado. Vos, por ejemplo [a Darío], con emoción tan profunda, traías diferentes emociones que te pasan en tu casa. Alejamientos, acercamientos, reencuentros, cómo lo digo y cómo se le dice.

[La terapeuta historiza, da cuenta del proceso, rescata las emociones vividas en el ayer, en un hoy.]

Darío: Me vas a hacer llorar. (Lo dice emocionado y al mismo tiempo como intentando zafar de la emoción.)

Terapeuta María: Abrir puertitas de la intimidad...

C: El sábado pasado estaba para la mierda, esta pelotuda me dejó solo, estuve remal; pero sé manejarlo: no le hablo.

[¿Sabe manejarlo o es manejado por la impotencia y no puede ni hablar?]

Darío: (En tono irónico) Yo también sé manejarlo, yo también soy así, paso tiempo sin hablarlo. Es que yo doy por entendido lo que me tiene que dar.

C: Reaccioné de una manera diferente de la que quería. (Hace un planteo en el que no se entiende si habla de ella o de él.)

Terapeuta Diego: A veces me confundo. ¿Hablás de ella, o te referís a vos?

Laura: Le estás pidiendo a ella lo que vos necesitás.

* * *

Terapeuta María (Como cierre de sesión): Yo miraba la hora, yo tenía tan pocas ganas de separarme... Personalmente quiero agradecerte y agradecerles. Apuesto a estos encuentros de cada sábado. (Silencio.) Este silencio de ahora no tiene que ver con el silencio de romper el hielo.

[La terapeuta remite a un silencio reflexivo distinto del que se produce al comienzo de las sesiones. Ayuda a diferenciar, a ver los matices: no se dice lo mismo con todos los silencios. Se involucra afectivamente. Va dando cuenta del trabajo grupal, de la red que van tejiendo. Red que se va construyendo a partir de los diferentes niveles comunicacionales.]

Cuarta sesión

C: Yo tengo un problemita: haciendo hincapié en la historia de ella, llegué a plantear que no era así la historia; yo tuve una pareja, si ella no la quiere compartir, bien, pero que no la ataque. Me cuesta hablar.

Terapeuta María: ¿Es la primera vez que pueden conversar más tranquilos?

C: Antes de la terapia, era más fácil no hablar. A ella le cuesta mucho creerme, yo le digo: la verdad está acá, me hago cargo de mi pasado, de mi HIV. Yo cambié, lo del HIV no estaba en los planes, no me hagas más problemas, de pelearme con vos, de estar mal con mis hijos.

Cecilia: ¿Y vos, con el HIV, cómo estás?

C: Ahora, mejor.

Cecilia: Se siente mucho miedo.

C: De a poquito... hace tres meses.

Cecilia: Te pregunté, porque el primer año fue terrible, si no nos hubiese ayudado la doctora Alicia y ella [la terapeuta]... yo me pongo en el lugar de ella.

C: Que el HIV se haya incorporado en la familia no quiere decir que destruya a la familia.

[Ahora es él quien dice “de a poquito”. Dialoga con Cecilia como si fuera la pareja. “Yo me pongo en el lugar de ella.” En el aquí y ahora de la sesión se da un diálogo intimista y diferente. Carlos ensaya dialogando con ella, hace una diferencia entre el HIV y las dificultades de la familia y la pareja. Es más claro en su hablar.]

Roberto: ¿La pelea viene por la enfermedad, o el HIV es un escudo?

(Dialogan Carlos y Roberto en un clima reflexivo.)

Alicia: ¿Y antes del HIV? ¿Notás alguna diferencia? ¿Antes no era así?

C: Fuimos siempre así.

Alicia: Cuando uno está enojado y... le toca lo que más le duele.

C: Es lo que le digo, lo usa como arma.

Beatriz: Le das la oportunidad. Yo no lo siento como arma, como yo lo superé. Necesitás un tiempo de superación, que deje de ser un arma. Si el HIV no lo incorporás a tu vida... Si ella lo usa... Como vos estás mal con eso, en los momentos de enojo, ella lo usa.

[Le está diciendo que se necesita tiempo para incorporar, para metabolizar. ¿Incorporarlo es que no determine la vida? Que se pueda construir la categoría “adecuación/ inadecuación” es importante en la recuperación.]

(Cecilia hace que no con la cabeza)

Beatriz: ¿Cuándo te lo contagiaste?

C: Antes.

Beatriz: Uno hace la vida como puede.

Cecilia: ¿Ella no sabía? Hay que ser sinceros. ¿Tienen miedo por los hijos?

[La respuesta de Carlos es evasiva, no queda claro cómo se contagió. ¿No puede ponerlo en palabras?]

Laura: ¿Tu señora sabía que estabas en la droga?

C: Hace cinco años.

Laura: Ella cargó con esos cinco años, y en la cabeza de tu señora debe estar haciendo estragos, y no se siente cuidada. Ella no es portadora, puede pensar: ¿cómo no me contagié? ¿Cómo no me cuida?

[Cargar con un tema que no se puede procesar hace estragos, teoría “casera” del trauma. Las mujeres/ parejas en el grupo, lo interrogan, lo ayudan a hablar de lo inhablable desde un lugar diferente. Preguntan, y a la vez lo contienen. Ya en la secuencia anterior, una de ellas se alía con él, mostrándole una manera para que el HIV no sea el arma en la peleas de la pareja. Es como si le dijeran: “Nosotras no somos ella, acá podes contarlo y contártelo”.]

Beatriz: No es culpa de él.

C: Si viene un juicio...

Terapeuta María: ¿Un juicio?

C: Yo tengo una relación antigua con una chica muy allegada a ella, y que es HIV; ella quiere revolver. Si la dejo que abra...

[Empieza a hablar lo que tal vez era inhablable. ¿Quién no lo puede abrir: él, o ella?]

Darío: Tu pasado te condena. Tendríamos que traer a tu señora acá.

 (Comentan los cambios de Carlos.)

[Le devuelven una imagen comparando al que vieron en las primeras sesiones con el de ahora.]

La terapeuta hace una intervención en relación a los cambios de cada uno y los tiempos que cada uno necesita para poder hacerlos.

Terapeuta Diego: Yo estoy al lado tuyo y veo que te emocionás.

C: Sí.

Terapeuta Diego: Estoy al lado tuyo y veo que los ojos se te llenan de lágrimas. ¿Qué sentís?

[El terapeuta no sólo rescata la emoción, también describe lo observable de ella, y lo invita a reflexionar]

C: A lo mejor le cagué la vida, le cagué la vida.

Mechi: ¿Por qué pensás que le cagaste la vida?

Darío: Si tuvieras cáncer te diría: “ay mi amorcito”, pero así, “¿de dónde se lo contagió?”.

Alicia: Falta tiempo. ¿Por qué pensás que le cagás la vida? Es feo para vos.

Intenta ayudarlo a discriminarse.

Carlos explica su situación

Darío: Yo no quiero condenar, pero yo creo que ella.......él tiene que largar sus emociones.

[Todos se centran en él: rescatan sus emociones, lo acompañan poniéndose en su lugar, lo ayudan a discriminarse. ESTE MULTIENCUENTRO EN DONDE LO MIRAN, LO ESCUCHAN, LE DEVUELVEN LOS CAMBIOS, LO CUESTIONAN, LO ACOMPAÑAN EN EL SENTIMIENTO, LO APOYAN, ¿SERÁ LA BASE DONDE EMPEZARÁ A DESPLEGARSE, POR EFECTO DE PRESENCIA, “LO NUEVO” PARA ÉL?.]

* * *

C: Yo no quiero hablar del pasado.

 (Se centran en otros, y luego):

Terapeuta Diego: Pero en eso, eso que vos decís... el tiempo de cada uno... para mí, Carlos, vos con tu pasado no estás tranquilo. Si a vos te cuesta mirarte, ¿cómo vas a hacer para mirarte?

Alicia: Es como perdonar tu pasado.

Laura: ¿Estás enojado con tu pasado?

C: No es fácil. Tengo cuatro hermanos, uno discapacitado. (Cuenta sobre la droga de los hermanos y que él era el mayor y que se siente culpable.)

Alicia: ¿Cómo hiciste con la adicción?

C: Tuve una sobredosis.

[Logra hablar de sus dolores, no sólo de su infección actual, sino de “infecciones” pasadas, seguramente no tramitadas, es decir no elaboradas, y ante las cuales se siente culpable.]

* * *

Terapeuta Diego: Me parece, Carlos... que hoy diste un pequeño gran paso. Dijiste: yo soy el mayor, tengo tres hermanos. Creo que en la película que yo me hice, ella te culpa pero.... ¿qué hay de la mochila de tu culpa en relación a tu familia?

* * *

Terapeuta María: Por ahí está relacionado con cómo cada uno de nosotros mira las propias cosas de la mochila. Vos sabés, Diego, que, en general, vos y yo estamos de acuerdo. Pero para mí Carlos no dio hoy un pequeño gran paso, sino que viene dando pequeños grandes pasos. El escucharse a sí mismo...

[Los terapeutas piensan distinto. Se marca la diferencia. Se complementan. El terapeuta remite a la historia. La terapeuta apunta a la capacidad reflexiva, al escucharse a sí mismo. Para escucharse a sí mismo, uno tiene que haber sido escuchado. Es una función que se aprehende. El grupo le está dando esa posibilidad.]

* * *

Hablan sobre la separación de una de las parejas acontecida recientemente y se plantea si el que queda de la pareja tendría que seguir asistiendo a las reuniones.

Darío: Yo quería rescatar si venir o no. Desde mi punto de vista, ustedes motivan tanto que hacen que se arme un orgasmo sentimental. Te hace ver las cosas diferentes, sirve. Todos sigan viniendo; ojalá no se termine, es algo que yo quiero. El silencio que se armó y todos, ver ese sentimiento que se vuelca. No es de dudar, seguí viniendo.

Beatriz: No sé. Me alegra que me lo digas, me encanta venir, en la semana pensé en ustedes y me siento apoyada.

Terapeuta María: Yo, desde la coordinación, tengo poco que agregar a lo que dijo Darío. El sábado que viene es la quinta reunión de las doce programadas.

[La terapeuta valora, reconoce y respeta la palabra del paciente. Esta modalidad de intervención es reforzadora / constructora/ reconstructora de la autoestima y de la potencia.]

Darío: Son doce y somos doce. Yo me guardo la última. Uno para cada uno. A cada uno nos pasan cosas, tengo vida afuera. Lo que sí es cierto, es que acá se me gatillan un montón de cosas.

[Carlos no aparece en escena, pero está viviendo y compartiendo un elevado tono emocional, en donde se pone en juego el dar y el recibir, en donde la motivación es generadora de placer. “Orgasmo sentimental”. Reconocimiento placentero. Motivaciones potenciadoras, “gatilladoras” de placer.]


Quinta sesión

Roberto: (Rescata el espacio grupal y en relación a la pareja subraya que están mejor.) Las luchas son las mismas, pero con más charlas [...] Por ahí yo bajé los niveles de demanda [...] Estoy más tranquilo.

C: (Interviene para resaltar que también que ellos están más tranquilos.) “Tenemos que limar algunas cosas, hay que buscarle la vuelta”. Comienza a hablar de su familia, del dolor que tiene, de su necesidad de hablar con los hermanos. Todos escuchan con mucha atención. Se lo ve emocionado, con lágrimas en los ojos.

Terapeuta María: “Si tuvieras que hacer hablar, ¿esas lágrimas qué dirían?”

[La terapeuta lo ayuda a pasar las emociones a palabras. Se genera un “silencio impactante”, como que lo acompañaban en los sentimientos. Es notable su cambio y el camino que recorrió. Rescatado del silencio –respetado en el silencio- interviene tímidamente sin poder terminar la frase. La terapeuta lo ayuda a hacerse un lugar y habla espontáneamente, juega en palabras sus emociones.]

Los compañeros indagan a Carlos sobre su necesidad de contarles a sus hermanos.

[Lo ayudan a discriminar si esto es una necesidad para él, o él quiere con esto ayudarlos para que salgan de la droga y del robo en que están metidos.]

Turco: Yo encontré más hermanos fuera de mi casa.

Terapeuta María: Con todo respeto, Carlos, pero yo tengo la sensación de que si tuvieras que llenar columnas, vos podrías llenar la de la Mujer de Carlos, la de los Hermanos de Carlos, pero que en la columna de Carlos... es decir en la tuya propia...

C: Yo nunca compartí un grupo que me escuchara, gente que quisiera escucharme a mi. Yo el otro día iba en el colectivo y pensaba: “Mirá vos lo que estás viviendo”. Pensaba esto y me emocionaba. (Cuando lo dice, se emociona.)

[¿Con esta respuesta, empieza a llenar su columna personal? Puede escribirla a partir de sus sentires. Terapeutas deseantes, compañeros comprometidos y deseosos de participar, funcionaron como estimulantes, como estructurantes para lograr ¿despertar?, ¿aumentar?, ¿inaugurar? en Carlos la función deseante.]

Sigue hablando de su mujer y de las discusiones.

Laura: Ella te cuenta lo que habla en el otro grupo.

C: Me dice que no me interesa lo que habla.

Todos proponen estrategias para que se relacione con la mujer. Retoman el tema de cómo condiciona el HIV, del preservativo, ya no sólo desde el cuidado, sino del lugar que ocupa en la sexualidad. Carlos habla de que sexualmente ellos están bien, y que ella le reclama tener relaciones.

Turco: ¿Quiere decir que no son todas iguales?

Darío: Nuestras mujeres están allá, que escuchen, así piden.

La terapeuta María cierra la sesión subrayando diferencias en el tiempo de convivir con el virus, en las parejas, en los entrenamientos de mirar a los otros y de mirarse. Rescata las diferencias que hay en Carlos.

[Presenciar en un grupo cómo un “uno” se mira, cómo un otro reflexiona, lleva a mirarse, a reflexionar.]


Sexta sesión

C: Hoy vine solo.

Alicia: Nos dimos cuenta.

C: Estaba todo bien, pasamos una semana normal. Peleamos. El tema fueron mis hermanos. Me pide cosas que no puedo hacer: que no llame a mis hermanos, agrede mucho a mi familia, hace tres días que mis hermanos están sin luz y no fui. Discutimos por eso, hoy no vino.

Laura: Parece que cambió el tema de la discusión, antes el HIV era el origen.

* * *

C: Yo hace 12 años que no consumo nada.

* * *

C: Me dice que yo le llevo problemas que no tengo que llevar. Quiere que no llamen mis hermanos a mi casa ¿Qué me está pidiendo? ¿Cómo voy a permitir eso? ¿Cómo les voy a decir que no llamen más?

Darío: ¿Ella en tantos años, no tuvo problemas?

Turco: Hay que ver para qué llaman.

Laura: ¿Qué le molesta?

C: A mí las cosas de mi familia me descuelgan de mi casa.

Terapeuta María: ¿Y vos podés decir qué te pasa?

C: Sí, pero me dice que me ocupo de ellos. (Sigue hablando de su familia.)

Terapeuta María: Hay algo en lo que vos coincidís.

C: No entiendo.

[Carlos se hace preguntas, puede plantear que no entiende. ¿Se siente más seguro?]

Entre todos hablan de que Carlos descuida la pareja.

C: Ella me observa mucho y me maneja mucho

Siguen hablando sobre lo que le pasa a cada uno con su pareja.

* * *

Darío: A mí me parece que lo de Carlitos pasa por el acompañamiento. (Carlos ha pasado a ser Carlitos.) A vos solo te está cayendo la ficha.

[Tratan de diferenciar los lugares, si se ayuda o no se ayuda, una cosa es ocuparse y otra es no estar discriminado.]

Beatriz: Carlos es una persona que se cierra. Cualquier cosa te viene bien para encerrarte.

C: Puede ser.

Beatriz: Porque a lo mejor ella te dice: ocupáte de mí.

Carlos habla de su encierro y dice que lo utiliza bastante.

Terapeuta Diego: ¿Lo utilizás bastante? ¿Te sirve?

C: No es fácil dejar la lanza.

[Utiliza una metáfora para hablar de la pelea. Aunque todavía no queda claro si habla de su lanza o de la de ella.]

La terapeuta María rescata los cambios que ha tenido en las sesiones, y habla de cómo hacer un puentecito para que pueda llevar a su casa lo que le sucede en el grupo. Carlos sigue criticando a su pareja.

Turco: Mirá, Carlitos, con todo respeto, como dice María: ¿no será que te gusta estar con tu familia porque ahí sos el salvador y estás allá arriba, y con tu mujer sos el culpable?

[intervención espontánea de un compañero. pone en juego su función analítica.  (10)].

C: Ella tiene que palpar que me está haciendo mierda.

Turco: Carlitos, vos te bloqueás. A mí me pasó que... yo quiero estar con mi hija... por ahí te estás privando de darle amor a tu hijo porque te encerrás...

C: El más grande no es hijo mío, él tiene sus rollos que los va a cargar siempre. Uno de los objetivos en mi vida es que yo no quiero que mis hijos vivan lo que yo viví. (Se emociona.)

[Ahora es él quien construye espontáneamente un “puentecito” entr su historia y la de sus hijos.]

Terapeuta María: Un poco lo decía el Turco: en el arte de vivir es importante separar los tantos. Yo los escuchaba, escuchaba las diferentes funciones, afectos y cada uno desde su zapato, desde el lugar del hermano, desde el lugar del marido, desde el lugar de la mujer.

C: Ahora tengo un montón de gente para hablar, esto es lo que buscaba; alguien para poder decirlo. Me dieron la oportunidad. Este soy yo, esta es mi vida, esta es mi historia.

Terapeuta María: Gracias por confiar en nosotros.

Darío: Yo, si bien no tengo muchas mochilas, así lo relevamos a Carlitos, les cuento un poco mi historia. Como Carlitos, me sentía ahí, yo tampoco tenía a nadie para contarle...
 

Séptima sesión

(Clima reflexivo)

C: Yo le planteé a ella el otro día: es mi vida, es mi familia, eran mis lazos familiares. Fue un día feo, pero terminó bien. Al fin del día, terminó bien.

Yo tomé mucho del grupo, el poder hablar, y le dije: lo vas a tener que entender, si no me voy a poner mal yo, y me la voy agarrar con vos. (Con una sonrisa) Estoy utilizando el tema del hablar.

Siguen hablando de las parejas y de que cada uno tiene que hacerse cargo de lo suyo.

Darío: Ya lo tenemos a Carlitos para hacerse cargo.

Terapeuta María: Lo teníamos.

Laura: Cuadro de honor para Carlitos. (Rescata los cambios de él a lo largo de las sesiones.)

C: Pude ir superando... El problema económico siempre está, cerrarme me destruyó, al abrirme me siento mejor.

Terapeuta Diego: Se te escucha diferente, también es que te escucho hablar de vos. Y se lo estás devolviendo al grupo hablando desde vos.

Carlos sigue hablando y plantea lo agradecido que está al grupo.

Matías: Te estás preocupando por vos, pero también decís: los quiero a todos pero a cada uno le doy su tiempo como corresponde (en relación a repartirse entre sus familias)

C: Funcionó

Terapeuta María: No mágicamente

* * *

Matías: De doce, uno recuperado.


Octava sesión

Matías: El sábado no tenemos grupo. (Era feriado nacional.)

Darío: (en tono chistoso) Podemos venir igual, aunque ustedes no estén.

Siguen haciendo chistes e imaginando cómo sería si se reunieran. Surge elegir un abanderado. Es electo Carlitos por unanimidad.

* * *

Roberto: Yo voy al laburo... pero la onda que tengo con mis compañeros es mejor, en mi casa es todo a la defensiva. Indudablemente es el lugar donde yo me puse. (Sigue hablando sobre el tema.)

C: (a Roberto) La cosa es dónde tenés el problema. Vos con las otras personas, en el laburo, no tenés problemas, porque con ellas no tenés problemas.

El terapeuta Diego subraya la modalidad reflexiva y el cambio de lugar de Carlos; se produce entre ellos dos un diálogo intimista; el terapeuta lo invita a reflexionar sobre sí mismo rescatando que lo simple es también esencial.

[Estaban sentados una al lado del otro. Cambian la posición, se enfrentan. Hablan como si estuvieran solos, como si el terapeuta se dejara investigar. Encuentro bipersonal, dentro del espacio grupal. El resto observa atentamente la escena.]

* * *

Sigue hablando Roberto de cómo enfrenta o no las cosas.

Turco: Si no te perdonaste y vas con la cabeza gacha...

C: A mí me pasa, si vos te dejás pisar la cabeza...

Roberto: Ahora te querés hablar todo.

(Aparecen chistes)

Laura: Mirá el cambio de actitud.

[Le siguen devolviendo a Carlos los cambios y el lugar diferente que hoy ocupa. El reconocimiento y las intervenciones adecuadas que fue recibiendo lo han habilitado para ir construyendo un placer narcisista a partir de pequeños triunfos.]

C: Yo no ataco, antes agachaba la cabeza... está mi contagio con el HIV... Pero ahora no la agacho.

Laura: Tu cambio es de ahora. ¿Y si ella no está acostumbrada?


Novena sesión

Comentan que Darío lleva en su coche a varios compañeros a la sesión.

Darío (Cuenta el recorrido): Primero al negro, el negro primero; el grupo no es el grupo sin Carlitos. (Hacen chistes en relación a la bandera y al abanderado.)

C: Se extrañó el sábado. (En referencia a la sesión no realizada por el feriado.)

* * *

Hablan de ser el bastón económico, bastón en la pareja, del pobre y el rico en ella.

Miguel: Yo llego a casa y él es mi bastón.

C: Traer soluciones económicas cansa. Esta semana fue el cumpleaños de uno de los chicos, ella quiso hacerlo en un pelotero, yo conseguí el dinero, nos endeudamos y después me puse mal. Yo quiero que ella también labure, que entre en la vida real. Lo que pasa es que es un tema difícil el del dinero.

* * *

Terapeuta María: (Se dirige a Darío a partir de la expresión de tristeza que éste refleja en su cara.) Tenés la sensibilidad de pescar lo de los demás y además tenés la posibilidad de compartirlo. En relación a las parejas, comparto que el del dinero es un tema importante, también hablamos de la sexualidad…sentir… pensar… hacer. No es la misma melodía.

C: Yo soy un agradecido de la vida y de la familia que tengo, a pesar de los malos momentos. “Yo no me merezco que me trates así”, le dije a ella.

[Carlos habla desde él. Se ha hecho cargo de la intervención de la terapeuta y además es como si se hubiese dado cuenta de la imposibilidad de hablar en Darío. ¿Quién mejor que él para notarlo? Si era experto en ese padecer y pareciera que pudo modificarlo, ¿le está mostrando a Darío cómo se hace?]

C: (Sigue hablando de lo que le pasa en relación a Martina.) Yo la interpreto a ella desde el HIV, pero también hay otras cosas (Habla cálidamente de lo que le pasa con Martina.)

Terapeuta María: (Rescata la modalidad de Carlos.) Es bonito lo que decís y cómo lo decís.

C: Ella me dice, cuando yo hablo así, que le huele a verso, ella se queda con su película.

[Se siente escuchado de una manera diferente. Un mismo decir puede sonar “bonito” o “a verso”. En este escena es la terapeuta la que ejerce la función suplementaria]

Turco: Ella no te deja llegar.

Terapeuta María: Cada uno pasó por diferentes etapas: en sí mismo, en las parejas, en el trabajo, aquí... Seguimos trabajando en nuestro próximo encuentro.


Décima sesión. Del silencio a la metáfora

Carlos cuenta un diálogo con su pareja que terminó en pelea.

C: Veníamos hablando del mal manejo económico, del poder adquisitivo y otros poderes; y eso trajo el contagio del HIV. Y yo le dije: “¡Vos me manejás de una manera! [....] Me tenés en un confort y en otro me das una patada. Pero no me banco, no me aceleres más... Me tenés en un juicio, yo no hice nada para dañar.” (Elevado tono afectivo.) Ayer a la noche me dijo: “Quiero que te vayas”, me dijo. “Te voy a hacer mierda.” “Podemos plantear las cosas”, le dije. “No sé ni lo que pensás ni lo que hablás en el grupo, son todas cosas negativas para mí.” Ella me dijo: “No voy a ir más al grupo, yo después voy a llamar; yo lo hice por vos y por los chicos, vos fuiste al grupo por vos”. Pero cuando me agarra el ataque, creo que no resisto la situación, llego a mi casa y todo es discusiones. Le dije: “Me tuviste allá abajo en el agua.”

Terapeuta María: ¿Cómo estás?

C: Estoy hecho mierda. (Se le caen las lágrimas. Silencio.) Todos estos días pensé en el agua, en los barcos; se me va a hundir el bote.

Terapeuta María: ¿Sabés nadar?

C: .

Terapeuta María: ¿Y qué sería cuidarte?

C: ¿A partir de mi estar con ella?

Terapeuta María: A partir de hacer eje en vos.

(Carlos no entiende lo que María quiere decir.)

Turco: Si te dejarías caer, o lucharías.

 (El terapeuta Diego lo toca.)

C: Yo la escuchaba a ella. (Por Beatriz.) ¿Cómo llegaste a esa instancia de sentirte bien?

[Si bien está “hecho mierda”, es diferente, ya que se produce un pasaje del malestar al estar mal. En el primero el mal se hace sujeto, mientras que en el segundo, el sujeto está primero. Las preguntas de la terapeuta apuntan justamente a rescatar el sujeto que hay en él. Pasa a palabras su sufrir, aparecen sus asociaciones: agua, barcos (en la época que “andaba en cualquiera” trabajaba en los barcos) su desesperanza: se me va a hundir el bote. Es rescatado a partir del interjuego libidinal del espacio grupal LA PREGUNTA DE UNO, LA EXPLICACIÓN DE OTRO, LA COMUNICACIÓN A NIVEL CORPORAL, EL INVESTIGAR EN UN PAR COMO HIZO, LO LLEVAN A DECIR:.]

 <>C: Habrá que pasar tormentas, habrá que pasar un bosque, que subir una montaña. Así venga un yacaré.

Turco: Por ahí, demostrándole que vos podés salir solo y… ella reflexiona.

Beatriz: Yo lo vi a Carlitos con una luminosidad impresionante hoy. Estar bien es poder estar mal, sabiendo que uno puede estar bien.

[La intervención espontánea de un compañero le devuelve una imagen -tal vez desconocida para él- y una categorización: estar bien y estar mal son estados modificables. Puesta en escena de lo característico en el grupo: es un par el que “interpreta” desde una melodía que también le es propia. Beatriz se separó en el transcurso de la experiencia, vivió y compartió en el grupo su estar mal. Carlos tuvo la oportunidad de acompañarla en el sentimiento.]

C: (Se rearma.) Cuando estoy con gente o en el trabajo me sale una sonrisa.

Beatriz: Yo no estoy viendo al Carlitos apaleado, estoy viendo al Carlitos que tiene fuerza; que puede…

[La mirada del otro le devuelve una imagen de potencia.]

C: Hasta cinco minutos antes que llegase Darío, estaba pateando piedras; hablé con él y me saqué. Y tuve el panorama más claro, si venía en colectivo hubiese llegado hecho mierda.

Terapeuta Diego: Esa es la pregunta que te hacía María, esa es una herramienta que podés usar.

Terapeuta María: Yo rescato lo que ustedes están diciendo: a veces estamos bien, a veces estamos mal: quién me ayuda, cómo salgo de esto, con qué salvavidas.

[Ahora es la terapeuta la que al rescatar lo que le dicen, lo ayuda también a construir la categoría de potencia.]

C: Por ahí llego, me mira y se sonríe. Y pienso: “Ese es mi puerto”.

Turco: ¿Cómo te protegerías, Carlitos, si ella te agrede? Si uno quiere salir y el otro no. Te quiero decir lo que yo haría: no te enganches, no le entres en el juego.

Beatriz: ¿Y si él le sonríe a ella?

C: Yo voy al pie.

Terapeuta Diego: María decía los recursos que tenés vos, si los tenés claros, cómo estás vos, que ahora podés apelar a pensar, a reflexionar y antes te guiabas más por el impulso, hablar de frente antes que esconder, apelando a esta parte tuya que hace que Beatriz te vea luminoso. Cuando te vi por primera vez, parecía que estabas tocado por la luz mala. Ahora que te animaste a ser capitán de tu propio barco, tal vez podés vivir la tormenta de otra manera. No resolviéndolo como antes, resolviendo con los recursos que tenés ahora.

Terapeuta María: Gente, tenemos que terminar, no quisiera agregar mucho más de lo que Diego le decía a Carlitos. Tal vez es una gran guía para cada uno esto de conocerme, establecer con lo que cuento. Nos vemos el sábado que viene.

[Carlos hace su recorrido, del silencio a la metáfora, de la desesperanza a la esperanza, de la impotencia a la potencia. En esta presentación le tocó ser el solista, pero tiene toda una orquesta que lo acompaña. Surge así una melodía donde cada uno interpreta su propio instrumento desde las partituras que surgen de las potencialidades creativas y curativas existentes en todo sujeto.]


Duodécima sesión

Terapeuta María: Hubo una historia entre nosotros. Esto se termina hoy. Hay cosas que van a empezar, hay cosas que van a seguir y hay cosas que se terminan...A mí.... a nosotros, nos gustaría hacer un balance para seguir trabajando, para cerrar la experiencia.

Darío: Tenemos tanto para decir… Yo los arrastro a todos para lo que más me conviene y por ahí me equivoco. Queda mucho por desandar... Sin ánimo de exagerar, es la experiencia más importante de mi vida: sin duda abrió caminos. Para mí, si hubiesen hecho un casting no hubiesen podido elegir mejor, ésta es gente de la puta madre. Y el asado que vamos a hacer va a ser la bisagra. Con algunos me voy a seguir viendo, de acá me llevo un par. Y creo que no hay que tener una chapa de amigo, la chapa de amigo no tiene que venir de antes. Ustedes me conocen más que cualquier otra persona, me conocen más que mi viejo... son muchas las cosas que tengo para decir. (Llega Jorge.) ¿Cómo andás, negro? Vení cuando quieras, la puta que lo parió. Te la perdiste, estábamos hablando de mujeres.

Jorge: De cosas de hombres.

Darío: Estaba rescatando que no es tan fácil abrirse. Yo tengo amigos de antes, pero nunca hablé como hablé acá. Me encantó hacerlo con ustedes. Me llevo de cada uno un recuerdo hermoso; me restaría agradecerle a cada uno y no es el boludo agradecimiento (elevado tono emocional). Yo me llevo de acá... algo que no puedo expresar con palabras, sobre todo de ustedes dos [los terapeutas]. De Sonia que, con su silencio, alberga un montón de cosas mías. En realidad, somos mejores que los de abajo. Me pareció que Roberto -lástima que no puso el pecho hoy- decía cosas que eran importantes, de Cecilia mucho coraje, después que habló hizo que nos cayera la ficha a todos, a cada uno; al Turco por la claridad, él me dice que se la hago creer; pero es verdad, tiene una experiencia de la puta madre.

(Llega Cecilia 15 minutos tarde.)

Cecilia: Me dejaron el lugar.

(Se rompe el clima emocional.)

Terapeuta María: Vos acabás de entrar pero ya estuviste.

 * * *

Cecilia: ¿De verdad es la última?

Darío: Lo del Turco es un ejemplo de vida. Yo decía: “Está bien, le pasó algo en la vida, le pasaron cosas; pero él encaró la cosa”.

Terapeuta Diego: Decíselo a él.

Darío: Yo no se lo quiero decir porque después él dice... pero cortito y bueno, dos veces bueno. Con cinco palabritas ayuda a salir del embudo. El que las sabe tomar, las atesora… el Negrito abanderado, capo de capos. Me hace acordar al monumento al trabajador (describe el monumento). Es un tipo súper esponja.

Terapeuta Diego: Decíselo a él.

Darío: Cuesta... creo que absorbiste un montón de cada uno, evolucionaste. Fuiste teniendo más claridad y te fuiste sintiendo como un pez en el agua... Yo sentía que servía venir acá y siento que sirvo... Mechi tiró un par de cosas que me encantaron. Si te tuviera que graficar, sos puro éter, sos sentimiento puro, pero expresado con gesto, con palabras.... (A Laura): Loca de mierda, qué decirte a vos...

* * *

Laura: Uno siempre explaya lo que necesita escuchar para uno, cuando uno dice, visualiza las cosas...

Turco: Uno se habla a sí mismo y utiliza a los demás.

Darío: La puta madre

Turco: Si yo fuera la mujer de él, estaría re enamorada.

Darío: Y la boluda esta no me entiende, más le das, más te exige, más da vuelta.

Terapeuta María: Boluda, si lo tuviésemos que traducir, sería

Darío: Hermosa, divina, dulce. (Chistes sobre la terminología.) Beatriz le aportó al grupo esa cosa linda, te separaste y seguiste viniendo. Es respeto a vos y a los demás y venís y estás; y también te llevás cosas y es absolutamente notable. Me gusta mucho cuando hablamos y compartimos este momento.

Beatriz: Yo me encontraba haciendo cosas y pensaba en el grupo y decía: “Lo tengo que contar, voy a contarles, voy a hablar, voy a verlos”. Yo tenía miedo de separarme, qué iba a hacer. Yo siempre parezco eso de la fortaleza. Cuando yo agarro viaje no hay quien me pare. Él hace comentarios muy emotivos y muy finos, me emocionó; no por nada vinimos casi todos. Es emotivo lo que esta pasando y cuesta...

Darío: De vos, Jorge, me gustaron tus silencios y me gustaron tus últimas palabras. Habías empezado a abrirte cuando contabas lo que le pasaba a tu mujer. Yo encuentro un tipo sensible en vos, se te ve buen tipo. Si bien la ida y vuelta con vos no fue gran cosa; pero me llevo de vos ese sentimiento... explicarlo es complicado. Y a vos negrita [a Alicia], tuviste una apertura interesantísima y mostraste tu coraje; de vos me llevo la confianza, es lo que vale. Aunque sea tarde, es bueno abrirse.

Cecilia: ¿De mí ya hablaste?

(Darío le contesta con un chiste.)

Darío: De Miguel me llevo la imagen del pingüino embalsamado. Vos citaste el tema de la foto, me la llevo, me las recreo. Sos sensible, hermoso, súper bueno; con tus cierres y aperturas. Me encantó lo que le dijiste a Laura. Sin vos [a Cecilia] hubiésemos estado callados. Creaste el terreno para que a los demás les caiga la ficha. Y si vos diste, yo me siento obligado también.

Cecilia: Yo no pude venir el otro día, se complicó realmente, los extrañaba, los necesito; aprendí que no soy la única que tiene quilombos, todavía no salí. Está lo la droga de mi marido (11), el sábado estuvo tan mal... me da pena que esto termine. Aprendí a quererlos y realmente me ayudaron mucho. Ustedes me ayudaron a abrirme y me ayudaron a ser fuerte y voy a seguir. Les agradezco todo a todos.

(Silencio. Elevado tono emocional.)

Turco: Yo les quiero agradecer. Me acordé de que existe gente buena, me había olvidado. Puedo volver a socializarme, me volví a abrir. Los utilicé para volver a abrirme. No querer más a nadie es cerrarse. Yo vivo más en la camioneta que en mi casa y pensaba que era al pedo abrirme a otra gente y ahora lo redescubrí, gracias a todos.

Darío: ¡Vamos todavía!

 (Silencio)

Jorge: Es como el primer día.

C: Yo quiero agradecer al grupo; mi mujer se cerró más, yo aprendí a cuidarme, es un pilar que tengo hoy. Tal vez ella, con el tiempo, pueda...

Beatriz: Eso de cuidarme, ¿lo decís por mí?

C: Me siento muy contento; yo también quiero seguir, nadie quiere que se termine. Yo quería encontrar una persona que me escuchase y no encontré una persona, encontré un grupo.

[En el recorte de esta última sesión es Darío el solista. Da cuenta del proceso desde su instrumento, desde su visión, “interpretando” los cambios, la evolución de cada uno de sus compañeros. Los terapeutas prácticamente no hablan. Los integrantes del grupo dan cuenta de la asimilación del trabajo que se fue haciendo en toda la experiencia sin necesidad de guía ni traductor. Y, en relación a Carlos, hace una “puesta en descubierto” de estados emocionales deseados otrora y encontrados hoy: “Yo quería encontrar una persona que me escuchase y no encontré una persona, encontré un grupo”. Es en este recorrido en donde lo nuevo abriría el camino hacia la marca, la nueva inscripción.]


CONCLUSIONES

Sobre los conceptos de Bleichmar

· ¿El espacio terapéutico multipersonal permite poner al descubierto las creencias matrices pasionales (“estructuras que mediante operaciones de sus elementos generan otros elementos [...] calando hondamente en el inconsciente” (1997, pág. 133, 139) y elaborarlas con más facilidad?

En las viñetas presentadas, todos los pacientes convivían de una u otra manera con el HIV. Seguramente, cada uno había construido sus propias creencias al respecto, con el sinfín de producciones que éstas generan. Las fueron poniendo en descubierto, las fueron compartiendo. Todos convivían con el virus, pero no habían hecho el mismo recorrido.

Empiezan así a surgir las diferencias: no es lo mismo el que armó la pareja sabiendo que el otro era portador que el que se enteró después. No es lo mismo el que portaba el virus hacía 13 años, que el que lo descubrió 3 meses atrás. No es lo mismo el que, ante la noticia del HIV, se defendió omnipotentemente, negando lo que sintió sin procesar el acontecimiento, que el que pudo hacerse cargo y fue metabolizando el episodio disruptivo. No es lo mismo el que ya tenía hijos antes de saberse portador, que el que decidió ser padre sabiéndolo. Pero todos, en algún momento cuando se enteraron, habían vivenciado, consciente o inconscientemente, desde sus propias historias, el miedo a la muerte, a contagiar, a ser contagiado, a la discriminación.

Construyen así sus propias creencias sobre el sida, en este caso potenciadas desde una mirada social: sida sinónimo de muerte; sida sinónimo de homosexualidad; sida sinónimo de adicción; me van a discriminar; voy a contagiar; voy a contagiarme; no voy a poder tener hijos o van a nacer infectados; me van a mirar mal, no me van a querer: Un acontecimiento singular, si fue traumático (en el caso del HIV traumático para el cuerpo con potencial traumatogénico para la psiquis), puede generar creencias matrices pasionales. (1998)

Es así como en la primera sesión, ante la desesperanza de Carlos, Darío dice: “Vos tenés 4 hijos, ¿más proyecto que eso querés?”.

Parece que Darío lee la falta de proyecto de Carlos dando cuenta de una posible creencia en que sida es sinónimo de muerte. Al mismo tiempo pone en juego su creencia: No voy a poder tener hijos o van a nacer infectados impotentizando su deseo de tenerlos con esta pareja (12) en la que él no es el portador.

Otro compañero plantea:

Turco: Nosotros fuimos para adelante hasta tener un hijo, yo de mí me hago cargo. Pero si ellas se contagiaban, no sé si podría tolerar la culpa, me mataría. Macho, vos lo hiciste te salió todo bien, cuando mi mujer estaba embarazada yo cortaba clavos.

Se da así un entrecruzamiento de creencias matrices. En un tratamiento no alcanza con recuperar el episodio, es necesario poner en descubierto y elaborar la CREENCIA MATRIZ, “sin la cual el sujeto se pierde en las mil producciones que estas son capaces de generar”(1998, pág. 140)

Casi sin saberlo comienzan a hablar de ellas.(13) En algunos casos, las vuelcan al grupo elaboradas y cuentan el recorrido. Las sacan a la luz desde otro lugar. Este encuentro de creencias, ¿acaso no acorta caminos, y permite ponerlas en cuestión con más rapidez, ir develándolas con menos vergüenza, con menos miedo? La creencia de uno invitó a la del otro, lo que permitió recorrer las anécdotas singulares de los integrantes en un compartir vivencial. Ya no sólo cada uno recordó las propias, sino que tuvieron la posibilidad de acompañar en el sentimiento las vividas por otro. Este acompañar en el sentimiento, ¿no es el inicio de empezar a sentir lo que en su momento no se sintió, no se experienció?

Se pasa, entonces, de un recordar a un compartir en el aquí y ahora de la sesión, y luego a un nuevo vivenciar, acople experiencial. Este surge del encuentro, del multiencuentro, del entramado vincular que se teje en la sesión grupal en donde lo nuevo aparece redoblado. Haríamos así la extensión del acople experiencial en la sesión bipersonal al redoblamiento experiencial en la sesión multipersonal.

En el espacio grupal al compartir con pares, con iguales, se revisan las creencias con más agilidad. Ver en el otro cómo revisó, cómo sintió, cómo modificó, permite pasar del “¿cómo hizo?” al “¿cómo hago?” y así poder ir construyendo la categoría de potencia: las creencias sobre la impotencia /omnipotencia “son los extremos de una dimensión que forman un trasfondo en toda la vida mental” (pág. 135). Recuperar/ reconstruir/ construir el sentimiento de potencia en un tratamiento analítico se convertirá en un ‘foco’ (pág. 142) Si el terapeuta tiene como objetivo el desarrollo del sentimiento de potencia, hará una “devolución gradual pero sistemática” (pág.137) de la imagen de potencia depositada en él por el paciente. ...“la actividad del otro queda registrada no sólo como recuerdo/ representación, sino como función, es decir, como capacidad de poner en acto, ejecutar una cierta actividad”.(pág.129/130)

El vínculo terapéutico produce cambios; en el espacio terapéutico multivincular estos cambios se potencian, se agilizan, se multiplican. La función suplementaria es la que completa, suple lo que no se tuvo: fallas ambientales, trastornos por déficit. Las figuras con las que comparte en el aquí y ahora no se comportan como las del pasado. (14)

Esta experiencia vivencial diferente, nueva, hace marca, genera un peso motivacional y funciona contrarrestando los pesos motivacionales históricos (2004) que funcionan como murallas defensivas, falsas fortalezas, que sostienen las creencias con las que uno fue mirado, se miró a sí mismo y mira a los demás. La “intensidad” afectiva nueva trae una modificación en lo psíquico. Para muchos, el espacio compartido cumplió una función articuladora, ya que el conversar libremente, asociar libremente, experienciar libremente, permitió un redoblamiento vivencial, que a su vez posibilitó ir construyendo la categoría de potencia.

· ¿Qué sucede en el espacio grupal al entrecruzarse un mismo sistema motivacional, o cuando se ponen en juego diferentes sistemas motivacionales?

Los sistemas motivacionales son componentes independientes a partir de los cuales Bleichmar (1999, 2000, 2004) plantea una estructura modular a la mente. Tienen sus propias leyes de organización y se determinan mutuamente generando transformaciones en cada uno de ellos. En el acontecer intrapsíquico se da un interjuego entre los diferentes sistemas.

Tomaré para ejemplificarlo en esta oportunidad sólo el sistema de hetero-autoconservación. Remite al origen en donde simultáneamente se entrelaza el depender de otro, por eso lo de hetero, con el instinto de autoconservación: darle al otro, cuidar al otro, lleva al propio cuidado (Cuánto de lo que le digo me lo digo a mí mismo). Es así como Laura, que ocupó el lugar de “experta” en cuidados sobre sida, dice: “Uno siempre explaya lo que necesita escuchar para uno, cuando uno le dice a otro, visualiza las cosas”. O el Turco, desde su experiencia de vida, concluye: “Uno se habla a sí mismo y utiliza a los demás”. El espacio grupal permitió recorrer el camino ser cuidado por - cuidar a - autocuidarse. En el proceso de Carlos también lo podemos observar, se dio un pasaje de ser el Apuntalado/Cuidado por la terapeuta, los compañeros, el espacio (los dadores), a ser el dador, cuando se posiciona en otro lugar.

En síntesis considero el campo grupal como un espacio privilegiado que permite la potenciación y el despliegue de este sistema motivacional.

 

Los sistemas motivacionales en Carlos interactuando con otros sistemas motivacionales.

Llega al grupo dominado por un sentimiento de indefensión/impotencia que gobernaba su vida mental y determinaba su funcionamiento, estado que queda avalado por las respuestas dadas en el test que mide depresión. Podríamos hablar entonces de fallas (1997, pág. 120, 122): en regulación psicobiológica, en la regulación de la autoestima, en la vitalidad del deseo, en la capacidad de autoespecularización, y autoapaciguamiento. La relación entre los sistemas motivacionales puede ser de coincidencia de objetivos, de reforzamiento recíproco, de oposición,(conflicto intermotivacional), de transacción, a todo lo largo de su desarrollo y funcionamiento. (1999, 2000, 2004)

El trabajo grupal permitió ir trabajando las discordancias existentes entre la representación que Carlos tenía de sí por fallas en su autoespecularización y las facultades, potencialidades que poseía y que a la luz de lo acontecido fueron surgiendo.

A partir del reconocimiento, de las intervenciones adecuadas que fue recibiendo en el espacio grupal, se fue construyendo en Carlos un placer narcisista de pequeños triunfos:

Las condiciones que estructuran el psiquismo del sujeto -plantea Bleichmar- sobre todo la influencia del otro externo pulsional-afectivo y discursivo, que estuvieron presentes en la infancia, vuelven a estarlo en el presente de la terapia, a igual título que en el origen y no sólo como evocación del pasado.” (1997, pág. 117)

En el espacio aprehendió a salir del silencio y sus malestares se fueron apaciguando.

Aumento de malestar en la casa, disminución y desaparición del malestar en el espacio grupal. Mientras esperaba a su compañero, pateaba piedras, fallas en la capacidad de autoapaciguamiento, necesitó del objeto externo para apaciguarse.

La capacidad empática del espacio primero lo sostuvo, luego lo invitó a involucrarse en el acontecimiento (“Si tuvieras que hacer hablar, ¿esas lágrimas qué dirían¿” “En la columna de Carlos, es decir, en la tuya propia, ¿qué escribirías?”.)

· Si la función deseante se constituye en identificación con la del otro y bajo su influencia (Padres deseantes, que se implican, “van creando una realidad atractiva pues han aportado para la identificación una vigorosa función deseante que catectiza esa realidad (1997, pág.129), ¿qué sucede cuando hay más de un otro? ¿Si en la teoría de la cura hacemos una extensión en el recorrido? (estructuración y funcionamiento del psiquismo /relación analítica bipersonal/ relación terapéutica multipersonal).

Cuando Darío dice: “Yo quería rescatar si venir o no. Desde mi punto de vista, ustedes motivan tanto que hacen que se arme un orgasmo sentimental. Te hace ver las cosas diferentes, sirve. Todos sigan viniendo; ojalá no se termine, es algo que yo quiero. El silencio que se armó y todos, ver ese sentimiento que se vuelca. No es de dudar, seguí viniendo”, se observa que terapeutas deseantes, compañeros comprometidos y deseosos de participar, funcionaron como estimulantes, estructurantes tal vez, lograron despertar, aumentar, inaugurar, la función deseante de Carlos.

Si la génesis de muchas patologías es consecuencia de la identificación con figuras patológicas, es posible que en el espacio multipersonal, en donde se da un multiencuentro con otros, pueda haber cambio por función suplementaria.

De hecho, el espacio grupal habilitó a Carlos para sentir que hay otro código posible y le permitió la construcción de un nuevo relato vivenciado en el grupo. Esto posibilitó la “puesta en descubierto” de estados emocionales deseados otrora y encontrados hoy. En el aquí y ahora de la sesión grupal en el intercambio con pares y con los terapeutas, Carlos mira su realidad de otra manera. Sus sistemas motivacionales al interactuar con otros sistemas motivacionales (pares y terapeutas) se vieron potenciados. Y volviendo a la pregunta de donde partí de ¿Cómo se juegan éstos, cuando son potenciados por muchos otros, en la terapia grupal? Desde Carlos pude ampliar la mirada en el interjuego entre ellos y en el intercambio con el otro externo pulsional-afectivo y discursivo. Para otra oportunidad quedará el despliegue de los sistemas motivacionales en la dinámica grupal, para ver en el interjuego multirelacional: las coincidencias, los reforzamientos recíprocos, las oposiciones, las transacciones existentes entre ellos.


Algunas reflexiones

· Desde el lugar de observador

Así como Carlos pasó del silencio a la metáfora, esta presentación me permitió el pasaje de la observación silente a la comunicación escrita.

La experiencia fue fuerte, me fui sintiendo habitada por cada uno de los pacientes incluidas sus parejas aunque pertenecían al otro lóbulo. ¿Cómo procesar todas las vivencias que se despertaban en las sesiones? El intercambio de miradas, el dialogar con las miradas de mis colegas, el escribir lo que acontecía en el espacio fáctico, fue una de las maneras. Los encuentros pre y post con la unidad terapéutica, el espacio de la supervisión fue otro. Y finalmente, el escribir esta presentación hoy completa la “metabolización”.

· A partir de lo acontecido en el espacio grupal

La experiencia grupal fue pensada con el propósito de preservar la salud a partir de una mayor adherencia al tratamiento. Funcionó, al mismo tiempo, como un dinamizador de la salud mental al potenciar el sentir, el conocer/se, el metabolizar.

El grupo es un lugar privilegiado, donde se ponen en juego, los recursos saludables del psiquismo que remiten a las potencialidades creativas y curativas en cada uno de sus integrantes (G. Stein y colaboradores, 1996)

Al trabajar en grupos terapéuticos, pensados psicoanalíticamente, operamos sobre lo inconsciente, no sólo haciéndolo consciente sino favoreciendo las operaciones inconscientes creativas de cada sujeto en la relación con otro. Se dramatizan espontáneamente los conflictos de los ámbitos intrapsíquico, inter y transubjetivo.

Al trabajar los pacientes en un espacio inspirador de confianza, espacio pensado y donde son pensados, se les estaba ofreciendo, tal vez a la mayoría, lo que nunca tuvieron. Se crean así nuevos procesos que los llevan a reflexionar: escuchar-ser escuchado-escucharse, ser pensado- pensar–pensarse.

La mirada estuvo puesta en marcar las diferencias para que aparecieran las tensiones, las contradicciones y poder ver cómo se jugaban, cómo se enfrentaban, cómo se toleraban, cómo se resolvían. Si, en cambio, la mirada hubiera estado puesta en fomentar lo homogéneo, la no diferencia, se habría corrido el riesgo de transformar a estos pacientes en los abanderados del sida, perpetuando en figura lo que debería ser un fondo.

La experiencia vivencial grupal pudo alcanzar el límite de lo representable, lo narrable. Es en este terreno donde se inventan, crean y recrean nuevos modos de establecer contacto, nuevas formas de comunicación. El espacio cumplió una función apuntaladora, articuladora. Los integrantes, al sentirse sostenidos, entendidos, acompañados, pudieron trabajar las creencias matrices, deshaciendo certezas. Se dio así un recorrido del descentramiento de la propia mente a la observación de la mente de los otros y, de allí, a la autoobservación.

El grupo libidiniza, posibilita los cambios. Cambios que, en este caso, permitieron reposicionar el narcisismo, la autoestima, la recuperación de la capacidad de ilusionarse a pesar de seguir siendo portadores.

La elevada intensidad con la que se vivió el proceso posibilitó relaciones de apego, de seguridad, de confianza. Se revisaron casi espontáneamente las categorías indefensión/ exceso de defensa, cuidado/ no cuidado, impotencia/ omnipotencia. Se dieron experiencias vitales significativas que pudieron ser codificadas simbólicamente y actuadas no sólo en el grupo, sino fuera de él.

Considero que el espacio funcionó como medio facilitador y proveedor (Bleichmar, 1997, pág. 128): facilitador, porque favoreció el despliegue de las potencialidades de cada uno de los sujetos; proveedor, porque les permitió experienciar lo que no habían vivido.

Trabajar grupalmente les abrió la posibilidad de resignificar, de reexperienciar la disrupción que significó para el psiquismo el enterarse de su enfermedad. Se dio así un acople experiencial redoblado por el multiencuentro.

En síntesis

Desde los pacientes se hizo un recorrido que fue del silencio a la metáfora, de la desvalorización a la valorización, de la impotencia a la potencia, de las certidumbres incuestionables a los enunciados cuestionables pasibles de ser revisados.

Y desde esta presentación hice un recorrido que va desde las teorías que dan cuenta del suceder en un análisis bipersonal al acontecer grupal, de la evolución de un paciente en el campo grupal al campo grupal apuntalador del psiquismo de los pacientes, de lo homogéneo a lo heterogéneo y singular, del acople experiencial al redoblamiento experiencial, que me permitió comprobar una vez más la riqueza del campo grupal como potenciador, facilitador de trabajo psíquico y de cambio.

 

 

(*) Sonia Sandleris es Licenciada en Psicología. Miembro adherente de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

soniasand@fibertel.com.ar

 

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NOTAS

(1) Financiado por subsidio del Fogarty International Center, AIDS International Training Research Pfrogram/NIH - Grant Number: 5 D43 TW001037.

(2) Uno de los miembros portador de HIV y el otro sano.

(3) Definimos la adherencia, en relación al HIV-SIDA, como la habilidad de la persona que convive con el virus para estar involucrada en la elección, el comienzo, el manejo y el mantenimiento de un régimen de medicación de terapias combinadas para el control de la replicación viral y la mejoría de la función inmune (Simoni, J, Frick P, Pantalone y D., Turner B., 2003). Por lo tanto, la adherencia implica un continuo en la conducta de la persona que facilita el manejo de la infección por el virus del HIV – SIDA (AIDS Center, HIV Adherence Network Development Institute, Mount Sinai Medical Center, New York, 2000).

(4) Plantea que el efecto de presencia está relacionado con lo irremediablemente distinto de uno, tiene un sello de ajenidad. Lo no reconocible tiene un efecto perturbador. Señala que la palabra que lo grafica es “descoloque” y que toda subjetividad se constituye por efecto de “descoloque”.

(5) Término acuñado por Lic. Hilda Ojman. El equipo terapéutico está constituido por el terapeuta más los pacientes.

(6) M. Benyakar ( 2003, pag 40) define la vivencia como una función psíquica articuladora que opera en el mundo interno y liga el afecto y la representación. Y la experiencia, como la conjunción de la vivencia (mundo interno) con un evento fáctico (mundo externo). Plantea además que, cuando el afecto emerja sin representación, la vivencia será traumática.

(7) Remite al concepto de resiliencia.

(8) Es aquél que se nuclea en función de un rasgo común entre sus miembros o en relación al eje objetivo- tarea del grupo. Puede estar coordinado por un profesional (“un diferente”) o por un recuperado (“un igual”).

(9) Los comentarios sobre la sesión aparecen en versalitas.

(10) La circulación de la función analítica, que existe como potencial en cada sujeto, es otra de las características del acontecer grupal. (Gerardo Stein, 1991)

(11) El conocimiento de la adicción y la homosexualidad de su pareja surgió después de iniciada la experiencia.

(12) En el transcurrir de las sesiones esto surge explícitamente

(13) Si bien no eran exactamente las mismas, tenían mucho en común y también de diferente

(14) Esto lleva al concepto de la transferencia en el campo grupal. Transferencia con el analista, transferencia lateral. Acople transferencial. Suplemento transferencial. Queda para otra oportunidad el despliegue de estos temas

(15) Dr. Drucaroff, Eduardo (Coordinador) - Lic. Fernández Belatti, Cristina - Lic. Fridman de Budnick, Alicia - Lic. Kemelmajer de Levin, Berta - Lic. Pesajovich de Erlich, Claudia – Dra Martinez de Cipolatti, M.C. Lic. Rey de Aguilar, Lourdes – Lic. Ruiz, Ana María, Lic. Sandleris, Sonia - Lic. Szlak de Cederbojm, Marga.

(16) Dr. Eduardo Drucaroff, Lic. Cristina Fernandez Velatti, Lic. Ana Maria Ruiz, Lic Marga Szlak de Cederbojm, Lic. Sonia Sandleris

 

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