Control psicológico sobre la fisiología del cerebro

Publicado en la revista nº022

Autor: Bleichmar, Hugo

En una investigación conjunta realizada por la Universidad de Stanford y la de Harvard con pacientes con dolor crónico se pudo demostrar que éstos, mediante la observación en la pantalla de un monitor de la actividad de su corteza cingulada anterior, tal como iba siendo registrada continuamente mediante resonancia magnética, eran capaces de controlar el grado de actividad de esa zona (incrementándola) y disminuir  su dolor, dolor frente al cual habían fracasado todo tipo de tratamientos farmacológicos y cognitivos.







La corteza cingulada  aparece marcada en rojo. Lo que se ve es el cerebro derecho desde la línea media La parte anterior de la corteza cingulada está a la izquierda con forma de C.



El procedimiento fue el siguiente: los pacientes, colocados en el equipo de resonancia magnética que registraba continuamente su actividad cerebral, iban viendo en la pantalla del monitor de un ordenador las columnas de un gráfico, las cuales reflejaban la actividad de la corteza cingulada anterior. Cuando la actividad de esa zona cerebral variaba, las columnas variaban en su altura de forma correlativa. Los sujetos del experimento, en 3 sesiones de 13 minutos, al observar la altura de las columnas lograban modificar la actividad de esa región cerebral. Es decir que un referente externo que usaban como guía –las columnas del gráfico- les permitía controlar la actividad cerebral de la región cingulada anterior.



También se llevó a cabo la misma investigación con personas sanas a las que se le aplicó un estímulo térmico doloroso en la palma de la mano, siendo el resultado el mismo: al observar en el monitor la actividad que iba mostrando la resonancia magnética en la zona cortical cingulada anterior, y al controlar el grado de actividad cerebral, se modificaba su percepción del dolor.



Se realizaron varios rigurosos grupos de control que descartaron que la disminución de la percepción del dolor fuera consecuencia de efecto placebo de la experiencia –por ejemplo, si aquello que los pacientes y sujetos sanos veían, sin saberlo, era un registro falso, entonces no se modificaba la percepción del dolor. Tampoco las técnicas de feedback sin la observación del registro de la resonancia magnética, o intentos del paciente de controlar su dolor, fueron capaces de producir los mismos resultados. La calidad de los grupos controles hizo evidente que sólo la modificación de la actividad de esa zona del cerebro, lograda mediante la utilización como guía de la imagen de resonancia magnética, producía el efecto mencionado. Por el contrario, las personas que fueron entrenadas con estrategias cognitivas bajo un paradigma de aprendizaje convencional, sin recibir información sobre su actividad cerebral no fueron capaces de ejercer un control similar sobre su dolor. Los voluntarios sanos, sometidos a estímulos dolorosos, que iban observando en el monitor la información de la actividad de otra zona de la corteza cingulada anterior tampoco controlaron la percepción del dolor,  mostrando la especificidad de la zona cuya actividad tenía que ser modificada para ser efectiva.



Además del obvio interés terapéutico de esta investigación sobre el dolor, cuyos resultados a largo plazo requerirán nuevos estudios, lo significativo es la posibilidad del ser humano de modificar  la actividad fisiológica de zonas del cerebro que intervienen en la regulación de funcionamientos importantes mediante actitudes mentales. En este mismo número de Aperturas Psicoanalíticas (Bleichmar) se mencionan otros estudios en que se constata  que es posible modificar el electroencefalograma -ondas lentas mu y beta- al observar un monitor y de manera tal que personas tetrapléjicas son capaces, al variar esas ondas, de hacer mover un cursor que va seleccionando letras en la pantalla de un monitor con las que construyen palabras.



Lo interesante de estas experiencias es que indican que desde la mente se pueden controlar diferentes zonas del cerebro, con lo que se abre la perspectiva de realizar investigaciones que comprueben si otros circuitos y zonas cerebrales de interés para la psicopatología –miedo, adicciones, etc.-  también puedan estar sujetas a algún grado de control, así como observar qué se modifica en los circuitos cerebrales durante la psicoterapia. El viejo, y en aquel momento utópico, sueño freudiano de una mayor proximidad entre psicología y neurofisiología ahora no nos parece tan irreal.


 


BIBLIOGRAFÍA


 deCharms, R.C., Maeda, F., Glover, G.H., Ludlow, D., Pauly, J.M., Soneji, D., Gabrieli, J.D.E., Mackey, S.C. (2005) Control over brain activation and pain learned by using real-time functional MRI. Proceedings of the National Academy of Sciences of United States of America, 102, 51, 18626-18631. Se puede leer el trabajo original en la siguiente página web http://www.pnas.org/cgi/content/full/102/51/18626