La experiencia no formulada: de la disociación a la imaginación en psicoanálisis [Stern., D.B., 1997]

Publicado en la revista nº021

Autor: de Celis Sierra, Mónica

 Libro reseñado: Donnel B. Stern (1997). Unformulated experience: from dissociation to imagination in psychoanalysis. The Analytic Press: 293 pp. 


Parte Primera


Experiencia Formulada y Experiencia No Formulada


1. LO DADO Y LO CONSTRUIDO: UNA VISIÓN CONSTRUCTIVISTA


Para Donnel Stern, elucidar qué es lo dado y qué es lo creado ha sido siempre el gran reto del psicoanálisis. El concepto de experiencia no formulada le permite abordar este problema. En este capítulo introductorio se dibuja el contexto hermenéutico básico desde el que se desarrolla la conceptualización posterior de la obra.


La dialéctica de Winnicott


Según Winnicott, este problema constituye una paradoja ya que convertimos la experiencia dada en algo propio, pero en esta construcción hemos de ceñirnos a los límites que define lo que viene dado. Cualquier experiencia es a veces algo dado y a veces algo construido, otras veces es las dos cosas a la vez, dependiendo de la perspectiva que tomemos. También desde el punto de vista del tiempo hay una dialéctica: la experiencia que en el presente se percibe como dada no es una esencia sin tiempo, ya que fue construida en algún momento; y por otro lado, cualquier experiencia dada ha de ser reorganizada, construida de nuevo para que forme parte de un momento posterior.


El constructivismo psicoanalítico


El término "constructivismo" se usa en psicoanálisis para describir una perspectiva que se origina en el reconocimiento clínico de que la experiencia es indeterminada, al menos parcialmente, y que se crea en interacción. Aron, Fourchet y el mismo Stern son representantes de esta tendencia, pero para éste último autor, la mayor influencia se puede atribuir a los escritos de Irwin Hoffman, con su constructivismo social, más recientemente llamado dialéctico(1). El constructivismo, como la hermenéutica, sostiene que la experiencia individual no tiene una organización intrínseca sino que es fundamentalmente ambigua hasta que se organiza mediante su interpretación. También se entiende la experiencia como una creación conjunta de influencias desde la vida social al mundo interno: el mundo interno afecta al tipo de experiencia que uno tiene del mundo social y las relaciones impactan en el mundo interno. También el pasado es tanto una creación del presente como el presente lo es del pasado: la historia sólo puede relatarse mirando hacia atrás. Para reflexionar un material preconstruido hay que interpretarlo, la experiencia nueva es una interpretación creativa.


Postmodernismo: lo verbal en lo no verbal


La simbolización permite tomar perspectiva, crear una distancia crítica. Para el postmodernismo, toda experiencia es lingüística, y el corolario de esta afirmación sería la construcción social: la realidad es una construcción social aunque nos resulte tan familiar e inevitable que nos parezca natural.


Las hermenéuticas y el postestructuralismo


Stern aclara que, pese a su filiación postmodernista, se distancia del postestructuralismo (Derrida, Lacan, Foucault) en la visión que sostiene que no existe una verdad particular que aprender, sólo maneras de entender básicamente arbitrarias que hay que deconstruir, liberando los significados que han sido oscurecidos. Por otro lado, Stern reconoce, especialmente a Foucault, el énfasis postmoderno en la ubicuidad de las relaciones de poder, ya que éste tiene un papel estructurador inconsciente en toda interacción, incluida la psicoanalítica, debido a que cada uno de nosotros definimos nuestro lugar en sistemas de diferencia (género, etnia, edad...).


El fundamento de esta obra es la hermenéutica, el estudio de la interpretación o el intento de formular lo que significa entender. El autor que más ha influenciado a Stern es Hans-Georg Gadamer, estudioso de Heidegger, para el que existe un contenido al que llegar y un sentido que dar y para el que la comprensión es siempre un acontecimiento dialogístico, lo que en psicoanálisis llamaríamos un acontecimiento relacional o interpersonal.


A pesar de las diferencias existentes entre postestructuralismo y hermenéuticas, existe un área de solapamiento porque pueden ser consideradas ambas postmodernas en el sentido más amplio del término, en la crítica postmoderna del lenguaje, ya que comparten la visión de que la comprensión es inevitablemente lingüística y que el lenguaje es construido de manera social. Desde la interpretación de Stern, basada en Gadamer, aunque el lenguaje sea vulnerable a las influencias morales y políticas tiene una función representacional, ofrece una perspectiva de la realidad, una manera de engarzar el mundo personal y social que realmente existe. Aunque toda perspectiva sea una verdad parcial, algunas son mejores que otras, más completas, más coherentes, más útiles.


Postmodernismo y psicoanálisis clínico: ¿Una contradicción?


La critica postmoderna del lenguaje puede resultar muy perturbadora para los clínicos, ya que sostener que toda la experiencia es lingüística supondría que la experiencia no verbal también sería lingüística. Esta afirmación entra en contradicción con nuestras certezas y hace del postmodernismo algo "esotérico". ¿Qué hacer con los sueños, la transferencia, la contratransferencia, con todos los fenómenos no verbales y a menudo inconscientes que son centrales en la clínica?


¿Qué quiere realmente decir “lingüístico”?


Stern nos pone como ejemplo el hecho de que obras de arte como las envolturas de edificios de Christo, hace años fueran consideradas algo no artístico. El cambio producido no quiere decir que haya habido una transformación en la relación entre significante y significado, sino que ha sido redefinida la relación entre el “arte” y el “no-arte”; en el postestructuralismo la unión entre significado y significante que componía lo que Saussure denominaba el signo y que pensábamos que era relativamente estable ha sido disuelta; los significantes se definen por su relación entre ellos.


Psicoanálisis clínico: lo no-verbal en lo verbal


Como la experiencia verbalmente representada, la experiencia no verbal está codificada, lo que ocurre es que no está codificada en el lenguaje de las palabras.


Edgar Levenson dice:


“Hay otra comunicación extensamente codificada, tan llena de información como el discurso y que sucede en la relación intersubjetiva”.


Y no sólo es comunicación lo que ocurre en esta forma no verbal, sino que también es apropiada para representar sueños, fantasías, recuerdos.


Para dar sentido a esta noción de multiplicidad de códigos semióticos en la experiencia hay que tomar en cuenta la distinción que hizo Saussure entre el lenguaje y el habla: nosotros somos usuarios del lenguaje aunque no tengamos una concepción explícita de sus elementos o cómo funciona, ya que es el sistema simbólico en el que tenemos existencia. No hay razón por la que todos los elementos del lenguaje tengan que ser visibles para nosotros y no tienen porqué todos los lenguajes del lenguaje tener palabras. Fue un insight de los estructuralistas entender que los lenguajes pueden ser no verbales, como el álgebra o los jeroglíficos. Si volvemos al ejemplo del arte, resulta más fácil decidir si un objeto particular pertenece a la categoría de arte que intentar explicar cuál es nuestra experiencia de él. La dificultad para describir actividades como montar en bicicleta o leer radica en el hecho de que son actividades que no se representan en palabras, sino en la semiótica de la práctica. Esto es igual para describir cómo uno se relaciona con otros, son acontecimientos muy complejos, a veces cargados afectivamente, que están codificados como praxis.


Esta experiencia codificada de manera no verbal es inefable, aunque en un contexto ampliamente semiótico se considere lingüística. Plantea Fourcher que la subjetividad es heterogénea, que hay más de una manera para representar la experiencia y las modalidades no son traducibles la una a la otra. A una de esas modalidades le llama "conocimiento" y a la otra "acción". La primera se codifica en palabras, sobre las que se puede reflexionar; la acción se codifica no verbalmente dentro del amplio campo de la semiótica. No se trata de que una sea más desarrollada que la otra, tanto el conocimiento como la acción son maneras válidas de representación, pero el conocimiento es el único que podemos conocer de manera directa ya que para reflexionar necesitamos el lenguaje verbal o, mejor dicho, el acto de la reflexión crea la representación verbal.


Una fuente de lo no convencional: la adaptación privada de las imágenes publicas de acción


En la crítica que Merleau-Ponty hace de Sartre por desdeñar la idea de lo inconsciente, señala la pérdida que supone rechazar la idea de Freud de un simbolismo originario, de un pensamiento no convencional. El instinto y la pulsión constituirían ese originario, pero precisamente esos conceptos son algo de lo que una teoría basada en la construcción social debe prescindir. En los términos del constructivismo no puede existir una realidad que esté llena de significado aparte de la interpretación que hagamos de ella. Si cualquier significado es el resultado de alguna manera de convención, ¿cómo puede una forma de experiencia verdaderamente no convencional aparecer? Podemos entender esa experiencia como el resultado de nuestra elaboración (rework) personal, normalmente no verbal, de la imaginería originada en el mundo social. La adaptación, la elaboración de la experiencia en la vida psíquica, es la regla, no la excepción, ya que es la actividad a través de la cual intentamos entender; tratando de conocernos a nosotros y a los demás, interpretando, reinterpretando... Desde la visión hermenéutica del mundo toda la experiencia es interpretación. En la transferencia, las imágenes de las figuras parentales, aunque estén relacionadas de manera cercana con lo que realmente sucedió, no son simples copias de las experiencias, sino que son más bien intentos de interpretar y predecir, y sobre todo influenciar.


Reconciliación: dos significados de la palabra “lenguaje”


"Lenguaje" como semiótica se aplica a la posibilidad de cualquier tipo de significado. Intentar discutir el significado fuera del alcance de las semióticas no tiene sentido, ya que la realidad puede existir aparte del lenguaje, lo que ocurre es que entonces no tenemos ninguna manera de aprehenderla.


La palabra "lenguaje", usada de manera coloquial, se aplica a las diferencias entre lo que se expresa en palabras y lo que no, nuestras maneras de experimentar verbales y no verbales. No podemos exagerar el significado que tiene para el psicoanálisis clínico el insight hermenéutico postmoderno de que toda experiencia es interpretativa y perspectivista; pero en el trabajo cotidiano, psicoanalítico y psicoterapéutico, la semiótica no es la definición de lenguaje que usamos, sino más bien la comprensión más coloquial, la que diferencia entre verbal y no verbal. Stern aclara que cuando hable de lenguaje no verbal se estará refiriendo a la experiencia codificada en el lenguaje de la acción o la práctica.


La centralidad de la autoreflexión en psicoanálisis


Incluso en el tratamiento psicoanalítico los acontecimientos más cruciales son con mucha frecuencia momentos de relación que pasan sin ser descritos, pero el objetivo consciente establecido del psicoanálisis clínico sigue siendo el transformar en palabras lo no verbal, o volver a poner en nuevas palabras la experiencia previamente verbalizada. El psicoanálisis se define por un intento de expandir el autoconocimiento y de ampliar el rango de las elecciones explícitas, y estos objetivos requieren que reflexionemos sobre nuestra experiencia, para lo que requerimos palabras. Nuestras elecciones y decisiones sobre cómo hablar sobre nosotros, nuestras más efectivas autoreflexiones no están bajo nuestro control, tienen su propia vida. Nosotros podemos facilitarlas, hacer lo posible para tener el tipo de existencia en el cual la comprensión espontánea y generativa aparece frecuentemente. Este es el ideal de la asociación libre.


Desde Freud a Sullivan se ha considerado que el lenguaje cotidiano es un conjunto de etiquetas que se aplican a la experiencia. Sin embargo, nuestro lenguaje cotidiano no sólo pone etiquetas a la experiencia reflexiva sino que es el medio por el cual se le da forma.


Lo dado y lo construido


Volvemos entonces desde una posición más explícita al problema de lo "dado" y lo "construido". Los "dados" o significados preconstruidos que interpretamos en palabras comprenden material de diferentes tipos: significados no verbales estructurados codificados en praxis, formulaciones verbales previas que pueden ser reformuladas, y todos esos significados potenciales que están implícitos en las formulaciones verbales previas, las interpretaciones que podían haberse hecho pero fueron dejadas de lado. Ninguno de estos "dados" aparece de manera espontánea en la experiencia consciente, como harían si estuvieran concebidos para representar el retorno de lo reprimido, sino que todos ellos sirven de restricción, de límite a la reflexión consciente. Cuanto más estructurado está un significado inconsciente más restringe los significados que pueden ser construidos de manera válida a través de la reflexión verbal. El analista que malinterpreta los ojos llorosos de un paciente alérgico como un signo de tristeza será corregido inmediatamente.


Para el psicoanálisis, un corolario muy importante de esta visión es que los procesos corporales restringen la experiencia. Pero incluso una descripción de la naturaleza de las restricciones corporales sobre la experiencia no puede ser simplemente objetiva, no importa cuan obvio parezca. Nunca podemos saber hasta qué punto estos acontecimientos son construcciones culturales.


La ambigüedad que siempre tenemos que enfrentar en el siguiente momento es precisamente lo que significa Stern con el concepto de experiencia no formulada, por lo que su respuesta al problema de lo "dado" y lo "construido" es una versión de la de Winnicott se trataría de:


"una dialéctica, no se excluyen el uno al otro, sino que ambos constituyen cada significado y momento. Sin la oportunidad de cambiar la experiencia previamente estructurada, y sin esa estructura previa como contraste para sentir y pensar, la nueva experiencia sería imposible. Estaríamos atrapados en un subjetivismo evanescente. Pero, por otro lado, sin nuestra capacidad para una imaginación que vaya más allá de las regularidades de la experiencia, sin la animación de la expresión espontánea y la continua reelaboración (reworking) que representa nuestro esfuerzo incesante por entender, nunca seríamos capaces de redimir nuestra experiencia de la estasis de la convención muerta".


La reflexión y el campo interpersonal


Más adelante Stern planteará que la mayoría de lo que no conocemos en circunstancias en las cuales sería posible conocer se describe como disociación, definida como la decisión inconsciente de no interpretar la experiencia, de dejarla de manera no formulada por razones defensivas. Nuestros conflictos con relación a conocer son contextualizados en cada ejemplo, conocer es una función del campo interpersonal. Cada momento del campo se define por todos los niveles en el interjuego entre las varias influencias conscientes e inconscientes que nosotros y nuestros compañero en la interacción llevamos al encuentro. El campo interpersonal estructura las posibilidades de conocer el potencial de lo que podemos decir y pensar y de lo que no podemos. Y sin embargo, su papel es invisible e insospechado. Rara vez tenemos la conciencia de estar participando en la construcción de un campo interpersonal sea cual sea su función.


El analista y el paciente, sin ser conscientes de ello, construyen un contexto interpersonal que restringe qué partes de la experiencia se pueden verbalizar y con qué limitaciones. La experiencia que queda fuera de esos límites se bloquea mientras el campo no pueda modificarse. Sólo hay una forma de expandir esos límites y es la captación de los aspectos inconscientes de la situación interpersonal.


2. UNA INTRODUCCIÓN AL CONCEPTO DE EXPERIENCIA NO FORMULADA


Lo primero que se pregunta Stern en este capítulo es a qué nos referimos cuando hablamos de influencia inconsciente, a si es una presencia objetiva en la vida psíquica (un pensamiento, un afecto, un recuerdo) que existe como un hecho pero fuera de nuestro alcance, o nos referimos a una ausencia, algo que no se ha dado en la experiencia, algo que falta, una implicación no considerada o no desarrollada. La cuestión sería si el material inconsciente está perfectamente formado y simplemente esperando para que se le descubra o si es una experiencia potencial que está esperando que se la describa. Stern nos pone un ejemplo. Una analizanda lee un artículo sobre el pensamiento de un psicoanalista particular. Llega a la sesión y le dice a su analista que desea algo más en su respuesta hacia ella; no es un contenido específico, sino un cierto tipo de comprensión que el otro analista, según el artículo, y la lectura que la paciente ha hecho de él, parece ser capaz de conseguir. La paciente dice que su analista no es capaz de ese tipo de comprensión. Explica que antes de leer el artículo no sólo no podía haber dicho de qué se sentía necesitada, sino que ni siquiera sentía que algo estaba faltando. No puede poner en palabras lo que pensaba acerca de esos asuntos antes, no cree que haya palabras accesibles, no puede recapturar la ausencia existente entonces porque tendría que usar palabras que no encontró hasta después de leer el artículo. Reconoce que sólo puede hacer una descripción en el presente.


Se pregunta Stern si la experiencia de perderse algo de la paciente estaba presente antes de leer el artículo, ¿estaba allí antes de que ella pudiera hablar de ello? Este tipo de pregunta no puede ser contestada con un sí o con un no. La creencia de que existe un contenido latente debajo de los fenómenos que vemos es una de esas interpretaciones que tomamos como un hecho, a pesar de que en el trabajo clínico rara vez tenemos la seguridad de que hemos capturado en palabras un contenido preexistente. La mayor parte de las veces tenemos bastantes dudas al respecto. Tendemos a pensar que es un problema relacionado con las distorsiones y limitaciones que imponen las defensas del paciente, en vez de pensar que esta dificultad puede estar directamente relacionada con la naturaleza de lo que estamos tratando de comprender o con la complejidad de nuestra tarea interpretativa.


¿Qué es la experiencia no formulada?


Cuando un paciente logra pensar sobre aspectos de su vida previamente rechazados, no suelen aparecer pensamientos perfectamente formulados, sino más bien un cierto estado de confusión. Es raro que hallemos claridad inconsciente bajo la defensa. Este estado mental caracterizado por la falta de claridad e indiferenciación es lo que Stern llama "experiencia no formulada". Pone como ejemplo una experiencia que se tiene a veces en una estancia a media luz, donde da la sensación de que se está viendo algo pero no se acaba de lograr una experiencia visual coherente, no se consigue identificar el objeto, atribuirle una forma clara. Parece que se desarrolla una percepción coherente a la vez que se es capaz de poner palabras a lo que se está viendo. Las percepciones bien formadas no existen dentro o detrás de la confusa experiencia visual en la penumbra. Lo mismo ocurriría con las cogniciones.


La mayor parte del material en un psicoanálisis puede ser experimentado de distintas maneras por los dos participantes implicados, paciente y analista, aún cuando estén de acuerdo acerca de los eventos que están tratando. La manera en que cada uno de nosotros da forma, momento a momento, a su experiencia es el resultado de nuestros patrones característicos de formulación que a la vez interactúan con los requerimientos de la situación. Por ello la resolución de la ambigüedad de la experiencia no formulada es un acontecimiento interpersonal, es decir, lo que pensamos en un momento particular no es simplemente función de nuestros mundos internos, sino del campo interpersonal que se "cocrea" entre paciente y analista. La revelación del significado es más a menudo una creación que el descubrimiento de una realidad preexistente.


Pensamiento y afecto


La separación entre pensamiento y afecto ha sido un rasgo de la teorización filosófica y psicológica en el mundo occidental desde Platón. Pero en psicoanálisis hacer tal separación es engañoso porque en el trabajo clínico el único asunto que interesa es cómo la gente experiencia. Y la experiencia es toda de una pieza.


Sin embargo, los psicoanalistas, como miembros de nuestra cultura, muchas veces separamos pensamiento y afecto, usando palabras como "cognición" o "pensamiento" para referirnos a la intelectualización, lo que tendría connotaciones de falta de autenticidad; y términos como "sentimiento", "afecto" o "emoción", que tienden a ser idealizados como si los fenómenos que describen fueran lo único genuino de la experiencia. Si pensamiento y sentimiento son una unidad indivisible, la cognición, que Stern define como una amalgama de los dos, se constituye en la frontera entre la psicología y la epistemología. Cuando podemos observar una separación entre pensamiento y afecto, se trataría de apariencia, no de una división natural. Por ejemplo, el aislamiento del afecto o la intelectualización, que se definen precisamente por la intención de disociar la unidad de la experiencia; o los síntomas psicosomáticos, conversiones, afectos histéricos o ataques de pánico, disociados de la palabra porque así son más útiles como defensa. Por ello, el proceso de formular una experiencia no formulada es tanto la clarificación de la emoción como la articulación del significado semántico.


Cosificación


También asumimos separaciones entre los fenómenos cognitivos, para los que tenemos diferentes palabras: pensamientos, sentimientos, percepciones, recuerdos. No existe una manera consensual de expresar la manera en que un recuerdo, por ejemplo, se funde en un pensamiento sobre el presente. Nos olvidamos de que nuestro hábito de dividir la experiencia en unidades discretas es un proceso de abstracción, y asumimos estas divisiones como si fueran rasgos del mundo natural. Así que es inevitable cosificar realidades como el significado del inconsciente estructurado, el carácter, la fantasía inconsciente, etc, porque no hay otra manera de hablar, pero es importante recordar que de lo que estamos hablando no es de "cosas", sino de ciertas continuidades de procesos en la vida psíquica de una persona que reproducen la experiencia de forma similar en el tiempo.


La clarificación progresiva: la experiencia como emergente


La introspección habitual nos lleva a pensar que la experiencia reflexiva simplemente llega, que no tiene precursores, pero acercándonos cuidadosamente a ese proceso podemos darnos cuenta de que la experiencia en un momento dado crece desde la experiencia del momento anterior, es un proceso de clarificación progresiva. Sin embargo, a pesar de la regularidad de esta progresión el resultado del siguiente momento rara vez es predecible. Precisamente el psicoanálisis permite poder estudiar esa progresión tal y como ocurre.


Por experiencia no formulada intenta Stern referirse a dos fenómenos que se solapan: uno, molar, a largo plazo, que sería la suma total de todas las implicaciones comunicables, conocibles, que nunca han sido formuladas, sobre las que se ha pasado por alto, y que puede relacionarse con las actividades organizativas, como, por ejemplo, el carácter, que dan continuidad a la vida; el otro, molecular, y a corto plazo, sería el estado de indefinición y posibilidad desde el cual emerge la experiencia articulada del siguiente momento.


El pensamiento de Freud


Freud basó su teoría de la represión y el conflicto inconsciente en la premisa, rechazada hoy en día, de que la percepción es un "dado" sensorial conocido inmediatamente por el sujeto. En el tiempo de Freud la percepción era una cuestión de psicofísica; la relación entre el estímulo y la experiencia perceptual se consideraba estable, así que las leyes que la gobernaban debían ser discernibles. La posibilidad de que la experiencia perceptual no fuera causada directamente por la estimulación sensorial era función de procesos mentales que intervenían entre la sensación y la percepción. Estos efectos distorsionantes eran consecuencia de las presiones de la pulsión y la defensa. Desde la conceptualización freudiana, las cogniciones son vehículos bien definidos de significado que pueden ser representados en lenguaje si el yo o las defensas lo permiten, pero no se considera que haya una evolución en la forma cuando el significado llega al consciente. De hecho, el significado real, que es el deseo, la fuente de la idea consciente, sólo puede existir en el inconsciente. Al entrar en la conciencia el significado inconsciente tiene que mudar sus atributos originales que pertenecerían al proceso primario y aparecer en la conciencia de manera "domesticada". Por ello se da una pérdida de información.


En contraste con esta idea, Stern plantea que para entrar en la conciencia un pensamiento no formulado puede llegar a adquirir un mayor grado del tipo de estructura que ya tenía, por ejemplo, una narrativa vaga se convertiría en precisa. En los casos en que la experiencia no formulada ya tenía una estructura no verbal, como fantasía inconsciente, lo que ocurre en la formulación verbal es un cambio en las formas, pero las formas no son superiores unas a otras, sólo diferentes.


El proceso de llegar a conocer es algo más que descubrir el disfraz o evitar la distorsión. Esto hace que los procesos de investigación e interpretación tengan más significación en la actualidad de la que tuvieron con Freud, porque ahora forman parte de la creación de un nuevo significado, no simplemente de la revelación de uno antiguo. El cambio terapéutico acaba siendo así una cuestión de mayor libertad de pensamiento más que de acceso a recuerdos.


La estructura en el significado inconsciente


El hecho de que la estructura no verbal del significado inconsciente sea una limitación para la interpretación reflexiva implica que, aunque tengamos un amplio margen para formular la experiencia, esa libertad no es completa, hay una gama dentro de la cual nuestras interpretaciones del mundo son aceptables. En la situación terapéutica, más allá de estos límites, si el analista atribuye un significado articulado a la actividad mental no formulada que la precedió, el paciente lo experimenta como falso o ridículo, aún cuando no sea capaz de sustituirlo por otro más convincente.


La formulación como una atribución de significado


Si se nos pregunta qué es exactamente lo que está no formulado en la experiencia no formulada podemos decir que es el significado. Al hacer una nueva formulación creamos un nuevo significado; a veces lleva consigo nuevas percepciones, fantasías, recuerdos, a veces no.


3. LA EXPERIENCIA NO FORMULADA COMO DEFENSA: EL "CAOS CONOCIDO"


Tenemos cierta influencia sobre qué partes de nuestra experiencia llegan a articularse. La experiencia que no se formula por motivos defensivos es una especie de "caos conocido" (familiar chaos), un estado mental perpetuado al servicio de la intención de observar, pensar y sentir sólo a través de ciertos canales. La experiencia que se mantiene en este estado nos resulta familiar y cómoda, aunque sea banal. Conlleva una falta de claridad y diferenciación en la experiencia consciente, que si estuviera más articulada podría implicar consecuencias interpersonales no deseadas. Si uno permanece ignorante de las conclusiones que pudiera sacar le es posible conseguir objetivos que prefiere no conocer.


Stern nos pone un ejemplo: Una mujer le cuenta muy orgullosa a su analista que su marido sólo tiene erecciones con ella. El analista se sorprende, por un lado de no tener previo conocimiento de infidelidad alguna por parte del marido, y por otro de la tranquilidad con que la paciente hace la observación. Pregunta entonces cómo ha accedido a esa información. La paciente, sin alterarse, le dice que porque su marido se lo ha dicho, y queda callada, expectante de lo que habrá de decir a continuación el analista. Este permanece en silencio, evitando hacer la conexión que ella parece no poder hacer. Entonces la paciente le pregunta, con una cierta exasperación: "¿Bueno, qué?", y después de una pausa de repente grita: "¡Oh, Dios mío!". Stern nos pregunta si esta mujer accede a un recuerdo o pensamiento reprimido o si en realidad lo que ha ocurrido es que hasta ese momento, para perpetuar la idealización de su matrimonio y su marido, ha evitado llegar a las implicaciones traumáticas de lo que ya conoce.


La experiencia no formulada por razones defensivas, el "caos conocido", es diferente en su naturaleza de la experiencia reprimida o distorsionada mediante otros procesos defensivos que han sido conceptualizados tradicionalmente. El material no formulado es experiencia que nunca ha sido articulada de manera suficientemente clara como para permitir que se apliquen las tradicionales operaciones de defensa. Uno puede olvidar o distorsionar sólo las experiencias que han sido formuladas con un cierto grado de claridad, que han alcanzado el nivel de diferenciación explícitamente verbal.


Asociaciones y construcciones


A pesar de que el modelo defendido por Freud supone que la memoria es algo así como un almacén, muchos psicoanalistas clásicos aceptan de manera tácita la idea de que la experiencia puede existir de manera no formulada. El mismo Hartmann consideraba la experiencia no formulada aunque en otro sentido diferente, como un resultado indirecto de la represión de experiencias tempranas. Este tipo de visión se encuentra también en otros teóricos contemporáneos, como Otto Kernberg, Merton Gill, George Klein, Roy Schafer, Donald Spence. Pero el supuesto de que la experiencia completamente formada existe de manera estable en trazas de memoria inconsciente no ha sido frecuentemente criticada dentro de la "tradición" clásica. Hans Loewald escribió que la noción de intemporalidad en el inconsciente requiere asumir que nada de lo grabado en la mente se destruye realmente, sino que se altera. Todo lo registrado en la mente, a pesar de que su apariencia pueda cambiar a lo largo del tiempo, se podría leer en su forma original en el inconsciente.


Incluso Donald Spence, un temprano constructivista en psicoanálisis, en sus primeros textos defiende la idea de la traza permanente de memoria inconsciente. No sólo para Freud, sino para muchos teóricos contemporáneos significativos cada experiencia se graba y permanece almacenada en el inconsciente. Las defensas operan con contenidos mentales que están perfectamente formulados. El concepto de experiencia no formulada no tiene sentido para una teoría asociacionista como la de Freud. Para él, como para muchos de sus seguidores, la experiencia puede olvidarse, transformarse, enmascararse, negarse, distorsionarse, romper todo vínculo con otras experiencias... pero en cualquier caso, la experiencia existe "en" el psiquismo.


Sullivan y la experiencia no formulada


La idea de una experiencia no formulada de manera defensiva no se ha originado en el constructivismo, sino en un autor cuyo interés en el constructivismo, según Stern, hubiera sido mínimo: Harry Stack Sullivan. Como esta aproximación fue nueva en el momento y no estaba claramente diferenciada de la teoría clásica de las defensas, no siempre es obvio cuándo Sullivan habla de represión y cuándo habla de falta de formulación, pero la idea de una falta de formulación motivada por la defensa resulta natural en su teoría. El "sistema del self" (self-system), para Sullivan, incluye todas las experiencias y maneras de relacionarse con otros que han sido consideradas seguras a lo largo de la vida. El sistema rechaza las experiencias y modos de relación que se puedan asociar con ansiedad. La tarea del "sistema del self” se puede describir como un rechazo a percibir o formular la novedad, porque la experiencia nueva puede ser peligrosa. Por ello, es un sistema que se autoperpetúa. Evitamos la ansiedad buscando en la experiencia aquello que nos es familiar y descartando el resto.


Hay una cita de Sullivan en la que hace explícita referencia a la experiencia no formulada:


"Uno tiene información sobre su propia experiencia sólo hasta el punto en que uno ha tratado de comunicársela a otra persona o ha pensado acerca de ella en forma de discurso comunicativo. Mucho de lo que ordinariamente se considera reprimido está simplemente no formulado"


De manera diferente a la represión, en la que el acto defensivo original es una expulsión de la conciencia, el material afectado por el proceso que Sullivan describe nunca ha desaparecido de la conciencia porque nunca estuvo allí. En la lectura que hace Stern, desde la visión de Sullivan la falta de formulación como defensa es simplemente un uso especial de procesos que sirven a funciones cognitivas más amplias. Esta posición estaría implícita en el concepto de las tres modalidades de experiencia de Sullivan. La modalidad primera, "prototáxica"(prototaxic mode) aparece en la infancia y consiste en un presente continuo, una sucesión de estados momentáneos sin un antes ni un después. La "paratáxica" (parataxic mode), también no racional, es una de las dos formas primarias en que la experiencia es organizada después de la infancia. La experiencia se divide en partes pero los distintos tipos de experiencia no se relacionan entre sí de manera lógica, ocurren juntos o no dependiendo de las circunstancias, y lo que se experiencia se asume como la forma natural de lo que ocurre, sin reflexión ni comparación. Es el lenguaje subjetivo personal de los sueños y fantasías, pero también el de otro tipo de experiencia. La modalidad "sintáctica" (syntactic mode) es la base del significado consensualmente validado, que se materializa en símbolos y que tiene la misma significación para todos los miembros de un grupo social. El lenguaje es su vehículo, aunque las palabras también puedan usarse de manera "paratáxica". Las palabras, a menudo, parecen llenas de significado convencional cuando en realidad sirven de vehículo a significados privados ("autísticos", dice Sullivan), desconocidos incluso para la persona que aparentemente está tratando de comunicarse. Las relaciones humanas se definen como una cuestión de comunicación, y la comunicación la mayor parte de las veces es ineficiente.


En la cita mencionada se hace hincapié precisamente en que si uno mantiene un significado en el nivel "paratáxico" evita reflexionar acerca de ello, ya que para reflexionar hace falta la simbolización del significado, lo que implica un lenguaje consensual. Si no podemos transmitir a otra persona un significado de manera que lo pueda entender no podemos pensar acerca de ese significado nosotros mismos. Si definimos el saber como nuestra capacidad para pensar intencionalmente acerca de algo, literalmente no podemos saber qué significados no podemos decir. El significado "paratáxico", por ello, es desconocido incluso para uno mismo.


Es importante entender que, para Sullivan, la defensa es una adaptación de procesos que se usan cotidianamente para otros propósitos, ya que no se puede estar permanentemente examinando los detalles o la novedad. La evitación de la formulación se consigue a través de la "inatención selectiva", un proceso muy importante para Sullivan, por el que la experiencia a la que se desatiende, junto con las implicaciones que podría tener si fuera articulada, nunca se elabora en la modalidad "sintáctica", por lo que nunca puede ser objeto de reflexión. Así se evitaría la ansiedad pero también el aprendizaje.


En el curso del desarrollo, las inseguridades más severas pueden requerir que haya sistemas motivacionales que se disocien. La "inatención selectiva", que preserva la separación de esta experiencia disociada de la conciencia, evita que se preste atención a cualquier cosa que pueda atraer ese material. La disociación para Sullivan es sobre todo una cuestión de mantener ciertas implicaciones interpersonales de manera no formulada. Sólo la experiencia a la que reaccionan los padres y otros significativos forma parte del dinamismo del self. Las experiencias que los otros significativos en la vida del niño no notaron o a las que no respondieron debido a su propia ansiedad y a las disociaciones e "inatención selectiva" que acompañaban, nunca se hacen conscientes para el niño. Sullivan sugiere que el material disociado produce ansiedad por dos razones: una es la razón histórica de la disociación; la otra la tendencia que todos tenemos de evitar lo que no es familiar. A consecuencia de la poderosa tendencia del sistema del self a autoperpetuarse evitando ciertas novedades, la disociación debe ser permanentemente mantenida.


Hay una diferencia importante entre el pensamiento de Sullivan y el de los constructivistas, ya que el primero asume una correspondencia punto por punto entre el significado "paratáxico" y el lenguaje que podría usarse para formularlo, es decir, no considera este proceso constructivo ni generativo y el significado resultante no sería emergente. El lenguaje simplemente etiquetaría los significados que existen de una manera lingüísticamente inmadura.


Curiosidad, incertidumbre y aceptación de lo familiar


La incertidumbre ha sido siempre uno de los ideales del psicoanálisis. Siempre hay más de una interpretación significativa pero, a pesar de ello, continuamente hablamos y actuamos como si la que hemos seleccionado fuera la única posible. Esta obstinación puede ser la evidencia de operaciones defensivas a través de la falta de formulación de interpretaciones alternativas.


La restricción del pensamiento es una especie de "estupidez autoimpuesta" en la cual todo transcurre de una manera determinada y las preguntas desaparecen dentro de lo familiar. La evitación de la formulación, del pensamiento, es una solución diferente al problema de la defensa que la represión, que es una cuestión de mantener los pensamientos que ya existían inconscientes. En vez de esto, la falta de formulación como defensa implica no permitirse interpretar la experiencia. Se restringe la libertad de pensamiento. Uno tiene más miedo a pensar de manera libre que de cualquier particular construcción que uno pueda hacer. Dice Stern:


 "La capacidad de ver lo familiar en lo no familiar, uno de los grandes logros de la infancia, se convierte en la vida adulta en un gran impedimento para el crecimiento del pensamiento".


4. EL DESORDEN CREATIVO Y LAS PERCEPCIONES ESPONTÁNEAS: LA EXPERIENCIA NO FORMULADA COMO POTENCIALIDAD


El proceso de contar la historia de uno, si es auténtico, no es producto de la voluntad, igual que no lo es nuestra construcción de los sueños, ni nuestra experiencia del momento que vendrá a continuación. Los escritores de ficción son los que más frecuentemente nos han relatado cómo las historias son fenómenos espontáneos, incluso cuando uno es consciente de contar una historia no necesariamente sabe lo siguiente que va a pasar. También existen muchos ejemplos famosos de inspiración durante el sueño. De la misma forma, los sueños de la gente normal nos muestran que la experiencia espontánea (unbidden) no es necesariamente algo propio de los genios. Stern nos pone un ejemplo de un sueño que tuvo él mismo: el soñante se encuentra en una reunión con gente, entre la que se halla una mujer que recientemente ha comenzado un análisis con él. Haciendo gestos llamativos, con los ojos muy abiertos, ella grita: "vamos a hacer una fiesta". Al lado del analista, hay un colega muy respetado por él, y que le dice de forma confidencial: "lo que ella necesita es tener una fiesta en su alma". Dice Stern que ésta era una observación muy sensata y adecuada, ya que, al despertar y recordar el sueño cae en la cuenta de que la aparente viveza que la mujer estaba empezando a mostrar en análisis, y que le tenía preocupado sin tener conciencia explícita del porqué, era realmente un intento desesperado de ocultarse a sí misma el hecho de que en su mundo interno se sentía más muerta que viva. Para el propósito de Stern, el significado particular del sueño tiene menos relevancia que el fenómeno más general de la creación inconsciente de un significado explícito. La observación del colega resulta una sorpresa completa para Stern en el sueño, pero es evidente que había sido concienzudamente construida por el propio soñante.


A estas alturas es obvia la perspectiva que toma Stern de que las experiencias vagas, el desorden cognitivo y subjetivo, incluso aquello a lo que Sullivan se refiere como autístico, tienen que ser algo más que una ausencia de comunicabilidad o mutualidad. La experiencia no formulada no sólo es "parataxis", también es la fuente de la novedad, es decir, es "desorden creativo" (creative disorder), tanto como "caos conocido" (familiar chaos).


Según la teoría de la "inatención selectiva" de Sullivan, si podemos enfocar nuestra atención sobre la experiencia no formulada podríamos formularla. Pero, de manera diferente a lo reprimido, que estaría siempre intentando retornar, lo no formulado no está a la espera de encontrar la oportunidad de irrumpir. Primero tiene que organizarse. En este proceso, pueden notarse en la conciencia algunos atisbos de la organización de un nuevo significado, y es en este punto cuando la atención puede focalizarse y usarse para ayudar a que el material ya formado aparezca en la conciencia. William James describe estos atisbos de la organización de un nuevo significado como "sentimientos de tendencia" (feelings of tendency).


En psicoanálisis sucede que hay un punto a partir del cual el analista y el paciente no pueden progresar con una investigación directa, la investigación puede llevarles a nueva experiencia que genere nuevas buenas preguntas, o puede llevarles a profundizar en la comprensión de una vieja cuestión, pero la construcción de estas preguntas y comprensiones no puede forzarse sin resultar en intelectualización.


Literalmente, no sabemos qué pensaremos a continuación, los pensamientos, las imágenes y los sentimientos vienen a nosotros, uno se siente como un conductor. A pesar de que la concepción de la experiencia en la modalidad "paratáxica", según Sullivan, estaría en el mismo centro de la idea de experiencia no formulada, en opinión de Stern el objetivo de Sullivan de convertir toda la experiencia "paratáxica" en lenguaje debería ampliarse. Además de la formulación de lo no formulado, en la vida y en el psicoanálisis buscamos un estado de ser en el cual aceptamos la experiencia no formulada como "desorden creativo" (creative disorder), ya que nuestras experiencias más auténticas simplemente no están bajo nuestro control.


Dos usos de la experiencia no formulada


En psicoanálisis tendemos a creer que entender es un evento natural, como si el significado fuera obvio si la defensa se resuelve. Pero la mayoría de los hermenéuticos opina que la falta de comprensión no requiere ningún esfuerzo, sino que es la comprensión la que lleva trabajo. Cuando se resuelve la resistencia, se llega a una posición desde la que es posible considerar que una nueva forma de comprensión puede encajar mejor. En el uso de la experiencia no formulada como "desorden creativo" la incertidumbre se acepta y se favorecen los "sentimientos de tendencia", tratando de captarlos de manera simbólica. Cuando se da el "caos conocido", sin embargo, uno está más interesado en mantener la experiencia no formulada tal y como está, evitándose los "sentimientos de tendencia". De lo que uno se defiende no es tanto de un pensamiento, ya que ningún pensamiento ha sido formulado, sino del proceso de pensar en sí mismo.


La falta de formulación, entonces, es una falta de simbolización verbal. No tener un pensamiento significa no dar forma lingüística a la experiencia no formulada.


La curiosidad y el desorden creativo


En la visión constructivista, como cada persona es el autor de su propia experiencia, la única cosa verdaderamente importante que uno debe aprender es que tiene miedo a ser curioso. Además de la incertidumbre, la curiosidad ha sido siempre un ideal en el psicoanálisis clínico. La curiosidad preserva la incertidumbre en la experiencia no formulada, es la actitud por la cual la experiencia no formulada se mantiene en forma de "desorden creativo". Nos dice Stern:


"El psicoanálisis es el progresivo despertar de la curiosidad, un movimiento del caos conocido al desorden creativo".


Aclara Stern que la curiosidad es una actitud activa de apertura, no una búsqueda focalizada, al menos no al principio. Tal vez cuando una "interpretación" (construction) interesante empieza a tomar forma, uno puede hacer una búsqueda más focalizada para completar los detalles. De esta manera, la curiosidad se puede definir como un permitirse a uno mismo hacer "interpretaciones". Esta descripción de "permitirse" sería el ideal de la asociación libre.


Desde este punto de vista el psicoanálisis no es la búsqueda de una verdad oculta sobre la vida del paciente sino la emergencia a través de la curiosidad y la aceptación de la incertidumbre, de "interpretaciones" que puede que nunca antes se hayan pensado, y que además son parte del nuevo mundo que el paciente y el analista están creando entre los dos. Esto es tan importante como su grado de ajuste histórico.


El poder y la curiosidad


Cada uno de nosotros se define de manera múltiple por las maneras en que pertenecemos a nuestras culturas y estas varias identidades (género, etnia, orientación sexual...) influyen en nuestra participación de maneras que son muy difíciles de formular para nosotros mismos. Nuestras intervenciones tienen efectos morales y políticos lo queramos o no e independientemente de que lo consideremos importante o no desde el punto de vista clínico. La conducta de un analista en la consulta está marcada por diferentes conocimientos y no sólo por los explícitamente profesionales, también están los implícitos que se relacionan con sus identidades. Las "percepciones espontáneas" (unbidden perceptions) en este sentido no son sólo las experiencias más auténticas que tenemos, sino que también expresan los trabajos inconscientes del poder. Así que estaríamos, opina Stern, frente a un dilema, ya que si dependemos de nuestras "percepciones espontáneas" aceptamos las relaciones de poder en las cuales estamos implicados, es decir el status quo; pero precisamente se trataría de salirnos del status quo gracias a estas mismas "percepciones espontáneas". Dice Stern que la única solución a esta contradicción para el analista es sospechar de manera activa y consciente y ser escéptico acerca de las maneras en que uno puede estar poniendo en juego en su actuación profesional prejuicios relacionados con su pertenencia a distintos grupos.


El poder y la "coconstrucción"


La ubicuidad de las relaciones de poder significa que no debemos permitirnos mucha confianza con las intenciones igualitarias del constructivismo psicoanalítico.


Aunque palabras como "mutualidad", "coconstrucción", "cocreación" son de gran valor para Stern, nos advierte del peligro de que se conviertan en palabras de moda y pierdan contenido. Advierte del riesgo de creer en la "democracia constructivista" en la consulta. Si bien es cierto que paciente y analista "coconstruyen" la experiencia analítica, no hay que dar por hecho que las contribuciones de ambos participantes sean igualitarias. Stern propone que veamos este igualitarismo más como un ideal que como una realidad.


Parte Segunda


Revisión del Concepto de Autoengaño: Hacia una Teoría de la Disociación


5. IMAGINACIÓN Y DISCURSO CREATIVO: PENSAMIENTOS ACERCA DE LA DISOCIACIÓN Y LA FORMULACIÓN


Normalmente pensamos en la conciencia como un estado natural. Es como si la experiencia fuera un balón de playa, dice Stern, que flota en la superficie de manera natural, y si queremos mantenerlo debajo del agua tenemos que empujarlo y sentarnos encima y eso supone un esfuerzo. Asumimos que la exclusión activa de un contenido de la conciencia requiere trabajo como cualquier otro tipo de acción. Para la teoría freudiana, la represión y las otras defensas fuerzan que ciertas experiencias se mantengan en el inconsciente cuando de otra manera aparecerían en la conciencia tan naturalmente como el balón de playa aparece en la superficie si lo dejamos libre. Si continuamos con el mismo símil, también resulta difícil mantener el balón sumergido, nos montamos encima y podemos perder el equilibrio, y una vez conseguido ese equilibrio también es un esfuerzo conservarlo. Freud hizo de estas dos actividades, alejar el material de la conciencia y mantenerlo fuera, el núcleo de su teoría de la experiencia. Después de un acto inicial de represión, la defensa es continuamente necesaria para mantener a raya a los derivados de las pulsiones que están pugnando por volver a la conciencia, el retorno de lo reprimido. Pero, nos pregunta Stern, ¿qué ocurriría si viéramos la experiencia consciente como si tuviéramos que levantar una roca del fondo y llevarla a la superficie? Desde este punto de vista la conciencia se relaciona con el lenguaje: Hacer una experiencia consciente es construir esta experiencia en palabras, interpretarla, intencionadamente o no.


Lo que sabemos de nosotros depende de lo que podemos formular de nosotros. Tomando la perspectiva de la conciencia del filósofo Herbert Fingarette, Stern sostiene que la conciencia es una interpretación activa y no simplemente el registro pasivo. El proceso defensivo básico sería la evitación de la interpretación en la conciencia reflexiva, y no la exclusión de la conciencia de elementos que ya han sido formulados. Si la experiencia reflexiva se crea por interpretación, tal experiencia se evita no formulando, y ésta es esencialmente una forma de definir la disociación.


La experiencia no formulada por motivos defensivos, el "caos conocido", es la manera en que el inconsciente dinámico es considerado en un modelo basado en la disociación, constructivista. El "caos conocido" sería a la disociación lo que el contenido reprimido es a la represión. Se trata de una definición de disociación como un proceso de defensa activo. En muchas teorizaciones, sobre todo en aquéllas centradas en el trauma, la disociación se retrata como el resultado de un colapso, no es una medida defensiva en sí misma, sino el resultado de la sobrecarga de la capacidad para tomar medidas defensivas activas. En ese marco de referencia, la disociación representa una incapacidad para reflexionar sobre la experiencia, no una evitación de hacerlo. Sin embargo, Stern busca conceptualizar el uso de la disociación como un modo de construir el mundo de forma activa, tal y como damos por hecho en las defensas tradicionales.


¿Qué se disocia?


La disociación es la evitación de ciertas formulaciones de la experiencia presente, disociar es simplemente restringir las interpretaciones que uno hace de la experiencia. Yendo incluso un poco más allá, la disociación es una restricción de las experiencias que nos permitimos tener.


Nuevos significados


El lenguaje estructura la conciencia reflexiva: si un significado no puede ser hablado entonces no existe en una forma en que podamos alcanzarlo. Puede ser otro tipo de significado, pero no puede entrar en la conciencia. La mayor parte del tiempo lo que nosotros y nuestros pacientes podemos hacer es poner en palabras experiencias que han existido antes de ese momento de una forma diferente, inarticulada.


El psicoanálisis es una actividad en la cual la naturaleza afectiva de lo que estamos tratando de decir conlleva una cierta ambivalencia acerca de formular la experiencia en palabras. Usamos el término "resistencia" para describir nuestra dificultad, pero la resistencia no se limita a la situación clínica, en la vida cotidiana estamos constantemente tentados de decir cosas antes de estar preparados para decirlas, es decir, forzamos la cuestión usando el lenguaje convencional o estereotipado. El uso convencional del lenguaje, aunque sea muy útil en la vida cotidiana, no aporta nada en términos del significado, no nos revela nada nuevo. Stern cita a Merleau-Ponty, que distingue entre el "discurso empírico" (empirical speech), que es el uso establecido del lenguaje, las expresiones convencionales, y el "discurso creativo" (creative speech) que "libera el significado cautivo en la cosa".


Una interpretación valiosa no se puede diseñar. La experiencia que conocemos directamente simplemente aparece, podemos intentar reconstruir su historia pero no podemos observar directamente las formas implícitas o no verbales de la experiencia que ocurren fuera de nuestra capacidad de reflexión. En palabras de Stern:


"El significado inconsciente fuera del alcance de las palabras es como la luz o el sonido que ocurre en frecuencias y ondas fuera de la gama que pueden percibir nuestros sentidos: tenemos amplia evidencia de que existe pero no tenemos el equipo para experimentarlo directamente."


Las pragmáticas del discurso creativo


El lenguaje se usa de manera creativa cuando no tratamos de llevarlo a un sitio en particular sino que le damos la libertad de dejarse llevar por nuestro sentimiento. Para Stern, siguiendo a Merleau-Ponty, sólo si nos dejamos llevar y no forzamos los significados, seremos capaces de acceder al poder de expresión que se halla en el lenguaje. En otras palabras, usamos el lenguaje creativamente cuando tratamos la experiencia no formulada como "desorden creativo" (creative disorder). Luego no es necesariamente cierto que un recuerdo disociado no se recuerde, puede perfectamente recordarse la contingencia de los acontecimientos, pero simplemente como un hecho, como si no tuviera lugar en nuestra experiencia. Aclara Stern aquí que lo contrario de la disociación no es la mera articulación de la experiencia, en el sentido del ideal de "validación consensual" (consensual validation) de Sullivan. Para el autor, lo contrario de la disociación es "el tipo particular de articulación llena de sentimiento y vívida que describimos como imaginación".


Historias verdaderas


Se pregunta Stern, entonces, qué papel juega la apreciación objetiva de los acontecimientos, ya que el subjetivismo resulta inevitable para quien busca un significado en la vida. Por otro lado, los hechos contendrían su propia verdad, como en la controversia sobre los recuerdos adultos de haber sufrido abuso sexual en la infancia. El caso es que el psicoanálisis no tiene "el suero de la verdad" para establecer los hechos, y en realidad tampoco sería necesario porque trabaja con significados.


Disociación e imaginación


La disociación es el no deseo de permitirse libertad de pensamiento. A veces supone el rechazo defensivo de formular o interpretar, una simple cuestión de evitar cierto tipo de experiencia o recuerdo. Pero el tipo de disociación que más vemos en el trabajo clínico supone impedir que la experiencia prereflexiva alcance el significado reflexivo completo que tendría si lo permitiéramos.


El significado disociado es:


"estilo sin substancia, una historia que se relata desde lo que ocurre pero no nos dice nada que no sepamos, una conversación que podemos rellenar sin tener que escuchar. Es la supresión de la imaginación".


Evitamos imaginar completamente las potencialidades y alternativas no estructuradas implícitas en las historias que contamos sobre nuestras vidas. Permitirnos ese tipo de imaginación provocaría la ansiedad genérica que sentimos sobre cualquier tipo de libertad, como describió Fromm.


Como clínicos detectamos la disociación en forma de ausencias, contradicciones, estereotipos, repeticiones, etc. Si existe una atmósfera de seguridad el paciente colabora con nosotros en la tarea de entender si esto es un proceso disociativo y porqué es necesario y qué es lo que está oscureciendo. Durante el proceso, con paciencia y suerte, el paciente puede conseguir acceder a la imaginación. Pero no podemos provocarlo, sólo facilitar las cosas para que haya las menos interferencias posibles en este proceso que un paciente de Stern denominaba "hablar desde el corazón".


La imaginación y la validación consensual


Para Stern, el problema con la teoría de Sullivan de la validación consensual y el modo "sintáctico" de experiencia es que no reconoce la imaginación y el uso creativo del lenguaje. Comparte la valoración de Sullivan de que la validación consensual es deseable, pero advierte de cómo puede fácilmente degenerar en un "discurso empírico". También apunta que más que conseguir que los demás le comprendan a uno, importa ser "generativo del propio sentido de la experiencia para el lenguaje, ya que la imaginación da vida a los pensamientos".


La disociación y el campo interpersonal


Es un lugar común en la clínica el que el paciente y el analista "cocrean" la experiencia de la situación analítica. Pero no suele señalarse que también "cocrean" el medio en el cual se hace posible pensar algunos pensamientos, tener ciertos sentimientos, percepciones, experiencias, y no otros. La naturaleza de la relación en la situación analítica determina qué experiencia ha de permanecer no formulada y disociada y cual puede articularse. El significado reflexivo "es un acontecimiento interpersonal". Dice Stern que siempre que ha aprendido algo inesperado sobre un paciente o sobre la relación ha tenido la sensación de que su capacidad de entender fue potenciada por un cambio en la naturaleza del campo interpersonal que él no había buscado de una manera consciente. Stern considera a Sullivan un pionero, a pesar de que no acabó de entender la "implicación" (embeddedness) del analista en la relación analítica, ya que propició los desarrollos posteriores que permitieron alcanzar ese insight.


6. LA DISOCIACIÓN EN SENTIDO FUERTE: LA FALTA DE CLARIFICACIÓN


La disociación en sentido fuerte


La disociación en sentido "fuerte" es un proceso defensivo activo consistente en la evitación inconsciente de la articulación verbal de cierto tipo de experiencia que ya tiene algún tipo de estructura inconsciente no lingüística, es decir, existe como acción o práctica. Un ejemplo serían la transferencia y la contratransferencia. Aclara Stern que no es a la propia experiencia a la que se le niega conciencia reflexiva, porque este tipo de experiencia organizada de manera no verbal nunca podría acceder a la conciencia, sino a todas o algunas de las interpretaciones verbales que se pudieran hacer de ella. Es habitual en la disociación la combinación de las formas "fuerte" y "débil". Stern nos pone un ejemplo de transferencia y contratransferencia. Dice el autor que al principio de la relación terapéutica se cuentan algunas historias de la relación, y estas historias, dominando nuestro proceso atencional, evitan la formulación de otras historias alternativas (forma "débil" de disociación). Pero además, alguna de estas historias alternativas podría conllevar una prohibición de ser contada (forma "fuerte" de disociación).


Se pueden disociar sólo partes de la experiencia, como las resonancias emocionales, que serían no formuladas, dejando la parte perceptual intacta.


Para Stern, la disociación en la forma "fuerte" nos pone ante la dificultad de entender el "autoengaño": ¿Cómo podemos "elegir" que la experiencia organizada de manera no lingüística permanezca no articulada en lenguaje? ¿Quién elige? ¿No habría primero que formular la experiencia para luego decidir no hacerlo?


El autoengaño para Freud y Sartre


El tema del "autoengaño" ha sido siempre una idea paradójica: uno tiene que decidir no ser consciente de algo y a la vez olvidar haber tomado esa decisión. Si se reprime la decisión de reprimir estaríamos ante una regresión al infinito. El cambio que hizo Freud añadiendo al modelo topográfico el estructural, le permitió, solapando los dos esquemas, concebir el yo y el superyó como en parte inconscientes, así que podía colocar en una parte del yo el censor, el responsable de las defensas. De esta forma, el censor psíquico pertenece a la parte inconsciente del yo, y como nunca fue consciente la decisión de no enterarse de la censura, no habría porqué reprimirla.


Sartre supone que la solución del problema ofrecida por Freud es ilusoria. Si el censor sabe lo que no se permite entrar en la conciencia tiene que ser parte de la conciencia porque no hay otra manera de conocer sus prohibiciones, pero si el censor es parte de la conciencia, entonces la conciencia misma conoce las cosas que rechaza. Para Sartre, Freud medicaliza lo que es un problema moral, la responsabilidad personal: la persona que se autoengaña se está mintiendo a sí misma, actúa de "mala fé" (mauvaise foi).


Para Stern, que reconoce la importancia de la crítica de Sartre, hay una cuestión de confusión entre la responsabilidad y la culpabilidad en su argumento. Uno es responsable de lo que desea no saber, pero la culpabilidad sobre las consecuencias del comportamiento varía. Plantea un ejemplo: ¿Hasta qué punto uno es culpable de que la ansiedad que le producen los sentimientos sexuales, conectada con la relación con su propio padre, le lleve a comportarse de manera que haga daño a su pareja? La respuesta depende de las circunstancias y los valores del observador que, como ya se ha dicho, son construcciones sociales.


El autoengaño y la experiencia no formulada


La cuestión es que el concepto de "autoengaño" plantea problemas para el concepto de experiencia no formulada más que para otras defensas. Si uno tiene que formular previamente la experiencia para mantenerla no formulada, el concepto pierde todo sentido. La idea de la experiencia no formulada no puede sobrevivir a la paradoja de conocer y no conocer.


El autoengaño y la clarificación de Fingarette


El filósofo Herbert Fingarette argumenta que la conciencia no es el destino natural de la experiencia, sino una cuestión de interpretación que requiere un esfuerzo, y se necesita una razón especial para hacerlo. Stern considera el concepto de "clarificación" (spelling-out) de Fingarette como equivalente al suyo de "imaginación".


Si la "clarificación" es una actividad, una habilidad, una manera de relacionarse con el mundo, no se hace consciente de manera explícita salvo que tengamos una razón especial para hacerlo. No solemos observarnos tomando conciencia de lo que estamos haciendo, salvo en el psicoanálisis, que se basa precisamente en esa actividad. Si elegir formular una experiencia es un "compromiso" (engagement), en la medida en que explicita lo que uno hace, piensa y siente realmente, también es un "compromiso" no hacerlo. Entonces podemos darnos cuenta de ello o no. No tenemos que saber, es decir articular, nuestra decisión de no hacerlo. Esta decisión puede permanecer no formulada. Continuamente hacemos elecciones acerca de qué es lo que articularemos y lo que no y el proceso completo sucede de una manera fluida porque nunca articulamos los aspectos que lo interrumpen. Las razones originales que tenemos para no formular el "compromiso" también sirven como razones para no formular la evitación de formular.


Se pregunta Stern a continuación, cómo podemos rechazar la "clarificación" de una experiencia sin haberla "clarificado" primero. Formulamos sólo aquellas experiencias coherentes con nuestras nociones de self. Hay historias que usamos para definir cómo somos, sentimos que son historias que nos pertenecen, con las que nos identificamos. Las experiencias que consideramos "no-yo", si nos vemos forzados a admitirlas, nos perturban. Las peores de estas experiencias son las que cuestionan aspectos básicos de nuestra identidad, o la seguridad del mundo en que vivimos. Stern ejemplifica esto con el abuso sexual infantil cometido por alguien que se supone que tiene que cuidar del niño: decirse a uno mismo "esto me está pasando a mí" es demasiado atemorizante. Si el niño es pequeño y no tiene lenguaje para simbolizar lo que está pasando, la disociación se hace más sencilla. Pero aunque la víctima tenga la madurez cognitiva para formular la experiencia, ésta puede no llegar a entrar en la conciencia, nunca conocerse de manera clara desde el punto de vista emocional. La personalidad puede construirse alrededor de esta ausencia, hasta que en la edad adulta las víctimas que disociaron la experiencia pueden simplemente quedar con una sensación vaga de que algo ocurrió para lo que no hay palabras porque no las hubo en su momento. Estos significados fragmentarios sin contexto narrativo puede que no se conviertan en recuerdo. Cuando ser recuerdan, a veces ocurre que tienen poco significado porque no hay un contexto emocional significativo. La disociación a veces "seca la experiencia de sentimiento".


El lenguaje en la concepción de Fingarette


Basándose en el modelo de Fingarette y en el concepto de "sentimientos de tendencia" de James, Stern afirma que tenemos momentáneos atisbos de hacia dónde podría ir nuestra experiencia consciente, atisbos que pueden o no ser conscientes, y esto no requeriría la formulación completa del significado de la experiencia porque darse cuenta de estos atisbos es una actividad, que puede formularse o no. La ansiedad asociada, por otra parte, hace que algunos de nuestros "sentimientos de tendencia" sean perturbadores. El modelo de Fingarette puede aplicarse para entender cómo podemos usar los "sentimientos de tendencia" para guiar la dirección que tome nuestra experiencia. Podemos elegir desarrollar, formular, disociar, ciertas articulaciones de nuestra experiencia sin haber realmente conocido en qué articulaciones se hubieran convertido si hubiéramos permitido al proceso completarse. Desarrollamos aquellas articulaciones que creemos que podemos tolerar o que nos prometen seguridad, satisfacción, etc. y disociamos los significados que creemos que no seremos capaces de tolerar, que nos asustan y que parecen amenazar nuestras intenciones más profundas.


7. LA DISOCIACIÓN EN SENTIDO DÉBIL: LA RIGIDEZ NARRATIVA


Una aproximación a la narrativa


La forma pasiva de disociación está basada en la "atención selectiva", no en la "inatención selectiva" con la que caracterizábamos la disociación defensiva, activa, del capítulo anterior. La disociación pasiva, o en el sentido "débil", es indirecta porque es la consecuencia de dirigir nuestra atención insistentemente hacia otro lado. La atención focal es controlada por la intención de reforzar la "rigidez narrativa": uno ve y participa en las formas en que quiere hacerlo, en las que son familiares. No se trata necesariamente de evitar la ansiedad sobre contenidos específicos, sino del deseo de contar una historia en particular, de una manera determinada.


La rigidez narrativa en el psicoanálisis


La relación inversa entre la "rigidez narrativa" y la libertad interpretativa es importante, también para la experiencia individual. La experiencia no formulada es el subproducto de nuestras biografías. Al contrario de la actividad organizativa del inconsciente no interpretado pero estructurado, este tipo de experiencia no formulada es vaga y no estructurada, incluso a un nivel prereflexivo. Es el inconsciente implícito. Existe en relación con las historias que contamos. En palabras de Stern, se compone de:


"todos esos caminos narrativos que podíamos haber tomado pero no tomamos, todas las interpretaciones potenciales que podían haber sido articuladas, y en muchos casos todavía podrían serlo"


La relación entre las historias de la vida que contamos y las que no, es decir, entre el consciente reflexivo y la experiencia no formulada, es dialéctica: cierta experiencia no formulada implícita puede existir a lo largo del tiempo recreada en cada momento que pasa por el relato de nuestras narrativas de self más estables.


Las narrativas estereotipadas del self


En psicoanálisis suponemos que al principio del tratamiento las historias sobre sí mismos que los pacientes cuentan son más estereotipadas, y que según el tratamiento progresa, se van transformando en historias más ajustadas al contexto particular de cada paciente. Cada nivel de articulación puede servir tanto para evitar niveles de articulación más finos, esto es, puede mantener la "rigidez narrativa"; o si uno viene desde un significado peor articulado puede resultar una nueva compresión.


Nuestra "implicación" (embeddedness) en las varias culturas y subculturas a las que pertenecemos es una fuente de "rigidez narrativa"; incluso cuando ésta está motivada dinámicamente, la facilidad de adoptar una narrativa particular normalmente se debe a su relativa convencionalidad.


La guerra de los fantasmas


Stern nos recuerda los conocidos experimentos sobre la memoria, realizados por Bartlett con estudiantes de la universidad de Cambridge. Cada sujeto leía varias veces un cuento de los nativos americanos contado en un inglés común por un miembro de esa cultura. Luego se les pidió con varios intervalos que escribieran sus recuerdos de lo que habían leído. Las versiones recordadas eran "alarmantemente" diferentes del original. Bartlett usó la palabra "racionalización" (rationalisation) para describir el proceso por el cual la historia era transformada, una especie de "convencionalización" (conventionalisation), esto es, las historias recordadas eran más convencionales que la historia original. Este proceso parece hacer referencia a la "rigidez narrativa"·.


¿Tendríamos que pensar que el material original fue reprimido por los sujetos? No parece que la "convencionalización" de las historias reportara ventaja alguna, ya fuera intrapsíquica o interpersonal, a los estudiantes. Además, según Bartlett, la influencia más potente en los recuerdos era la actitud afectiva emocional de los sujetos hacia sus recuerdos. Bartlett concluye que no pensamos sobre la fuente de lo que recordamos sino que, a partir de una impresión general a primera vista, cuando recordamos lo que vuelve a nosotros es una actitud afectiva, y entonces usamos los materiales disponibles para construir un recuerdo que justifique la actitud


Foucault y el poder


Trae Stern de nuevo a Foucault y su concepto de "poder descentrado": la forma en que habitualmente concebimos el poder sería inadecuada, no se trataría de la dominación de una persona o grupo sobre otro sino de una fuerza productiva que no pertenece a un lugar o a una persona. Este poder existe en y a través de sus efectos, y es efectivo en la medida en que no es percibido. Da forma a la experiencia individual evitando la necesidad de explicar la exclusión de alternativas, ya que simplemente las alternativas no se formulan. Este concepto de poder es coherente con la comprensión constructivista del consciente como un interpretador más que como receptor pasivo de cualquier contenido inconsciente que pueda escaparse de la censura.


Las relaciones de poder descentradas pueden entenderse también en el campo interpersonal. Muchos analistas contemporáneos ya no consideran la transferencia del paciente como una distorsión que pudiera existir aparte del analista, ni tampoco consideran que la implicación del analista sea sólo una manifestación de su neurosis. Estos analistas intentan comprender el lugar que ocupan en los "discursos que estructuran la situación terapéutica".


El poder y la convención


Si volvemos a los experimentos de Bartlett, vemos que los estudiantes reformulan la historia de tal manera que pueda ser entendida en los términos con los que ellos viven sus vidas cotidianas. La convención sería la regla y las narrativas originales, particulares, la excepción.


Para poder formular una narrativa original, para poder decir exactamente lo que queremos decir, hay que pensar de manera "cuidadosa, explícita, imaginativa, sentir profundamente". Tenemos que acercarnos a nuestra experiencia de una manera reflexiva autoconsciente. Incluso cuando tenemos necesidad y tratamos de contar nuestra historia de una manera diferente, a veces no podemos. Pero es necesario el reconocimiento de. nuestra necesidad de una narrativa hecha a medida, ya que sin eso simplemente acabamos adoptando sin pensar la convención.


Sería ese "poder descentrado" descrito por Foucault el que estaría detrás de la disponibilidad de narrativas convencionales, cuya adopción no reflexiva tiene como consecuencia la "rigidez narrativa".


La moralidad del psicoanálisis


Dice Stern que "el psicoanálisis es una tarea moralmente saturada". La teoría psicoanalítica, como cualquier otra, es un producto cultural, por lo que también estaría sometida a la "convencionalización". El psicoanálisis clínico tiene que enfrentar la adopción inconsciente de convenciones y relaciones de poder. Las narrativas convencionales son esencialmente prescripciones de cómo debemos vivir, que suelen ser usadas defensivamente. Ser psicoanalista, entonces, implica tomar una posición moral y política, ocuparse de cómo la gente debe vivir. Esto supone ser crítico con las prescripciones y prohibiciones adoptadas de manera no reflexiva. Stern nos advierte de que no hay que idealizar el papel del analista: ser crítico sería un ideal que los analistas tenemos las mismas dificultades de alcanzar que el resto de los mortales.


Ilustración clínica


Stern nos trae una viñeta clínica acerca de una paciente que vive con mucho conflicto su embarazo ya que teme repetir con su hijo las actitudes de su madre, que tanto la hicieron sufrir en la niñez. Trae al análisis un sueño en el que cuida de su hijo, que está partido en trozos. La cabeza ha desaparecido y el niño no va a sobrevivir, ella es la responsable. A partir de ahí la paciente hace una interpretación en el sentido de que el sueño expresaría su deseo de muerte hacia el niño. Dice Stern que, dado que es una convención en psicoanálisis que los sueños son expresión de deseos, y la paciente conocía bien esa idea, y que la paciente presentaba una cierta caracterología masoquista, se excluyó toda formulación de interpretación alternativa, se impuso lo convencional. Sobre la base del relato detallado del sueño y las hipótesis que Stern tiene sobre la evolución del análisis de la paciente, él es capaz de formular otra interpretación: lo que el sueño expresaría sería el miedo de la paciente a tener deseos agresivos contra el bebé, es decir, a ser como su madre. La paciente recibe esta interpretación con alivio y la sensación de que encaja mejor que la suya, en la que la defensa encontró terreno abonado en la convención.


8. EL PROBLEMA DEL SELF PRIVADO: LA EXPERIENCIA NO FORMULADA, EL CAMPO INTERPERSONAL Y LA MULTIPLICIDAD.


Dice Stern que Sullivan fue el primero que vio que la unidad más pequeña con significado en la experiencia humana no es el ser humano individual sino el campo interpersonal. Sullivan retrató la vida psíquica del individuo como una colección de lo que hoy se llamarían estados del self múltiples y discontinuos. En el artículo The ilusion of personal individuality, Sullivan afirma que el sentimiento de ser un individuo único, y de tener un self individual único no es nada más que una ficción investida narcisísticamente. Lo que él llamó el self o el "sistema del self” (self-system) no estaba relacionado con el sentimiento de identidad, como para Erikson, ni con la búsqueda de ambiciones o ideales como en Kohut, sino que más bien era la parte de la personalidad central en la evitación de la ansiedad. Sullivan se enfrentó a los psicoanalistas de su tiempo, definiendo la personalidad como la suma total de las relaciones interpersonales de uno y consideró el "sistema del self" como el conjunto de procesos de personalidad que ponen barrera a la ansiedad. No seríamos más que una aglomeración de relaciones interpersonales, aunque muchas de estas relaciones puedan existir de manera simbólica o fantaseada, después de haberse originado en el mundo externo.


Stern considera extremo el planteamiento de Sullivan, y cree que no hace falta deshacerse del mundo interno para preservar lo que es más importante en el insight de Sullivan, el cual buscaba seguramente remedio para la exagerada internalidad del psicoanálisis de su tiempo. Cuando Sullivan dice que "cada ser humano tiene tantas personalidades como relaciones interpersonales", según Stern quiere decir que cada relación crea un cierto tipo de campo interpersonal y que mientras limitamos nuestro marco de referencia a los confines de ese campo se puede decir que esa persona tiene cierta personalidad o self. Este campo, para Stern, no está construido a base de datos, sino que se construiría con las interacciones de las realidades psíquicas de los participantes, tanto conscientes como inconscientes.


Para Sullivan cada persona que conocemos pone en funcionamiento en nosotros una serie de operaciones que han sido efectivas en el pasado con esta persona, o con otra que el sujeto supone similar, en la regulación de la seguridad, es decir, cada "personalidad" no es nada más que un conjunto de "operaciones de seguridad". Estas son formas de construir y constreñir la experiencia para evitar la ansiedad y conseguir seguridad. Las "operaciones de seguridad "hacen referencia a las formas y límites de la experiencia que nos permitimos, prohibimos o formulamos con los otros. Esto se consigue mediante el proceso de "inatención selectiva". El campo interpersonal, entonces, a través de las "operaciones de seguridad" que lleva a cabo el sistema del self, determina el contenido del consciente momento a momento para los dos participantes en la interacción. En términos de Stern, es el campo el que determina qué experiencia no formulada es articulada y cómo.


Más allá de la ansiedad


Dice Stern que en este punto Sullivan y él se separan. Contrariamente a Sullivan, y como muchos psicoanalistas contemporáneos también influenciados por él, mantiene que ansiedad y operaciones de seguridad sólo son parte de lo que define un campo interpersonal particular. Plantea un tipo de concepción de campo más amplio y que se refiera también a otros objetivos y propósitos que los participantes del campo tratan de satisfacer uno con el otro, y especialmente aquellos objetivos y propósitos inconscientes. Según Stern cada uno de nosotros inconscientemente y de manera continua busca a otras personas para que jueguen roles recíprocos al nuestro en modos de relación fantaseados que queremos crear en el mundo exterior. Estos modos de relación tienen que ver con las dinámicas intrapsíquicas e historias tempranas, que están representadas en nuestras mentes como relaciones de objeto internalizadas. Buscamos a otras personas por medio de "invitaciones conductuales inconscientes". El campo que se constituye depende de la respuesta generalmente inconsciente de la otra persona a estas "invitaciones". En la vida interpersonal continuamente estamos enviando "invitaciones" (invitations) y también respondiendo a las que emiten los demás. Dice Stern que, además, no parece probable que simplemente mandemos la misma "invitación" a todo el mundo que conocemos; tiene más sentido imaginar que probablemente tanteemos el terreno de forma que mandamos las "invitaciones", es decir, habitamos esos estados del self, que tienen alguna oportunidad de ser aceptados y satisfechos por el otro.


La teoría de la transferencia y contratransferencia de Racker es una manera de contextualizar este proceso ya que Racker sugiere que el analista y el paciente juegan papeles inconscientes cruciales en los dramas intrapsíquicos del otro, que se ponen en escena y se pueden solucionar de forma novedosa en la relación. Cuando nos acercamos a otro con la intención de comprenderle tendemos a identificarnos con esa persona ya que ésa es la manera de aprender sobre ella. Racker propone dos tipos de identificaciones: en la "concordante u homóloga", cada parte de nuestra personalidad puede identificarse con la correspondiente parte de la personalidad del otro; en la "complementaria", el yo del analista se identifica con algún objeto interno del analizado, en este tipo de identificación el analista siente como uno de los objetos internos de la otra persona o como una de las personas importante en la vida del paciente.


Si ampliamos el rango de aplicación de estos dos tipos de identificación de la actividad analítica a la cotidiana, cada uno de nosotros se identifica con los que están alrededor tratando de desarrollar "identificaciones concordantes" para saber quién responderá favorablemente a las "invitaciones" que queremos distribuir; y desarrolla "identificaciones complementarias" para saber qué "invitaciones" quiere responder favorablemente, y cuáles rechazar. A través de nuestros diferentes estados del self imaginamos cómo otros responderán y cómo nosotros sentiremos hacia ellos. Este es el campo interpersonal. Dada esta complejidad, este procesamiento en paralelo en códigos de praxis de múltiples selves, la reflexión verbal y su linealidad resultan limitadas para abarcar todo el campo. Podemos hacer muchas cosas a la vez pero sólo podemos conocer una cada vez.


El campo y la responsabilidad personal


El campo que emerge de las "invitaciones" y respuestas inconscientemente enviadas y recibidas debe entenderse como una experiencia no formulada, una multitud de experiencias implícitas. Esta falta de formulación de las experiencias que definen el campo puede ser propositiva de manera inconsciente, pero puede deberse a que no tenemos suficientes razones para articularlas. Cada persona con la que estamos, cada tipo de interacción, crea una atmósfera interpersonal diferente, esto es, cada campo requiere una capacidad de formular experiencias de una manera determinada. Lo que podemos imaginar y lo que permanece disociado es una función del campo en el cual estamos. Esto significa que ni siquiera en un nivel inconsciente, e incluso si ampliamos el área de nuestra responsabilidad para incluir lo que intentamos conseguir sin saberlo, podemos ser declarados totalmente responsables de los límites de lo que somos capaces de formular en un campo interpersonal determinado. Stern busca un grado de responsabilidad intermedio entre la total responsabilidad personal y el destino absoluto, un lugar entre actividad y pasividad.


Sólo cuando el campo mismo lo permite se articulan ciertas formulaciones. Si una formulación particular puede violar los limites del campo, ese contenido queda inarticulado. El tipo más importante de formulación que viola los límites del campo es la descripción explícita del campo mismo. Los campos entonces no sólo se definen por la experiencia que se puede formular, sino también por la que no se puede y a veces que no se debe formular. Si no existe una buena razón no articulamos contenidos fuera de las fronteras del campo ni tampoco enviamos ni respondemos a lo que pensamos que son "invitaciones" peligrosas. Se considera una buena razón aquélla que llama nuestra atención sobre los aspectos relevantes del campo haciendo posible la reflexión sobre partes hasta entonces implícitas de nuestra experiencia, y nos hace sentir lo suficientemente seguros como para formular esos aspectos en lenguaje. La curiosidad analítica está diseñada entre otras cosas para llamar la atención sobre ese tipo de contenido peligroso, y para crear suficiente seguridad o valor para incrementar la libertad del paciente de tal manera que pueda formular ese contenido en lenguaje creativo.


Multiplicidad e implicación


Aunque el psicoanálisis, por ser una psicología individual, nunca será un constructivismo social, necesita tomar buena nota de la crítica social-constructivista si quiere continuar evolucionando. La conciencia es un fenómeno mucho más social de lo que hemos estado considerando; y esto tiene repercusiones para la teoría y el trabajo clínico. La teoría tiene que incluir la constatación de que las culturas marcan las reglas básicas de acuerdo a las cuales la experiencia se convierte en significativa, y que "el psicoanálisis es, por lo tanto, un producto cultural, no una descripción de esencias eternas".


Si nos tomamos en serio la "implicación" (embeddedness) de nuestra experiencia en la cultura, como plantea la crítica postmoderna, también debemos aceptar nuestra "implicación" en las relaciones, ya que es por medio de éstas que los discursos de las culturas hacen efecto en los seres humanos individuales. El campo, siguiendo la metáfora del capitulo 5, es una de esas "rocas" que no levantamos del fondo a no ser que tengamos una buena razón para ello. Mientras no lo formulemos, el campo existe de manera disociada, es una consolidación de la experiencia en la modalidad de acción, y hasta que lo formulamos seguimos sus dictados de manera ciega.


Disociación y autoengaño


Esta conceptualización del campo interpersonal supone que somos siempre parcialmente extraños a nosotros mismos, habitados e influidos por otros y en interacción con otros. Estaríamos ante una "experiencia potencial" existiendo "dentro" de nosotros, como parte de una subjetividad que no alcanza la conciencia, esto es, como significado inconsciente. Pero, mientras esta experiencia explicable potencialmente es nuestra de manera incuestionable, puede darse dentro de los límites de un campo en el que la autoreflexión no sea suficientemente segura. Esto podría responder al tema de la "mala fé" (mauvaise foi) sartreana. Por el otro lado, tampoco la visión de Freud del "autoengaño" dentro de un psiquismo aislado dividido contra sí mismo sería satisfactoria. Dice Stern:


"No nos tenemos que engañar, no tenemos que evitar saber lo que sabemos. Para disociar sólo tenemos que aceptar las limitaciones del campo en el que (...) estamos (...) implicados (embedded). Sólo tenemos que tomar el camino de menor resistencia y dejar la roca en el fondo".


Valentía y curiosidad


Aunque seamos sólo responsables de manera parcial de la forma que toma el campo en que participamos, somos responsables de ser curiosos acerca de él. Esta sería la moralidad psicoanalítica.


Hay algunas partes de la experiencia que no podemos evitar formular si queremos, y otros aspectos en los que estamos tan "implicados" (embedded) que necesitamos a alguien más para ayudarnos a formularlos. Pero existe también una gama de experiencia sobre la que es posible, aunque difícil, ser curioso, y sobre la que podemos intentar conocer o al menos darnos cuenta que habría algo ahí para conocer. También podemos responder de forma abierta o defensiva a los intentos del otro que intenta que nuestra atención enfoque sobre algo que queremos no ver, a pesar de la complicación que plantea la automaticidad de los mecanismos de defensa.


 


Parte Tercera


La Experiencia no Formulada en el Trabajo Clínico


9. UNA FENOMENOLOGÍA DE LA RESISTENCIA: INTERPRETACIÓN Y SUBJETIVIDAD


Interpretando el inconsciente absoluto: ciencia y objetividad


Si la experiencia inconsciente no tiene un significado único predeterminado, el efecto de la interpretación clínica no depende de su exactitud objetiva. Hermenéuticos como Ricoeur, Apel y Habermas defienden que aunque el consciente sea fenomenológico y por ello constituido social y lingüísticamente, el inconsciente es no social, no lingüístico y no fenomenológico. Los contenidos del inconsciente habrían sido "deslingüistizados" (deslinguisticized) y existirían de manera real, objetiva. Este "inconsciente absoluto", en términos de Ricoeur, actúa sobre la conciencia con una fuerza objetiva, como las que operan en la física y la química, aunque invisible. Explica Stern que si el significado inconsciente es un hecho objetivo y la función clínica del lenguaje es etiquetarlo, entonces el propósito de la interpretación sería el de una correspondencia certera entre hechos y etiquetas, esperándose del analista que explique la experiencia del paciente sobre la base de fenómenos inconscientes "absolutos", teóricamente concebibles aunque no estén sujetos a introspección.


Fourcher llama a estas interpretaciones del inconsciente absoluto "pala" (shovel) para distinguirlas de las interpretaciones "lente" (lens), que formulan o focalizan lo que es implícito. Fourcher sostiene además que esas interpretaciones pueden convertirse en agentes causales de los acontecimientos en el tratamiento.


Interpretando la experiencia no formulada: subjetividad y fenomenología.


Hay una diferencia importante entre la formulación de la experiencia no formulada y la comprensión tradicional de la interpretación, donde la adecuación de una interpretación se juzga por una correspondencia entre la descripción verbal y el material inconsciente no verbal que lo acompaña. En el caso de la experiencia no formulada la interpretación clínica no es objetiva y científica, sino subjetiva y fenomenológica.


Teóricos de la correspondencia en psicoanálisis


Stern entra en este apartado a criticar las teorías de dos autores contemporáneos que articulan teorías de la correspondencia: Wilma Bucci y Donald Spence.


Spence, aunque defensor de la hermenéutica en el psicoanálisis, ya que acepta que el lenguaje tiene propiedades constitutivas, lamenta estas propiedades reclamando que debido a ellas el lenguaje distorsiona lo que representa, lo que para Stern significa que en realidad es un "objetivista".


Bucci rechaza la hermenéutica, para defender un modelo de ciencia cognitiva que permitiría la experimentación y la cuantificación de las propuestas psicoanalíticas. Para Bucci la experiencia se codifica en dos sistemas separados, uno verbal y otro no verbal, basado en imágenes fundamentalmente. El lenguaje es lo que hace consciente la experiencia, y para ello ha de conectar con algo que existe previamente en la mente del paciente, una representación no verbal. Esta representación, ya que sólo puede ser consciente por medio del lenguaje, es inaccesible de manera directa para comprobar el grado de correspondencia entre ella misma y el lenguaje usado para representarla. Aún así, la conexión entre lenguaje y representación no verbal debe ser valorada sólo mediante una evaluación de la precisión representacional.


Bucci censura cualquier idea de que el psicoanálisis se aleje de la ciencia, a lo que Stern replica que:


 "necesitamos dejar de insistir en darle una forma científica a la teoría psicoanalítica, pero primero necesitamos dejar de ver esa alternativa como si significara abrazar la desesperación".


La validez de lo verbal


Stern nos recuerda que la experiencia verbalmente estructurada tiene una integridad por sí misma, que no es sólo una "forma pálida" de una verdad no verbal. Aunque desde la visión postmoderna se hace hincapié en la incertidumbre, esto no tiene porqué hacer mella en la convicción con la que defendemos ciertas construcciones clínicas. No se trata de que cualquier interpretación valga igual, es necesario buscar el mejor punto de vista, el que mejor funcione, el que sea más completo, el que mejor satisfaga el relato.


La interpretación desde la perspectiva del paciente


Señala Stern que el paciente no acepta una interpretación por su verdad "objetiva", sino porque le convence de manera subjetiva. A veces ocurre, frente a una interpretación, que el analista piensa que tiene razón y el paciente piensa que el analista está equivocado. En esta discusión esperamos que alguno de los dos ceda: que el analista encuentre una mejor manera de formular la interpretación, o ayude al paciente a ver porqué la rechaza, o que el analista decida que estaba equivocado, o que el paciente acepte que el analista puede estar en lo cierto y siga dándole vueltas a la interpretación hasta que encuentre una manera de conectarla con su propia experiencia. También pueden mantener un desacuerdo respetuoso hasta que sea posible llegar a un acuerdo. Pero si esto no cambia después de un tiempo, la cuestión no es quién tiene razón, sino que habría que empezar a pensar en otros términos: en los del vínculo de transferencia-contratransferencia.


Los objetivistas argumentarían que las resistencias son las que hacen que el paciente rechace la observación correcta y objetiva del analista. La resistencia podría interpretarse en tercera persona, dado que el paciente no puede observar sus propias razones inconscientes para defenderse de un tipo determinado de experiencia. La interpretación "objetiva" del analista de la resistencia del paciente es una interpretación "pala" (shovel), y difícilmente podría hacerse de otra forma, dado que no puede plantearse en términos fenomenológicos.


Ajuste y reconocimiento


El paciente siempre tiene la sensación de si la interpretación del analista "se ajusta" (fits) o no, y esto no se debe a la valoración de si se corresponde con un contenido que existía previamente en su mente, ya que, en palabras de Stern:


 "las interpretaciones que hacemos de las representaciones inconscientes no lingüísticas son esas representaciones, porque es lo más cerca que podemos llegar a pensar sobre ellas".


Los pacientes no valoran las interpretaciones de manera "científica". Para Stern, cuando un paciente se siente tocado por una interpretación es porque el analista ha dicho "algo que el paciente reconoce como algo que él mismo hubiera dicho si pudiera". Para esto es necesario que el paciente pueda captar fenomenológicamente la interpretación, lo que precisamente sería imposible con una interpretación "pala" (shovel).


El sentimiento de seguridad del paciente


Freud escribió que el tratamiento sólo podía llamarse psicoanálisis si la intensidad de la transferencia se utiliza para superar las resistencias. El paciente debe tener una buena razón para tomar en cuenta las intervenciones del analista, para enfrentar la paradoja de intentar la aceptación de una comprensión que por otro lado quiere evitar. Esto es especialmente dramático en el caso de la interpretación de la resistencia.


Stern señala que existe un ingrediente crucial que es único en la relación analítica: la colaboración entre analista y paciente, que en un primer momento es resultado de la decisión de comenzar el tratamiento y que luego se profundiza con la confianza que el paciente tiene en el analista, nacida de la atmósfera de seguridad que éste aporta.


Stern aclara que el término "confianza" no se refiere a nada que el analista pueda crear de manera voluntariosa. La aceptación del paciente por parte del analista que contribuye al sentimiento de seguridad del paciente y al desarrollo de la colaboración terapéutica, es inherente a la "curiosidad" genuina del analista, que Stern define como:


"la sensibilidad a la posibilidad de una pregunta. Es el medio por el que el analista gana acceso autoreflexivo a la experiencia, el medio por el que toma distancia (disembeds) de las circunstancias inmediatas y de las asunciones inconscientes, especialmente de aquéllas que estructuran el campo interpersonal de la situación analítica"


Siguiendo a Hoffman, Stern cree que la interpretación de la transferencia y la interpretación de la contratransferencia que muchas veces la precede (aunque sea de manera privada), juega el papel más importante de todas las intervenciones clínicas en el establecimiento y mantenimiento del sentimiento de seguridad del paciente. Las interpretaciones de transferencia son una evidencia para el paciente de que, en palabras de Racker, "el analista no está ahogándose en la contratransferencia", que es capaz de tolerarla y usarla para ayudar al paciente.


El lugar de la colaboración terapéutica en el juicio de ajuste del paciente


Una vez que Stern ha establecido la centralidad de la relación analítica en la efectividad de una interpretación, se pregunta qué es exactamente lo que el paciente siente sobre el contenido inconsciente que le permite determinar que una interpretación del analista "se ajusta" (fits). Sobre esto dice que, en respuesta a una interpretación acertada, el paciente siente una especie de "molde de significado vacío" de la misma forma que la interpretación, que no es sólo una manifestación de la aceptación del paciente de un nuevo significado, sino el "reconocimiento simultáneo de este significado y la ausencia que ahora de repente se ha entendido que lo había precedido".


El analista puede ayudar a este proceso presentando la interpretación de manera que el paciente pueda reconstruir la manera en que la interpretación se desarrolló. Al ayudar al paciente a captar la subjetividad del analista, le resulta más fácil reconocer la interpretación en su propio marco de referencia.


Para Stern la atmósfera de seguridad es parte de la transferencia-contratransferencia:


 "El paciente en transferencia positiva toma en consideración cualquier cosa que el analista diga; esta apertura al analista es inobjetable (unobjectionable) porque es esencialmente un estímulo de la curiosidad del paciente, un deseo de buscar la evidencia subjetiva para substanciar o desaprobar las observaciones del analista".


Incluso los pacientes en transferencia negativa, si han desarrollado una buena colaboración antes del tiempo del enfado pueden reconocer el "ajuste" de una interpretación.


La atmósfera de seguridad en la percepción de los sentimientos de tendencia


La relación terapéutica aumenta las posibilidades de articular significados, permitiendo abrir brecha en las defensas del paciente. Esto es lo mismo que afirmar que la defensa es un proceso interpersonal, y no únicamente un proceso intrapsíquico.


El ajuste y la experiencia no formulada


El paciente en una buena relación terapéutica comienza a pensar de manera efectiva por primera vez sobre aspectos de su vida que estaban excluidos de la reflexión, es decir, pasa de usar la experiencia no formulada como "caos conocido" a hacerlo como "desorden creativo". Este constituye el verdadero reflejo del movimiento terapéutico, más que el acceso a contenidos concretos.


La interpretación desde la perspectiva del analista


El psicoanálisis relacional e interpersonal sostiene que todo lo que el analista hace con o acerca del paciente supone una participación en la relación, y por ello está influenciado por los factores inconscientes que estructuran la relación, y que es su tarea captar.


Desde la perspectiva que Hoffman denomina de los "críticos radicales del modelo de la pantalla blanca", de la que Levenson fue pionero, no existe la interpretación u observación "objetiva". Una interpretación consiste en dar forma verbal a la experiencia no formulada, y esto no lo puede hacer el analista sin ser influenciado por el campo interpersonal.


10. LA EXPERIENCIA NO FORMULADA QUE EL ANALISTA TIENE DEL


PACIENTE


La influencia interpersonal existe aunque no la conozcamos, y su profundidad se debe precisamente al hecho de que no es conocida. Además, la participación es mayor cuanto más problemático sea el patrón interpersonal. Esto es así en cualquier relación, y por ello también en la analítica, tanto para el paciente como para el analista.


A veces el analista capta de manera inmediata el estado de relación que el paciente intenta crear, pero otras no acaba de entender cuál es el patrón de interacción, y es mejor esperar a que haya más datos. En este capítulo Stern trata los aspectos de la cuestión que están menos influidos por las dificultades caracterológicas de los analistas, sobre lo que se ha escrito mucho más.


La formulación de la experiencia del analista


La parte de la experiencia del analista que será más útil desde el punto de vista analítico no se experimenta como intencional, es "espontánea" (unbidden) y a menudo desconocida. Levenson dijo que lo que el analista no conoce sobre el paciente es la contratransferencia. Antes de ser puesta en palabras, la experiencia que el analista tiene del paciente es experiencia no formulada y por ello puede ser puesta en palabras en más de una forma. Esto supone que la experiencia contratransferencial no es inevitable, espera para ser construida.


El problema primario del psicoanalista no es cómo seleccionar una correcta interpretación, sino cómo sentir que hay algo ahí para interpretar. La interpretación puede simplemente ser errónea, pero la experiencia en sí misma puede estar ausente, y ésa es la gran dificultad, porque no se tiene razón para buscar algo cuya existencia no se sospecha.


Los ejemplos clínicos de la experiencia no formulada de la experiencia del analista acerca del paciente son problemáticos. Resulta imposible imaginar el material sin formularlo, pero se puede describir la forma de la experiencia del analista y luego tratar de imaginar hacia atrás lo que no fue articulado en el momento.


Stern nos trae una viñeta de su experiencia clínica. Un paciente que había hecho un análisis satisfactorio con un reputado analista, dejó el análisis por motivos de trabajo. Tras mucha indecisión y consulta con varios analistas, comienza el tratamiento con Stern, a pesar de las dudas con relación a la juventud relativa de Stern, que podría suponer menor preparación que el anterior analista. Stern consideró razonable esta duda. Según avanza el tratamiento, y a pesar de que el paciente muestra un apego importante hacia su nuevo analista, no deja de hacer continuas comparaciones: el anterior analista era más formal, su consulta era más austera, hablaba menos que Stern, pero lo que decía tenía más substancia. El paciente planteaba todo esto de manera calmada y razonable y con cierto reparo, y además siempre señalaba los sentimientos afectuosos que tenía hacia Stern. Parecía que la mayor parte de los atributos de los que se quejaba eran reales para el propio Stern. Llega un punto en el que el paciente critica un cuadro que Stern tiene en el despacho, y Stern se empieza a sentir incómodo, bajo presión, y a tener la fantasía de decirle al paciente que a él tampoco le gustaba mucho ese cuadro, y de cambiar el cuadro por otro. Al darse cuenta de lo que está pensando, Stern considera varias cuestiones: que había infravalorado hasta qué punto estaba preocupado de no dar la talla con relación al anterior analista, al que admiraba; también cae en la cuenta de que el paciente, al saber que Stern reconocía el nombre del anterior analista, pudo haber pensado que Stern se sentiría así; además, por la apariencia de su consulta, posiblemente el paciente había pensado que Stern apreciaría su conocimiento del arte y que eso le haría vulnerable a las críticas. En ese punto Stern se da cuenta de que se había sentido "intimidado" por el paciente y al hacerse esa descripción de su sentimiento percibe cómo se alivia la presión de responder al paciente. Stern reconoce que la conclusión parece obvia una vez contada así la historia, pero hasta el momento en que él le puso la palabra "intimidación" a su experiencia, no pudo articularla, y por ello tampoco reflexionar sobre lo que estaba pasando. Al reflexionar se dio cuenta de que el paciente no sólo era crítico, sino que estaba siendo "desdeñoso", él se estaba sintiendo "desdeñado" y sentía que se "marchitaba" bajo la mirada del paciente. Con todo ello pudo hacerse diferentes preguntas: ¿tal vez el paciente se había sentido así bajo la mirada de alguien? ¿qué efecto esperaba conseguir sobre Stern la intimidación? Dado que el apego del paciente era innegable, surgían más preguntas: ¿la intimidación jugaba algún importante parte en el tipo de conexión que el paciente quería establecer? ¿por qué? ¿era su mejor manera de crear una atmósfera de intimidad o quería distanciar a Stern para evitar que se comportara de una manera que pudiera provocar un apego más intenso? ¿Había Stern resultado amenazante, a la vez que le había interesado, al no mantener el grado de distancia y silencio del anterior analista? Hasta que Stern no se comienza a preguntar sobre sus fantasías, un aspecto fundamental de su experiencia permanecía no formulada, y su "implicación" (embeddedness) en la experiencia de estar siendo intimidado le impedía articularla o darse cuenta de que estaba pasando por alto algo importante. Finalmente, Stern se pregunta si la experiencia hubiera tenido distinta forma de haber usado otras palabras. La respuesta es imposible porque la experiencia sólo puede ser formulada una vez, pero probablemente si hubiera formulado de manera distinta la experiencia, hubiera descrito de distinta forma lo que le llevó a ella, y también hubiera variado la investigación clínica subsiguiente.


El enganche del campo


Al estudio del campo interpersonal han contribuido psicoanalistas de las más importantes orientaciones teóricas. Comparten la visión de que el paciente inconscientemente intenta influenciar al analista y por ello la experiencia del analista contiene información valiosa, no necesariamente accesible de otra manera. La experiencia del analista de esta influencia y su reacción a ella suelen ocurrir fuera de la conciencia. Además, el "enganche" (grip) del campo interpersonal sobre los participantes puede impedir que el analista ponga su experiencia en palabras.


Los distintos autores difieren en cuanto a las razones que consideran estar implicadas en el hecho de que el analista no sea consciente de su experiencia y de sus reacciones. Sandler dice que la respuesta irracional del analista es una formación de compromiso entre sus propias tendencias y su aceptación reflexiva del papel al que el paciente le está forzando. Racker dice que el analista desarrolla regularmente una neurosis de contratransferencia de la que se debe curar para que el paciente se cure.


Stern dice que prefiere la descripción implícita en el trabajo de Levenson, por ser más flexible e inclusiva. Para éste, lenguaje y comportamiento contienen la misma información. Cualquier cosa de la que paciente y analista están hablando es también representada entre ellos. El paciente implica al analista en el tipo de relación que originalmente desarrolló con los miembros de su familia y, progresivamente, el analista acaba empleando esos estilos de relación también. El analista y el paciente crean y mantienen los estados de relación que llevaron al paciente a análisis. El analista es influenciado por el campo para no darse cuenta de su reacción, por lo que no puede entender su propia participación, por las mismas razones dinámicas que los miembros de la familia de origen del paciente no pudieron entender las suyas propias. Desde esta visión de Levenson, las motivaciones que llevan al analista a la "inatención selectiva" que mantiene no formulados aspectos significativos de la contratransferencia son tan diversas como los pacientes objeto de esa contratransferencia. Dilucidar el porqué de la ceguera ante la propia implicación es parte esencial de la clarificación de esta implicación. Entonces, hay dos razones por las que el analista puede tener dificultades para darse cuenta de su experiencia del paciente: una que el campo "engancha" (grips) a los participantes, y otra que la experiencia es no formulada. No se trata de explicaciones alternativas, sino que describen el mismo fenómeno en diferentes niveles de observación, ya que la creación de estados de relación es el tipo de experiencia que ocurre en la modalidad presentacional.


Rompiendo el enganche


Este fenómeno del "enganche" (grip) del campo no es un problema a eliminar, ya que de no existir el paciente no tendría "carta de admisión" en la relación, y el analista no podría tener la experiencia de primera mano de los problemas del paciente. La ruptura del "enganche" ocurre cuando el analista (o, a veces, el paciente) es capaz de observar la relación y formularla.


Para que el "enganche" se rompa mediante la formulación del estado de la relación, el analista tiene que ser capaz de imaginar alternativas a la interacción que está ocurriendo. Por ejemplo, un analista puede no darse cuenta de que está preocupado sobre el potencial suicida de un paciente hasta que cae en la cuenta de que se siente ansioso cuando el paciente tarda un minuto o dos en llegar. Hasta que el analista puede decirse a sí mismo "esta tardanza del paciente no justifica que yo responda así", está tan inmerso en su propia reacción que no puede formular lo que está ocurriendo.


Ernest Schachtel describió este tipo de experiencia que nosotros hemos llamado "implicación" con el término inglés embeddedness, que se traduciría literalmente como "empotramiento", un estado de familiaridad no pensada que se origina en la relación cuasiuterina en que la madre constituye el mundo del bebé; esta forma de ser más adelante se convierte en una protección de la ansiedad existencial que debe ser superada, buscando y enfrentando lo no familiar. Este autor también dice que el analista puede tener dos tipos de actitud hacia el paciente: la "autocéntrica" y la "alocéntrica". En la actitud "autocéntrica", la otra persona es un "objeto-de-uso", uno tiene un propósito predeterminado para ella. La "alocéntrica", por contraste, supone curiosidad, apertura o receptividad, y requiere la tolerancia del la ambigüedad y la incertidumbre. La experiencia que el analista tiene del paciente permanece en la modalidad "autocéntrica" hasta que no es directamente representada en la conciencia del analista. Si el analista logra formular la experiencia, y en vez de simplemente reaccionar, puede reflexionar sobre ella, puede alcanzar la actitud "alocéntrica". Schachtel insiste en que lo "autocéntrico" puede ser una fuente de información del otro si es tratado de manera "alocéntrica".


11. LA HERMENÉUTICA DE GADAMER: UNA FILOSOFÍA DEL ANALISTA IMPLICADO.


Hoffman propone dos categorías para clasificar a los autores psicoanalíticos según la actitud que tomen sobre la metáfora del rol del analista como "pantalla en blanco" (blank-screen): la crítica conservadora y la radical. En la crítica conservadora, la esencia del problema permanece aunque parezca que se abordan los aspectos problemáticos de la vieja idea. Se señala algún aspecto de la influencia "real" del analista sobre el paciente, en contraste a la influencia distorsionada. En este sentido, sigue utilizando el modelo de la "pantalla en blanco" y el paradigma asocial que conlleva, es decir, una parte de la experiencia del paciente está basada en la fantasía, es una erupción de la vida interna, sólo indirectamente relacionada con acontecimientos externos; la transferencia se considera una distorsión. La crítica radical, a la que se adherirían el psicoanálisis interpersonal, la escuela de relaciones objetales, la psicología del self, o incluso el psicoanálisis freudiano clásico, supone una concepción verdaderamente social de la situación analítica. El terapeuta está involucrado de manera inevitable en la relación, no siempre de manera consciente, por lo que no está en posición de pretender que la transferencia sea una distorsión. De hecho el paciente puede realmente ser capaz de observar aspectos de la implicación del analista que el analista no ha visto. Dice Hoffman que la crítica radical, más que cuestionar la falacia de la "pantalla en blanco", cuestiona lo que puede denominarse "falacia del paciente ingenuo", la noción de que el paciente, desde su racionalidad, toma el comportamiento del analista en sentido literal, aún cuando su propio comportamiento es continuamente escrutado en sus más sutiles manifestaciones a la búsqueda de significados inconscientes. Para la crítica radical, el analista está "implicado" (embedded) en la interacción y cuando interpreta, se saca a sí mismo, tanto como al paciente, de la "actuación" (enactment) de la transferencia-contratransferencia.


Las cuestiones de conocer y comprender


En el psicoanálisis norteamericano, en el que se ubica la obra de Stern, existe un creciente interés en las cuestiones del conocimiento y la comprensión. La metáfora arqueológica ha quedado tan obsoleta como la de la "pantalla en blanco", es una imagen que no se ajusta a la participación de ambas partes en el proceso. Para la crítica radical, la verdad acerca del paciente es un resultado de la interacción, siempre interpretativa y sólo parcialmente predeterminada.


La asimetría de la relación analítica


Que en análisis el proceso de construcción de la verdad sea mutuo implica que la relación es igualitaria, pero es evidente que no es simétrica. Analista y paciente tienen roles diferentes. El rol del paciente es decir todo lo que pueda sobre su experiencia, incluida su experiencia del analista. El analista debe conseguir una apreciación empática de la perspectiva del paciente, pero además desarrollar su propia perspectiva, que es la garantía de que el paciente pueda pensar de nuevas formas acerca de sí mismo. El trabajo analítico sería una oscilación entre los roles de "empatizador" e "interpetador". El paciente, además de tener el poder de terminar la relación, también tiene el derecho, incluso la responsabilidad, si está en desacuerdo, de discutir al analista. El igualitarismo en la relación analítica descansa en la necesidad que cada participante tiene de convencer al otro y existe a pesar del hecho de que la relación es asimétrica: la asimetría no implica la infalibilidad del analista.


Gadamer: un filósofo relevante para la práctica clínica


Para Hans-Georg Gadamer, como filósofo hermenéutico, la comprensión es una cuestión de seleccionar y formular una interpretación de una serie de múltiples alternativas plausibles en cualquier situación. El significado reflexivo no puede decirse que exista con anterioridad a su revelación en lenguaje, al menos no de una forma aprehensible. Gadamer defiende que la comprensión requiere que nos "distanciemos" (disembed) de nuestras preconcepciones, que él llama "prejuicios". La nueva comprensión emerge cuando somos capaces de hacer visibles las expectativas que juegan un papel importante en la formulación de la experiencia, y esto sólo puede ocurrir en diálogo con el otro. Para Stern, la utilidad de Gadamer para el psicoanálisis clínico radica en su visión de que el prejuicio no sólo dificulta la nueva experiencia, sino que es su fuente, es decir, ve el prejuicio como la crítica radical ve la contratransferencia.


De Schleiermacher a Gadamer: rechazando el conocimiento empático a favor de la influencia mutua.


La hermenéutica es el estudio del proceso de comprensión. Antes del trabajo de Schleiermacher, el padre de las hermenéuticas modernas, se asumía que la norma era la facilidad de comprensión. Schleiermacher le dio la vuelta a la fórmula original y así creó la visión moderna según la cual la falta de comprensión es el estado natural de los asuntos, es la comprensión la que requiere explicación. Sin embargo Scheleiermacher creía que la verdad estaba detrás de la lectura del texto, debía ser reconstruida. En la medida en que se reconstruía de manera empática el contexto histórico en el cual el texto había sido escrito, el significado recreado era ajustado.


Gadamer defiende justo lo contrario, y basa su trabajo en la descripción fenomenológica de la comprensión. Debido a la naturaleza de la comprensión, no puede ser enseñada, ocurre, sería algo "espontáneo" (unbidden). Es mediación entre el texto y el lector, o entre dos participantes en una conversación. Para comprender necesitamos la referencia a la "tradición" en la cual la comprensión es significativa, pero esta "tradición" no está explicitada de manera concreta en ningún lado, sino que es la suma de todos los prejuicios no articulados con los cuales nos aproximamos al mundo. Stern expresa esto de la siguiente forma:


"Somos a la vez y al mismo tiempo nuestra propia herramienta de comprensión y la misma substancia que debe ser entendida. Como encarnamos lo que deseamos saber, no podemos realizar una búsqueda directa de la verdad. Uno no sabe qué buscar, uno no puede ver su propio ojo".


Es el lenguaje el que decide el significado reflexivo: si un significado no puede ser hablado no existe de una forma que se pueda entender reflexivamente. Las posibilidades del lenguaje, la suma de prejuicios, y la "tradición", son todas maneras de referirse a la misma cosa para Gadamer. Como lo que entendemos no está separado de nosotros, el problema es formular los aspectos relevantes de nuestro ser. En lo que Gadamer llama una "conversación genuina", el diálogo con otro permite tomar conciencia de nuestros prejuicios y puede emerger la comprensión. Para Gadamer, el significado reflexivo no existe antes de la interacción en la cual ocurre, es un acontecimiento, no una cosa.


Dice Stern que el campo de la hermenéutica, como el psicoanálisis, se está moviendo desde la concepción del significado como un fenómeno preexistente a su interpretación, a la comprensión del significado como un acontecimiento que puede sólo tener lugar en la interacción.


El círculo hermenéutico


El concepto de círculo hermenéutico es el marco de referencia de la hermenéutica. Surge de la paradoja de que para entender hay que contextualizar, pero no se puede seleccionar el contexto sin entender en alguna medida. Un ejemplo sería cómo saber antes de entender el sueño cómo seleccionar los acontecimientos relevantes de entre todas las posibilidades del día previo.


La respuesta hermenéutica es la de que comprendemos por medio de una proyección continua de "comprensiones completas" sobre las comunicaciones del otro, comunicaciones que realmente entendemos sólo parcialmente. Extrapolamos las "comprensiones completas" sobre la base de esas "comprensiones parciales" que ya tenemos y que son estimuladas por las "comprensiones completas" que proyectamos, y que se modifican sobre la base de lo que realmente nos encontramos en conversación con la otra persona. Es decir, cuando entendemos hemos sido capaces de tratar nuestras proyecciones como hipótesis.


Para Gadamer, cada vez que entendemos explícitamente algo lo que ha ocurrido es que hemos convertido en lenguaje expresivo algunos aspectos no examinados de la "tradición". Los prejuicios productivos son aquellos que pueden ser iluminados de tal manera que una nueva comprensión ocurra, es decir, pueden ser desconfirmados.


Compartir una "tradición": diferencias culturales y el caso especial del psicoanálisis.


Para entender no sólo hay que captar lo que se dice, sino también hay que ser parte de la "tradición" del que habla para captar la relación de lo que es dicho con lo que no es dicho. Entonces, el proceso de comprensión sólo puede ocurrir entre personas que comparten una "tradición" o que al menos son conscientes de que no la comparten. En el psicoanálisis, aunque los participantes pueden compartir una cultura, la relación pocas veces puede basarse explícitamente en el reconocimiento mutuo de los prejuicios del otro.


La conversación genuina y la creación del campo analítico


Gadamer difiere de sus predecesores al rechazar la posibilidad de prescribir un método de comprensión. Piensa que el método es una reificación, se basa en asunciones no examinadas. Así que no plantea implicaciones técnicas específicas para la práctica psicoanalítica.


En la interacción se pone en marcha el círculo hermenéutico. Primero se desarrollan las expectativas, basadas en lo que uno ha traído al encuentro y en la historia del encuentro. Para tratar de comprender se proyecta en el futuro una preconcepción de lo que hará la otra persona, basada en la suposición de que la otra persona sea internamente consistente. Luego se completa el significado parcial que se ha recogido. Cuando las expectativas que formamos sobre esa base son conocidas explícitamente, se puede comprobar si la situación las confirma o no, pero si esas expectativas pasan desapercibidas, el aprendizaje es imposible. Para comprender hay que reconocer la falta de conocimiento.


Dice Stern que en el análisis,


"la "tradición" (...) es ese minúsculo subconjunto de prejuicios invisibles que el analista y el paciente crean entre ellos: el campo interpersonal, lo que podríamos llamar el "ser" de la situación analítica".


Después de un tiempo de relación, paciente y analista crean un campo interpersonal, esto es, acaban siendo de una manera juntos en la cual ciertos comportamientos y experiencias se permiten y otros se prohiben, y en la cual está prescrito qué aspectos de la experiencia pueden ser objeto de reflexión y cuáles no. Dice Stern:


"Hay una complejidad añadida por el hecho de que en psicoanálisis ver lo que el otro quiere significar requiere que uno desvele las preconcepciones del otro acerca de uno mismo, preconcepciones que se entrelazan con las de uno mismo y contribuyen a mantener la propia ceguera."


Preguntas abiertas, compromiso e implicación en la contratransferencia


El prejuicio no sería necesariamente incorrecto, sólo invisible. Cuando uno es capaz de verlo y ver una alternativa, puede reflexionar sobre él. Esto es lo que Gadamer llama una "pregunta abierta" (open question), una elección clara entre alternativas. Para que una pregunta sea abierta, el que pregunta debe creer que ambas alternativas son posibles, es decir, la incertidumbre debe ser genuina. Stern nos pone el siguiente ejemplo: una paciente cuenta en análisis que está pensando cambiar a un trabajo mejor pagado que el actual, aunque de menor prestigio. En la discusión de sus dudas, omite hablar de que recientemente ha tenido problemas con un supervisor en su trabajo actual. Stern se extraña de que no considere la posibilidad de que esto pueda pesar a la hora de tomar la decisión, y se lo pregunta. Dice Stern que como su incertidumbre sobre la respuesta era real, la paciente aceptó la pregunta y fue capaz de ser curiosa acerca de ella, especialmente acerca del hecho de la omisión. Cree Stern que si le hubiera preguntado si había algo más no explicitado acerca de esa decisión, eso no sería una "pregunta abierta", porque no derivaría de una incertidumbre genuina, no se referiría a un contraste específico entre alternativas, sólo a la posibilidad de una.


Para Gadamer la comprensión requiere un compromiso con una preconcepción, lo que significa el deseo de entregarse a una manera de ver las cosas. Este compromiso con una manera de entender debe ser suficientemente profundo como para ser implícito. Esto significa en términos psicoanalíticos que el analista debe atreverse a "implicarse en una experiencia total de la contratransferencia".


La fusión de horizontes: cualquier comprensión refleja un cambio en el campo


Para Gadamer la "fusión de horizontes" es el momento en el cual una preconcepción y su alternativa pueden ser diferenciadas. Cuando los horizontes se funden es porque la visibilidad de las propias preconcepciones hace posible captar el contexto en el cual el significado del otro existe. Este acontecimiento se suele describir en psicoanálisis como empatía aunque Stern cree que Gadamer no compartiría necesariamente ese punto de vista.


Cualquier nuevo pensamiento que se haga accesible, tanto para el paciente como para el analista, supone que ha ocurrido un cambio en la relación y es una ocasión para el análisis de la transferencia y la contratransferencia porque su mera existencia significa que los participantes han tropezado con algún tipo de libertad entre ellos que no estaba antes.


El criterio de verdad de Gadamer es la "validación consensual": un significado no es válido si no puede ser entendido por otro, esto es, la comunicación interpersonal es el lugar de la determinación real del significado. Y esta "validación consensual" se basa en la capacidad de representar la realidad, ya que el mundo no puede ser entendido de cualquier manera porque la realidad existe. Esto significa que, a diferencia de otros autores postmodernistas, Gadamer plantea que nuestra implicación (embededdness) en nuestro tiempo y lugar es no sólo un límite al conocimiento, sino también un medio de alcanzarlo, si podemos usarla de manera creativa.


Schafer y el campo interpersonal


Roy Schafer, conocido por su aplicación de la hermenéutica al psicoanálisis, insiste en que la comprensión clínica está de manera inevitable cargada de teoría. Propone el estudio comparativo de las teorías psicoanalíticas como una manera de profundizar en nuestra apreciación del papel que juega la teoría, pero deja sin examinar la implicación (embeddedness) del analista en el campo.


En las sesiones iniciales, el campo es un reflejo de los pasados de analista y paciente: cada uno de ellos tiene una experiencia de vida que usa en el diagnóstico del otro, y además el analista tiene una teoría. Según pasa el tiempo este estado de cosas es reemplazado por un intrincado patrón de prejuicios personales e implícitos. Estos prejuicios constituyen el campo, la transferencia-contratransferencia, y son ellos los que deben ser analizados. En ese momento el analista está implicado de manera tan profunda que difícilmente puede aplicar la teoría de una manera racional y sin implicaciones emocionales, como pretendería Schafer. Teoría y prejuicio se relacionan de forma dialéctica en la mente del analista.


Para Stern, Schafer no puede ser considerado un crítico radical, ya que según su visión el analista puede estar implicado en su compromiso teórico, pero no necesariamente en el campo. Schafer, en contraste con Stern, mantiene la confianza en la capacidad de analista para no enredarse inconscientemente en el campo.


La triple hermenéutica


Dice Stern que, en principio, el analista tiene dos tareas hermenéuticas: debe comprender los significados comunes, definidos culturalmente; y entender cómo estos significados se articulan con la teoría. Pero existiría una tercera, que tiene que ver con el hecho de que cada campo interpersonal es único en sus detalles particulares, y esta particularidad aumenta con el paso del tiempo, así que el analista tiene también la tarea de comprender los significados que se han convertido en parte invisible de la situación analítica. Para esta triple hermenéutica resulta fundamental el trabajo de Gadamer, para el que la comprensión es consenso a través del diálogo.


Pero, ¿qué debería hacer realmente el analista?


Gadamer no ofrece una respuesta particular para los clínicos, sino que propone que hay que permanecer receptivo a lo nuevo y no familiar.


Para Stern, la perspectiva de Gadamer aporta la enseñanza de que debemos estar atentos a los prejuicios que desarrollamos en interacción con el paciente. Que Gadamer no ofrezca nada parecido a la técnica no significa que debamos abandonar la creencia en la necesidad de una disciplina analítica y de una educación. Precisamente, la adopción de esta perspectiva, que supone un continuo cuestionamiento de sí mismo por parte del analista, requiere una capacidad de autoreflexión que sería imposible sin una supervisión cuidadosa y un análisis didáctico que toque al analista de la manera que él espera que el paciente sea tocado.


12. EN BUSCA DE LA SORPRESA: LAS PERCEPCIONES ESPONTÁNEAS EN LA PRÁCTICA CLÍNICA


Dice Stern que la combinación del concepto de experiencia no formulada, del paradigma social en psicoanálisis y de las hermenéuticas de Gadamer, tiene tantas ramificaciones clínicas como hay analistas. En este capítulo se ocupa de desarrollar algunas de ellas.


Nuestras articulaciones de experiencia no formulada son espontáneas. La mayor parte de las percepciones significativas acerca de otros y de nosotros mismos llegan sin intención consciente, como síntomas o sueños. En el psicoanálisis clínico trabajamos con estas "percepciones espontáneas" (unbidden perceptions), que a veces son resultado de muchas pequeñas percepciones cuya acumulación sólo podemos notar de manera retrospectiva.


Como la experiencia ocurre espontáneamente, no está construida de una forma calculada conscientemente, es inevitablemente auténtica, aunque esté distorsionada la verdad que contenga. El problema, entonces, es descubrir cuál es la verdad que encarna; y el error es asumir la verdad de la "percepción espontánea" en sentido literal.


Aunque los analistas puedan a veces comprender a sus pacientes extrapolando de la teoría, la parte más significativa de la observación analítica es de tipo "espontáneo". Stern nos pone por ejemplo el de darse cuenta de que un paciente está triste, y señala que es raro que esto ocurra como resultado de la percepción de que el paciente llora, y que cuando ocurre así es porque ha habido falta de contacto. Lo que suele suceder es que uno se dé cuenta de repente, a la vez que percibe en uno mismo algún sentimiento en respuesta a esa tristeza. Si el analista le comunica esto al paciente y éste niega estar triste, no se puede concluir simplemente que ha habido una equivocación, se buscan explicaciones alternativas, por ejemplo, que la percepción se refiera a algo que está disociado. Incluso si el analista está equivocado, esto mismo también es significativo. La cuestión es entonces qué debe hacer el analista para recibir estas percepciones, ¿cómo podemos buscar lo que debe sorprendernos?


Schachtel se refiere a la actitud de apertura como alocentricidad, actitud en la que no se tiene un propósito particular para el otro, y se puede verlo tal y como es. Pero detrás de esta idea hay la asunción de la existencia de una verdad preexistente. Para Stern, lo que el paciente todavía no sabe no es un contenido inconsciente substantivo, sino algo no formulado, parcialmente indeterminado, y actualmente ausente. Prefiere Stern recurrir a Heidegger para afirmar que "para que algo sea inconsciente tiene que estar tan presente que vivamos en ello más que verlo".


Desde el punto de vista de la hermenéutica moderna, el interés se dirige a lo que ya se conoce, para poder explicitar las asunciones implícitas que están debajo de esa construcción y poder así hacer visibles los fenómenos que han quedado fuera del esquema interpretativo. Como ya describió Levenson, el terapeuta escucha la historia del paciente, consigue un fondo y busca las lagunas en la coherencia de la historia de su vida.


La cuestión es cómo los analistas se dan cuenta de estos vacíos. El terapeuta está implicado en patrones invisibles de interacción con el paciente incluso durante los momentos en los que están progresando en solucionar otra cosa. Levenson dice que cuando paciente y analista hablan de algo, la manera en que lo hacen es una "transformación isomórfica" del mismo contenido. Stern nos pone un ejemplo: el analista está describiendo la relación del paciente con su tía Agata en el mismo estilo interactivo que ella. Cuando el analista clarifica con el paciente cómo los dos han estado interpretando esa relación, a lo mejor hay otra cosa que permanece informulada, por ejemplo, que el analista está ahora replicando la forma de interaccionar de la madre del paciente, que criticaba amargamente a la tía, dejando al paciente con un sentimiento de deslealtad tanto si asentía como si no. En este punto, el analista puede darse cuenta de que el paciente está triste, pero lo que no pueden ver ninguno de los dos es que el analista, orgulloso de haber sido capaz de verse a sí mismo jugando el papel de la tía Agata, está presionando al paciente para que acepte su formulación, y éste se siente resentido pero impotente, no queriendo herir los sentimientos del analista, como le ocurría en el pasado con su madre. Y tan pronto como este patrón se descubre, habrá algo más...


Cuando la experiencia no se registra, y el analista actúa su papel en la interacción sin darse cuenta, es porque no existe espacio entre lo que es anticipado inconscientemente y lo que es experimentado conscientemente. La experiencia desaparece tan pronto como ocurre, es invisible, no porque no impresione la mente, sino porque la impresión coincide exactamente con las expectativas que uno ni siquiera sabe que tiene. Paciente y analista crean unas expectativas en la interacción con el otro y responden a estas expectativas: es tarea crucial del analista descubrirlas. La nueva comprensión a través de la "percepción espontánea" sucede cuando el espacio aparece entre experiencia y expectativa. Así que la identificación y la descripción explícita de las expectativas es la mayor tarea del análisis.


Ilustración clínica


Una joven comienza tratamiento debido a una depresión relacionada con la muerte de un familiar, pero pronto se hace claro que había estado deprimida la mayor parte de su vida. Al poco de empezar el tratamiento, la paciente se va relajando y comienza una interacción entre paciente y analista muy agradable, hasta juguetona. Stern siente en algunos momentos ciertas sospechas de que pudiera haber alguna razón para discutir el tema de cómo se estaban relacionando, pero pensando que no había nada "activamente destructivo", lo dejó estar. El trabajo continuó, la paciente trabajó sobre el tipo de relación que tenía con su padre, como temía que el analista fuera crítico con ella, y estuviera insatisfecho, como ella sentía que lo estaba su padre, un hombre muy exigente, distante emocionalmente, centrado en sí mismo. La paciente era consciente de que quería agradar al analista y en alguna ocasión en que hablaron del tipo de relación que tenían, ella afirmó que le daba seguridad. Complementariamente, Stern estaba deseando que llegara la hora de la paciente, se sentía útil y apreciado, y además el trabajo estaba progresando bien.


De repente la paciente empieza a quejarse de la relación, plantea que debía haber elegido un analista más serio, alguien que no jugueteara tanto, y critica a Stern que haya respondido a sus provocaciones. Stern se siente desazonado y culpable y trata de evitar ese tipo de interacción, pero sin analizar lo que está pasando. Nos explica que intentó cambiar su conducta por culpabilidad, aplicando la regla de que no hay que responder recíprocamente a la transferencia, cosa que él en realidad creía poco realista. Así que con el tiempo se da cuenta de que es incapaz de cambiar la interacción, le siguen surgiendo comentarios humorísticos y la paciente se queja de que él no la toma en serio. Stern, convencido de que eso no es cierto, porque la aprecia mucho, consulta con una colega que le pregunta si no le ha ocurrido que tal vez la paciente tuviera algún punto de razón. De repente, Stern cae en la cuenta de que realmente no la estaba tomando en serio, porque en cuanto la colega le hizo ese señalamiento él lo consideró una posibilidad, y sin embargo cuando la paciente lo decía no le parecía pertinente. A lo largo de los siguientes días se le ocurrió que además él disfrutaba mucho de las respuestas de la paciente a su sentido del humor, y que una vez que ella había comenzado a quejarse se había sentido algo traicionado. Estaba claro que ahora veía algo que antes no había visto porque estaba bajo los efectos del "enganche" (grip) del campo. Una vez formulado todo esto en sesión con la paciente, se produjo un cambio en la naturaleza de la situación, incluso, dice Stern, lo que hubiera resultado incómodo hubiera sido continuar como antes. Entendieron algo más: la paciente por supuesto había estimulado a Stern a continuar con las bromas a pesar de sus quejas, y ella lo podía relacionar con el hecho de que con su padre se había convertido en una especie de audiencia entregada porque sentía que era la única posibilidad que tenía de relacionarse con él. Creía que no podía ser tomada en serio por ningún hombre al cual ella quisiera, así que buscaba la atención de Stern, pero a la vez se sentía resentida y sus expresiones de aprecio y delicia resultaban humillantes. Ninguno de los dos había sido capaz de funcionar de otra manera.


Dice Stern que él había estado operando sobre la asunción implícita de que su pretensión de tomar en serio a la paciente estaba basada en datos relevantes, pensaba que asumía esa actitud sólo porque era cierta y razonable y la paciente lo veía de manera incorrecta. Esas asunciones eran expectativas ocultas, que pueden establecerse más específicamente en términos de las imágenes no formuladas que los participantes tenían uno del otro: Stern, como el padre, estaba tratando a la paciente hasta un cierto punto como si ella estuviera ahí para apreciarle, para estar encantada con él, estaba asumiendo que no había ninguna buena razón para que ella pusiera objeciones a cumplir el papel de su audiencia. Ella, por el otro lado, estaba asumiendo que él estaba tan centrado en sí mismo que la única manera en que podía establecer contacto con él era representar el papel de estar encantada con la relación y animarle a comportarse precisamente en la manera de la que ella se quejaba. Cuando esas asunciones se hicieron visibles, cuando alcanzaron a ver que tenían expectativas el uno sobre el otro, cambiaron las cosas.


Las hermenéuticas y la inevitabilidad de la implicación


Desde un punto de vista hermenéutico, toda la comprensión explícita en la vida es posible a partir de una previa "implicación" (embeddedness) en preconcepciones o prejuicios. El proceso por el cual paciente y analista toman distancia de las actuaciones (enactments) no es algo que únicamente ocurra en los campos de transferencia-contratransferencia, sino que se trata de un fenómeno que ejemplifica lo que es comprender algo, es un paradigma de la manera en que captamos el mundo.


El problema de la curiosidad: viendo lo que es cuestionable


En la viñeta clínica que nos relata Stern la consulta con la colega es el acontecimiento que permite a Stern identificar sus expectativas y formular una alternativa. La supervisión es vital ya que los colegas rara vez tienen las mismas razones que nosotros para estar enredados en la interacción y por ello pueden ocupar esa posición no implicada que el analista no puede tener. Pero esto no siempre es posible, y aquí reaparece la cuestión de la curiosidad.


Ser curioso supone receptividad a cuestionarse temas que parecen estar completamente comprendidos. Cuando el analista cuestiona lo que cree que ya sabe sobre el paciente y sobre sus reacciones sobre el paciente, se preserva la incertidumbre, y se ponen las condiciones para que las "percepciones espontáneas" aparezcan. Crear este clima es lo que el analista puede hacer para buscar la sorpresa.


Señala Stern que Sullivan, aún cuando no hubiera estado de acuerdo en el hecho de que hubiera que depender de percepciones que llegan desde fuera de la voluntad, consideraba que el tratamiento debía tomar la forma de una investigación detallada. Su método se podría considerar un continuo esfuerzo para meter una cuña entre la experiencia y las expectativas. Cualquier comprensión previa está continuamente sujeta a estudio y revisión. Sullivan decía que


"hay que escuchar todo lo que afirma el paciente haciéndose la pregunta de: ¿y ahora podría esto querer decir algo diferente que no se me ha ocurrido a mí inmediatamente, ¿sé lo que el paciente quiere decir con esto?"


La curiosidad, afirma Stern,


"es la imaginación y disciplina que lleva a ver lo que es cuestionable. Ser curioso es ser sensible a la posibilidad de que haya una pregunta".


Aclara también el autor que las preguntas son la evidencia más visible de que la curiosidad está operativa, pero que son el resultado, no el fenómeno en sí. Las comprensiones más significativas aparecen tras las respuestas dadas por el paciente a las preguntas, pero cómo están relacionadas con esas respuestas concretas muchas veces es desconocido.


Todo esto contrasta con la visión de la curiosidad derivada de la epistemología de la correspondencia, en la que la comprensión depende del vínculo directo entre lo que es percibido y lo que está ahí fuera. Las expectativas se consideran fuente de distorsión y error. La curiosidad sería satisfecha una vez que la verdad se encuentre. Pero en la perspectiva de Stern, no hay respuesta final a ninguna pregunta, sino que cada comprensión es contextual y "cada nueva verdad se convierte en un prejuicio, cada comprensión es eventualmente una traición".


El analista inocente


Para finalizar, el autor se pregunta qué ocurre con los valores clínicos que han guiado la práctica de generaciones de analistas. Si estamos abocados a la distorsión, si la verdad del paciente nunca puede simplemente impresionar al analista que escucha, entonces ¿es realista mantener el ideal de la apertura del analista al paciente?


Stern considera necesario que el analista abandone la creencia de ser un "sensor" que recibe la verdad preexistente y oculta, para entender que la apertura es un logro resultado del conocimiento y el esfuerzo. La apertura hace necesario el cuestionamiento continuo de las expectativas, la explicitación de los límites que ponen a nuestra comprensión el carácter propio y la cultura en que nos desenvolvemos.


El analista está en su mejor momento en la consulta, y aunque sus capacidades varíen según variables como su estado de ánimo, el contenido que se trabaja y el proceso de la interacción, el encuadre analítico le aporta una relativa libertad para permitirse la experiencia espontánea que permite la formulación de las expectativas.


NOTAS


(1) Para el lector interesado, recomendamos la reseña hecha por Ariel Liberman del libro de Irwin Hoffman "Ritual y espontaneidad en el proceso psicoanalítico. Una visión constructivista-dialéctica" en el número 19 de Aperturas Psicoanalíticas

 

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